El ministerio de la felicidad suprema

de Arundhati Roy
(Anagrama, Barcelona, 2017, 518 páginas)


La novela ofrece un ámbito lindante con la fábula y el encanto de los cuentos de hadas y otro, posterior, que se acerca a la crónica ensayística. Al final ambas facetas, protagonizadas por diferentes personajes, se unen en una sola historia, que tiene como trasfondo un conflicto sangriento: “En la nueva frontera entre India y Pakistán a Dios se le reventó la carótida y un millón de personas murieron a causa del odio.” Relata cómo fueron perseguidos los musulmanes por sectores ultra hinduistas que admiraban a Hitler y comparaban a aquellos con los judíos alemanes.

El tronco principal de El ministerio de la felicidad suprema se va inundando de pequeños relatos plenos de poesía –y también de espanto– narrados por los distintos personajes. Por momentos parece que se está en presencia de una novela río.

Pese a las dificultades que exige su vocabulario relacionado con las culturas de la India y de Pakistán, leer este libro es un placer incalculable, una maravilla inesperada. También se refieren hábitos musulmanes, ya que ambos países cuentan con numerosos habitantes que profesan esa fe.

La escritura de Roy ofrece fluidez y exquisita belleza (“…la cara de Kulsum Bi parecía el lecho seco de un río, y su pelo, cada vez más escaso, el menguante glaciar del que una vez surgiera ese río”./ ”La manga vacía de su mugrienta camisa a rayas ondeaba a su costado como la desolada bandera de un país derrotado”./”Su sonrisa encendió todas las luces de la habitación”. Cecilia Ceriani es la responsable de esta excelsa traducción del inglés.

La novela también trata el tema de género y de los derechos que surgen a partir del mismo. Uno de sus personajes, Anyum, es una hermafrodita (hoy se conoce también como intersexual) que espiritualmente se inclina con fervor a ser mujer, pero que pese a los sucesivos tratamientos que emprende –incluso quirúrgicos– no consigue dominar las tendencias masculinas que perduran en ella.

La autora puntualiza con rigor las diferencias abismales de clases y la inmensa injusticia social que desemboca en extensos bolsones de abyecta pobreza. Señala que la modernización de la India no estuvo exenta de crueldad, pues aplastó a vastos sectores vulnerables: “Lejos de las luces y los anuncios, las aldeas se despoblaban. Las ciudades, también. Millones de personas se vieron desplazadas, pero nadie sabía hacia dónde.”/” En las afueras industriales de la ciudad, en extensiones kilométricas de brillantes pantanos compactados con basura y coloridas bolsas de plástico, se encontraban los expulsados que habían sido ´reasentados´”. Además, la corrupción de políticos y de hombres de negocios llega a límites inimaginables: “…en Delhi no había más guerra que la de siempre, la guerra de los ricos contra los pobres.”

Según la autora en la India muchedumbres seguidoras del hinduismo cometen actos de barbarie no por sentimientos religiosos sino por fanatismo y superstición.

En determinado momento cobra protagonismo el conflicto sobre Cachemira, cuyo territorio está dividido entre la India, Pakistán y China –además, un sector importante de cachemires lucha por su independencia– y refiere las masacres que ocasiona esta disputa.

Y enlazada con este horror bélico surge una romántica historia de amor entre un guerrillero cachemir y Tilo. Esta última es una mujer misteriosa, de personalidad inasible, que fascina a los hombres a la manera de una mujer fatal e inalcanzable.

Más allá de su esplendor estético y de su valiosa información sobre los hechos políticos y bélicos de la India, la novela no deja de ser una mirada escéptica sobre el ser humano.

Arundhati Roy (India, 1961) se hizo famosa por su primera novela El dios de las pequeñas cosas (Premio Booker, 1997). Escribió varios libros de no ficción, como El final de la imaginación, El álgebra de la justicia infinita y Retórica bélica. Actuó en cine y en televisión. Reside en Nueva Delhi.

Germán Cáceres

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