Poesía congregada

de Marita Rodríguez-Cazaux
(Editorial Dunken, Buenos Aires, 2014, 200 páginas)


Su poesía es clara, abierta, no necesita de hermetismos para expresar sentimientos profundos y un lirismo de alta sensibilidad. Como comenta Dolores Cuello Medina en un suplemento cultural mexicano del 10/12/14: “Simbologías y acierto en hallarlas, pureza de línea y de pensamiento, luz para dar con el costado más bello, y una femineidad, `actitud femenina`, como sentido primordial”.

Su poemario es abarcativo, totalizador, se dispara en múltiples temas, pero en el lector permanece la sensación de estar contemplando un lago sereno, apacible y pleno de colorido.

La poesía de Marita Rodríguez-Cazaux fluye por los meandros de la intimidad, y refleja las dificultades que sufren los amantes para armonizar entre ellos. Y ante esta problemática surge la soledad: “En cárcel de soledad empalada, /son mis grietas heridas de distancia/ y, sobre ellas, mi corazón se oxida”. En ese sentido el amor perdido es otro de sus ejes (“Este paisaje que se rompe en el flash/ porque no estás.”; “Cuando éramos, ayer, era la vida, y yo te amaba.”) De allí pasa a glorificar la figura del ser amado (“Bendito el paso que te trajo un día/ y en la esquina de mi vida te ha dejado”). Y canta el erotismo, las caricias en la piel (“Este instante,/ esta hora,/ alumbrados, para que mi cuerpo se mueva,/ y por inercia natural del Universo,/ encuentre la forma de tu mano.”)

No faltan en sus versos la expresión de un doloroso desgarramiento: “Quién ha de darme en esta vida yerma/ un candil para cruzar sin miedo/ el escarpado abismo de la tristeza”, y aparece la certeza de la muerte: “Hoy,/ toda mi prisa es, plancharle arrugas al sudario.” Pero la esperanza permanece intacta: “Y media vida me queda, todavía,/ para andarla sin estarme de rodillas”.

Rodríguez-Cazaux no cesa de evocar a sus padres, de origen gallego: “Papá, te digo, ahora al fin, después de tanta pena./ Al fin, me digo. Al fin, puedo decirte/ ahora, digo, / y me tapo de dolor la boca.”

Las alusiones del mar y de la lluvia le sirven de soporte para convocar la melancolía: “Una llovizna tenaz y despareja/ cae con ritmo de nostalgia.”

A través de símbolos, imágenes y metáforas la poeta vuelca su subjetividad apoyada por la belleza visual que obtiene mediante la tipografía, sea con letras o con caligramas (“Brindis” y “Desvesti 2”). Enriquecen los poemas el empleo de un rico vocabulario y las frecuentes citas de la mitología grecorromana.

Quizá la mejor definición del libro la dio ella misma al responder a la pregunta “Qué es poesía”, que le hizo Fernando Veglia en una entrevista (periodicoirreverentes.org, noviembre de 2014): “Un calidoscopio con miríadas de giros, tantos como universos humanos (…) Es darle forma de idioma a un planeta interior, es el encuentro con la mayor inquietud”.

Poesía congregada reúne tres poemarios de la autora: Pasos desnudos, Luz raída y Pulso sensual. Sus trabajos anteriores fueron los volúmenes de cuentos De amores y desamores (2010) y Del glamour a la ciénaga (2013). Obtuvo numerosos premios y dirige su página literaria maritarodriguezcazaux.blogspot.com.

Germán Cáceres