Cuentos completos

de Antonio Di Benedetto
(Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2009, 708 páginas)


Se trata de uno de los mejores escritores argentinos y, sin embargo, es poco conocido en el país y en el exterior. ¿Por qué? Tal vez su obra no sea fácil de leer, ya que es exigente por su profundidad; además, se abre en múltiples direcciones y presenta ciertos rasgos experimentales. Por otra parte, Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922/Buenos Aires, 1986), que también era colaborador del diario Los Andes de su ciudad natal, fue detenido por la dictadura militar el 24.3.1976 en su despacho del periódico sin que él nunca llegara a saber si se debió a alguna nota que escribió. No obstante, recién fue liberado el 4/9/1977 y, muy deprimido luego de sufrir torturas y cuatro simulacros de fusilamiento, se exilió primero en Francia y luego en España. Vivió seis años en Madrid y regresó a la Argentina en 1984, en donde se mantuvo con un simple empleo en la Casa de Mendoza.

Escribió innumerables cuentos y cinco novelas. De estas últimas se destaca Zama (1956), considerada su obra maestra.

Pero tal vez se halle en su cuentística la formulación completa de su estética y de su pensamiento sobre el hombre y su destino.

En Mundo animal (1953) hay bellas e inspiradas páginas como “Mariposas de Koch”, de escritura maravillosa por su cadencia y rigor. Aquí un tuberculoso cree que sus escupitajos son mariposas rojas criadas en el interior de su corazón. “Amigo, enemigo” exhibe una gran capacidad de síntesis y sus elipsis sugieren innumerables asociaciones respecto a un ratón y al recuerdo de un padre que se colgó del caño de la flor de la bañera. Estos dos cuentos están emparentados con la poética del Cortázar de Bestiario (1951). “Trueques con muerte” describe como ésta se va apoderando de la existencia.

El desasosiego domina en Cuentos claros (1957). Un padre viudo y su pequeño hijo parecen vivir un encierro patológico en “Enroscado”. Después del fallecimiento de la que fue esposa y madre, se mudan de una casa a una pensión. El niño se aísla hasta límites enfermizos que su progenitor no puede controlar. “As” exhibe una trama leve, hasta ingenua, en cuyo interior se entreteje un torbellino de sórdidas pasiones. Su lenguaje sintético y los espacios en blanco permiten pergeñar diversos episodios que muestran al ser humano cometiendo bajezas infames por cuestiones de dinero. En “El juicio de Dios”, un jefe de estación decide hacer escala con una zorra en un desértico paraje mendocino donde en forma sorpresiva los escasos pobladores lo acusan de una mala acción que no ha cometido. Está acorralado, y ese sentimiento de zozobra se transmite al lector. Una lucha de poderes se libra entre los personajes, que van experimentando situaciones de cruel desamparo y humillación. Este cuento y gran parte de la obra de Di Benedetto evocan por su insoportable angustia los filmes The Brig (1964), de Jonas Mekas, y Cul de Sac (1966) y El inquilino (1976), de Roman Polanski.

Sólo de dos narraciones consta Declinación y ángel (1958). Una de ellas es “El abandono y la pasividad”, un relato sin personajes, en el que en apenas tres páginas se describe una habitación y sus objetos y, al final, unos zapatos que avanzan: se debe imaginar qué pasó y qué está sucediendo. “Declinación y Ángel” puede considerarse por su extensión una nouvelle y su concepción está emparentada con la “Nouveau roman”, en la que estaban enrolados Nathalie Sarraute, Michel Butor, Claude Simon y Alain Robbe-Grillet.. El autor oculta información y la historia avanza pero sin saberse con claridad qué está sucediendo. A ratos surgen observaciones propias de un guión de cine y varios de sus puntos de vista son típicos de una cámara cinematográfica. La escritura particular de Di Benedetto dota a los objetos de alma y presta suma atención a los sonidos. Sin embargo, se señalan los diferentes niveles sociales de Cecilia y Julián, por un lado, y de la familia de la vecina Ana, por otro, y se va aclarando la conflictiva relación de una amante sometida a los antojos y mandatos del hombre que la mantiene. La muerte trágica de Ángel, un chico, pone fin a un terrible desfile de engaños, intrigas y pasiones desenfrenadas.

