El protegido del ciervo

de Graciela Aráoz
(Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2012, 96 páginas)


Graciela Aráoz se pregunta: “¿Qué es la nada?/ Quizás la huida exacta/ donde convergen la sombra y su fuga.” Así da cuenta de una preocupación metafísica sobre el sentido de la vida y el misterio de la muerte. Ésta última adquiere una atmósfera dura y colmada de una sexualidad que conduce a la tragedia: “Un cuerpo en otro cuerpo/ hasta morirse/ hasta morirnos. / Fascinación y asesinato en la cocina.” “Volvimos a amarnos. / En el después/ que en los ojos queda/ me fusiló.”

Su poesía es contenida y tersa, muy personal y de exquisita sensibilidad. Anida en ella un afán feroz de captar más allá de lo que ofrece la limitada percepción. Y se introduce en el amor y en el erotismo para zambullirse en un mar de interrogantes, donde lo sensual emerge poderoso y enigmático:”Me dijo amante/ y la palabra se deshizo en la piel, / resbala intensa en la trama invisible, / imprecisa/ del secreto.” “y el sexo se vuelve río. / Ese hombre escribe mi cuerpo debajo del río, / los sexos son magnolias, / se van escribiendo/ en la línea que dejan/ la unión del cielo y el fuego.”

Graciela Aráoz (Villa Mercedes, San Luis) es la actual presidenta de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina), fue galardonada varias veces en España (Primer Premio Tiflos de Poesía, Primer Premio de Poesía “Vicente Alexandre” y el Segundo Premio “Carmen Conde”), y poemas de su libro Diabla fueron traducidos al japonés, alemán, portugués, francés y turco.

Como comenta Luisa Futoransky en la contratapa de El protegido del ciervo “La singularidad de la poesía de Graciela Aráoz reside en la fuerza de su mirada. Espacio sin concesiones donde transita una rara intensidad; esa, que no se ahorra desolladura alguna”.

Pero, tal vez, la mejor descripción que se puede hacer de este espléndido poemario es resaltar la belleza de sus imágenes, que lo recorren en su totalidad (“Lee el gozne de los labios/ cuando se cierran cuando se abren para atravesar el secreto/ del silencio.”

Germán Cáceres