Semen

de Gabriela Casañas
(Editorial Dunken, Buenos Aires, 2013, 160 páginas)



En su anterior novela La libertad de Oudine, Gabriela Casañas presentaba un dato curioso pero cierto: Eugène Andre Oudine fue un grabador francés que diseñó la cabeza de la Libertad que figura en la moneda de un peso de 1962. En Semen, Alejandro, su protagonista, está obsesionado con la sexualidad y, además de tener descendientes propios y naturales (algunos no reconocidos), crea un banco clandestino con sus eyaculaciones para distribuir entre parejas que intentan procrear mediante inseminación y, de esta manera, termina siendo padre de innumerables hijos desconocidos. Si bien la idea del banco clandestino de semen es una ficción, no sería extraño que en el futuro se transforme en un hecho real.

Pero la novela no se centra solamente en las fijaciones de Alejandro, sino en su peripecia vital. Un inteligente dominio de la narración permite presentar a los distintos personajes en sucesivos capítulos para luego relacionarlos con fluidez y convicción. De allí que el libro vaya adquiriendo un ritmo creciente y el lector quede atrapado en ese laberinto de encuentros.

Todos los personajes se hallan abrumados por la soledad y la incomunicación, y entrelíneas subyace la condena a una sociedad capitalista que funciona como una máquina aplanadora de sueños e ideales. Predomina una visión escéptica del mundo y de la condición humana. Así, Ernesto, el coordinador de talleres a cuyas clases asiste Alejandro, opina que “La familia es una de las máscaras sociales por excelencia, sus miembros no resultan ser lo que parecen y el conjunto es una orquesta que desafina.” Alejandro, insatisfecho, proclama: “…la vida es una tormenta que me arrasa, el tiempo se esfuma y no llego a la meta”.

La historia está narrada en primera persona a través de introspecciones que aportan profundas reflexiones sobre la existencia. Casañas utiliza párrafos cortos, cortantes, que también se permiten a tramos metáforas con sabor ciudadano (“Mi cuerpo era tango rebelado a ese sol de treinta grados que se multiplicaba en el asfalto”, reconoce Alejandro), a la vez que describe la infernal urbe en que se ha convertido Buenos Aires.

Se está ante un libro dialogado, en el que la trama avanza en medio de enfrentamientos verbales. La autora no deja de señalar que se trata de una obra literaria, no sólo al referir las lecciones que imparte Ernesto, sino porque Alejandro está escribiendo una novela que se titula también Semen, que es idéntica a la que está leyendo el lector: es una ficción dentro de la misma ficción, como una suerte de espejos que se reflejan, sugestivo tratamiento narrativo que remite a Alain Robbe-Grillet.

Semen es una novela moderna de imprescindible lectura para aquellos que deseen profundizar en la compleja problemática de los tiempos que corren.

Germán Cáceres