De Hiroshima a Nagasaki: huellas de uranio

El Japón que sobrevivió a las bombas atómicas, desde la mirada de un viajero uruguayo.


Cúpula Genbaku en Hiroshima: Fragmentos de memoria. Foto Laura Santos

En una calle no muy transitada de Hiroshima detenemos nuestra caminata nocturna frente a una pequeña placa. En la esquina hay un pequeño supermercado de 24 horas, o conbini, como le dicen en Japón. Detrás de la placa se levanta un edificio chico vestido con baldosas grises y nada podría hacer que esta cuadra pareciera menos interesante.

Sin embargo, leemos la placa y al igual que debe hacer casi cualquier turista, miramos hacia arriba, al cielo oscuro y estrellado, para imaginarnos un flash inabarcable. Es que exactamente seiscientos metros por encima de nosotros estalló Little Boy. Esta placa indica el hipocentro, el punto donde estalló la primera bomba atómica arrojada sobre población civil.

Cuatrocientos ochenta y nueve kilómetros en tren hacia el sur hay otro hipocentro, algo menos recordado: Nagasaki. Está marcado con un alto monolito negro que apunta hacia el sitio en el aire donde estalló Fat Man, la segunda bomba, y está rodeado por amplios círculos concéntricos escalonados con pasto, que sugieren la onda expansiva. Pero como fue la segunda, tuvo menos prensa y es menos recordada, por lo que hay poco turista atómico, a pesar de que tiene un mejor museo y memorial que el de Hiroshima. Hasta en las desgracias, ser el primero tiene sus ventajas.

Ese fenómeno del destaque de una ciudad sobre otra empezó cuando en mayo de 1946, nueve meses después de la bomba, The New Yorker envió al periodista John Hersey a Hiroshima, a hacer un extenso reportaje sobre las víctimas. El estadounidense estuvo un mes en la ciudad y siguió las experiencias de seis sobrevivientes. Cada uno de ellos contaba su vivencia del horror del día en que estalló Little Boy y cómo, por azar, milagro o la razón que se quiera, se salvó para ser testigo del infierno desatado. Sin embargo, señala Hersey, lo que tenían en común entre ellos y los demás sobrevivientes que fue encontrando, era una suerte de orgullo por la forma en la que habían salido adelante después de una experiencia que no tenía puntos de contacto con nada que la humanidad hubiese visto hasta ese momento.

Mientras paseamos por el parque del castillo de Hiroshima, a pleno mediodía, un japonés veterano nos sigue en bicicleta hasta que nos alcanza. “¿De dónde vienen?” nos pregunta curioso y contento. Cuando le respondemos, exclama “¡Uruguay!” (porque todos los japoneses lanzan exclamaciones con frecuencia) y luego nos dice, literalmente, “Bien-va-nido”. Y se despide con un saludo y más sonrisas.

No es el único que en Japón reacciona de esa forma. Y es común que cualquiera sepa que Uruguay está en Latinoamérica y que se habla español, ya sea por referencias futbolísticas, por Mujica o por simple cultura general. En Nagasaki, el dueño del hostal en el que nos quedamos es un joven que nos pregunta cómo conseguir mate, ya que quiere probarlo después de haber visto cómo lo toman Messi y Suárez.

En Hiroshima el clima relajado de sus calles y habitantes y su buena disposición parecen hablar de una ciudad que no solo cuida la gigantesca cicatriz que le dejó la fisión nuclear de un kilo de uranio enriquecido, sino que la muestra con una mezcla de solemnidad y orgullo nacional. No en vano cuidan y exhiben las ruinas del domo Genbaku, esqueleto de un antiguo edificio público y una de las pocas cosas que quedaron más o menos en pie en los alrededores del hipocentro.

Hacia el final de su libro, Hersey escribe: “Un sorpresivo número de personas en Hiroshima seguían más o menos indiferentes con respecto a la ética de usar la bomba. Posiblemente estaban demasiado aterrorizados por ella como para pensarlo…”. Ahí aparece otro factor que descubrió el periodista: la idea de que atravesaban el horror atómico en nombre del emperador y de su imperio.

