El hombre es un gran faisán en el mundo

de Herta Müller
(Punto de Lectura, Buenos Aires, 2010, 144 páginas)

En la contratapa, Herta Müller (Nitzkydorf, Rumania, 1953) aclara que entre sus compatriotas es común la expresión “He vuelto a ser un faisán”, es decir “He vuelto a fracasar”. Para ellos “el faisán es un perdedor”.

Esta novela está escrita en lengua alemana con una prosa nerviosa —de exigente lectura— hecha de frases cortas que fluyen a borbotones para refulgir en múltiples connotaciones. Los capítulos son también breves, a la manera de pequeños cuentos, y reciben títulos singulares (por ejemplo: “El jardín de la carroña”, “Entre las tumbas”, “La marca de la muerte”, “El agua no descansa nunca”, “Los gitanos traen buena suerte”). Los diálogos ignoran el guión y están escritos entre comillas. El laconismo de los párrafos no impide que surjan frases muy bellas: “Aquella noche durmió tan lejos que ningún sueño pudo encontrarla”/ “La lluvia cantaba. También había arena en la voz de la lluvia. Y cortezas de árbol”.

El hombre es un gran faisán en el mundo se desarrolla en un pueblo de una zona rural de Rumania y narra mínimos sucesos, casi anecdóticos, que suelen tornarse oníricos, a la vez que la naturaleza cobra voz (“La noche era altísima. Empujaba al pueblo fuera del cielo”; “La campana repica hasta desollarse la lengua”). La locura, además, se va apoderando de varios personajes, que son acosados por siniestras alucinaciones, y la realidad entonces se vuelve mágica. No hay que perder de vista que en Rumania son admirados escritores latinoamericanos como Juan Rulfo y Gabriel García Márquez.

El nudo de la historia radica en una familia alemana que quiere obtener el pasaporte para emigrar; pero no es la única: la mayoría de los habitantes de ese pueblo pobre y de costumbres bárbaras anhela huir del espantoso régimen de Ceausescu.

Excelente la traducción de Juan José Solar.

La autora de esta exquisita novela es miembro de la Academia Alemana de Lengua y Literatura y obtuvo, además del Nobel en 2009, prestigiosos premios como el Aspekte (1984), el Kleist (1994) y el Franz Kafka (1999).

Germán Cáceres

Lea el comentario de Germán Cáceres sobre En tierras bajas, de Herta Müler.

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