Del glamour a la ciénaga

de Marita Rodríguez-Cazaux
(Editorial Dunken, Buenos Aires, 2013, 152 páginas)


Una escritura musical y concisa, disparadora de bellas imágenes, caracteriza a esta colección de veintiséis cuentos. Como opina Federico von Baumbach en la contratapa: “La sensibilidad de la prosa de Marita Rodríguez Cazaux rodea la creatividad mágica del aura del instante, de lo diferente, lo distinto…”

El primer cuento es “El glamour” y se refiere a la tan humana aspiración de seguir viviendo después de la muerte, a la vez que se percibe en el amor un sentido caprichoso, inesperado y traicionero. El último, “La ciénaga”, en cambio, señala cómo la envidia puede desembocar en una venganza implacable.

Hay audacia en “Reggio Parnaso”, que propone una historia casi naturalista en la cual un padre rudo y machista impide a los golpes que su hijo se asuma como artista plástico.

Una clave importante en la narrativa de la autora es el intercambio entre realidad y ficción y cómo esta última termina apoderándose de la primera. En “Ella era todas las mujeres”, un joven empleado de un estudio de abogados, antes de vivir la rutina aplastante de su trabajo, prefiere dejar atrás el mundo real e ingresar al reino de la fantasía: “Era mía. Aún antes de haber existido para otros, aún después de haber amado a muchos. Yo era el dueño de aquel temblor imperceptible que me pertenecía, sin haber pertenecido a nadie”. Lo mismo ocurre en “Una vieja foto” y en “Diciembre milagroso”, relatos en los que sueños y deseos parecen concretarse. “El héroe encubierto” señala la yuxtaposición de identidades, “El espíritu de la botella” presenta a un personaje que vampiriza a otro, mientras en “El espejo de los charcos” se impone una idealización propia de los cuentos de hadas.

Rodríguez-Cazaux también apela a los climas sugestivos. “Pedime la luna” obliga a hilvanar una historia que solamente está insinuada. “El tapado de mezclilla” genera una cuota de suspenso ante el inminente desenlace y “Avíseme antes” se revela como un sentido homenaje a la figura de Jorge Luis Borges.

La introspección de los personajes se destaca en “Página 23, quinto renglón”, donde una mujer casada y desilusionada sueña con el deseo en tanto se ocupa de sus quehaceres domésticos (“…cerrada al paisaje de ese oleaje arrebatado, consumiéndose en la impotencia que replegó el deseo, la pasión había resbalado por nuestros cuerpos…”). Por el contrario, la sensualidad del placer prohibido surge con fuerza en “Secretos”.

Resulta palpable el espíritu de la galleguidad que la narradora lleva en sus entrañas, no sólo en las frases de ese idioma que emplea constantemente -incluso en el título del cuento ”O tempo noque forámos rapaces”- sino por el aliento emotivo que anida en su obra.

El libro también se ocupa de la temática rural, zona cuyas costumbres y hábitos la narradora da pruebas de conocer: “Las aguas” y “El Santo” enfocan a campesinos agobiados por fuertes tormentas descritas con sumo verismo.

Hay varios cuentos con finales sorpresivos, de los cuales “El glamour” forma parte, además de “Propina”, “A media sombra”, “Vedette” y “Coronada”. Otros, como “La geografía del espanto”, asumen el humor, el cual se canaliza hacia el candor en “Las dos pinturitas”. Tampoco falta el costado trágico: “Apenas Casandra” refiere cómo una persona despreciada es capaz de hacerse valer con el filo de un cuchillo y “La peor traición” muestra que el afán poético puede conducir a la máxima desesperación. En “Por un graffiti” emerge el sentimiento solidario acompañado por un soplo romántico.

Del glamour a la ciénaga brinda un material narrativo amplio, de exquisita calidad literaria. Un libro que colmará de placer al lector.

Germán Cáceres