Felices fiestas
Campeones del mundo
Groucho Marx
"Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente''.
"El matrimonio es la principal causa de divorcio''.
"Nunca olvido una cara, pero en su caso estaré encantado de hacer una excepción''.
"Cuando muera quiero que me incineren y el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi representante''.
"Debo confesar que yo nací a una edad muy temprana''.
"Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo''.
"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados''.
"No piense mal de mí, señorita; mi interés en usted es puramente sexual''.
"¿No es usted la señorita Smith, hija del multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pensé que me había enamorado de usted''.
"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas, un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna''.
"Tuve una brillante tarde, pero esta no fue''.
"La televisión es muy educativa, siempre que alguien la enciende voy a otra habitación y leo un buen libro''.
"Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor''.
"¿Por qué debería preocuparme por la posteridad, que ha hecho la posteridad por mí?''
"Fíjate en mí, me he esforzado por llegar de la nada a la pobreza extrema''. * "Disculpen si los llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien''.
"Estos son mis principios, si no les gustan tengo otros''.
"Si eres capaz de hablar sin parar, al final te saldrá algo gracioso, brillante e inteligente''.
"El matrimonio es la principal causa de divorcio''.
"Nunca olvido una cara, pero en su caso estaré encantado de hacer una excepción''.
"Cuando muera quiero que me incineren y el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi representante''.
"Debo confesar que yo nací a una edad muy temprana''.
"Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo''.
"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados''.
"No piense mal de mí, señorita; mi interés en usted es puramente sexual''.
"¿No es usted la señorita Smith, hija del multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pensé que me había enamorado de usted''.
"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas, un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna''.
"Tuve una brillante tarde, pero esta no fue''.
"La televisión es muy educativa, siempre que alguien la enciende voy a otra habitación y leo un buen libro''.
"Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor''.
"¿Por qué debería preocuparme por la posteridad, que ha hecho la posteridad por mí?''
"Fíjate en mí, me he esforzado por llegar de la nada a la pobreza extrema''. * "Disculpen si los llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien''.
"Estos son mis principios, si no les gustan tengo otros''.
"Si eres capaz de hablar sin parar, al final te saldrá algo gracioso, brillante e inteligente''.
Última semana
Informamos que la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte cerrará sus puertas al público el próximo viernes 16 de diciembre. Volveremos tras el receso estival a comienzos de febrero del próximo año.
Los merengues, de Julio Ramón Ribeyro
Apenas su mamá cerró la puerta, Perico saltó del colchón y escuchó, con el oído pegado a la madera, los pasos que se iban alejando por el largo corredor. Cuando se hubieron definitivamente perdido, se abalanzó hacia la cocina de kerosene y hurgó en una de las hornillas malogradas. ¡Allí estaba! Extrayendo la bolsita de cuero, contó una por una las monedas -había aprendido a contar jugando a las bolitas- y constató, asombrado, que había cuarenta soles. Se echó veinte al bolsillo y guardó el resto en su lugar. No en vano, por la noche, había simulado dormir para espiar a su mamá. Ahora tenía lo suficiente para realizar su hermoso proyecto. Después no faltaría una excusa. En esos callejones de Santa Cruz, las puertas siempre están entreabiertas y los vecinos tienen caras de sospechosos. Ajustándose los zapatos, salió desalado hacia la calle.
En el camino fue pensando si invertiría todo su capital o sólo parte de él. Y el recuerdo de los merengues -blancos, puros, vaporosos- lo decidieron por el gasto total. ¿Cuánto tiempo hacía que los observaba por la vidriera hasta sentir una salivación amarga en la garganta? Hacía ya varios meses que concurría a la pastelería de la esquina y sólo se contentaba con mirar. El dependiente ya lo conocía y siempre que lo veía entrar, lo consentía un momento para darle luego un coscorrón y decirle:
-¡Quita de acá, muchacho, que molestas a los clientes!
Y los clientes, que eran hombres gordos con tirantes o mujeres viejas con bolsas, lo aplastaban, lo pisaban y desmantelaban bulliciosamente la tienda.
Él recordaba, sin embargo, algunas escenas amables. Un señor, al percatarse un día de la ansiedad de su mirada, le preguntó su nombre, su edad, si estaba en el colegio, si tenía papá y por último le obsequió una rosquita. Él hubiera preferido un merengue pero intuía que en los favores estaba prohibido elegir. También, un día, la hija del pastelero le regaló un pan de yema que estaba un poco duro.
-¡Empara! -dijo, aventándolo por encima del mostrador. Él tuvo que hacer un gran esfuerzo a pesar de lo cual cayó el pan al suelo y, al recogerlo, se acordó súbitamente de su perrito, a quien él tiraba carnes masticadas divirtiéndose cuando de un salto las emparaba en sus colmillos.
Pero no era el pan de yema ni los alfajores ni los piononos lo que le atraía: él sólo amaba los merengues. A pesar de no haberlos probado nunca, conservaba viva la imagen de varios chicos que se los llevaban a la boca, como si fueran copos de nieve, ensuciándose los corbatines. Desde aquel día, los merengues constituían su obsesión.
