Patagonia fantástica

de Alejandro Aguado
(La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2015, 84 páginas)


Lleva como subtítulo “Seres e historias de las creencias populares actuales”. En el prólogo se aclara que “Su existencia se relaciona con las culturas de la tierra, cuyas raíces son los pueblos originarios: tehuelches y mapuches”.

En primer lugar Patagonia fantástica cautiva porque el ser humano, aunque trate de explicar racionalmente los hechos misteriosos, espera que ellos le ofrezcan una interpretación y un sentido a nuestro tránsito por este caótico planeta.

Alejandro Aguado llevó a cabo un intenso trabajo de campo, sobre todo en Chubut, y ofrece un vastísimo panorama de los innumerables relatos de la mitología patagónica, que su población toma en cuenta más allá de su nivel cultural. El “Mapa de una región con eventos peculiares y recurrentes” resulta muy didáctico porque señala los lugares en los que ocurrieron la mayoría de estos sucesos, situados entre si a una distancia de sólo trece kilómetros.

Pero estas almas en pena en principio sólo atemorizan, no son monstruos asesinos.

Para abarcar esta temática, el autor se valió de la ilustración, la historieta, la fotografía y el texto escrito. Este último, en el caso de “Poblaciones fantasmales”, bordea la microficción de género fantástico. Su correspondiente lámina a tinta está lograda a través de sutiles insinuaciones de demonios en plena actividad.

En el “Puesto embrujado EL MOYANO”, que nadie quiere visitar porque a la noche aparecen espectros de gauchos, se aportan cuatro fotografías sobre el sitio. Además, se transcribe la letra de la canción homónima, del músico patagónico Lito Gutiérrez. “El día que el viento nos atacó” es una anécdota personal en la cual el investigador y sus acompañantes fueron embestidos por una espontánea columna de tierra en el valle del Genoa, y de la que se muestra una serie de ocho fotos. También registró con la cámara al presunto “El hombre de negro”, un espíritu que pretende que la gente lo salude.

Varias historietas refieren algunos de estas experiencias, como “Intro ilustrada”, cuyo personaje es el mismo autor que explica el objetivo de su exploración; “El visitante”, que con negros y blancos contrastados trata sobre un demonio tal vez imaginario; “La vieja estación”, cuya gráfica -con gran poder de síntesis- sugiere un hecho acontecido en una estación de tren abandonada que cobra vida por la noche; en “El intruso” -de excelente ritmo narrativo- emerge inesperadamente el Inchimallen, una especie de brujo (hay una foto de un paraje que frecuenta); “La Machi” (una mujer al servicio del bien, que puede transformarse en el “Calcu”, encarnación del mal), está excelentemente planificada y ostenta una notable composición de página; “El arqueólogo y la indígena” es una poética historia de amor ultraterreno narrada en sólo dos páginas; “Una de piratas”, empleando un tratamiento gráfico de grises, crea un clima de irrealidad al señalar cómo unos pícaros duendes roban estéreos a los sorprendidos turistas.

Un “Bosquejo de ideas y lápices” contiene cuatro páginas de los apuntes que sirvieron de soporte a las historietas y a las láminas, pero en varios episodios se muestran otros bocetos.

En cuanto a las ilustraciones, el artista estiliza su figuración con expresivo humorismo y una impronta gauchesca que traen a la memoria los dibujos costumbristas de Florencio Molina Campos y las pinturas de Pedro Figari. Su trazo elige una cierta tosquedad para registrar los árboles y montañas del ámbito patagónico y recurre, además, a los esfumados y a las múltiples rayitas. Es frecuente su apelación al movimiento para dinamizar la escena, como en “El `Chapeado`”, que alude a los adornos de plata –a veces fantasmales- que ostentan los caballos. Otra característica de su trabajo es el sentido plástico y su cuidada composición (por ejemplo, en “La Salamanca”, círculos concéntricos representan una persecución emprendida por los demonios que habitan una cueva).

La Patagonia es una región que Aguado conoce profundamente y a la que ha aportado una abundante bibliografía. Quien desee interiorizarse en la magia de sus fascinantes mitos telúricos no debe dejar de leer este libro.

Germán Cáceres