Taller internacional de verano

Como cada semestre,  se llevó a cabo un nuevo taller “El Español en el Marco de las Relaciones Internacionales”, con alumnos brasileños.


El seminario propone una inmersión en la lengua castellana para alumnos de la carrera de Relaciones Internacionales, y ya recibió más de 400 alumnos desde su creación, en 2003.

Combina clases de idioma (por la Lic. Gabriela Hidalgo) con visitas guiadas por la ciudad cuyo propósito es hacer con que los alumnos conozcan los principales hechos de la historia de Argentina de una forma dinámica y entretenida

La coordinación de la actividad corre por cuenta de Claudia Caraviani. Se realiza en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte desde 2014, en verano e invierno.

Tesoro de libros: la biblioteca de Bioy Casares será pública

Los 17.000 ejemplares se suman al acervo de la Biblioteca Nacional.


Adolfo Bioy Casares señaló alguna vez que entre los mejores recuerdos de su vida estaban aquellas noches en las que, junto a Borges, anotaron las obras de sir Thomas Browne, admiraron la agudeza de Gracián o eligieron con Silvina Ocampo los textos que integrarían la célebre Antología de la literatura fantástica.


Los libros que contenían las huellas de esas intensas jornadas de trabajo intelectual estuvieron más de 15 años en 330 cajas, que terminaron en el subsuelo de un depósito de la calle Sarmiento, presas de una compleja trama sucesoria que ayer empezó a resolverse.

La Biblioteca Nacional, en la figura de su director, Alberto Manguel , y los investigadores Laura Rosato y Germán Álvarez, consiguió convencer a un grupo de particulares, empresas y fundaciones de que compraran, por 400.000 dólares, una de las bibliotecas privadas más importantes del país. Ya firmada la carta de intención y una vez concretada la operación, los 17.000 volúmenes del acervo serán donados a la institución para que ese material, de valor incalculable, no termine desperdigado por el mundo.


Una tasación inicial de la biblioteca personal de Bioy Casares la había hecho el librero de anticuario Alberto Casares antes de 2006. Pero nunca pudo terminar un inventario minucioso. Por eso, Rosato y Alvarez contaron con la colaboración del traductor y crítico Ernesto Montequin, albacea de los papeles de Silvina Ocampo y una de las personas que más conoce esta biblioteca -fue su administrador por decisión judicial durante una parte de la sucesión-. Montequin los condujo por ese laberinto de 17.000 libros que tapizaban cada una de las paredes del departamento de novecientos metros de la calle Posadas, donde vivieron Bioy Casares y Silvina durante toda su vida.

"La singularidad absoluta de esta biblioteca -explicó Montequin en la conferencia donde se dio la gran noticia- es que se trata de la biblioteca de dos enormes escritores argentinos pero también la de un tercero, que es Borges, ya que guardaba muy pocos libros en su casa." Fue la biblioteca de tres personas que tenían a la literatura como pasión dominante y que funciona, de algún modo, como un laboratorio: es una biblioteca de trabajo. Ni de bibliófilos ni de coleccionistas. Los ejemplares que la integran fueron leídos, usados, escritos, comentados. A partir de ella se puede aprender no sólo "qué" leyeron sino "cómo" leyeron estos autores. Allí radica el valor de estos libros. "Es una biblioteca viva", dijeron ayer.


Todos los implicados sabían que era fundamental que estos libros no se perdieran. La biblioteca es un microcosmos, y una vez que empieza a dispersarse no se puede reunir nunca más. En este caso, y para los investigadores en particular, el todo vale más que la suma de las partes. Esto entendieron Rosato y Álvarez, lo había entendido Horacio González, en la anterior gestión de la Biblioteca Nacional, pero nunca pudo conseguir los fondos, y esa deuda pendiente se propuso saldar Manguel: conseguir los 400 mil dólares que pretendían los herederos de Bioy Casares.