Cuando llegó a la pastelería, había muchos clientes, ocupando todo el mostrador. Esperó que se despejara un poco el escenario pero, no pudiendo resistir más, comenzó a empujar. Ahora no sentía vergüenza alguna y el dinero que empuñaba lo revestía de cierta autoridad y le daba derecho a codearse con los hombres de tirantes. Después de mucho esfuerzo, su cabeza apareció en primer plano, ante el asombro del dependiente.
-¿Ya estás aquí? ¡Vamos saliendo de la tienda!
Perico, lejos de obedecer, se irguió y con una expresión de triunfo reclamó: ¡veinte soles de merengues! Su voz estridente dominó en el bullicio de la pastelería y se hizo un silencio curioso. Algunos lo miraban, intrigados, pues era hasta cierto punto sorprendente ver a un rapaz de esa calaña comprar tan empalagosa golosina en tamaña proporción. El dependiente no le hizo caso y pronto el barullo se reinició. Perico quedó algo desconcertado, pero estimulado por un sentimiento de poder repitió, en tono imperativo:
-¡Veinte soles de merengues!
El dependiente lo observó esta vez con cierta perplejidad pero continuó despachando a los otros parroquianos.
-¿No ha oído? -insistió Perico, excitándose-. ¡Quiero veinte soles de merengues!
El empleado se acercó esta vez y lo tiró de la oreja.
-¿Estás bromeando, palomilla?
Perico se agazapó.
-¡A ver, enséñame la plata!
Sin poder disimular su orgullo, echó sobre el mostrador el puñado de monedas. El dependiente contó el dinero.
-¿Y quieres que te dé todo esto en merengues?
-Sí -replicó Perico con una convicción que despertó la risa de algunos circunstantes.
-Buen empacho te vas a dar -comentó alguien.
Perico se volvió. Al notar que era observado con cierta benevolencia un poco lastimosa, se sintió abochornado. Como el pastelero lo olvidaba, repitió:
-Deme los merengues -pero esta vez su voz había perdido vitalidad y Perico comprendió que, por razones que no alcanzaba a explicarse, estaba pidiendo casi un favor.
-¿Vas a salir o no? -lo increpó el dependiente.
-Despácheme antes.
-¿Quién te ha encargado que compres esto?
-Mi mamá.
-Debes haber oído mal. ¿Veinte soles? Anda a preguntarle de nuevo o que te lo escriba en un papelito.
Perico quedó un momento pensativo. Extendió la mano hacia el dinero y lo fue retirando lentamente. Pero al ver los merengues a través de la vidriera, renació su deseo, y ya no exigió sino que rogó con una voz quejumbrosa:
-¡Deme, pues, veinte soles de merengues!
Al ver que el dependiente se acercaba airado, pronto a expulsarlo, repitió conmovedoramente:
-¡Aunque sea diez soles, nada más!
El empleado, entonces, se inclinó por encima del mostrador y le dio el cocacho acostumbrado pero a Perico le pareció que esta vez llevaba una fuerza definitiva.
-¡Quita de acá! ¿Estás loco? ¡Anda a hacer bromas a otro lugar!
Perico salió furioso de la pastelería. Con el dinero apretado entre los dedos y los ojos húmedos, vagabundeó por los alrededores.
En el camino fue pensando si invertiría todo su capital o sólo parte de él. Y el recuerdo de los merengues -blancos, puros, vaporosos- lo decidieron por el gasto total. ¿Cuánto tiempo hacía que los observaba por la vidriera hasta sentir una salivación amarga en la garganta? Hacía ya varios meses que concurría a la pastelería de la esquina y sólo se contentaba con mirar. El dependiente ya lo conocía y siempre que lo veía entrar, lo consentía un momento para darle luego un coscorrón y decirle:
-¡Quita de acá, muchacho, que molestas a los clientes!
Y los clientes, que eran hombres gordos con tirantes o mujeres viejas con bolsas, lo aplastaban, lo pisaban y desmantelaban bulliciosamente la tienda.
Él recordaba, sin embargo, algunas escenas amables. Un señor, al percatarse un día de la ansiedad de su mirada, le preguntó su nombre, su edad, si estaba en el colegio, si tenía papá y por último le obsequió una rosquita. Él hubiera preferido un merengue pero intuía que en los favores estaba prohibido elegir. También, un día, la hija del pastelero le regaló un pan de yema que estaba un poco duro.
-¡Empara! -dijo, aventándolo por encima del mostrador. Él tuvo que hacer un gran esfuerzo a pesar de lo cual cayó el pan al suelo y, al recogerlo, se acordó súbitamente de su perrito, a quien él tiraba carnes masticadas divirtiéndose cuando de un salto las emparaba en sus colmillos.
Pero no era el pan de yema ni los alfajores ni los piononos lo que le atraía: él sólo amaba los merengues. A pesar de no haberlos probado nunca, conservaba viva la imagen de varios chicos que se los llevaban a la boca, como si fueran copos de nieve, ensuciándose los corbatines. Desde aquel día, los merengues constituían su obsesión.
Cuando llegó a la pastelería, había muchos clientes, ocupando todo el mostrador. Esperó que se despejara un poco el escenario pero, no pudiendo resistir más, comenzó a empujar. Ahora no sentía vergüenza alguna y el dinero que empuñaba lo revestía de cierta autoridad y le daba derecho a codearse con los hombres de tirantes. Después de mucho esfuerzo, su cabeza apareció en primer plano, ante el asombro del dependiente.
