Reseña del primer encuentro del Seminario de psicoanálisis

Enrique Acuña en Buenos Aires. La cita es en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, que otrora funcionara como sede del diario La vanguardia. Una antigua casona “chorizo” acondicionada como biblioteca y salas de conferencias. Y una auspiciosa superposición de reconocimientos: en esta antigua sede, Sitio de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se celebra, al inicio de la actividad, la reciente declaración de Interés Cultural de la Biblioteca Freudiana de La Plata, por el Ministerio de Cultura.


De sorpresa en sorpresa. A veces, en el psicoanálisis la sorpresa tiene mala prensa: constituye siempre un ingrediente del trauma. No obstante, también puede tratarse de la tyche no solo comodystychia sino también como eutychia. Se trató para mí de la sorpresa de cierto hallazgo, que estaba insinuado en el título de la primera clase del seminario Los fundamentos del psicoanálisis, que consistía en la pregunta: “¿Sirve un análisis para causar una poética del síntoma?”, pero cuyo enigma no había aun develado. ¿Qué sería una poética del síntoma?

Enrique Acuña da comienzo a su presentación haciendo mención a la importancia de considerar el contexto local de recepción del psicoanálisis, tanto pasado como actual. Y propone, en todo de acuerdo con título mismo del seminario, explicitar los fundamentos de una práctica de la palabra que toma la “realidad” a partir de los hechos del lenguaje: “cómo alguien cuenta, dice, articula lo que es una vida”.

Primer paso: Aristóteles, Libro 2 de “La Física”. El problema de la causa es abordado como algo que es efecto de una determinación. La tyche como aquello que introduce en la determinación causa-efecto una contingencia, una novedad, una variable que modifica el destino, el automaton. Una primera sorpresa para mí, Aristóteles sostenía que el lenguaje es esencialmente la causa de esa modificación de una ley que tenía una secuencia y un destino. Acuña: “Lo humano es esencialmente el error y a eso Freud lo llamó el inconsciente”.

Segundo paso: Aristóteles, “La Poética”. La tragedia griega generaba en el espectador dos sentimientos fundamentales: el temor y la compasión. A través de la mimesis-un complejo juego de afectos, no una mera imitación- quien ve la obra se identifica a un rasgo, a un error del personaje. Ese error tiene una doble cara: una, amigable, que promueve la empatía con aquel que se equivoca (compasión); otra, mucho más horrorosa, de mayor proximidad a La Cosa, en la que el horror del personaje se vuelve propio (temor).

Tercer paso: Freud y su crítica a Aristóteles en “Los personajes psicopáticos en el escenario”. Lo que Aristóteles no tuvo en cuenta es la satisfacción en juego, el goce. El que se identifica obtiene de esa operación un placer y también un displacer.

Cuarto paso: el arte queda ligado a lo que en la poiesis constituye el tecnos. Y hete aquí mi segunda sorpresa: Aristóteles definía al tecnos como un saber hacer. Saber hacer que Enrique Acuña liga, por un lado, al Joyce de Lacan y por el otro a un ejemplo tomado del campo del arte de vanguardia: Joseph Beuys. Alguien que da cuenta de la poética del síntoma, que tomó un acontecimiento traumático y lo volvió un hecho de lenguaje, y que en tal transformación hizo su obra.

Próximo paso: Sigmund Freud. La causa del síntoma está en el trauma, ese exceso para el aparato psíquico, eso no asimilado. Aquí ubica Freud a Das Ding, que no es otra cosa que el hecho de que no hay representación, de que hay un agujero. Enrique Acuña diferencia causación de causa. La causación está del lado de las series complementarias freudianas, de los múltiples factores que se entrecruzan para provocar el síntoma. Pero la causa es la Cosa, la Cosa como trauma.

Sexto paso, un poco de costado, en este avanzar zigzagueante, Das Ding genera el horror, no es lo bello. Lo bello está ligado a cierto placer por lo estético pero no es el objeto de la sublimación. Ni siquiera la sublimación, como destino de la pulsión, es algo tan creíble. Se verificaría solamente a través de su resultado: lo sublime. Y lo sublime, a pesar de las significaciones a las que queda habitualmente asociado (mi tercera sorpresa) no se trata de ningún ideal ni de belleza ni de otras altas aspiraciones humanas sino, nada más y nada menos, que del atravesamiento de cierto horror.

Último paso: tres textos de Jacques Lacan, estudiados desde la perspectiva de la causa. “Acerca de la causalidad psíquica” (1946), en el cual discute el organodinamismo de Henri Ey y sitúa a la locura como un problema de lenguaje, estrictamente ligada a la significación: “la palabra no es un signo sino un nudo de significación”. De aquí a hay solo un paso hacia lo que J-A. Miller denominó el “terrorismo lacaniano”: de lo que dice y hace todo sujeto es responsable.

En el segundo texto, “La cosa freudiana”, Lacan aproxima la causa a la verdad. “La causalidad es la implicación del sujeto a su verdad”. Concluye Enrique Acuña: “entonces la verdad de la causa es la causalidad como implicación subjetiva”.

Y en “La ética del psicoanálisis”, libro 7 de su Seminario, Lacan introduce un primer acercamiento a Das Ding, la Cosa freudiana, desde la perspectiva de la sublimación. Lo sublimado es lo que se obtiene al final de ese proceso de transformación y que genera en el sujeto artista un nombre. Aquí Acuña introduce una referencia a Boris Groys quien sostiene que hacerse público constituye un proceso de transformación parecido a una metamorfosis.

Para finalizar y, a la vez relanzar- por medio de un anticipo- el movimiento del seminario, una mención de James Joyce, quien durante los diecisiete años que duró su work in progress, llevó a cabo un trabajo de ciframiento, produjo un artefacto con lo cual se procuró un ego, una especie de nombre propio como saber hacer con el desorden que podía haber en lo simbólico: se trata entonces ya no de un síntoma sino de un sinthoma, una solución, una obra de arte.

Entonces, insiste la pregunta que dio lugar a la convocatoria: ¿Se puede pasar del conflicto síntoma a lapoiesis del tecnos, del artefacto, del sinthome?

La próxima cita, para seguir sorprendiéndose, el sábado 27 de junio , a la misma hora, en el mismo lugar. La clase 2 se titula “¿Qué leyó Lacan en Hamlet y Antigona del fantasma y el deseo?”

Reseña de Verónica Ortiz