La complejidad de la trama en la herencia de Bioy, que incluye a Fabián Bioy Demaría -un hijo que el escritor tuvo en una relación extramatrimonial, reconocido tardíamente, pero que murió en 2006, antes de que finalizara el juicio sucesorio, y cuya herencia vuelve a la madre de Fabián, Sara Josefina Demaría, y a los tres nietos de Bioy que le dio su hija Marta- es el trasfondo y la razón por la que esa biblioteca permaneció en un depósito durante más de quince años.

En ella hay desde libros de cuentos infantiles, marcados por el trazo de una niña Silvina Ocampo, o la obra completa de sir Thomas Browne, no disponible para consulta pública en la Argentina, hasta las pruebas de imprenta de El jardín de senderos que se bifurcan, con el prólogo agregado en correcciones manuscritas de Borges. El autor de Ficciones tenía la costumbre de seguir corrigiendo sus cuentos una vez publicados en revistas como Sur. Así sucede con el cuento "El zahir", cuya corrección se encuentra en una de estas cajas sobre el soporte de un ejemplar de Los Anales de Buenos Aires. "Eso es de una riqueza crítico genética invaluable", comenta Alvarez. "Es un Borges todavía reescribiéndose."

No es lo único. Entre otras curiosidades, los investigadores podrán encontrarse, por ejemplo, con una primera edición del Finnegans Wake, de James Joyce. En la hoja de guarda, Borges y Bioy se dedican a inventar frases que empiecen con la fórmula "en menos que", como un juego que solían hacer. En tanto, Montequin recuerda toda una sección de libros de la colección del Séptimo círculo, dedicada a novelas policiales. Tanto Borges como Bioy, obsesivos como eran, hacían correcciones de estilo entre una edición y otra. El resultado es una pequeña pero magistral lección de traducción.

Además, el acervo permite reconstruir toda una red de escritores. A partir de las dedicatorias de los libros se ilumina la relación que mantuvieron. Montequin apunta que una de las más lindas de Borges se encuentra en un ejemplar de Discusión, regalado a Silvina, donde escribió: "A Silvina, claridad, dedico estas sombras".

Lo que viene
Las joyas que puedan surgir de la conjunción entre estos enormes escritores aparecerán después del trabajo de investigación que empezarán a desarrollar Rosato y Alvarez una vez concretada la compra-venta-donación por parte de empresas como Banco Galicia o Fundación Bunge y Born, entre otros. Será a fines de marzo.

Esta donación es el primer paso que impulsa la gestión de Manguel en la Biblioteca Nacional para rastrear, preservar y poner a disposición de investigadores y del público en general (a través de exposiciones) los tesoros patrimoniales de la cultura del país y evitar la fuga a universidades o institutos extranjeros.

Los testigos que alguna vez transitaron el departamento de Posadas dicen que en una de las pocas paredes del escritorio de Bioy Casares había una carta manuscrita de Sarmiento enmarcada. En abril de 1989, en una de las entradas de su diario, Bioy se entristecía por las goteras en aquel departamento. El metálico ruido del agua en los cacharros lo angustiaba como cuando era chico. Cabe imaginar la pena de Bioy si hubiera sabido que la mayoría de aquellos libros que engalanaban su biblioteca estarían durante más de quince años en un depósito de la calle Sarmiento. En esa coincidencia quizás se esconda una broma borgeana que recién ahora empieza a dar gracia.

El concepto y los números detrás de la adquisición

Alberto Manguel, director de la BNMM: "Es el primer paso para reunir este tipo de tesoros nacionales en la Nación. Una manera de detener la fuga y conservarlos para futuros lectores"

17.000 Ejemplares
Integran la biblioteca completa de Bioy y Ocampo que se incorpora al acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

330 Cajas con libros

Agrupados en 10 lotes, de 33 cajas cada uno, llevan más de 15 años embalados

400.000 Dólares
Es el valor total de las operaciones de compraventa de estos libros realizadas a los herederos por particulares, empresas y fundaciones, que los donarán a la BNMM

Cinco joyas de la donación
El jardín de senderos que se bifurcan - Jorge Luis Borges, 1941: Pruebas de imprenta con el prólogo agregado en correcciones manuscritas del propio Borges

Finnegans Wake - 1939, James Joyce: Primera edición con anotaciones de Borges y Bioy Casares en la hoja de guarda, con un juego de palabras que hacían