-¿Ya estás aquí? ¡Vamos saliendo de la tienda!
Perico, lejos de obedecer, se irguió y con una expresión de triunfo reclamó: ¡veinte soles de merengues! Su voz estridente dominó en el bullicio de la pastelería y se hizo un silencio curioso. Algunos lo miraban, intrigados, pues era hasta cierto punto sorprendente ver a un rapaz de esa calaña comprar tan empalagosa golosina en tamaña proporción. El dependiente no le hizo caso y pronto el barullo se reinició. Perico quedó algo desconcertado, pero estimulado por un sentimiento de poder repitió, en tono imperativo:
-¡Veinte soles de merengues!
El dependiente lo observó esta vez con cierta perplejidad pero continuó despachando a los otros parroquianos.
-¿No ha oído? -insistió Perico, excitándose-. ¡Quiero veinte soles de merengues!
El empleado se acercó esta vez y lo tiró de la oreja.
-¿Estás bromeando, palomilla?
Perico se agazapó.
-¡A ver, enséñame la plata!
Sin poder disimular su orgullo, echó sobre el mostrador el puñado de monedas. El dependiente contó el dinero.
-¿Y quieres que te dé todo esto en merengues?
-Sí -replicó Perico con una convicción que despertó la risa de algunos circunstantes.
-Buen empacho te vas a dar -comentó alguien.
Perico se volvió. Al notar que era observado con cierta benevolencia un poco lastimosa, se sintió abochornado. Como el pastelero lo olvidaba, repitió:
-Deme los merengues -pero esta vez su voz había perdido vitalidad y Perico comprendió que, por razones que no alcanzaba a explicarse, estaba pidiendo casi un favor.
-¿Vas a salir o no? -lo increpó el dependiente.
-Despácheme antes.
-¿Quién te ha encargado que compres esto?
-Mi mamá.
-Debes haber oído mal. ¿Veinte soles? Anda a preguntarle de nuevo o que te lo escriba en un papelito.
Perico quedó un momento pensativo. Extendió la mano hacia el dinero y lo fue retirando lentamente. Pero al ver los merengues a través de la vidriera, renació su deseo, y ya no exigió sino que rogó con una voz quejumbrosa:
-¡Deme, pues, veinte soles de merengues!
Al ver que el dependiente se acercaba airado, pronto a expulsarlo, repitió conmovedoramente:
-¡Aunque sea diez soles, nada más!
El empleado, entonces, se inclinó por encima del mostrador y le dio el cocacho acostumbrado pero a Perico le pareció que esta vez llevaba una fuerza definitiva.
-¡Quita de acá! ¿Estás loco? ¡Anda a hacer bromas a otro lugar!
Perico salió furioso de la pastelería. Con el dinero apretado entre los dedos y los ojos húmedos, vagabundeó por los alrededores.
Pronto llegó a los barrancos. Sentándose en lo alto del acantilado, contempló la playa. Le pareció en ese momento difícil restituir el dinero sin ser descubierto y maquinalmente fue arrojando las monedas una a una, haciéndolas tintinear sobre las piedras. Al hacerlo, iba pensando que esas monedas nada valían en sus manos, y en ese día cercano en que, grande ya y terrible, cortaría la cabeza de todos esos hombres gordos, de todos los mucamos de las pastelerías y hasta de los pelícanos que graznaban indiferentes a su alrededor.
Julio Ramón Ribeyro
(Lima, 1929 - 1994)
Julio Ramón Ribeyro
(Lima, 1929 - 1994)
Escritor peruano, figura destacada de la llamada Generación del 50 y uno de los mejores cuentistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX.
De librerías, bibliotecas y poetas
"El tiempo es ese enemigo que mata huyendo"
Quevedo
Debemos recordar una crónica que ya no existe. Un mundo que atesoró significación ideológica y cultural. De adolescente y de joven he transitado librerías de viejo con fervor, con pasión desmesurada. No era el único. Librería Palumbo, Hernández, Buenos Aires, Ixtlán, Del Humanista, El Glyptodonte, Edipo, Verbum... También concurría al Ateneo, Fernández Blanco, Pardo, Pigmaleón, ABC, Alberto Casares, Jorge Álvarez, Norte, Clásica y Moderna...
Libreros como Francisco Gil, Alejandro López Medus, Jorge Brandi, Carlos Hernández, Horacio Tarcus con quienes hice amistad. Algunos de ellos me protegieron en tiempos de la dictadura: Gil, Brandi, Hernández. En las librerías se presentaban autores, conocidos y amigos. En algunas organicé recitales de poesía con actrices y actores de renombre. Conocí e hice amistad con Lubrano Zas, Eduardo Gudiño Kieffer, José Gobello, Ricardo E. Molinari, León Benarós, José Raed, Alfredo Llanos... y tantos otros. Nombres que se unían a literatos que iba detectando en la vida -en sus casas, centros culturales o bares- como Raúl González Tuñón, David Viñas, Horacio Armani, Luis Franco, Bernardo Jobson, Héctor Ciocchini, Luis Di Filippo, Diego Abad de Santillán, Abelardo Castillo, Leónidas Barletta, Ángel Battistessa, Guillermo Furlong, Juan L. Ortiz...
