Al principio la noche era música

de Alissa Walser
(Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2011, 300 páginas)



Esta novela escrita por Alissa Walser (Alemania, 1961), hija del prestigioso escritor Martin Walser, se centra en la vida del médico alemán Franz Anton Mesmer (1733-1815), más precisamente en un caso que transcurre –como indican los epígrafes de sus dieciocho capítulos- entre el 20 de enero de 1977 y el 16 de abril de 1784.

Para Mesmer un fluido era la esencia del universo y, por tanto, su método curativo consistía en apelar a ese elemento etéreo que según él también anidaba en el ser humano, y así nació el llamado “magnetismo animal” o “mesmerismo”.

Ingmar Bergman, en El mago (1958), captó el entorno social y cultural que se movía alrededor del célebre médico alemán. En el filme, el hipnotizador Vogler (a Mesmer se lo considera el iniciador de la hipnosis moderna) es despreciado por un científico que lo tilda de farsante, pero el trucaje desplegado por el mago logra hacerlo dudar en las incuestionables verdades científicas por él invocadas.

Mesmer corrió la misma suerte que famosos médicos como Paracelso (1493-1541) y Cagliostro (1743-1795), porque los tres estuvieron marcados por la astrología y la alquimia, que eran muy influyentes en esos siglos. Sin embargo, por cierto prejuicio académico no se valora lo suficiente que ellos apuntaron a una ciencia no oficial que encontrara otros caminos que no fueran meramente orgánicos para tratar las enfermedades nerviosas. Además, las terapias reconocidas también desembocaban en la brujería: “Y cómo iban trepando las sanguijuelas por su vientre antes de morderla”, se comenta mientras se le aplicaba un tratamiento tradicional al personaje de María Teresa von Paradis.

Al principio la noche era música (un título muy bello) se centra en el intento de Mesmer por curar a la nombrada pianista, compositora y cantante ciega, cuya madrina era nada menos que la Emperatriz María Teresa de Austria. Fue ovacionada en distintas ciudades europeas, se codeó con Haydn y Mozart, y este último interpretó varias de sus composiciones, entre ellas su celebrada Siciliana para orquesta de cámara. Mesmer aparentemente logró por un breve lapso de tiempo que María recobrara la visión, pero luego ella volvió a su estado inicial y la sociedad vienesa condenó el método, se produjo un escándalo, y el médico debió abandonar Viena en 1977 para instalarse en París.

Alissa Walser recrea con frescura la citada atmósfera del siglo XVIII. Además, realiza jugosos e irónicos comentarios acerca del pensamiento de Mesmer: “el hombre despierta para comer y beber y así poder dormir sin morirse de hambre. El ser humano despierta para dormir”. Más allá de sus intenciones, en su propia clínica los pacientes entraban en trances similares a la posesión satánica. Sufrían también de alucinaciones, crisis nerviosas y convulsiones.

La prosa de Alissa Walser es cortante, filosa, de párrafos brevísimos, y a la vez frenética, exultante, como escrita compulsivamente. Narra en tercera persona pero parece indicar en forma oblicua que son monólogos de los personajes. En el caso de Mesmer da cuenta de que se comportaba como un exaltado megalómano que discurría sin interrupción. En María Teresa brotaban a borbotones las palabras que transmitían sus sensaciones. Hasta la mitad el libro es moroso, pero a partir del capítulo once su ritmo se acelera.

Por esta primera novela, Alissa Walser (cuentista, traductora y dramaturga) obtuvo el Premio Literario Spycher de Leuk.

Excelente la traducción de Claudia Baricco


Germán Cáceres

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