El prisionero del cielo

de Carlos Ruiz Zafón
(Planeta, Buenos Aires, 2011, 384 páginas)


Sin duda, Carlos Ruiz Zafón posee una marca de fábrica exitosa: sus ediciones y ventas deben calcularse en millones de ejemplares. Además, ha sido traducido a más de cincuenta lenguas.

El prisionero del cielo es el tercer libro de la saga el Cementerio de los libros olvidados, cuya primera entrega –la mejor- es La sombra del viento (2001), a la que siguió El juego del ángel (2008).

En esta oportunidad la prosa del autor es exquisita, de notable musicalidad, aunque se regodea demasiado en sí misma a pesar de introducir salidas ocurrentes como “Un buen mentiroso sabe que la mentira más efectiva es siempre una verdad a la que se le ha sustraído una pieza clave” o”¿Se acuerda usted de lo que me dijo una vez? ¿Que el destino no hace visitas a domicilio, que hay que ir por él?”.

La acción se sitúa siempre en Barcelona y una parte ocurre en el período 1939/1941 y la otra en 1957/8. La más lejana refiere las penurias que sufrió Fermín Romero de Torres en la cárcel ubicada en la montaña de Montjuic y denuncia las atrocidades del régimen franquista. La otra se ocupa de los vínculos entre el nombrado Fermín y Daniel, el hijo del dueño de la mítica librería Sempere e Hijos.

A medida que avanza la novela, Zafón va sembrando intrigas y dejando cabos sueltos. Paulatinamente surge una historia rica e interesante, plena de vericuetos y sorpresas, en torno a dos misteriosos tesoros ocultos: el botín de un robo y el Cementerio de los libros olvidados. Esta búsqueda hace que la historia presente nuevos personajes, que aparecen dispersos en las dos épocas citadas y se conectan a la manera de “vasos comunicantes”, como bautizó Luis Harss a la estructura narrativa de Vargas Llosa.

A intervalos, El prisionero del cielo adquiere ribetes de película policial y desliza continuas sorpresas sobre la posible identidad de un malhechor. Zafón es un maestro manejando el suspenso y llega a poner nervioso al lector. A la vez, plasma un mundo fantasmagórico: el brumoso y laberíntico Cementerio de los libros olvidados.

El escritor se propuso dotar de calidad a esta novela, y lo logró, pero, asimismo, no dejó de pensar en el récord de ventas al que está acostumbrado, para lo cual le confirió un toque demasiado edulcorado y prometió una segura continuación.

Germán Cáceres

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