Descubría nombres, libros, publicaciones. Llegaban a mis oídos Milcíades Peña, Mateo Fossi, Héctor Raurich, Carlos de la Púa, Gleizer, Alberto Ghiraldo, Ideas y Figuras, Alba Literaria, Brazo y Cerebro, Pasado y Presente, Cuadernos de Cultura, El grillo de papel, El escarabajo de oro, entre tantas revelaciones.
Terminado el secundario comienzo a estudiar la Carrera de Letras en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, fundada en 1874, uno de los establecimientos más prestigiosos del país. Allí lo clásico, la literatura con mayúscula, los grandes movimientos sociales y culturales. Desde los griegos y latinos, pasando por la Edad Media hasta el siglo XVIII. La literatura alemana, inglesa, española, italiana, francesa. La pintura, la escultura, la sabiduría, la música conformaban un universo único. Grandes profesores, escritores y humanistas estudiaron en sus claustros. Un edificio del neo-renacimiento italiano. Tuve profesores que amaban las letras y amaban enseñar. Hombres de renombre nacional y, muchos de ellos, internacional; todos de una generosidad ilimitada. Evoco a Rodolfo Modern, Julio Balderrama, Germán Orduna, Lorenzo Mascialino, Juan Sibermahart, Ángel Mazzei, Ricardo Ayabar, Lidia Siffredi, Reynaldo Carlos Ocerín. Y, por supuesto, la profesora Catalina Lago -Historia del Arte- discípula de Julio E. Payró. Nos vinculaban al universo de lo estético, de lo ético, al canon occidental. Virgilio, Ovidio, Catulo, Dante, Petrarca, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Menéndez Pidal cobraban una dimensión inimaginable en nuestra vidas. Citar en los pasillos a Esquilo, Eurípides, Leopardi, Góngora, Gutierre de Cetina, Santa Teresa o Anacreonte era conversar con un familiar, con alguien que visitábamos con frecuencia, que nos indicaba signos y mitologías.
En mi hogar estaba presente el cine, el ballet, autores españoles del Siglo de Oro y de la Generación del 98. Sin duda la Guerra Civil Española, el nazismo, el estalinismo, la demagogia peronista. Mi familia gallega era habitué a los cafés, mi padre y mi hermano mayor sobre todo. En mi adolescencia conocí otros bares, otra bohemia, otra manera de mirar.
De niño escuchaba hablar a mis hermanos -era el menor- y a mis padres de temas inimaginables. Algunos hitos: Jimmy Durante, Condesa Pardo Bazán, Unamuno, Fred Astaire, Cole Porter, Eugene O'Neill, Ernesto Grillo, Arsenio Erico, Américo Castro, Rocky Marciano, Sarita Montiel, la crema dental Pepsodent, Osvaldo Pugliese, La Prensa, Santiago de Compostela...
Desde estas vivencias frecuenté los bares Moderno, Politeama, La Paz, Astral, Tortoni, Suárez entre otros, donde se discutía desde la Guerra de Vietnam hasta los crímenes de Stalin, de Mao o de Franco. Luego, ya mayor, junto a los poetas Rubén Derlis, Rafael Alberto Vázquez, José Antonio Cedrón, Luis Alberto Quesada, Roberto Santoro, Oscar González, Rubén Chiade, Lucas Moreno recorrí bares históricos.
Citábamos a Álvaro Yunque, Elías Castelnuevo, Roberto Mariani, César Tiempo, Aníbal Ponce, Máximo Gorki, Bakunin, Marx, Bernardo Koremblit, la Editorial Claridad y tantos nombres hoy relegados.
Corrientes, Lavalle o Florida ya no me pertenecen. Pocos lugares de la ciudad me pertenecen. Son burgos ajenos, desconocidos. Empobrecidos y degradados como toda una sociedad. Si sabemos ver, si sabemos observar lo advertimos. No todo tiempo pasado fue mejor, para volcarme a una frase vulgar. Pero sin duda el aire ha cambiado de manera feroz. La sociedad se desplazó lentamente a lo chabacano, a la ordinariez. En los últimos años particularmente. La literatura, el arte, la belleza, siempre fue para unos pocos.
El sentido de lo bello o de lo ético a lo largo de la historia fue así. Pero tanto el hombre cultivado o instruido como el iletrado o inculto admiraban arquitecturas, templos, museos, bibliotecas, escuelas. Ahora creo que el desconocimiento, la imbecilidad, la ignorancia posee rasgos ilimitados. Para las nuevas generaciones el mundo comienza cuando abren el celular, se comunican con monosílabos. Y sonríen como opas. Leemos sobre "los cretinos digitales", la generación Z, los millennials, los emojis, el cociente intelectual, la frivolidad. Ese es sólo un aspecto, hay tribus de cuarenta o setenta años que dan pavor. Hay cabezas y cabezas, querido lector. Y hay tarugos en todas las estanterías. Tener en cuenta.