El cariño de los tontos (1961) presenta tres cuentos magníficos. “Caballo en el salitral” plantea una crudeza desoladora: la lucha por la vida y la subsistencia llevada a cabo por la fauna (caballos, pájaros, pumas, palomas) que habita una zona desértica de Mendoza adquiere ribetes metafísicos: “el silencio es tan imperioso que el animal ni relincha, como si participara de una mudez y una sordera universales”. En “El puma blanco” la puntuación tajante y dura describe el febril rastreo de una suerte de Moby Dick criollo, que está lejos de la maldad de la ballena de la novela de Melville, y el investigador Polanco, que lo busca, es un capitán Ahab lírico y soñador. En “El cariños de los tontos” –que según Julio Premat “puede tomarse como una versión mendocina de Madame Bovary”- Di Benedetto refiere los movimientos de los personajes, como si sus piernas y brazos obraran por sí mismos. El lector presiente que algo siniestro y fatal está por acaecer, que la desgracia se avecina. Y ese final llega confuso, incoherente, no sólo para los tontos sino también para personajes como el veterinario y el rabdomante, que no cesan de negar la realidad y prefieren soñar aunque esta actitud desemboque en una pesadilla.

“Aballay”, que figura en Absurdos (1978), se puede entender como una indagación metafísica: el protagonista se convierte en un penitente que decide montar a caballo por el resto de su vida para expiar la culpa de una muerte. Esta especie de centauro maldito emprende un camino ineluctable y fatídico. La prosa es indirecta y propone nuevas formas de narrar y exponer una historia sin salida, donde todos pierden, desde el hijo de la víctima, que quiere vengar a su padre, hasta el mismo Aballay. “Pez”, un cuento de paisanos que desarrolla un rico vocabulario campestre, se muestra desgarrador, feroz, no tiene piedad hacia la indefensa Lumila, que es devorada por su propio perro, el que siempre le fue fiel. Es como si se quisiera señalar que a todos los seres humanos les aguarda un destino aciago.

Resulta evidente que la tortura y la prisión que sufrió desde marzo de 1976 a setiembre de l977, y el posterior exilio, minó la moral y la salud de Di Benedetto porque después de Absurdos su escritura no alcanzó el anterior nivel de excelencia. “En busca de la mirada perdida”, de los Cuentos del exilio (1983), es un relato de ciencia ficción, en el que desarrolla un manantial de ideas en detrimento de la elaboración de los personajes y de la narratividad. “Recepción” presenta un extrañamiento total, en donde el protagonista deambula por un mundo automatizado en el cual las actitudes y conductas vitales han desaparecido. En el breve “Bueno como el pan” algunas líneas dejan entrever los padecimientos espirituales que el narrador padeció en el exilio.

En esta edición de los Cuentos completos cuidada por Jimena Néspolo y Julio Premat, figuran dos capítulos, uno llamado Otro cuentos, que son trabajos reescritos por Di Benedetto, y otro formado por Cuentos inéditos. “Los trágicos amores de Julieta y Jordán”, del primer grupo, fue denominado por el autor cuento festivo, pero su humor no está suficientemente logrado, como se verifica también en “Trencito de la infancia”, del otro grupo. Esta edición contiene una introducción, “Lo breve, lo extraño, lo ajeno”, del nombrado Julio Premat, que revela una agudeza crítica y unos conocimientos literarios superlativos.

Antonio Di Benedetto obtuvo numerosas distinciones: Caballero de la Orden de Mérito (1969), otorgado por el Gobierno Italiano; Medalla de Oro, Alliance Française (1971); Título de miembro fundador del Club de los XIII (1973); Beca Guguenheim (1974) y Gran Premio de Honor de la SADE (1986).

Germán Cáceres

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