Fervor de Buenos Aires - Jorge Luis Borges, 1923: Primera edición dedicada

Guías Michelin: Las utilizó Bioy en sus viajes por Europa; ilumina una etapa poco conocida en su biografía

Colección de folletos surrealistas: Son manifiestos de la vanguardia que Silvina Ocampo había traído directamente desde Europa

Diego Erlan
Diario La Nación, sábado 18 de febrero de 2017

Concurso "Leer tiene Premio" - Edición Jóvenes

La CONABIP y las bibliotecas populares premian a los jóvenes lectores de todo el país. Se trata de un reconocimiento a los usuarios que a lo largo del último año hayan retirado mayor cantidad de libros a través del sistema de préstamos de la biblioteca. 



La inclusión y el acceso a la lectura por parte de los jóvenes es una labor a futuro en la construcción de un país de lectores. Es por ello, que reconocemos, acompañamos y premiamos a los usuarios de todo el país que sostienen y promueven con su lectura el rol de sus Bibliotecas Populares en cada comunidad.

Para participar de esta propuesta clic aquí
  • PLAZO DE INSCRIPCIÓN: 20 de marzo de 2017

La literatura de Emil García Cabot

de Bertha Bilbao Richter
(Enigma Editores, Buenos Aires, 2016, 196 páginas)


Este libro cuenta con el auspicio del Instituto Literario y Cultural Hispánico (ILCH), que en 2015 premió a Emil García Cabot por su trayectoria en la Literatura Hispanoamericana.

Los conceptos que vierte Berhta Bilbao Richter sobre el escritor pueden resumirse en el subtítulo: «Metáfora de la condición humana». Además, ayudan al abordaje de este análisis una sagaz nota de la contratapa de la Dra. Rosa Tezanos-Pinto y las agudas «Palabras Preliminares» del profesor chileno Manuel Jofré.

La escritura de la autora es brillante, de una precisión en su ritmo y puntuación realmente admirables.

Richter estudia con minuciosidad diez libros de Cabot, que incluyen novelas, cuentos y poemas, y cita una extensa y erudita bibliografía (entre los pensadores más nombrados figuran Platón, Aristóteles, Plotino, René Guenón, Carlos G. Jung y Paul Ricoeur). En cada uno de esos diez capítulos figuran epígrafes pertenecientes a la obra del escritor.

Respecto la novela del género juvenil La caracola y los sortilegios, sostiene acertadamente que “es necesario reconocer en la literatura para niños y jóvenes, su especificidad y su dignidad artística”.

Otra de sus afirmaciones señala que para Cabot en la actualidad se avanza hacia la robotización y la búsqueda de frivolidades.

La ensayista percibe un profundo sentido poético en los textos que investiga, incluso en la prosa: “un mundo que se disuelve y se confunde con la bruma…”

La Patagonia, zona que el escritor ha recorrido intensamente, es un escenario muy frecuente en su narrativa.

La autora exhibe una sensibilidad especial hacia la novela La hora, ya que comenta que “es la epifanía del instante que se metamorfosea en absoluto”, cuya convención es el narrador ausente, ya que son los personajes los encargados de narrar la historia a través de monólogos interiores.

Hacia el final, en una entrevista al escritor, le pregunta sobre cada uno de los diez títulos analizados. En las respuestas se aprecia su gran admiración por la Grecia clásica –“nos ha legado una cultura exquisita y maestra” – y le pesa la ausencia de esos valores e ideales en las sociedades contemporáneas. Otra de las temáticas que comenta es el poderío del viento, fenómeno de la naturaleza al que Cabot considera soberano y magnífico. Asimismo bucea en la novela El último horizonte, en la cual enfoca la conflictiva identidad nacional. Respecto a la ya mencionada La hora, asegura que “No es una novela en el sentido clásico (…) es una especie de anomia apocalíptica”.

