Estoy mucho mejor

de David Foenkinos
(Seix Barral, Buenos Aires, 2014, 336 páginas)


Esta novela escrita en primera persona prácticamente se centra en un personaje algo hipocondríaco que sufre un inesperado dolor de espalda y, aunque visita a un médico, a un psicólogo y a una magnetoterapeuta, no consigue calmarlo. Y son las personas que lo rodean (su jefe en un estudio de arquitectura, su esposa y sus amigos) las que toman decisiones que terminan por empujarlo a modificar su vida.

Es una especie de monólogo interior sobre sus sentimientos y sus tormentos psicológicos (“…yo no vivía mi vida, la padecía” /”No dejaba nada tras de mí. Había caminado por la vida de puntillas, sin dejar huellas.”). Poco a poco va vislumbrado un pasado nada feliz, cuya frustración no había captado. El libro abunda en observaciones agudas, inteligentes, siempre realizadas a través de un prisma escéptico, pero a la vez ocurrente y cargado de humor: “Todo el mundo lo piensa tarde o temprano. Cambiar de vida, volver a empezar de cero.”/ “Muchas veces había soñado, sin reconocérmelo a mí mismo, con mandarlo todo a la mierda.”

El autor no desaprovecha la ocasión para aludir al estrés y a la competitividad del mundo laboral y su trasfondo de ferocidad y violencia (“…la vida de empresa se asemejaba a un país ocupado por el enemigo, y yo no sabía si debía colaborar con él, o pasarme a la resistencia.”)

Estoy mucho mejor se lee amenamente por su prosa fresca, ágil y ornada por bellas imágenes (“El tiempo se estiraba como un gato al despertar.”) La traducción de Isabel González- Gallarza es excelente, muy cuidada.

Aunque la narración culmina en un happy end casi hollywoodense, al lector no le queda otro camino que rendirse a ese final lunático, de restallante alegría y saludable optimismo.

David Foenkinos nació en 1974 en París, y escribió varias novelas, entre ellas El potencial erótico de mi mujer (2004), Premio Roger-Nimier; En caso de felicidad (2007); Nos séparations (2008); La delicadeza (2010), que obtuvo diez premios y fue llevada al cine por él y su hermano Stéphane; y Los recuerdos (2012). Como apunta Laura Galarza en Ñ (27.4.14) “…es un escritor que ha logrado conquistar la simpatía de un público que lo sigue, quizá por esa capacidad de transformar el dolor en música…”.

Germán Cáceres