Drive

de James Sallis
(RBA Libros/Serie Negra, Barcelona, 2009, 158 páginas)


El protagonista se apoda Driver, o sea conductor, que es un extra de cine que simula accidentes automovilísticos. Pero James Sallis (Helena, Arkansas, 1944) comenta la música ambiental de los bares que aquel frecuenta y las conversaciones que mantiene con un guionista que opina pestes de todo (“Tal vez sea cierto que me desagrada sobremanera el estiércol del sistema político americano, las películas de Hollywood, las editoriales neoyorquinas, nuestros últimos seis presidentes...”), y que, según la novela, llevó la historia de Driver a la pantalla. El autor utiliza elipsis que obligan a imaginar qué sucedió entre dos escenas, y cada capítulo se enlaza con el anterior y el siguiente como si estuvieran empalmados en la sala de montaje. O sea que leyendo Drive se tiene la sensación de estar ante un guión cinematográfico desprovisto de acotaciones técnicas.

La narración es ágil, de frases cortas, refiere comportamientos y no evita la crudeza: “...y le hundió el cuchillo en el cuello, bastante en el centro, lejos de la carótida y las arterias principales, por lo que tardó un poco, pero le había seccionado la faringe y la tráquea, y por ella escapaba entre silbidos el último aliento...” También aparecen constantemente intrigas y dudas, procedimiento que potencia el suspenso de la trama.

Driver, además de piloto de pruebas, es un ladrón de poca monta que sólo se limita a conducir el auto de los delincuentes, aunque demuestra ser violento, inescrupuloso y capaz de cometer una carnicería. Todos los personajes son rudos, bebedores, y la mayoría actúa al margen de la ley: se está ante una crook story, es decir aquella en que el personaje principal ya no es el detective sino el delincuente. Es notable cómo los diálogos filosos y cortantes de estos maleantes resultan convincentes, como si Sallis conociera el hampa desde adentro.

La novela transmite una visión desencantada de la sociedad norteamericana: “...¿había cambiado él o era el mundo que lo rodeaba el que había cambiado? (...) Todo se había vuelto tan pobre, tan ordinario, tan vacío”. Describe a Los Angeles como una ciudad poblada por una multitud de razas que no armonizan y en la cual nadie parece ser feliz.

El libro está dedicado a “Ed McBain, Donald Westlake y Larry Block, tres grandes escritores norteamericanos” pertenecientes al género policial. Y Driver lee a otros exponentes contemporáneos (George Pelecanos, John Shannon y Gary Phillips), como si Sallis invitara al lector a continuar visitando la serie negra.

La inteligente y personal traducción de Juanjo Estrella resulta funcional para disfrutar la lectura de esta apasionante novela.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.