Por supuesto siempre hubo islas y las seguirá habiendo. Invoco la Biblioteca de la Federación Libertaria Argentina, la Biblioteca Nacional de Maestros, la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, la Biblioteca Ricardo Güiraldes, la Biblioteca del diario La Prensa, la Biblioteca Miguel Cané, la Biblioteca José Ingenieros. Pienso en Fahrenheit 451, la novela distópica de Ray Bradbury. Mi intención en estas breves líneas, caro lector, fue simplemente evocar lo perdido. Una suerte de búsqueda del tiempo abandonado. Eso, nada más. Le ruego que me excuse.
Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2022
Prischepa, de Isaak E. Bábel
Me dirigía a Léchniuv, en donde se había instalado el estado mayor de la división. Mi compañero de viaje continuaba siendo Prischepa, joven kubanés, pícaro incansable, depurado comunista, futuro trapero, despreocupado, sifilítico y tardo mentiroso. Llevaba un caftán circasiano carmesí confeccionado con paño fino, y un capuchón aboatado caído sobre la espalda. Por el camino me contó su vida…
Hace un año, Prischepa huyó de los blancos. Como represalia, éstos tomaron como rehenes a los padres del joven y los fusilaron en la sección de contraespionaje. Los vecinos saquearon los bienes de la casa. Al ser expulsados los blancos del Kubán, Prischepa volvió a su aldea natal.
Ocurrió por la mañana, al amanecer, cuando el sueñito del mujik suspira bajo el agriado bochorno. Prischepa enganchó un carro oficial y fue por el pueblo recogiendo su gramófono, sus tinas de kvas y las toallas bordadas por su madre. Se echó a la calle con abrigo negro y un puñal curvo en el cinto; el carro iba rodando detrás. Prischepa fue de un vecino a otro, y la huella sangrienta de sus plantas iba dejando un rastro tras él. En las casas donde el cosaco encontraba objetos de su madre o la pipa de su padre, dejaba viejas apuñaladas, perros colgados sobre el pozo, iconos emporcados con excrementos de animales. Fumando sus pipas, los aldeanos seguían sombríamente, con los ojos, el camino de Prischepa. Los cosacos jóvenes se dispersaron por la estepa y llevaron la cuenta de las víctimas. Esta cuenta iba creciendo, el pueblo callaba. Cuando hubo terminado, Prischepa volvió a la vacía casa de sus padres. Colocó los recuperados muebles en el orden que recordaba de su infancia y mandó por vodka. Encerrado en la casa, estuvo dos días bebiendo, cantando, llorando y dando sablazos sobre la mesa.
La tercera noche, el pueblo vio humo sobre la isba de Prischepa. Chamuscado, con la ropa desgarrada, Prischepa salió tambaleándose, sacó una vaca del establo, le puso el revólver en la boca y disparó. La tierra giraba bajo sus pies, un círculo de azuladas llamas salía volando por las chimeneas y se desvanecía. Un ternero abandonadlo gemía en el establo. El incendio resplandecía como un domingo. Prischepa desató el caballo, saltó sobre la silla, arrojó al fuego un mechón de sus cabellos y desapareció.
Isaak E. Bábel
Hace un año, Prischepa huyó de los blancos. Como represalia, éstos tomaron como rehenes a los padres del joven y los fusilaron en la sección de contraespionaje. Los vecinos saquearon los bienes de la casa. Al ser expulsados los blancos del Kubán, Prischepa volvió a su aldea natal.
Ocurrió por la mañana, al amanecer, cuando el sueñito del mujik suspira bajo el agriado bochorno. Prischepa enganchó un carro oficial y fue por el pueblo recogiendo su gramófono, sus tinas de kvas y las toallas bordadas por su madre. Se echó a la calle con abrigo negro y un puñal curvo en el cinto; el carro iba rodando detrás. Prischepa fue de un vecino a otro, y la huella sangrienta de sus plantas iba dejando un rastro tras él. En las casas donde el cosaco encontraba objetos de su madre o la pipa de su padre, dejaba viejas apuñaladas, perros colgados sobre el pozo, iconos emporcados con excrementos de animales. Fumando sus pipas, los aldeanos seguían sombríamente, con los ojos, el camino de Prischepa. Los cosacos jóvenes se dispersaron por la estepa y llevaron la cuenta de las víctimas. Esta cuenta iba creciendo, el pueblo callaba. Cuando hubo terminado, Prischepa volvió a la vacía casa de sus padres. Colocó los recuperados muebles en el orden que recordaba de su infancia y mandó por vodka. Encerrado en la casa, estuvo dos días bebiendo, cantando, llorando y dando sablazos sobre la mesa.
La tercera noche, el pueblo vio humo sobre la isba de Prischepa. Chamuscado, con la ropa desgarrada, Prischepa salió tambaleándose, sacó una vaca del establo, le puso el revólver en la boca y disparó. La tierra giraba bajo sus pies, un círculo de azuladas llamas salía volando por las chimeneas y se desvanecía. Un ternero abandonadlo gemía en el establo. El incendio resplandecía como un domingo. Prischepa desató el caballo, saltó sobre la silla, arrojó al fuego un mechón de sus cabellos y desapareció.
Isaak E. Bábel
(Ucrania, 1894-1940)
Caballería roja, 1926, trad. José Laín Entralgo, Barcelona, Bruguera, 1982, págs. 93-
Encontrá libros de Bábel en nuestro catálogo.
