La cola de la serpiente

de Leonardo Padura
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2012, 192 páginas)



En la nota del autor, éste aclara que una investigación periodística que realizó sobre el Barrio Chino de La Habana le inspiró un cuento que culminó en esta novela, una suerte de prolongación del ciclo“Las cuatro estaciones”, protagonizado por el detective Mario Conde: Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1993), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998).

El teniente Conde es un solitario que ama los libros, un ser que, necesitado de afecto, se enamora perdidamente de bellas mujeres, pero estos vínculos no pasan de ser fugaces y dolorosos, y como típico representante de la serie negra alivia su amargura refugiándose en el alcohol: “Ahora bebería en su bar ideal hasta que el ron le concediera el alivio del olvido”.

En esta breve novela hay demasiadas citas al ciclo, como si Padura no se perdiera la oportunidad de invitar al lector a comprar esos libros.

Pero este entrañable personaje –para quien la amistad representa un alto valor y, además, como el Pepe Carvalho de Vásquez Montalbán, ama la buena comida-, repite aquí sin convicción actitudes de sus libros anteriores: es como si ya hubiese mostrado toda su interesante personalidad y esta reiteración lo desdibujara.

La cola de la serpiente se bifurca en demasiados ambientes y personajes, pero no posee la suficiente extensión como para desarrollarlos.

Sin embargo, vale la pena leer esta novela recorrida por un hálito melancólico y a la vez lúdico. Exhibe un valioso costado ensayístico cuando comenta las leyendas de la dinastía Han y su correspondiente mitología heroica, así como las costumbres peculiares del Barrio Chino Habanero: la brujería, los insólitos brebajes y la santería yoruba.

Padura reside en Mantilla, un barrio de la Habana, pero, como en todos sus textos, crítica el funcionamiento de la sociedad cubana. Denuncia el juego ilegal, el tráfico de drogas y el robo, delitos que se han afincado férreamente: ”Conde sintió que los años no habían pasado para mejor, sino para preparar un retroceso que, ya lo sabía, tendría consecuencias dolorosas para el país donde había nacido y vivido”/ “ya no había ni carnavales ni manifestaciones espontáneas (no importaba lo que dijeran los periódicos, tan eufemísticos siempre), aunque sí interminables apagones diarios”.

La novela está magníficamente escrita. Su prosa es sobresaliente, muy elaborada y abunda en brillantes descripciones.

La historia policial que transcurre en 1989 luce original e ingeniosa. La pesquisa de Conde resulta impecable y por demás convincente dado que tiene lógica. Y el título del libro también: se puede llegar a la cabeza de la serpiente desde la cola, y a la vez a ésta desde aquella, pero si uno comienza por la cabeza seguramente será mordido.

Leonardo Padura recibió los siguientes premios: Café Gijón 1995, Hammett 1997, 1998 y 2005, De las Islas 2000 y el Brigada 21.

Germán Cáceres

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