Algunos apuntes sobre mi madre

de Marcelo Damiani
(Ediciones Simurg, Buenos Aires, 2011, 48 páginas)

Marcelo Damiani (Córdoba, 1969) ha desarrollado una importante carrera de escritor. Su primer libro, Adiós, Pequeña (1995), pertenece al género policial y su título homenajea un clásico de Chandler: Adiós, muñeca. En 2001, la novela El sentido de la vida tuvo una gran repercusión de la crítica por su innovación formal: entre otros méritos, permitía que cada capítulo se leyera como un cuento unitario. Un logrado poemario fue Pasajeros (2003). En El oficio de sobrevivir (2005), volvió a mostrar su personal mirada hacia la literatura. Su compilación de textos, El efecto Libertella, es de 2010.

En Algunos apuntes sobre mi madre, Damiani exhibe otra vez su proverbial prosa de excepción. Se respira en la narración un aire de nostalgia y la presencia de la melancolía. Como es característico en el autor, esta historia ofrece distintas lecturas, y puede entenderse que este resumen de treinta y siete años de su vida no sea más que un sueño huidizo, casi olvidado. Además, consigue darle una vuelta de tuerca a la autobiografía y la transforma en ficción.

Como se afirma en su contratapa, éste “es un libro inclasificable”. Se lo podría considerar una nouvelle, pero también su referencia a “apuntes” indicaría que es el punto de partida de futuras novelas, o que estamos ante evocaciones borrosas, propias de una memoria nada confiable.

Uno de sus ejes emotivos es la constante alusión a la finitud de la vida: “Tal vez por eso se aferraba a los relojes como a un último resquicio de cordura. Si ellos seguían andando, si él podía mantenerlos en funcionamiento, si sus pequeñas agujas no dejaban de dibujar círculos sin cesar, tal vez aún había esperanza, tal vez aún era posible que la vida –su vida, nuestra vida, la vida de todos y cada uno de nosotros- no se detuviera de una vez y para siempre”. Otro tema abordado es el tiempo en todas sus implicancias y connotaciones.

La lectura de Algunos apuntes sobre mi madre posee la virtud de generar un incomparable placer literario.

Germán Cáceres