Lo uno, lo múltiple: lo inconsciente

La clase del 15 de julio de 2017 del Seminario de Enrique Acuña “Las escrituras del goce femenino -psicoanálisis y literatura-" retomó el uso de las referencias al diálogo platónico Parménides y a las Enéadas del neoplatónico Plotino, las cuales son paso obligado para seguir las razones del Seminario 19 de Lacan, en torno a las diversas nociones de lo Uno en su relación con lo múltiple.


Este uso a la vez supone correlacionar términos provenientes de dos filosofías, la griega-occidental clásica de Platón y la derivación de esta en la Roma cristiana por Plotino, con una modificación dentro de la enseñanza de Lacan del concepto del inconsciente, no así de lo inconsciente.

En otras palabras, más allá que la denominada segunda enseñanza de Lacan imprime la modificación del uso de algunos significantes, la creación de otros nuevos, el desplazamiento teórico del registro de lo simbólico al de lo real, no supone el abandono en forma sistemática, descriptiva o tópica del inconsciente. Menos aún que el psicoanálisis se transforme en una psicología individual, un carácter sin represión solapado, sino la de un-dividuo donde hay otra incidencia de lo inconsciente. No siendo pues tampoco un reemplazo meramente semántico de unos neologismos en lugar de la palabra inconsciente, ni de este como concepto.

Así, distinguió Enrique Acuña dos inconscientes que se corresponden a dos articulaciones distintas de los registros del lenguaje por medio del significante. El primero el “Inconsciente del Otro”, cadena donde hay articulación entre dos significantes, preeminencia del sentido, desplazamiento del discurso e intención de significación.

El segundo, el “Inconsciente Uno”, no es un avance en el transcurso de un análisis, una instancia previa que se hace presente, un progreso sobre un pasado, sino un resultado, un detrito, una reducción en la cual los significantes aislados a efectos del recorrido de la experiencia de un análisis precipitan por separado y no hacen cadena; señalan marcas del objeto que indican goce pulsional. La forma en que Lacan denominó al conjunto de esas marcas parciales de goce aisladas fue la de enjambre.

Los distintos desplazamientos semántico-conceptuales entre un inconsciente y otro, según la tesis que plantea, refieren a un Lacan que ya cuenta en la elucubración teórica de su práctica con el recorrido de análisis que han sido llevados hasta cierto límite, en sus confines.

En el primer curso publicado y traducido al español de Jaques-Alain Miller –no el primero de los que dictara- retoma las nociones de lo Uno y lo múltiple con las referencias a la filosofía mencionadas, sitúa Enrique Acuña: “Los signos de goce de Jacques-Alain Miller, en una forma poética titulado Ce quifait insigne, homofónicamente puede ser: eso que hace insignia, un signo, un cisne.”

Otros de los términos propuesto a investigar son el pasaje de la repetición en la cadena – tyche y automaton – a la “iteración de lo uno”, donde va desde la ontología incompleta del inconsciente no realizado, como potencia, a una “henología”.

Se despliegan así una serie de problemas epistémicos, clínicos y políticos en el saldo de la experiencia de un análisis llevado a su fin, del cual sería esperable la deducción por parte del hasta entonces analizante, de aquello que pasa a indicarle lo singular. Lo que no reenvía a un individuo autónomo sin mellas, sino más bien a una nueva objeción razonada de una psicología de la conciencia.

Esta reducción resulta precipitada por un acto que implica conectar el decir –en el lenguaje- con lo imposible de saber –vacío de la estructura-.

Con los significantes unos separados y articulados al objeto a –insignias-, Lacan habla de “lo que hay”, “hay el goce”, sin quedar atrapado a un ser sustancial cerrado a un destino fijo.

Lo que podría mal comprenderse de lo uno y lo múltiple en un uso meramente coloquial, si se tomaran estos términos fuera de los sistemas filosóficos utilizados por Lacan en su Seminario.

Así pues la aproximación a estos dos unos en el neoplatonismo de Plotino, implican un uno previo hypostasiado como condición, como fundamento lógico, del cual por emanación arriba a una idea –acción del lenguaje de descompletamiento- que introduce el equívoco en el Nous –inteligencia-. Este primer paso lógico da la condición de posibilidad para el pasaje a la tercera hypostasis –el alma- donde ya los cuerpos particulares pueden intentar, imaginar conectarse por la vía del amor y lo sensible.

Si acá se detuviera este movimiento estaría fijado un ser a la dialéctica amorosa, aquella que crea entre los puntos suspensivos entre hombres y mujeres un tipo de hay uno “hay uno de a dos”, por la vía del fantasma, de aquí la pertinencia de la función de la carta de almor –escritos también que tienen sus ejemplos en la historia de las civilizaciones-.

Lo innovador del psicoanálisis como discurso, es que tomando el provecho de la estructura del amor –transferencia- en la senda del saber –amor al saber en el artificio del sujeto supuesto al saber- da la posibilidad de la producción del detritus de las marcas de la pulsión –articulación de significantes unos separados con objetos parciales de la pulsión-.

Estas marcas hacen en alguien signos de su goce, con los cuales se separan –no hay proporción sexual- y juntan –aman- soledades.

Este rodeo por las tres hypóstasis plotinianas da con otro uno, el del enjambre de los significantes unos contables y singulares, que no son los rasgos significantes de la condición amorosa, sino modos intransferibles de vivir la pulsión; registro que no está a la entrada como un saldo de saber, sino en el mejor de los casos aunque ignorados, como elementos del síntoma en tanto conflicto pulsional, cuando se hizo analítico.

Con esta reducción llevada por una experiencia de alguien con y por el lenguaje en el marco de un análisis, destacó Enrique Acuña, será preciso discriminar también las acepciones de “letra” en la enseñanza de Lacan, en los pasajes entre: escuchar, leer y la función de lo escrito –distinta a la carta de almor y a la operación del literato- ya que no ha sido homogéneo saber sobre el goce, que localizarlo en fragmentos.

Por Germán Schwindt

Bibliografía
  • Lacan Jacques. El Seminario, Libro 19, …o peor. Editorial Paidós. Buenos Aires 2012
  • Miller Jacques-Alain. Los signos del goce. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1998
  • Platon. Diálogos. Parménides. Traducción de María Isabel Santa Cruz. Editorial Gredos. Madrid. 2000.
  • Plotino. Enéadas. Traducción María Isabel Santa Cruz y María Inés Crespo. Editorial Colihue Buenos Aires. 2007.