El poeta venezolano Rafael Cadenas gana el Premio Cervantes 2022
El máximo galardón literario en castellano está dotado con 125.000 euros. “Lo de los premios puede volver loco a cualquiera”, dice el autor tras recibir la llamada.
El poeta venezolano Rafael Cadenas acaba de sumar el Premio Cervantes a su colección de grandes galardones de la literatura en español. Los tenía casi todos: el Reina Sofía, el de la FIL de Guadalajara, el García Lorca…. Ya los tiene todos. A sus 92 años, el sucesor de la uruguaya Cristina Peri Rossi en el palmarés lleva décadas siendo una de las voces fundamentales de la lírica latinoamericana. Una de las voces o, mejor dicho, uno de los silencios fundamentales. Porque Cadenas detesta comentar su poesía, elude cuanto puede las entrevistas y le quita importancia a todo lo que pueda haberle sucedido en la vida. Que no es poco.
Nacido en Barquisimeto en 1930, su militancia comunista durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez le obligó a exiliarse cuatro años ―de 1952 a 1956― en la isla Trinidad, pero él acostumbra a desactivar la tensión heroica aclarando que no queda más que a 30 kilómetros de la costa venezolana. Además, añade, “era colonia británica; había mucha libertad”. Se fue con un primer libro publicado ―Cantos iniciales (1946)― y volvió con una experiencia que le daría para dos: Una isla (1958) y Los cuadernos del destierro (1960).
Seis años más tarde, en medio de una terrible depresión, publicó Falsas maniobras, que incluye su poema más famoso, Derrota, todo un icono en América Latina. Por supuesto, su autor se afana en rebajarlo cada vez se le recuerda la popularidad de esos. Lo escribió con 32 años —es decir, hace seis décadas— y ya no se reconoce en ellos. ¿El origen de tanta fama? El ambiente de los años sesenta y la euforia democrática que llevó al Gobierno a Rómulo Betancourt. “Yo que no he tenido nunca un oficio / que ante todo competidor me he sentido débil / que perdí los mejores títulos para la vida / que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)…”. Así empieza un poema-autorretrato en el que el nuevo Cervantes se declaraba imbécil, humillado, ridículo, sin personalidad (ni ganas de tenerla) y avergonzado por actos que no había cometido. Pasado el tiempo, solo dice identificarse con el verso que afirma que apenas habla.
Humilde y silencioso
“Humilde, silencioso y rebelde” son palabras que usó para sí mismo en otro poema. Su tendencia a callar se ha traducido, de hecho, en una escritura cada vez menos exuberante. El jurado del premio Cervantes ha subrayado esa exigencia al premiar una obra que “demuestra el poder transformador de la palabra cuando se lleva la lengua al límite de sus posibilidades creadoras”. En 2007 Rafael Cadenas reunió todos sus libros en Obra entera, un tomo de 700 páginas publicado en España por la editorial Pre-Textos y por el Fondo de Cultura Económica en Latinoamérica. Le siguieron títulos como Sobre abierto (2012) o En torno a Basho y otros poemas (2016). En 2018 Visor publicó Contestaciones, un conjunto de glosas breves a fragmentos de autores como Wislawa Szymborska, Emily Dickinson, Pablo Neruda y, premonitoriamente, Miguel de Cervantes.
La parte de la rebeldía le ha llevado a salir de su habitual discreción para, sin teñir de política su obra, criticar la autoritaria falta de separación de poderes que se vive en Venezuela. Ni que decir tiene que fue acosado desde las filas progubernamentales. Ni que decir tiene que él le quitó importancia a lo que le pasaba: el acoso no se tradujo en agresión. “Seamos reales / quiero exactitudes aterradoras”, dicen dos versos del arte poética que —sin “falsedad” ni brillos”— incluyó en Intemperie (1977). Con todo, siempre ha manifestado su escepticismo respecto al papel social y político de un poema. “La poesía es todopoderosa e insignificante”, afirmó en una entrevista con El País en 2014 en las horas previas a una lectura pública en Madrid. “Insignificante porque su influencia en el mundo es mínima. Poderosa por su relación con el lenguaje. La política vacía de sentido las palabras —democracia, justicia, libertad—, los poetas llaman la atención sobre ese vacío. Las palabras pierden su valor si no se corresponden con la cosa que designan. No es nada nuevo. Confucio lo llamaba ‘rectificación de los nombres’ y eso es un poeta: alguien que rectifica”. Visto así, el cuadro de honor del Cervantes, dotado con 125.000 euros, sigue llenándose de rectificadores. Desde 2018 solo ganan poetas: Ida Vitale, Joan Margarit, Francisco Brines, Cristina Peri Rossi y, hoy, Rafael Cadenas, el primer venezolano de su historia.
En Derrota decía que nunca usaría corbata. Veremos cómo se viste el próximo 23 de abril cuando acuda a la Universidad de Alcalá de Henares a recoger el Premio Cervantes de manos del rey Felipe. En el mismo famoso maldito poema escribió “yo que he sido humillado por profesores de literatura…”. Tiene cuatro meses para saldar cuentas.
Rafael Cadenas estaba solo en su casa cuando recibió la llamada. Desde que falleció su esposa, Milena, en 2017, vive en su departamento de siempre, en un barrio del sureste de Caracas, acompañado por Andrea Nolasco, su nieta, profesora de instituto.