En las conclusiones de este ensayo altamente recomendable, Bertha Bilbao Richter declara que García Cabot “Es el escritor que ha logrado que sus personajes se conviertan en surtidores de mundos poéticos…”

Bertha Bilbao Richter es Licenciada en Letras, Especialista en prácticas, medios y ámbitos educativo-comunicacionales y Miembro de número de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil. Es autora de libros, artículos en revistas y diarios y en 2013 obtuvo la Faja de Honor de la SADE en el género ensayo por su obra Osvaldo Rossi, Solidez poética en la modernidad líquida.

Germán Cáceres

Programa Libro% 2017

Se confirmaron las fechas del Programa Libro % de la CONABIP en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, que permitirá a las Bibliotecas Populares de todo el país la compra de libros con descuento.


Cada año, desde el 2005, la CONABIP hace posible la participación de miles de dirigentes y bibliotecarios de todo el país en la feria de libros más grande de la Argentina a través del Programa Libro%. Este incluye un subsidio para que puedan viajar y adquirir material bibliográfico de su elección a precios especiales que se gestionan con las principales editoriales nacionales presentes en la feria.

El Programa Libro% es una de las acciones más importantes de la CONABIP. Es el momento en donde se reúnen escritores, lectores argentinos, latinoamericanos y de todo el mundo. Y por ende, las bibliotecas populares están presentes como representantes de uno de los movimientos culturales históricos del libro y la lectura en la Argentina.

Durante el transcurso de los días que dura el Programa, también se realizan actividades culturales, conferencias, presentaciones de títulos editados por la CONABIP y se entrega el Premio Amigo de las Bibliotecas Populares a figuras destacadas de la cultura nacional.

Natalicio de Domingo F. Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811, en el barrio de Carrascal, de la ciudad de San Juan. Hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrázabal. El nombre con el cual fui inscripto el recién nacido fue el de Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. Faustino por el santo que se honraba en el santoral el día de su nacimiento y Valentín por San Valentín. Nadie lo llamaba de esa forma.



Ni sus amigos ni familiares. Domingo no figuraba en su partida de nacimiento y se supone que se lo llamó tiempo después.

Entre sus muchas creaciones y fundaciones, en 1872 fundó una Academia Militar Naval. Fue por sugerencia del Sargento Mayor de la Marina, Clodomiro Urtubey. El fin era ofrecer a los cadetes que egresaran de esta Academia, una formación acorde a las circunstancias vigentes. Estamos haciendo mención de la Escuela Naval Militar Argentina.. Esta noble Institución es la cuna de tantos jóvenes guardiamarinas en comisión que navegan anualmente en la querida Fragata Libertad.

Un recuerdo para el cuyano alborotador. El escritor, más prolífico del siglo XIX, en lengua hispana.
Argentino, autodidacta, soñador, batallador, inquieto. Trascendió a su tiempo. En el día de su natalicio un simple homenaje.

"La Historia de Grecia la estudié de memoria, y la de Roma en seguida (...); y esto mientras vendía yerba y azúcar, y ponía mala cara a los que me venían a sacar de aquel mundo que yo había descubierto para vivir en él. Por las mañanas, después de barrida la tienda, yo estaba leyendo, y una señora pasaba para la Iglesia y volvía de ella, y sus ojos tropezaban siempre, día a día, mes a mes, con este niño inmóvil insensible a toda perturbación, sus ojos fijos sobre un libro, por lo que, meneando la cabeza, decía en su casa: "¡Este mocito no debe ser bueno! ¡Si fueran buenos los libros no los leería con tanto ahínco!" (D .F. Sarmiento, Recuerdos de Provincia).

Lic. Ana Franceschini
Sociedad Argentina de Escritores

La ruta mágica de Juan Rulfo

"Los descendientes de Rulfo quieren preservar su figura en el plano del terreno cultural ahora que los funcionarios oficiales se apresuran en convertirlo en material turístico."



JUEVES: Viaje a la casa de Pedro Páramo
A los ocho años era huérfano. Al padre lo habían matado de un hachazo y la madre murió poco después. Lo criaba su abuela que luego lo entregó a un orfanato. La infancia no era un buen sitio para volver con los recuerdos. Lo mejor podrían ser las ensoñaciones nebulosas y rápidas del alcohol a pesar del desastre social y de las resacas en las que cada minuto dura como un año.

