El Tercer Reich

de Roberto Bolaño
(Anagrama, Buenos Aires, 2010, 368 páginas)

Esta novela póstuma de Roberto Bolaño (1953-2003), desde el principio mantiene el suspenso porque el lector se interroga sobre el significado del título: ¿versará sobre el nazismo y se desarrollará en Alemania? Y, asimismo, evoca otra obra valiosa del escritor chileno: Literatura nazi en América, de 1996.

Pero el protagonista Udo Berger —que narra la historia en primera persona— es un turista alemán que está veraneando en la Costa Brava, en Cataluña, junto a su novia Ingeborg, aproximadamente en el mismo año en que se escribió la novela, 1989. Y allí ambos conocen a otra pareja de alemanes, Hanna y Charly, con la que van a la playa y frecuentan discotecas.

Sin embargo, Udo pasa buena parte de los días encerrado en su habitación del hotel, estudiando el tablero de un juego complejo que en principio puede suponerse que es el ajedrez. Está preparando una colaboración para una importante revista.

Luego se revela que se trata de uno de los tantos wargames (o sea un juego de guerra), que cuenta con fanáticos apasionados en todo el mundo. Más tarde, se indica que se llama Tercer Reich, y que Udo es el campeón de Stuttgart. Y esta intriga se amplifica y abarca la totalidad del libro, en el que continuamente se deslizan dudas y ambigüedades, de las que emerge una pregunta fundamental: ¿hacia dónde evolucionarán los personajes? Entre ellos la misteriosa y bella Frau Else, propietaria junto a su marido español del hotel donde se hospedan Udo e Ingeborg, y tres lumpens que se hacen amigos de las dos parejas (el Cordero, el Lobo y el Quemado) y bordean no sólo la marginalidad sino también la delincuencia.

El Tercer Reich no se juega con computadora sino con dados y sobre un tablero cubierto por hexágonos y fichas que representan cuerpos de infantería, blindados, aviones y fuerzas aerotransportadas que exponen las campañas de la Segunda Guerra Mundial. Bolaño vierte su erudición aportando datos acerca de batallas, invasiones, bombardeos, además de los nombres de los más destacados generales de la Wehrmacht.

Aunque la escritura de Bolaño es diáfana, fresca, cálida y sumamente placentera, la angustia flota como un halo omnipresente (“¿Por qué a veces tengo tanto miedo?”/ “¿En realidad deseo escapar con ella no ya sólo de este pueblo y del calor sino de lo que el futuro nos reserva, de la mediocridad y del absurdo?”)

En forma paulatina, el estudio y el análisis del juego van forjando en Udo Berger una personalidad belicista y alienada —que evidencia un alto fervor por el militarismo alemán—, así como un carácter solitario y vulnerable.

Hacia la mitad del libro, la narración hace un giro hacia lo policial, porque Charly desaparece en el mar practicando windsurf y se teme por su vida. A partir de allí Udo Berger comienza a dar muestras de sus patologías, y llega a confesar: “Cerré los ojos y traté de rezar. No pude. Pensé que la locura jamás saldría de mi cabeza”. Sufre pesadillas que confunde con la vigilia, se torna irascible, agresivo, tiene dificultades para ver su imagen en un espejo inclinado, y vive las batallas del juego como reales. La trama se hace más vaga e imprecisa, oportunidad en que la prosa de Bolaño cobra vuelo y despliega un estilo bello y pleno de vigor.

Udo emprende una partida con el Quemado, al que tiene que enseñarle el juego. Sin embargó, este extraño personajes comienza a interesarse por el Tercer Reich, a leer libros y artículos sobre sus estrategias, como si se impregnara de la personalidad del campeón de Stuttgart y se convirtiera en su doble.

En su novela 2666, Bolaño relata que a Archimboldi, candidato al Nobel de Literatura, poco le importan las letras, y en El Tercer Reich Udo termina por aburrirse de su pasión por el juego de guerra, y lo abandona y se sumerge en una existencia opaca y aislada, carente de proyectos y de esperanza. Siguiendo los pasos de los grandes estrategas alemanes de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, Udo finalmente es derrotado, tal vez porque esa presunta superioridad de que se ufanaban tanto él como sus admirados militares fuera decadente, es decir alejada de las raíces populares con que se nutre la historia.

Como comentó Diego Erlan (Ñ del 27.3.2010), “Bolaño es el escritor de la desesperación romántica. Es el escritor de nuestra época, de nuestras perspectivas y de nuestros modelos del espanto”.

Germán Cáceres

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