La última oportunidad de Gibson para encontrar a Lorca

La familia del maestro asesinado junto al poeta reclama su desenterramiento y la Junta de Andalucía asegura que pilotará la búsqueda en el lugar que señala el hispanista.



“Creo que está aquí…”. Ian Gibson nos guía hasta la fuente del parque. El calor aprieta en la colina de Alfacar y el hispanista busca la sombra mientras suena el rumor del agua. No hay nadie esta mañana de junio en el recinto dedicado a la memoria del poeta y las víctimas de la Guerra Civil, un oasis con un desmesurado mosaico, vegetación silvestre y caminos de piedras sin asfaltar que miran hacia la calima de la Vega de Granada. “Deberían cuidarlo un poco más”, comenta el hispanista. Este verano puede que se llene de gente. Gibson (Dublín, 1939) ha inspirado con sus teorías una nueva búsqueda de la fosa donde reposan los restos de Federico García Lorca desde su asesinato el 18 de agosto de 1936. Es el cuarto intento...

Nieves García Catalán, nieta de Dióscoro Galindo, maestro asesinado junto al poeta y a dos banderilleros anarquistas, ha pedido que encuentren a su antepasado. “Cada búsqueda emprendida esperamos que sea la última”, asegura la descendiente del profesor republicano cojo de Pulianas. “Estamos deseando que empiece, justo para que todo esto termine”, agrega con paradójica lucidez.

La Junta de Andalucía espera un informe técnico sobre la petición realizada tanto por la familia como por la Confederación General del Trabajo (CGT, equivalente a la antigua CNT), a la que pertenecían Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, los banderilleros anarquistas también asesinados. Verá la luz este mes, aseguran desde la administración regional. A partir de ahí será publicado en el Boletín Oficial andaluz con un plazo de 10 días para alegaciones. Manuel Jiménez Barrios, vicepresidente autonómico y responsable de Memoria Democrática, asegura: “Nosotros pilotaremos esta nueva búsqueda”. Un extremo que corrobora también el consejero de Cultura y portavoz, Miguel Ángel Vázquez.

La teoría la pone esta vez Gibson, con variantes sobre su tesis del clásico El asesinato de Federico García Lorca (Ruedo Ibérico, París, 1971), recogidas en la última versión publicada esta primavera por Ediciones B. “Manuel Castilla Blanco, alias Manolillo el comunista (que ejerció aquel día terrible de enterrador), me trajo a este rodal en 1966 y me aseguró que lo sepultó aquí, cerca del olivo y de la acequia”. Gibson traza un círculo en el suelo de apenas dos metros. El lugar resulta muy preciso, junto a la verja de la otra entrada al parque, hoy cerrada, y pegada a la valla que lo delimita.

En ese espacio se ha removido el terreno, según Luis Avial, experto en búsqueda de fosas con georradar. Lleva más de un centenar a sus espaldas por toda España y ha colaborado con la policía en el hallazgo de cadáveres de varios asesinatos. “No me cabe duda: con tres horas de trabajo y más medios que la simple inspección que hice yo un día por mi cuenta, valdría para saber con certeza qué hay”. No sólo en ese lugar donde Gibson cree que está la fosa original. También para comprobar si existen más restos en otro, a unos 10 metros de distancia en línea recta, junto a la fuente del recinto. ¿Cómo pasaron de la fosa a ese otro punto? Por razones kafkianas…



“Escandalosas”, añade Gibson. En 1986, cuando se realizaban las obras del parque, unos operarios encontraron restos en el lugar que el enterrador señaló al hispanista. Estorbaban los trabajos del vallado, los metieron en una bolsa y los dejaron en un hoyo junto a la fuente sin notificárselo a ningún juez. “Lo sabemos porque Antonio Ernesto Molina Linares, entonces vicepresidente segundo de la Diputación de Granada y miembro del PSOE, lo declaró en El Ideal. Aquello fue una vergüenza”, asegura Gibson.

