Todo es silencio

de Manuel Rivas
(Alfaguara, Buenos Aires, 2010, 256 páginas)

Al principio, la novela se limita a describir con un vocabulario riquísimo y precisos detalles un pueblo de pescadores, Brétema, en Galicia, como si se adscribiera al verismo presentando personajes toscos. Se deslizan datos que indican que allí impera el contrabando y que al frente de las operaciones está un tal Mariscal. Todo aparenta ser un asunto menor, a cargo de simples pillos que no muestran ninguna maldad excesiva. Pero a medida que se suceden las páginas la población se va hundiendo en algo de mayor gravedad como el gangsterismo y el narcotráfico.

Fins, el protagonista, vigila a los delincuentes tomando fotos con la obsesión de un fisgón. Luego, los malhechores gallegos terminan vinculándose con agentes de la PIDE, la policía de la dictadura de Salazar, en Portugal. Todos estos negociados no hubieran sido posibles sin la complicidad de la corrupción del poder: “Por último, un gráfico con la denominación Zona de Sombra, con ramificaciones que llevan a Tribunales, Fuerzas de Seguridad, Comunicaciones, Aduanas y Banca (...) Comprarán las voluntades de la gente, el territorio…Comprarán todo. ¡Un auténtico capitalismo mágico!”

Mariscal, enriquecido, aspira a convertirse en alcalde. En el único reportaje que concede pone al descubierto una nueva clase política tan ultraconservadora como brutal.

Por un lado, Todo es silencio se torna pesimista por cuanto el dinero parece sobreponerse a los afectos humanos; pero, por otro, la novela no omite señalar que pese al éxito económico de los narcos y su vida sofisticada y lujosa, la degradación moral y la soledad terminan por aplastarlos inapelablemente.

La escritura de Rivas es ágil, nerviosa, plena de ritmo y de múltiples acotaciones, como si se tratara de apuntes, y ello tiene sentido porque el texto, de una impresionante calidad literaria, se basa en una investigación periodística que llevó a cabo en la década del ochenta. Las frases, aunque breves, son complejas y, a la vez, dotadas de soltura. Sus brillantes imágenes son eminentemente personales (“Las sombras resentidas de la higuera acuchillaron toda la noche la ventana”/”Ahora el refulgir del amanecer se abría paso a navajazos de luz”). El autor no da demasiadas explicaciones, pretende que el lector saque sus conclusiones a través de la elipsis y la descripción de comportamientos.

Manuel Rivas (1957, La Coruña, España) tiene una extensa obra publicada que incluye novelas, cuentos, poesías, teatro, ensayos, artículos y reportajes. Recibió varios e importantes premios, pero en la Argentina es conocido principalmente por su novela El lápiz del carpintero (1998), que dio lugar en 2002 a la película homónima de Antón Reixas, y el cuento “La lengua de las mariposas”, que está incluido en su libro ¿Qué me quieres, amor? (1996) y fue llevado al cine por José Luis Cuerda en 1999.

Germán Cáceres