Joao Gilberto (El hombre que canta en silencio)

A los 88 años, este sábado 6 de julio murió Joao Gilberto en Río de Janeiro. Creó un ritmo nuevo, la bossa nova, que terminó convirtiendo símbolo de un país. Lo recordamos en este artículo de la serie "Aproximación a la bossa nova" que Guillermo Fuentes Rey escribió para nuestra página.
Joao Gilberto Prado Pereira de Oliveira, nacido en Juazeiro, Bahía, el 10 de junio de 1931, era un cantante y guitarrista excéntrico, retraído, a veces de muy mal carácter, que molestaba a muchos y era aceptado por algunos. Sin éxito había intentado insertarse en los circuitos musicales brasileños como solista y cuando participó del grupo vocal Garotos da Lua lo echaron por rebelde.
Después de su participación en dos bandas de Cançao de Amor Demais, algunos amigos se movieron para que él pudiera grabar. Superando la resistencia de no pocos empresarios, Gilberto llegó a los estudios de la Odeón y finalmente, después de muchas tomas, grabó, el 10 de julio de 1958, un 78 RPM con Chega de saudade (que ya había grabado Elizete) y Bim Bom, un tema que le pertenecía. Antonio Carlos Jobim fue el responsable de los arreglos.
Como escribió el crítico e historiador Ruy Castro, Chega de saudade fue un minuto y cincuenta y nueve segundos de música que cambiaron el mundo. Con la guitarra, Gilberto alteraba el ritmo tradicional del samba y lo convertía, con una nueva división, con una nueva batida, en algo absolutamente distinto. Su canto parecía disociado de la música, iba en otra dirección. Además cantaba sin notas sostenidas innecesariamente, sin alardes vocales, siempre baixinho. La emisión vocal era nasal; la emoción contenida; el estilo cool; la afinación perfecta.

Ruy Castro opinó también que Joao Gilberto -a diferencia de los modelos importados de la actualidad- buscó en el propio Brasil las raíces de su creación. Esa creación fue de inmediato entendida por los compositores que lo rodeaban (con Jobim a la cabeza), quienes trasladaron la batida de la guitarra a las nuevas músicas que empezaron a escribir. “Aún aquellos que ya conocían los modernos conceptos musicales de Jobim, sufrieron un impacto y esos conceptos modernos pasaron a ser antiguos. El nuevo jeito para cantar y tocar la guitarra de Gilberto asombraron a todo el mundo. Con el tiempo se comprobó que ningún otro disco brasileño tendría la importancia y trascendencia de Chega de saudade y despertaría en miles de jóvenes el deseo de cantar o tocar un instrumento, especialmente la guitarra”, agrega Ruy Castro.
En este punto me permito una opinión absolutamente personal y que, tal vez, pueda despertar opiniones encontradas: el 10 de julio de 1958, al grabar su versión de Chega de saudade, Joao Gilberto concretó lo que hasta entonces se insinuaba, fue el agente catalizador que transformó la música brasileña y que con su batida diferente en la guitarra y su fraseo vocal creó la Bossa Nova.
Hacia fines de 1958 la Bossa Nova se imponía en San Pablo y Río de Janeiro. El 10 de noviembre Gilberto registró otro himno del movimiento: Desafinado, de Tom Jobim y Newton Mendonça donde, por primera vez, se utilizó en la letra el término bossa nova.
En enero de 1959, con producción de Aloysio de Oliveira y siempre con Jobim a cargo de la orquesta, Gilberto comenzó a grabar su primer Long Play que llevaría por título, como no podía ser de otra manera, Chega de saudade. Entre los 12 temas que incluye esa joya de la música del mundo, hay muy viejas canciones de Ary Barroso, Dorival Caymmi y Marino Pinto y Ze da Silva (A los pies de la cruz) que, al pasar por el tamiz del genio bahiano, sonaban modernas.
Quiero recordar que dos o tres años antes de la explosión bossanovística, Joao Gilberto, afectado por la incomprensión de un medio donde no lograba insertarse, se exilió en Diamantina, Minas Gerais. Allí se encerró en la casa de su hermana y empezó a trabajar en su estilo. Obsesivo, perfeccionista, maniático de la música (como lo sigue siendo en la actualidad, claro), Gilberto eligió el baño de la casa como el lugar ideal para sus estudios porque la acústica de ese ámbito le permitía escuchar y escucharse mejor. Allí comenzó a cantar baixinho -bajito-, sin vibrato, adelantando o atrasando, creando sus propios tiempos. Cambió la manera de emitir, usando más la nariz que la boca. Volcó en su estilo lo que tenía en su memoria musical perfecta: la enunciación natural de sus ídolos Orlando Silva (un excepcional cantante brasileño muy popular en los 30 y 40) y Frank Sinatra, el tono y la respiración de Dick Farney, el timbre del trombón de Frank Rosolino (gran instrumentista del jazz de la Costa Oeste norteamericana que descolló en la orquesta de Stan Kenton), los modos de Joe Mooney (acordeonista y cantante estadounidense) y Jonas Silva (otro clásico cantante del Brasil), la división de Lucio Alves, la síncopa de Johnny Alf y de Joao Donato (acordeonista y pianista brasileño que poco después de la aparición de la Bossa Nova partió a los Estados Unidos donde concretó una gran carrera) y aprendió también a usar la voz para alterar o completar la armonía de la guitarra. Fue entonces en Diamantina, alejado del mundo (como, por otro lado, siempre le gustó vivir) donde Gilberto se convirtió como ya he dicho, en el agente catalizador capaz de acelerar una reacción. Esa reacción estalló el 10 de julio de 1958 y se llamó Bossa Nova. Joao Gilberto la gestó durante su ostracismoen Diamantina.
Así como Joao Gilberto es la voz y la guitarra de la Bossa, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes son sus compositores esenciales. De ellos nos vamos a ocupar en la próxima entrega de esta serie.
Guillermo Fuentes Rey