El niño huérfano, el joven alcohólico se llamaba Juan Rulfo (1917- 1987) y era un hombre silencioso y distante, tímido y esquivo. Un tipo sensible y observador que escribió a pesar de todo, o por eso mismo, dos libros que pertenecen a la historia de la literatura de la lengua española: Pedro Páramo y El llano en llamas.

Los descendientes de Rulfo quieren preservar su figura en el plano del terreno cultural ahora que los funcionarios oficiales se apresuran en convertirlo en material turístico aprovechando que en mayo venidero se cumple el centenario del escritor nacido en Sayula, el estado mexicano de Jalisco.

El alcalde de esa ciudad, Jorge Campos, dijo a los medios que se trabaja en «Una ruta turística cultural y la construcción de espacios» para los festejos en Sayula, San Gabriel y Tuxcacuesco, tres municipios que inspiraron la obra del escritor. El recorrido por la zona natal de Rulfo se llamará El realismo mágico de Juan y llevará a los viajeros a conocer escenarios descritos en sus libros y pasajes de su vida.

La familia del autor de Pedro Páramo pidió a los gobernantes «abstenerse de gastar cualquier suma» en realizar homenajes a su pariente. Solicitó, además, no organizar actividades de naturaleza efímera y «evitar el sesgo político». En una misiva hecha pública en los medios mexicanos solicitaron que el dinero que se utilizaría para esos homenajes sirviera para darles becas a jóvenes en disciplinas como la fotografía, el cine o la literatura y no para justificar la promoción «de un grupito de escritores de cuarta o quinta categoría».

Una de las pocas ventajas que deben tener los escritores que no pueden asistir a su centenario es la de no tener que ver la categoría de homenajes que le preparan. Rulfo estaría espantado de verse como figura central de una ruta turística por muchas veces que le pongan detrás la palabra cultural.

VIERNES: Labrador Ruiz, el tiempo dirá
Si Franz Kafka hubiera nacido en Cuba sería un escritor costumbrista, dice desde la lejanía de la muerte Enrique Labrador Ruiz (Sagua la Grande, 1902- Miami 1992), uno de los más grandes narradores cubanos del siglo XX, amigo de parrandas continentales de Pablo Neruda, un tipo controvertido y talentoso que vivió exiliado en España y Venezuela y fue a pasar los últimos días de su vida y de su olvido en un pequeño apartamento en el sur de La Florida.

Labrador, autor de novelas como La sangre hambrienta y la colección de cuentos El gallo en el espejo, se consideraba muy cercano a «Quevedo, el prosista. Él ha sido mi maestro. Después vinieron otros, Ramón Gómez de la Serna y Valle-Inclán».

En una larga conversación con su amigo y compatriota el historiador y crítico Alejandro Anreus, el escritor recuerda que fue Pablo Neruda el que lo convenció para que ingresara en el Partido Comunista de Cuba. «Me hice miembro durante la guerra. Era el apogeo del Frente Popular y el antifascismo. Además, coño, la pérdida de España nos había dolido a todos, los comunistas y los no».

«Neruda fue a Cuba», agrega, «nos fuimos a dar unos tragos y él me dijo que me hiciera miembro que mucho me iban ayudar como escritor. Nos emborrachamos y fuimos y me inscribí. Después lo celebramos con Nicolás Guillén y Félix Pita Rodríguez».

Recuerda que con el chileno compartió muchas copas «y prostíbulos en La Habana, México y Santiago. Pablo es un gran poeta, eso nadie lo puede negar. Los grandes poetas de América son Darío, la [Gabriela] Mistral, [César] Vallejo, Pablo [Neruda] y [Octavio] Paz. Él mandó a Jorge Edwards a que me visitara en La Habana y Edwards se me apareció con un par de botellas de whisky enviadas por Pablo. Fueron bien bebidas».

Labrador confiesa que no les prestaba atención a los escritores de Orígenes. De ese grupo, nadie me interesaba, excepto Lezama, dice. «Como poeta, no como novelista. De novela Lezama no sabía un carajo, pero es un gran poeta. El verdadero heredero de Góngora».

