Una relación perfecta

de William Trevor
(Salamandra, Barcelona, 2012, 224 páginas)


William Trevor (Irlanda, 1928) está considerado uno de los más grandes escritores de relatos en lengua inglesa. En su haber cuenta con catorce novelas, veinte colecciones de cuentos, seis obras de teatro y dos libros de literatura infantil. Entre sus numerosos premios figuran el Whitbread y el David Cohen y no pocas veces fue candidato al Nobel. Es miembro de la Academia de Letras Irlandesas.

Su escritura fresca y sencilla alcanza una perfección inusual, con diálogos sutiles que insinúan el perfil de los personajes. En tanto sus descripciones de paisajes y ámbitos son precisas y detalladas, recurre a la elipsis y a la alusión para narrar las historias. La excelente traducción de Isabel Ferrer Marrades resulta un buen soporte para que su prosa se luzca.

“La hija de la modista” se inicia con un eje cotidiano, sin sobresaltos, hasta que un accidente automovilístico hace deslizar la narración hacia la angustia y la opresión. Ese inesperado carácter siniestro aparece en otros cuentos, como “La habitación”, en el cual un matrimonio se ve sacudido por un asesinato que trastoca las vidas de ambos esposos, y plantea un fuerte escepticismo sobre la conducta humana ya que un personaje afirma: “La mayoría de las veces la gente no sabe por qué hace las cosas”. Un hecho ominoso ocurrido en el pasado tiñe fatalmente el presente en “Hombres de Irlanda”. La visión de un acto violento e irreparable sumerge a la protagonista de “Valentonadas” en la desolación. Esa desesperanza de Trevor puede bordear la tragedia: Jasmin, una adolescente que soporta en su casa una cotidianeidad bochornosa, se enamora de un hombre al que idealiza y tras el cual se oculta un abusador.

El título en inglés de esta colección es Cheating at Canasta, como uno de los cuentos (“Trampa jugando a la canasta”), que sugiere que los sentimientos difícilmente puedan expresarse con toda la energía que poseen. La propietaria de la granja “En Oliverhill” no se resigna a transformarla en un campo de golf, como exigen los nuevos tiempos, y amargada se recluye en una sala de la finca; tal vez en su inconsciente anide una venganza secreta hacia sus hijos, que no podrán soslayar la culpa de que fueron los que motorizaron ese cambio. El sobreentendido y la síntesis logran su punto más alto en “Una relación perfecta”, en donde el autor relata los hechos tomándose su tiempo, con cuentagotas. Aquí domina la soledad de los personajes y la tristeza de saber que no existe espacio para el amor, que éste se manifiesta a través de muchas dificultades: “Las mentiras estaban a disposición de cualquiera, en espera de que alguien las usara cuando pudiesen serle útiles”. Y “Fe” expone el derrumbe, acompañado de nostalgia, de un clérigo que de pronto duda de su vocación religiosa.

Los mandatos familiares son fuertes en los irlandeses, según la visión que se despliega en “Los niños”, en donde su crianza y educación se imponen al amor de una pareja (un viudo y una divorciada) que desea casarse. También “Viejo amor” presenta una decisión similar, ya que un personaje a punto de separarse “Se quedó, porque Zoë y los dos hijos que habían nacido hasta ese momento significaban más de lo que había creído”.

El protagonista de “Folie à deux” sólo encuentra orden y seguridad en su tarea de coleccionar sellos postales. Todo lo demás se compone de culpas, percepciones dudosas y una espantosa soledad.

Una relación perfecta se destaca por su primoroso estilo y la capacidad de abordar literariamente personajes convincentes y de honda carnadura humana.

Germán Cáceres

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