Arab jazz

de Karim Miské
(Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2014, 378 páginas)


El título es un homenaje a la novela White Jazz, de James Ellroy, a quien el autor admira de una manera que puede tildarse de devoción. Además - como Ahmed, el protagonista de Arab Jazz-, Miské es un asiduo lector del género policial: Horace Mc Coy, James Hadley Chase, Raymond Chandler, James Cain, Dashiell Hammett, y la lista continúa. Pero también cita conjuntos de rock, música pop y hip-hop, famosas marcas de ropa, y utiliza términos actuales en el marco de un rico vocabulario.

La acción transcurre en el Distrito 19 de París, uno de los más violentos y peligrosos, dominado por el crimen, la droga y la corrupción policial. Ahmed deambula entre el sueño y la vigilia, en medio de fantasías. Los demás personajes, como él, se muestran idos, ausentes y pensando en un hipotético futuro.

La novela se abre con un horrendo asesinato ritual (como los de la serie True Detective), cuyos pormenores de pesadilla van detallándose con cuentagotas. Su lectura no es sencilla por cuanto Karim Miské crea un clima fantasmagórico y narra los hechos desordenadamente, como si proviniesen de asociaciones de ideas que cobraran fuerza propia. Y así surge un mundo apabullado por la violencia y el descontrol sexual.

Su escritura es envolvente, repleta de matices y con muchos monosílabos. La traducción de Eduardo Berti resulta ejemplar: realizó un trabajo maestro, de orfebrería.

La compleja trama de Arab Jazz introduce permanentemente nuevos personajes con tortuosas historias personales. Asimismo, están acosados por una ansiedad incontrolable y por el sentido del pecado propagado por los grupos fundamentalistas religiosos (musulmanes, judíos y cristianos). La novela subraya que muchos de sus miembros consumen drogas sintéticas o son pacientes recuperados (“…y eso es lo que yo deseaba: una inmersión en la locura de las religiones. La gran locura de los creyentes o, mejor dicho, de quienes colman sus agujeros, su vida interior, con el cemento de la certidumbre”, afirma un comisario.)

El escritor conoce en profundidad el universo de los marginados de París, y parece querer decir que los sumergidos no se quedarán quietos: van a matar en forma salvaje a quienes los explotan. Lo terrible es que esta rebelión deriva hacia el fundamentalismo y genera el espanto. Una canción tiene la siguiente letra: “La vida de un árabe, la vida de un negro, /No valen nada, hermano mío, en este lugar…”)

Este libro escapa a los cánones de la literatura policial y se convierte en una creación original.

Karim Miské nació en Abidjan, Costa de Marfil, en 1964, y es hijo de padre mauritano musulmán y de madre francesa marxista. Vive en París y estudió periodismo en Dakar. Es documentalista y ésta, su primera novela, en 2012 obtuvo el Gran Prix de Littérature Policière. En una entrevista que le hizo Silvina Friera para Página/12 (10.8.14) definió Arab Jazz como “una novela metafísica sobre el mal” (…) “El problema de nuestra época es que piensa que se puede eliminar el mal y la violencia y eso engendra aún más problemas con el mal y la violencia.”

Germán Cáceres