Ese factor no aparece mencionado en el estremecedor Museo de la Paz de Hiroshima, donde solamente se dice que Japón inició la guerra del Pacífico con el ataque a Pearl Harbor, en 1941. Es cierto que el foco del museo es la recreación del momento de la bomba, eso que los sobrevivientes describían solo como un flash enceguecedor, las consecuencias horrendas que la guerra llevó a la población civil y la concientización sobre la carrera nuclear e incluso el mercado negro de esas armas en este siglo. Pero por otro lado, afirman los textos del museo, Estados Unidos podría haber amenazado con la bomba en lugar de arrojarla como forma de justificarle a su propia población los dos mil millones de dólares que habían invertido para desarrollarla.

El grito de guerra Tenno heika, banzai, o Larga vida al emperador, que menciona Hersey como algo que se repetían algunas de las víctimas de la bomba, tampoco aparece en I Saw It (Lo vi), un manga de Keiji Nakazawa. Se vende en el museo de Hiroshima y tiene la virtud de haber sido el primer cómic que recreó en primera persona el horror de todo lo que siguió a la mañana del 6 de agosto de 1945. Es una historieta de veinticuatro páginas que cuenta explícitamente lo que vio el autor, lo que perdió su familia, la miseria de los años siguientes y cómo se convirtió en historietista, o mangaka. Nakazawa hizo después un manga más ambicioso y fundamental para entender esta tragedia, Gen Piesdescalzos, que luego fue adaptada al animé.

En I Saw It hay una escena que tal vez ayude a entender la actitud japonesa ante la catástrofe y cómo se reconstruyeron estas Hiroshima y Nagasaki que respetan sus cicatrices, pero que reciben con alegría y orgullo a los turistas. Es la secuencia en la que la madre de Nakazawa crema el cuerpo de su bebé, muerto por desnutrición, y luego sostiene su cráneo. “Mi madre miró a las llamas sin derramar una lágrima”, dice el autor. “Supongo que no tuvo tiempo de llorar, porque era lo único que podía hacer para mantenerse viva y alimentarnos”.

Es de noche, otra vez, y a la orilla del río Motoyasu, que cruza Hiroshima, se paran decenas de niños y un profesor. Para un extranjero es raro ver a esa hora tantos niños con un solo adulto responsable. Varios de ellos nos saludan amablemente y luego todos entonan una canción, al mismo tiempo que en la otra orilla algunos adultos encienden y colocan lámparas rojas en el agua. Mientras siguen su delicada y melancólica canción, caminan a la par de las lámparas, llevadas por la corriente. Nosotros seguimos sus pasos y atendemos a todo lo que hacen. Es inevitable y parece una lección involuntaria, como todo en estas dos ciudades.

Matías Castro
Diario El País de Uruguay

El hombre de la dinamita

de Henning Mankell
(Tusquets editores, Buenos Aires, 2018, 240 páginas)


En este, su primer libro, que escribió en 1972, Mankell emplea un estilo directo, de frases cortas y carentes de ornatos. Narra como si se tratara de apuntes y notas para una novela. Y aunque se está lejos del autor que creó la famosa saga del inspector Kurt Wallander, igualmente se trata de un texto notable.

Parte de un hecho real: en 1911, en Norrköping, Suecia, inesperadamente estalló una partida de dinamita que se utilizaba para perforar túneles y construir un ferrocarril. El obrero Oskar Johansson fue la única víctima del accidente, y los diarios lo dieron por muerto, pero milagrosamente logró salvarse y vivir hasta 1969, cuando tenía ochenta años. También se casó y pudo tener hijos.

Padeció una tremenda minusvalía: perdió un ojo, el pelo, medio pene y una mano (de la otra le quedó apenas el pulgar y el índice). Igualmente siguió trabajando de dinamitero hasta que se jubiló, pero en tareas que no tenían contacto con el explosivo.

Oskar no recuerda el momento de la detonación. Lo único que evoca son las pesadillas posteriores que lo asediaron.

En una mezcla de sus propias reflexiones y de las observaciones de testigos, se va revelando que las condiciones en que vivió desde su infancia fueron lamentables: su padre trabajaba duramente como vaciador de letrinas y no podía deshacerse del mal olor. La novela también va refiriendo las penurias, limitaciones e injusticias que aquejaban a la clase obrera sueca en 1911, cuando Oskar contaba con veintitrés años.

