Mutatis mutandis

de Gustavo Bernstein
(Ítaca Ediciones, Buenos Aires, 2015, 52 páginas)


“Cambiando lo que haya que cambiar todo libro puede encontrar un lector”, opina Bernstein en su amena Posdata.

Se está ante poemas nada pretenciosos, de versificación sencilla, muy cercanos a la prosa. Varios se aproximan a la microficción y en su mayoría son breves, casi narrativos. Hay en ellos una constante e inspirada mención a los amantes (“También con vos/ me siento conmigo mismo. /Mentí con esa frase/ para decirle que la amaba.”) A tramos algunos adquieren carácter de aforismos (“La vida tiene sólo una puerta. / La de salida.”), a la vez que van desgranando una suerte de posición estética.

El libro, aunque se ocupa de la soledad y del dolor e insinúa una nota de escepticismo (“No sabés que estás perdido/ en la trama del mito. /Estás en donde estamos todos. /Sos en el lugar común.”), desborda continuamente júbilo y alegría por el solo hecho de vivir y por la pasión que siente el autor hacia la poesía (“El poeta libra una batalla/ contra las leyes de la física. / Busca sostener con una oración/ la arquitectura del orbe.”)

Mutatis mutandis está poblado de hallazgos y de excelentes imágenes (“El edén que yo sueño/ se parece a ese sanjón/ de mi infancia/ donde cazaba mojarritas.”) (“Y la palabra amor/ es como un vampiro/ que se desvanece/ apenas ve la luz.”)

Gustavo Bernstein (Buenos Aires, 1966) es arquitecto, docente, periodista, escritor y cineasta. Ha publicado Maradona, iconografía de la patria (1997), Diez relatos cinematográficos (1998), Sarrasani, entre la fábula y la epopeya (2000), La patria peregrina (2000) y Ejercicios de fe (2003). Fue el director y guionista del filme Sudacas (1997) y ha compilado, editado y prologado los Escritos Póstumos volúmenes 1 y 2 (2012 y 2014, respectivamente) del realizador Jorge Acha.

Germán Cáceres