Trece escalones

de Ruth Rendell
(Ediciones Urano, Barcelona, 2011, 384 páginas)

Ruth Rendell desarrolló una prosa serena y cautivante, de una extraordinaria fluidez, como si en lugar de estar escribiendo una novela negra narrara una inocente historia de hadas. Sin embargo, poco a poco, de manera imperceptible, van emergiendo sucesos atroces, a través de los cuales Mix Bellini emprende un camino de iíciación que lo llevará a convertirse en un asesino. Su modelo es nada menos que John Reginald Halliday Christie, un necrófilo que mataba a sus víctimas femeninas antes de abusarlas. Su caso fue registrado en varios libros, entre ellos 10 Rillington Place, de Ludovic Kennedy, que según nota del traductor “contribuyó poderosamente a la abolición de la pena de muerte en Gran Bretaña”. A su vez, Richard Fleischer, en 1971, realizó El estrangulador de Rillington Place, que protagonizó Richard Attenborough.

Mix se aloja en la vieja y descuidada mansión de Saint Blaise House, en el barrio londinense de Notting Hill, propiedad de Gwendolen Chawcer, una anciana solterona, sucia y malhumorada, la cual, en tanto su inquilino lee con fervor libros sobre Christie, ella, dominada por la compulsión, devora buena literatura. Ambos también fabulan con romances imposibles: Gwendolen con el doctor Stephen Reeves, al que no ve desde hace casi cincuenta años. Por su parte, Mix está enamorado de la bella modelo Nerissa Nash, a quien sólo contempló en fotos de revistas y circunstancialmente en una reunión a la que fue invitado. Y mientras él recibió de chico un cruel castigo por parte de su padrastro, a ella la tiranizó, desde la niñez, su autoritario y retrógrado padre.

Sin ninguna pretensión de profundidad, la autora analiza con sagacidad la psicología de los personajes, incluso la de los secundarios.

En forma paulatina la novela se impregna de una atmósfera enrarecida, de un clima opresivo que anuncia lo peor y que en ciertos momentos se torna insoportable. Elige como método narrativo un inteligente montaje paralelo, a través del cual se acrecienta el suspenso. Además, Ruth Rendell le da un toque de verosimilitud al texto porque sabe que, tal como sucede en la realidad, siempre alguien –aunque no extraiga ninguna conclusión- ve al asesino cerca de la escena del crimen y, en consecuencia, comienzan a surgir mínimas pistas alrededor del culpable. Pero tal vez el afán de Rendell por suministrar excesivos datos dificulte en parte la comprensión del lector.

Como manifiesta Jorge de Cominges, la autora, en las novelas protagonizadas por el inspector Wexford, demuestra ser una experta en el el whodunit (“quién lo hizo”), pero en el presente libro opta por su otra vertiente, la del whydunit (“por qué lo hizo”). Y se remonta, así, a la patética infancia del futuro asesino, como también a un mensaje que transmite la sociedad contemporánea: “Mix quería ser famoso. Le parecía que hoy en día la única vida posible que cualquiera podía desear era la de una celebridad”.

Ruth Rendell nació en Londres, en 1930, y varias de sus obras las firmó con el seudónimo de Barbara Vine. Su producción comprende más de cincuenta títulos. Ha obtenido numerosos premios: la Daga de Plata de la Crime Writers Association, la Daga de Oro (cuatro veces), la Daga de Diamantes, El National Book Award, el Edgar Allan Poe (en tres ocasiones) y el otorgado por el Sunday Times. Dos de sus novelas fueron llevadas al cine: Carne trémula, 1997, de Pedro Almodóvar, y La dama de honor, 2004, de Claude Chabrol.

Acertada la traducción de Montse Batista.

Germán Cáceres