La historia se vuelve muy interesante a partir de que fue echado del hogar paterno por ser socialista y se va a vivir a la modestísima casa de madera de su compañero de trabajo Magnus Nilsson.

El hombre de la dinamita es tierna y humana, y enseguida se produce una empatía del lector hacia Oskar por las penurias que sufre tanto él como sus compañeros dinamiteros. Pese a su carencia de estudios, opina igual que el personaje central de El Gatopardo, la novela (sin conocerla, por supuesto) de Giuseppe di Lampedusa, llevada al cine por Luchino Visconti: las cosas cambian para que todo siga igual (“…los que están arriba siguen arriba”/”…no ganan menos porque nosotros ganemos un poco más. Y tampoco mandan menos aunque nosotros tengamos cierta capacidad de decidir, si es que la tenemos.”)

Pese a su desgracia y a su condición humilde, Oskar fue feliz junto a su esposa Elvira por el solo hecho de vivir, o sea gozó de la maravilla de haber nacido. Como la mayoría de los seres humanos teme a la vejez, a esa decadencia de la persona en todos los aspectos: “La vejez no es agradable. Uno tiene que vivir en otro tipo de situación de inferioridad. Tiene uno que pasar muchas cosas. Pero, con todo, se puede, claro.”

En el prólogo de 1997 Mankell comenta: “Y Suecia ha pasado de un intento decente de construir una sociedad a un saqueo social. (…) En las afueras de las grandes ciudades suecas existen hoy guetos, que no existían hace veinticinco años. “

La excelente traducción es de Carmen Montes.

Henning Mankell (Estocolmo, 1948-2015) es famoso por sus novelas policiales protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, que renovaron el género y fueron traducidas a cuarenta y dos idiomas. Su obra fue adaptada al cine y a la televisión y mereció, entre otros, el II Premio Pepe Carvalho.

Últimamente residía entre Suecia y Mozambique, en donde dirigió el Teatro Nacional de Avenida de Maputo.

Germán Cáceres

Teatro: clase abierta

El jueves 28 de marzo a las 18:30 horas se realizará una clase abierta de Teatro, a cargo del profesor Jorge Incorvaia.


Antes de que el Taller de Teatro de comienzo en nuestra Biblioteca, a partir de abril, el profesor Jorge Incorvaia dará una clase abierta gratuita el jueves 28 de marzo a las 18:30 horas, en Austria 2154. ¡Los esperamos!

Toda la información sobre el Taller de Teatro la encontrará en este enlace.

Un repertorio de la lengua nacional

Ante la proximidad del Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizará del 27 al 30 de marzo en Córdoba, recordamos en esta nueva entrega la publicación de un diccionario del habla de los argentinos.


Retrato de Tobías Garzón, pesquisa de la lengua coloquial en Argentina. (Agencia Córdoba Cultura)

“¿Será posible que este idioma nuestro, nacional, carezca de un diccionario propio, que registre las palabras, frases y modismos usados en la República Argentina y que no están incluidos en el Diccionario de la Academia, o que, si lo están, no tienen el significado que nosotros le damos?”, se preguntaba el cordobés Tobías Garzón.

Originalmente, Garzón respondió a esa carencia con una colección de barbarismos -pronunciar o escribir mal las palabras o emplear vocablos impropios-, y de esa cantera de palabras surgió el “Diccionario argentino”, cuyo contenido se ajusta al uso de la lengua española en el territorio nacional.

Postal alusiva la Revolución de Mayo, 1810-1910. (Agencia Córdoba Cultura)

El repertorio de palabras y expresiones recogidas por este profesor de lengua castellana, que nació en 1849 y murió 1914 en Córdoba, fue publicado en 1910 con el auspicio de la Comisión Nacional del Centenario de la Revolución de Mayo de 1810 y de la Universidad Nacional de Córdoba.

“Entre 1910 y 1911 se publicaron también el “Vocabulario criollo-español sudamericano” (1910) de Ciro Bayo, el “Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos: con un apéndice sobre voces extranjeras interesantes” (1911) de Lisandro Segovia y el “Vocabulario argentino: refranes, frases familiares usados en la Argentina” (1911) de Diego Díaz Salazar”, enumera Daniela Lauria en su ponencia “Lengua y nación. El Diccionario Argentino de Tobías Garzón”.

