Avepoesía

de María Paula Mones Ruiz
(Vinciguerra, Buenos Aires, 2010, 84 páginas)


En la contratapa del libro Marta de París comenta: “La lectura merece ser disfrutada por la fuerza de su belleza, las descargas y emociones que acunan el éxtasis y los sentidos de la vida en su más pura expresión de entrega”.

Este poemario consta de cinco partes. La primera -“Hambrienta, desnuda, descalza”- se erige en una apasionante celebración de la poesía (“es quien me bautiza cada día/ cuando ambas nos bañamos en el agua de la Luz”), cuya esencia evoca el hermoso vuelo de las aves. Otra de las obsesiones que aparece es el miedo, al cual, según la autora, se lo combate con la emoción poética. Los versos, hondamente espirituales (“La melancolía/ entonces/ brillará en cada hora/ como las lágrimas jugando a la escondida”), revelan una profunda inspiración y exhiben creativas y sensibles imágenes interiores (“gritos helados y encendidos de silencio/ chispas de una fogata de sueños esqueléticos/ entibian a la noche blanca, pálida de miedo”). Con Avepoesía la escritora también emprende una decidida búsqueda de sí misma. Y, a la manera de Oliverio Girondo, la tipografía de los versos se distribuye formando equilibradas y armoniosas composiciones visuales.

En la segunda parte -“Al acecho de tu luz”- aborda el tema de la muerte de su hermano con un lirismo desgarrado: “Vivas o sueñes, duermas o despiertes/ siempre está al acecho de tu luz”.

Un sentido “Homenaje a Rosa María Sobrón” tiene lugar en la tercera parte. Compartía con su amiga poeta los cálidos almuerzos que se describen en una conmovedora carta: “El lugar de siempre”.

“Ojos músicos” se titula la cuarta parte, que, de acuerdo al prólogo de Graciela Maturo, está “teñida de femenina afectividad y referida al anuncio de la natural certeza y necesaria renovación de vida a través del rol de abuela”. María Paula Mones Ruiz considera que estos mensajes dirigidos a sus nietos son a la vez poemas y cuentos.

La quinta parte -“Acrobacias del silencio”- la dedica con suma ternura a sus padres: “Las madres y la poesía/ son únicas y eternas. /Viven por nosotros. / Y por ellas, somos/ agonistas”.

Este bello libro recibió la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores Poesía 2011.

Germán Cáceres