–Atendí yo el teléfono porque Andrea no está, está dando clases –explica el poeta–. Yo creo que no se ha enterado –se ríe.
–¿Quién lo llamó?
–Del Cervantes.
–Ya… Pero, ¿quién?
–Ah, no sé –vuelve a reírse–. Estoy fulminado. Necesito tiempo para recuperarme porque aún no me lo creo.
–¿No sé cayó para atrás cuando le dieron la noticia?
–No… pero porque estaba sentado. Porque si no… María Fernanda ya me aconsejó, echando broma, que tuviera cuidado. –Cadenas se refiere a la escritora María Fernanda Palacios, una de sus mejores amigas y la primera persona a la que llamó tras enterarse de que le habían otorgado el Cervantes.
–¿De que tuviera cuidado de qué?
–Tú sabes, lo de los premios puede volver loco a cualquiera. Así me dijo una vez Antonio Gamoneda y me acordé ahora.
–Igual usted nunca ha vivido por los premios.
–Ah no, imagínate, eso no –y se ríe una vez más un hombre que tiene fama no solo de ser callado, lo cual es falso puesto que es un extraordinario conversador, sino además muy serio y sobrio, pero se nota que hoy está tomado por el júbilo.
Javier Rodríguez Marcos
El poeta venezolano Rafael Cadenas acaba de sumar el Premio Cervantes a su colección de grandes galardones de la literatura en español. Los tenía casi todos: el Reina Sofía, el de la FIL de Guadalajara, el García Lorca…. Ya los tiene todos. A sus 92 años, el sucesor de la uruguaya Cristina Peri Rossi en el palmarés lleva décadas siendo una de las voces fundamentales de la lírica latinoamericana. Una de las voces o, mejor dicho, uno de los silencios fundamentales. Porque Cadenas detesta comentar su poesía, elude cuanto puede las entrevistas y le quita importancia a todo lo que pueda haberle sucedido en la vida. Que no es poco.
Nacido en Barquisimeto en 1930, su militancia comunista durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez le obligó a exiliarse cuatro años ―de 1952 a 1956― en la isla Trinidad, pero él acostumbra a desactivar la tensión heroica aclarando que no queda más que a 30 kilómetros de la costa venezolana. Además, añade, “era colonia británica; había mucha libertad”. Se fue con un primer libro publicado ―Cantos iniciales (1946)― y volvió con una experiencia que le daría para dos: Una isla (1958) y Los cuadernos del destierro (1960).
Seis años más tarde, en medio de una terrible depresión, publicó Falsas maniobras, que incluye su poema más famoso, Derrota, todo un icono en América Latina. Por supuesto, su autor se afana en rebajarlo cada vez se le recuerda la popularidad de esos. Lo escribió con 32 años —es decir, hace seis décadas— y ya no se reconoce en ellos. ¿El origen de tanta fama? El ambiente de los años sesenta y la euforia democrática que llevó al Gobierno a Rómulo Betancourt. “Yo que no he tenido nunca un oficio / que ante todo competidor me he sentido débil / que perdí los mejores títulos para la vida / que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)…”. Así empieza un poema-autorretrato en el que el nuevo Cervantes se declaraba imbécil, humillado, ridículo, sin personalidad (ni ganas de tenerla) y avergonzado por actos que no había cometido. Pasado el tiempo, solo dice identificarse con el verso que afirma que apenas habla.
Humilde y silencioso
“Humilde, silencioso y rebelde” son palabras que usó para sí mismo en otro poema. Su tendencia a callar se ha traducido, de hecho, en una escritura cada vez menos exuberante. El jurado del premio Cervantes ha subrayado esa exigencia al premiar una obra que “demuestra el poder transformador de la palabra cuando se lleva la lengua al límite de sus posibilidades creadoras”. En 2007 Rafael Cadenas reunió todos sus libros en Obra entera, un tomo de 700 páginas publicado en España por la editorial Pre-Textos y por el Fondo de Cultura Económica en Latinoamérica. Le siguieron títulos como Sobre abierto (2012) o En torno a Basho y otros poemas (2016). En 2018 Visor publicó Contestaciones, un conjunto de glosas breves a fragmentos de autores como Wislawa Szymborska, Emily Dickinson, Pablo Neruda y, premonitoriamente, Miguel de Cervantes.
La parte de la rebeldía le ha llevado a salir de su habitual discreción para, sin teñir de política su obra, criticar la autoritaria falta de separación de poderes que se vive en Venezuela. Ni que decir tiene que fue acosado desde las filas progubernamentales. Ni que decir tiene que él le quitó importancia a lo que le pasaba: el acoso no se tradujo en agresión. “Seamos reales / quiero exactitudes aterradoras”, dicen dos versos del arte poética que —sin “falsedad” ni brillos”— incluyó en Intemperie (1977). Con todo, siempre ha manifestado su escepticismo respecto al papel social y político de un poema. “La poesía es todopoderosa e insignificante”, afirmó en una entrevista con El País en 2014 en las horas previas a una lectura pública en Madrid. “Insignificante porque su influencia en el mundo es mínima. Poderosa por su relación con el lenguaje. La política vacía de sentido las palabras —democracia, justicia, libertad—, los poetas llaman la atención sobre ese vacío. Las palabras pierden su valor si no se corresponden con la cosa que designan. No es nada nuevo. Confucio lo llamaba ‘rectificación de los nombres’ y eso es un poeta: alguien que rectifica”. Visto así, el cuadro de honor del Cervantes, dotado con 125.000 euros, sigue llenándose de rectificadores. Desde 2018 solo ganan poetas: Ida Vitale, Joan Margarit, Francisco Brines, Cristina Peri Rossi y, hoy, Rafael Cadenas, el primer venezolano de su historia.