El también periodista y ensayista habla de la sensibilidad de Alejo Carpentier para escribir sobre las artes plásticas. «Alejo escribió buenos textos sobre [Wifredo] Lam y [Eduardo] Abela, nuestro barroco tropical. Lo que Alejo nunca hacía era pagar la cuenta. Si salías con él, eras tú el que pagaba».

Labrador Ruiz es considerado un traidor por el grupo que controla dictadura en su país. En Miami, es un escritor del exilio que no publicó libro y murió en silencio a finales del siglo pasado. Cuando su amigo Anreus le preguntó por el destino de su obra, el intelectual dijo: «El tiempo dirá».

Raúl Rivero
Diario el Mundo, Madrid.

Reabre la Biblioteca

Desde el lunes 6 de febrero la Biblioteca volverá a abrir sus puertas.


Como siempre, será de lunes a viernes, de 16 a 20 horas.

video

Las siete maravillas susurran sus viejos secretos

Valerio Manfredi devuelve a la vida en un libro a los grandes monumentos legendarios del mundo antiguo.


En estos tiempos de listas es bueno recordar una de las más famosas de la humanidad, la madre de todas las listas: las siete maravillas del mundo antiguo. Hubo un tiempo en que nadie que se considerara culto podía dejar de enumerarlas, como no podía ignorar los doce trabajos de Hércules o los nombres de las musas. De ellas, de las maravillas, esos siete magníficos del ingenio humano —cinco edificios y dos estatuas gigantescas—, solo queda una en pie, la Gran Pirámide, y muy distinta de lo que fue; a las otras seis, el coloso de Rodas, los jardines colgantes de Babilonia, el templo de Artemisa en Éfeso (en cuyo interior se veneraba el ídolo de ébano de la diosa recubierto de mamas —o escrotos de toros—), el mausoleo de Halicarnaso, el Zeus de Olimpia y el faro de Alejandría las ha barrido, despiadado, el viento de la Historia. Uno de los más populares expertos en la antigüedad, el arqueólogo y escritor Valerio Manfredi, autor de Aléxandros, de Odiseo, y de muchos otros títulos de éxito, nos lleva ahora en su último libro aparecido en España, Las maravillas del mundo antiguo (Grijalbo), en un viaje a través de los siglos a visitar esos monumentos en todo su esplendor y a conocer cómo fueron construidos y cómo se disolvieron la mayoría en el polvo del tiempo.

También a descubrir muchos de sus secretos: la enorme estatua crisoelefantina (de oro y marfil) de Zeus que se adoraba en el templo del padre de los dioses en Olimpia —y en uno de cuyos dedos talló su autor, Fidias, ¡una declaración de amor a un jovencito!— era en su interior como una falla, una maraña de tablones ensamblados con cuerdas y brea por la que correteaban los ratones; el coloso de Rodas fue desde el principio un gigante inestable y condenado nacido de los celos de un discípulo, Cares de Lindo, por su maestro, Lisipo; lo realmente maravilloso del faro de Alejandría estaba no en sus mayúsculas dimensiones sino en el mecanismo giratorio de su luz y sus espejos, apoteosis de la catóptrica, la ciencia de la refracción de la luz; el inmenso templo de Artemisa en Éfeso disponía de un sistema antisísmico (el primero del que se tiene noticia en un edificio), consistente en un estrato de carbón troceado y lana de oveja sobre el que se colocaron los cimientos; la tumba del rey Mausolo (de ahí “mausoleo”, sinónimo de tumba monumental) constaba de varios ciclos escultóricos asombrosos y la columnata rematada por una pirámide sobre la que se asentaba una cuadriga en la que estaban representados el más bien poco humilde soberano y su reina, Artemisia, parecía flotar en el cielo; la pirámide de Keops —que durante 38 siglos fue el edificio más alto del planeta— era, con su deslumbrante revestimiento de piedra calcárea, muchísimo más impresionante que la construcción que podemos ver ahora. En cuanto a los jardines babilonios, la maravilla “más evanescente, la más fantasmagórica, inútilmente buscada y perseguida”, Manfredi señala que su secreto permanece sin resolverse: nadie sabe cómo eran en realidad.

