Travesía

de Ana María Torres
(Editorial Metáfora, Buenos Aires, 2014, 88 páginas)


Los dieciséis cuentos de este libro afrontan varias temáticas. Una de ellas es la de la incertidumbre. Así, “En la señorita Estrella” no se sabe con certeza qué le ocurrió al personaje en caso de que le haya ocurrido algo, “Quemada” también pone en duda si la mujer de al lado fue brutalmente incinerada por un asesino y en “El señor espera” se especula sobre lo que pudo ser (“O no”, como comenta la narradora).

Esa sutil ambigüedad que tan bien domina Ana María Torres incursiona en una interrogación del sentido de la existencia, pues “La resonancia” se compone de incógnitas, vacilaciones, temores y la circunstancia perturbadora de que el individuo cambia permanentemente, siempre es distinto. Y está presente la tortura del insomnio, tan bien reflejada por “Los noctámbulos”, en donde abundan las pesadillas, las visiones de un escritor y su estrujamiento entre las páginas de un ensayo sobre su obra. Tal malestar puede derivar hacia el horror (“El monstruo”).

La difícil tarea de escribir siempre está vigente en el libro, por ejemplo en “Deconstruir”, que vuelca ideas espontáneas, como una frase de Ortega y Gasset que afirma que tres veces es lo máximo que una persona puede enamorarse en la vida. “Ese sábado gris” describe la situación de extrema melancolía que experimenta una escritora al borde la depresión. En cambio, “Divertimento” expone la pelea entre dos mujeres por la autoría de un cuento.

Se nota que el mar ejerce una gran fascinación en la autora, pues hay un canto a su belleza y poder (“Siempre te amé”), ya que a veces es implacable y ocasiona la muerte (“La travesía”).

Torres también demuestra sagacidad psicológica en “Country”, que exhibe las dificultades de inserción que puede sufrir una familia recién instalada en ese ámbito. Y asume dramatismo en “Arriesgarse” ante las vicisitudes que experimenta con su beba un matrimonio en el que el esposo es un militante que corre peligro.

“Ella espera” es un cuento de tono fantástico con un giro humorístico y “El sueño del rey” trata de su decadencia y muerte y de la paulatina desaparición de la ciudad que gobierna.

No falta el relato de amor: “Sahara” evoca poéticamente un posible y circunstancial idilio que no pudo ser, pero que en el recuerdo de la protagonista vibra como el amor que se dejó pasar.

En el prólogo Victorio Veronese se pregunta con lucidez si para la cuentista la literatura es un juego: “¿Es como jugar a la rayuela o dar la vuelta al día en ochenta mundos?”

Ana María Torres publicó doce libros. Entre ellos ¿Qué le hicieron?, cuentos, 1981, recibió la Faja de Honor de la SADE y el Tercer Premio Municipal; El gallo ciego, teatro, 1989, obtuvo también la Faja de Honor de la SADE y Mención Especial de la Asociación de Escritores Argentinos de Mendoza; y Cuentos para Juan Martín, literatura infantil, 1997, Mención de Honor del Premio Nacional.

Germán Cáceres