En Derrota decía que nunca usaría corbata. Veremos cómo se viste el próximo 23 de abril cuando acuda a la Universidad de Alcalá de Henares a recoger el Premio Cervantes de manos del rey Felipe. En el mismo famoso maldito poema escribió “yo que he sido humillado por profesores de literatura…”. Tiene cuatro meses para saldar cuentas.
Rafael Cadenas estaba solo en su casa cuando recibió la llamada. Desde que falleció su esposa, Milena, en 2017, vive en su departamento de siempre, en un barrio del sureste de Caracas, acompañado por Andrea Nolasco, su nieta, profesora de instituto.
–Atendí yo el teléfono porque Andrea no está, está dando clases –explica el poeta–. Yo creo que no se ha enterado –se ríe.
–¿Quién lo llamó?
–Del Cervantes.
–Ya… Pero, ¿quién?
–Ah, no sé –vuelve a reírse–. Estoy fulminado. Necesito tiempo para recuperarme porque aún no me lo creo.
–¿No sé cayó para atrás cuando le dieron la noticia?
–No… pero porque estaba sentado. Porque si no… María Fernanda ya me aconsejó, echando broma, que tuviera cuidado. –Cadenas se refiere a la escritora María Fernanda Palacios, una de sus mejores amigas y la primera persona a la que llamó tras enterarse de que le habían otorgado el Cervantes.
–¿De que tuviera cuidado de qué?
–Tú sabes, lo de los premios puede volver loco a cualquiera. Así me dijo una vez Antonio Gamoneda y me acordé ahora.
–Igual usted nunca ha vivido por los premios.
–Ah no, imagínate, eso no –y se ríe una vez más un hombre que tiene fama no solo de ser callado, lo cual es falso puesto que es un extraordinario conversador, sino además muy serio y sobrio, pero se nota que hoy está tomado por el júbilo.
Luego de llamar a María Fernanda Palacios, Cadenas llamó a Silvio, su hijo, que salió volando a la casa de su padre para ayudarlo a gestionar lo que se les viene encima en cuanto a felicitaciones y solicitudes de entrevistas. “Cuando Rafael se ganó el Premio Reina Sofía aprendimos cómo había que ocuparse de estas cosas”, dice Silvio.
Javier Rodríguez Marcos
Diario El País de Madrid, 10 de noviembre de 2022
En nuestro catálogo encontrará el libro Habla Walt Whitman (2008, Pre-Textos)
Noche de música en la Biblioteca
Con mucha concurrencia, este sábado se presentó en nuestra casa el dúo compuesto por Juan Pablo Greco en guitarra y Hugo Bochard en percusión y voz con su espectáculo "Orillas del candombe en la Biblioteca". Mirá fotos y videos.
Nuevos en el catálogo
Seguimos actualizando y dando a conocer las novedades del catálogo a partir de los libros nuevos comprados en la última Feria del Libro a pedido de nuestros socios y visitantes.
📚"El meridiano de París", de @Lluis_Calvo, otra de esas hermosas curiosidades que publica @edicionesgodot, ya en nuestro #catálogo https://t.co/Nt651n9nzn pic.twitter.com/nmg1G9ikgM
— BibliotecaCSViamonte (@CSViamonte) August 30, 2022
📚"Un muchacho como aquel", de Abel Gilbert y Pablo Alabarces, una mirada distinta sobre Palito Ortega publicada por @gourmet_musical @RamonOrtegaOK. Conocé nuestro #catálogo en https://t.co/Nt651n9nzn pic.twitter.com/Yk2jivnLnD
— BibliotecaCSViamonte (@CSViamonte) August 31, 2022
Orillas del Candombe en la Biblioteca
El sábado 12 de noviembre a las 21 horas en nuestra casa, Austria 2154, se presentará el dúo Greco-Bochard con el espectáculo "Orillas del candombe en la Biblioteca".
Hugo Bochard en percusión y voz y Juan Pablo Greco guitarra harán canciones populares de nuestro Rio de la Plata, ligadas al candombe y la milonga uruguaya, zambas del folklore argentino, más algunos temas instrumentales.
Es el repertorio que recorre este dúo de vasta experiencia, con el toque natural de sus propias versiones.
Reservas disponibles. Se cobrará un bono contribución de $600.
Por los fondos para la cultura
Finalmente, el Senado incluyó en su temario para este jueves 27 de octubre el tratamiento de la Ley que prorroga por 50 años la asignación de fondos para la cultura.
#EvitemosElApagónCultural #50años #laculturanocaduca #QUESEALEY#SoberaníaCultural @SenadoArgentinahttps://t.co/2ni2s0PpT7 pic.twitter.com/x3zCNqdoGL
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