¿Por qué esta revisitación de las maravillas? “Se me ocurrió mientras diseñaba un proyecto de restauración para el inmenso templo G de Selinunte, en Sicilia”, explica el especialista italiano. “Mi proyecto chocó con la mentalidad académica que defiende dejar las ruinas como están, aunque ello suponga que se vayan degradando hasta desaparecer; eso me hizo reflexionar sobre la suerte de los siete grandes monumentos de la antigüedad”. Manfredi apunta que la lista de los siete, que se atribuye a Filón de Bizancio, es arbitraria y solo una de las que debían circular en la época helenística. Otras listas podrían haber incluido más o menos maravillas. Pero la que ha prevalecido no deja de tener su coherencia. “Todas esas siete maravillas formaban parte de las grandes civilizaciones que conquistó Alejandro Magno, eso es lo que tienen en común, y el significar todas ellas un desafío a lo imposible”, recalca el escritor.

Las siete maravillas (haciendo un poco la vista gorda con los jardines, que seguramente desaparecieron antes) coexistieron un periodo breve: del 300 al 227 antes de Cristo, cuando se derrumbó el coloso. Manfredi subraya que se las seleccionó por lo que tenían de desafío a la naturaleza, de retos tecnológicos en una época, la helenística, que valoraba la capacidad del ser humano de realizar cosas verdaderamente grandiosas. En ese sentido la lista es heredera del espíritu que animó el Museo y la Biblioteca de Alejandría, de “una edad fantástica, increíble, osada”, y de “una civilización que creó la conciencia de que no hay nada imposible”. De ahí, dice, venimos nosotros y nuestras nuevas maravillas modernas: los rascacielos más altos, los puentes más vertiginosos, los túneles más largos.

A Manfredi no le sorprende que en la vieja lista no esté, por ejemplo, el Partenón. “Es un edificio de una perfección absoluta, pero lo que iba a la lista era lo imposible. El Zeus, del tamaño de una casa de cuatro pisos, es imposible, lo es el coloso de Rodas con sus 33 metros y dedos que no podía abrazar un hombre corpulento, el bosque de columnas de 18 metros del templo de Artemisa, la Gran Pirámide…”. Manfredi (no en balde Valerio Massimo) tiene los arrestos de añadir a la lista una octava maravilla, de su cosecha, la tumba de Antíoco I de Comagene (descendiente de Alejandro y de Darío I), por la que tiene un flaco. “Es un divertimento, un juego, me lo pidió el editor. Esa construcción en Anatolia que emplea toda una montaña, el monte Nemrut, cuya sombra podía cubrir todo el reino era sin duda alguna, nadie que la conozca me lo negará, una maravilla”.

En la desaparición de parte de las viejas maravillas paganas jugó un papel destructor nuestra civilización cristiana, de manera muy similar, recuerda Manfredi, a la de la feroz iconoclastia del ISIS que tanto nos indigna.

Qué fue de ellas
Los jardines colgantes. Ni rastro.

El mausoleo de Halicarnaso. Elementos reutilizados en construcciones posteriores. Algunos fragmentos en el British Museum de Londres.

El coloso de Rodas. No queda “nada de nada”. Los restos del gran bronce los compró al peso un comerciante de Edesa y los fundió. Hace unos años saltó la noticia de que había aparecido un puño bajo el agua: era una roca arañada por una draga.

El Zeus de Olimpia. Desaparecido completamente. Según alguna fuente sobrevivió hasta el siglo V en Constantinopla. Que estuviera revestido de oro y marfil lo hacía especialmente proclive al reciclaje.

El faro de Alejandría. Restos desperdigados en el mar donde se precipitó por un terremoto. Algunos elementos han sido recuperados.

El templo de Artemisa. Destruido. Trozos en el British Museum.

La Gran Pirámide. Ahí está, viendo pasar el tiempo (que, es sabido, la teme). Sin su piel resplandeciente pero impresionante todavía. La única maravilla que sobrevive.


Jacinto Antón
Diario El Pais