Los argentinismos

“A más de algunas noticias acerca del origen y formación de un buen número de palabras, se halla ilustrado con un copioso caudal de textos ó pasajes de autores americanos, particularmente argentinos, historiadores, estadistas, educacionistas, hombres de ciencia y de gobierno, oradores, viajeros, poetas, etcétera”, refleja Tobías Garzón.

En cuanto a las fuentes consultadas por el autor, se destacan los diarios y las revistas porque “ellos son la lengua; ellos son el alma y la vida de las sociedades. Su vocabulario es el vocabulario del pueblo en sus múltiples manifestaciones”.

El “Diccionario Argentino” vio la luz en un contexto decisivo para Argentina. En la primera década del siglo pasado, el país experimentó una exaltación de la argentinidad en distintos órdenes de la vida con motivo de la celebración del centenario de la Revolución de mayo de 1810.

Identidad lingüística
Por aquel entonces hubo una gran afluencia de inmigrantes al territorio nacional, gracias a una política favorable expresada en la ley de Inmigración y Colonización de 1876. Entre 1895 y 1914 ingresaron al país 3.362.479 inmigrantes, de acuerdo a los registros oficiales.

En 1910, Argentina se ubicó entre los países más ricos y prósperos del mundo (“espejo de la civilización europea en América”, graficó el historiador Félix Luna). El país expandió una red ferroviaria, consagró la educación común, gratuita y obligatoria y erigió una capital al gusto europeo, como se anhelaba desde el último cuarto del siglo XIX.

La celebración del centenario, la diversidad lingüística, social y cultural asociadas a la inmigración, dieron origen cantidad de reflexiones sobre la idea de Nación y la lengua es un componente constitutivo de la identidad nacional.

Portada de la obra del lexicógrafo cordobés. (Agencia Córdoba Cultura)

Tiempo después de la publicación del “Diccionario Argentino” de Garzón, el célebre Leopoldo Lugones encaró la realización del “Diccionario etimológico del castellano usual” –salía por entregas en “El monitor de la educación común”, entre 1931 y 1938, pero solamente alcanzó a publicar el volumen dedicado a la letra A.

Algunos términos recogidos por Tobías Garzón
Abatatado: Acorado, tímido y encogido.

Acriollarse: Acomodarse el extranjero a los usos y costumbres de los hijos del país. Allicito: Allí, muy cerca de aquí. Es muy usado entre la gente del campo.

Balconear: Mosquetear, observar a los que juegan parados los observadores alrededor de la mesa de billar. Mirar, observar con curiosidad desde los balcones.

Blandengue: Dícese de la persona sin carácter, maleable y fácil de manejar particularmente en política.

Cabeza: Cabeza de chorlito, persona de mala memoria que de todo se olvida.

Cachafaz: Pícaro, bellaco, bribón. Descarado, atrevido, revoltoso.

Chulengo: Avestruz pequeño.

Encelado/da: Dícese del hombre que está muy enamorado o manifiesta mucho entusiasmo por una mujer, o viceversa.

Gauchada: Acción arriesgada o difícil, particularmente si es realizada con buen suceso.

Guastar: Tirar, arrojar ó sacudir con violencia una cosa contra otra que ofrezca resistencia, de modo que haya un fuerte golpe ó choque.

Historiero,a: Que arma historias; algo así como el “hazañero” español, sin uso entre nosotros, y el autero, de cepa criolla ; pero ni lo uno ni lo otro, pues si bien no hay historiero que no sea «hazañero» ó autero, hay “hazañeros“ ó auteros que no son historieros. Estos son amigos de inventar ó exagerar especies desagradables, llevando chismes y previniendo con ellos los ánimos contra las personas.

Macanudo,da: Muy bueno, excelente, magnífico.

Manchancha: Monedas que, después del bautizo, tiran los padrinos a los muchachos para que las recojan. Suele haber manchancha también en los casamientos y otras fiestas.

Monear: Presumir. Ostentar uno nimia satisfacción de una cosa que posee, mostrándola, ó ponderando sus buenas cualidades.

Orejero,ra: Dícese de la persona que está siempre a la oreja, trayendo y llevando chismes.

