Kriminal tango

de Álvaro Abós
(Alfagurara, Buenos Aires, 2010, 328 páginas)

Kriminal tango comienza casi como un informe policial del insólito asesinato del contador Claudio Levinski, que fue quemado vivo dentro de un ataúd cerca de los muelles del puerto de Buenos Aires. Esa prosa tajante y filosa se mantiene hasta el final y está acompañada por un tono desolado, que incluye imágenes enfáticas y duras: “El rostro del viejo sacerdote le pareció un fósil en el que los años hubieran dibujado mil dolores” / "La fotogenia no era el punto fuerte de Contreras. Nariz rota de fajador de rings de mala muerte, ojos hinchados y la frente más arrugada que un fuelle”.

Abós lleva el espíritu del género negro hasta sus últimas consecuencias: no plantea un crimen enigmático para que intente resolverlo el lector, sino que se introduce a fondo —utilizando con sabiduría breves elipsis— en los costados sórdidos y mafiosos de esta urbe que tenemos como capital. De allí que hace recorrer caminos infructuosos al inspector Muñecas —un aficionado al tango que toca el violín— no para desorientar con pistas falsas, sino para describir zonas donde impera el hampa y la violencia, como ser el mundo de la basura, las altas finanzas, los estudios contables de prestigio y los salones milongueros. Y aprovecha la oportunidad para rendir un sentido homenaje al gran Osmar Maderna (“Pequeña”, “Concierto en la luna”, “Escala en azul”, “Rapsodia de tango”, “Lluvia de estrellas”), compositor curiosamente admirado hasta la devoción por un astro del rock norteamericano.

Este paseo por una ciudad tan distinta a la registrada en su libro Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires (2000), produce un sabor amargo ya que desemboca en un descreimiento absoluto en la sociedad porteña y en las instituciones fundadas por sus habitantes:”bohemios, chantas, perseguidos, esa fauna variada que peregrina por la ciudad trucha / “el microcentro (…) que de día bulle, cada domingo por la noche se convierte en un oscuro páramo de cemento que supura la angustia que la ciudad diurna acumula”.

Pero el autor, además de conocer unas calles que pateó hasta el cansancio, sabe cómo funciona una auténtica investigación policial, y logra, además, describir el asesinato de un alto ejecutivo con el dinámico ritmo narrativo de un filme. Y tanto su oficio como su talento literarios le permiten urdir la apasionante y vibrante trama de Kriminal tango, una estupenda novela cuya lectura resulta irresistible.

Germán Cáceres

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