El bondi

de Chelo Candia
(La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2012, 78 páginas)


El Bondi, según su autor, es un policial...yo diría que es mucho más. Es un relato que rompe con la linealidad predominante en el género”, apunta Roberto von Sprecher en el prólogo. Y tiene razón: esta excelente novela gráfica puede también entenderse como una historieta de acción pura, propia de un thriller cinematográfico.

Chelo Candia –guionista y dibujante- maneja con maestría el suspenso y capta la atención del lector con un procedimiento clásico pero seguro –si se lo emplea con sagacidad, como en este caso-: el último cuadrito de cada página plantea siempre un interrogante.

La historia corre en un principio por dos líneas paralelas: mientras una chica es interrogada en una comisaría, un flashback muestra lo ocurrido en el colectivo del título. Numerosos giros de la acción desarrollan otros episodios simultáneos, y aparecen distintas versiones de los acontecimientos, que generan una ambigüedad que mantiene en vilo al lector. La narración es ágil e imaginativa, y continuamente surgen nuevos hechos que se van enhebrando, para lo cual resulta fundamental el lúcido uso de la voz en off. Además van surgiendo inesperados personajes y los ya conocidos revelan facetas ocultas. La trama está hilvanada con perspicacia y todo cierra a la perfección.

El Bondi es una de esas historietas en las cuales la narración impone su potencia, y entonces el dibujo omite todo preciosismo para adquirir sesgos rústicos de indudable vigor. Candia es expresivo y personal en su grafismo. Asimismo, los cambios de planos están trabajados con soltura y eficacia.

Un epílogo da cuenta de las escenas suprimidas explicando los motivos, refiere los orígenes de esta historieta y añade dos posibles finales.

Como elogio de este estupendo libro, nada más oportuno que citar el comentario que realizó Andrés Valenzuela el 26/8/2012 en Página/ 12: “Un guión inteligente sostiene el buen trabajo gráfico que hace de Candia uno de los autores más sólidos de su generación”.

Germán Cáceres