Avial ha querido comprobar este extremo también y cree haber encontrado indicios de su depósito en ese punto cercano. Justo donde los obreros alegaron haberlos dejado hace 32 años. Se buscará también allí. “Aun así, la clave de la búsqueda debe centrarse en el lugar que señaló el enterrador, pese a que se hayan movido algunos restos”, comenta.

No es el único experto de gran prestigio en el equipo. En los trabajos colabora también el antropólogo forense Francisco Etxeberría, de la Universidad del País Vasco, referente internacional para los desaparecidos y el periodista experto en el tema lorquiano, Víctor Fernández. En el apartado legal cuentan con Eduardo Ranz, el abogado que ha logrado la exhumación del Valle de los Caídos y que ha sido recientemente nombrado por el Gobierno de Pedro Sánchez asesor en materia de Memoria Histórica. Ranz quiere ser cauto y no hacer valoraciones jurídicas por el momento. “La petición está hecha y nos han confirmado su recepción. Aún es pronto para ir más allá. Debemos respetar el procedimiento”.

Ha resultado definitivo el cambio de posición de la Junta de Andalucía, que coincide con el nuevo clima en torno a la Memoria Histórica que ha permitido la exhumación del Valle de los Caídos. Hasta el momento, el asunto de la fosa de Lorca había contado con muchas cortapisas por parte del Gobierno autonómico, también por la oposición de la familia del poeta. Laura García Lorca, sobrina del autor y presidenta de la Fundación, ha incidido esta semana a El País en su rechazo a que se busquen los restos. “Nuestra posición no ha variado. Para nosotros, los restos vivos, es decir el legado de su obra, acaba de llegar a Granada”, asegura sobre el reciente traslado de los archivos del poeta desde la Residencia de Estudiantes de Madrid al centro que los custodia en la ciudad andaluza.

Desde hace algunos meses, la Junta de Andalucía ha cambiado el tono y la determinación. “Pilotaremos y dirigiremos la búsqueda de la tumba de Alfacar”, reafirma su vicepresidente. “También aportaremos los medios técnicos necesarios”, prometen desde el Gobierno autonómico. Aun así, los promotores se muestran cautos. Gibson ya se ha dado demasiadas veces de bruces con la realidad administrativa. Solo desea encontrarlo para confirmar con certeza que pasó. “Es el símbolo universal de los desaparecidos. No puede seguir en paradero desconocido. Una vez lo descubramos, también habremos dado un paso de gigante en la reconciliación. Se cerrarán muchas de las heridas que continúan abiertas”, cree. Espera no tener que rectificar de nuevo algunas de sus teorías. “Que este país, así como alcanza grandes logros, de cuando en cuando, los entierra”.

¿A la cuarta va la vencida?
Tres intentos preceden la nueva búsqueda de la fosa donde se encuentra Federico García Lorca. El primero data de 2009 y se produjo cerca del olivo que Ian Gibson sigue marcando como referencia pero a escasos metros del lugar exacto donde Manuel Castilla Blanco, el enterrador, le indicó al hispanista. “No se exploró la zona crucial entre el árbol y la verja”, asegura ahora en ese mismo lugar.

Los dos siguientes, en 2014 y 2016, fueron inspirados en las tesis del historiador Miguel Caballero, muy próximas a las que esgrimió Manuel Molina Fajardo en su libro póstumo Los últimos días de García Lorca. Se apoyaban en los testimonios del escuadrón fascista que asesinó al poeta, al maestro Dióscoro Galindo y a los dos banderilleros anarquistas que los acompañaban, Juan Arcolla Cabezas y Francisco Galadí. Se centraron en lo que había sido un campo de tiro a 500 metros de Alfacar en dirección al barranco de Víznar, otra de los arsenales de espanto de aquella época, donde se encuentran cientos de cadáveres.

Jesús Ruiz Mantilla
Diario El País, Madrid, 7 de julio de 2018