Ave del paraíso

de Joyce Carol Oates
(Alfaguara, Buenos Aires, 2011, 528 páginas)

La acción se desarrolla en Sparta, un pequeño pueblo de EE.UU. (Herkimer County, Estado de Nueva York).

Su historia trae a colación otro libro comentado en esta misma página, A la caza de la mujer, de James Ellroy. Aquí también el asesinato no esclarecido de una mujer arruina la vida de su hijo (Aaron), de su esposo (Delray), de su amante (Eddy) y, sobre todo, de la hija de este último (Krista). Pero la narración abandona la clave policial para girar hacia una entonación trágica y desgarrada: ”había sacudido nuestras vidas como una inundación repentina cargada de agua sucia y de desechos”.

La extensa novela se divide en tres partes: la primera y la tercera las narra la voz de Krista y la segunda enfoca los hechos desde el punto de vista de Aaron.

En el fondo Joyce Carol Oates describe las relaciones conflictivas en el seno de dos familias, en las cuales el odio, el rencor, la culpa y los celos barren con cualquier atisbo de cariño (“no te equivoques pensando que el amor de una madre es incondicional”). Las situaciones están muy bien planteadas y los personajes poseen fuerza y verosimilitud a través de una prosa bella y precisa, de gran soltura y espontaneidad, que brilla en las frases largas por su perfecta articulación. Los interiores y exteriores están sólidamente representados y contemplan innumerables detalles, incluso los olores. Los diálogos son convincentes, adecuados al perfil de cada personaje. La impecable traducción de José Luis López Muñoz permite al lector gozar del estupendo estilo de la escritora.

También es una novela de pasiones desbordadas, en las cuales no hay cabida para una mínima reflexión. Entre personajes que carecen de toda afinidad se produce una irresistible atracción sexual, como si estuvieran poseídos por un anhelo de autodestrucción. Y el texto muestra las caídas de varios de ellos en los abismos de la desesperación, en donde imperan la bebida y la droga (en forma reiterada se menciona la hierba, la heroína, la cocaína, la metanfetamina y la condición de estar colocado).

La historia fluye con naturalidad hacia delante y hacia atrás, en un período que va desde 1983 a 2002. En esos veinte años los destinos se cruzan patológicamente, y la autora logra bucear en los repliegues inasibles del alma humana, allí donde hierven los sentimientos contradictorios y los razonamientos están de más. Una tristeza infinita parece dominar a Ave del paraíso (“Porque su sabiduría secreta era que la muerte es fácil, que morir es mucho más fácil que vivir”), pero si bien los protagonistas transitan una existencia cruel y dolorosa, en las últimas páginas del libro parece vislumbrarse un destello de esperanza.

Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938), escribió más de cincuenta novelas, entre ellas La hija del sepulturero -que también mereció una nota elogiosa en esta página- y recibió numerosos premios, entre ellos el National Book Award, el PEN/Malamud Award y la Medalla de Honor en Literatura del National Arts Club.

Germán Cáceres

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