Pasatús: Arreglo, acomodo ó limpieza hecha con improlijidad y como pasando ligeramente la mano por sobre las cosas.

Puesto: Dependencia de una estancia ó establecimiento de campo, más ó menos distante de la casa principal, con un pequeño rancho donde vive el puestero ó encargado de cuidar los cercos y sembrados por esa parte, y las haciendas, si las hay.

Pururú: Maíz frito en grasa.

Rastreador: Aplícase al gaucho de nuestra campaña hábil en seguir el rastro de personas, animales y cosas, y descubrir por él ciertas circunstancias, cuya

exactitud, á veces, á los profanos en este arte, parecería increíble si no estuviese abonada por testimonios respetables.

Sucucho: Cochitril, tabuco, voces castellanas que no usamos nosotros; cuarto estrecho y sombrío.

Troludo, da: Cachaciento, flojo, negligente, dejado.

Diario La Voz del Interior

Sonicoloformas

de Norma Minniti
(Niña Pez Ediciones, Buenos Aires, 2019, 60 páginas)

Este libro destinado a los chicos lleva el subtítulo de «Poemas con sonido, color y forma».

La primera parte se titula «Sonidos de estación». Son excelentes las ilustraciones de la propia autora, en un estilo humorístico y grato al lector infantil. Las figuras representadas están en movimiento como el ritmo de los poemas. «Otoño» juega con las palabras y las onomatopeyas y posee una concepción formal moderna: por ejemplo, “me caigo” está escrito en una línea diagonal inclinada hacia abajo, una manera de que los jóvenes lectores se vayan acostumbrando a las audacias de la poesía contemporánea. «Invierno», después de jugar con ocurrencias sobre hojas caídas, un árbol, una golondrina, un zorzal y una paloma, termina en una tipografía circular que dice: “Mamá me prepara un chocolate calentito”. «Primavera» inventa verbos como “plapear”, que es el ruido que hace la lluvia al caer: “Pla, pla, pla”. La última estrofa aparece con letras celestes y culmina con una colorida figura de un arco iris. «Verano» expone un concierto ejecutado por una abeja, un grillo –que es el director de la orquesta–, una chicharra, una rana, una paloma, varios patos y el grafismo de unas notas musicales que coronan una poesía que no cesa de bromear.

La segunda parte comprende «Caligramas», que son los poemas cuyos versos conforman una imagen visual. De esta manera, Norma Minniti une sus dos vocaciones, la literatura y la plástica, para que un mensaje de amor tome la silueta de una paloma, tres caligramas a color den cuenta de la transformación de un gusanito en mariposa, el viento produzca olas en el mar que da a una playa donde está jugando un niño, una gota se desplace en una telaraña y, en el último, un pajarito vuele. La autora a continuación despliega en versos la escritura de los caligramas para una mayor comprensión por parte de los chicos.

En «Combiversos» se propone al niño que combine los versos de varios poemas formando otros distintos.

Concluye el libro con «Un día en el lago», que presenta una serie de bellos haikus divididos en los cuatro períodos del día: la mañana, el mediodía, el atardecer y la noche.

Sonicoloformas logra su objetivo: entretener, ofrecer hermosas imágenes e introducir al chico en el difícil y maravilloso mundo de la poesía.

Norma Minniti obtuvo mención en los concursos “del Giúdice” y “Discépolo”, de Cultura de La Matanza, cuyo colectivo “Autores de La Matanza” integra. Publicó, además, Los títeres de Bucubuc y otros cuentos con juguetes y Desapariciones (relatos de terror).

Germán Cáceres

Día de la mujer

Como cada año, este 8 de marzo nos invita a la reflexión y a la evocación de aquellas luchadoras por sus derechos de acceder a la educación, a disponer de sus propios cuerpos y libertad sexual, a la participación en cuestiones sociales y políticas, etcétera, pero también para mantener arriba esas consignas y preguntarnos cómo es la situación actual.


El Día Internacional de la Mujer recuerda la realización en 1857 de una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de sólo diez horas, y también la huelga de marzo de 1867 de las planchadoras de cuellos de Troy, también en Nueva York.

Clara Zetkin, militante socialista alemana, editora del periódico Igualdad y compañera de acciones con Rosa Luxemburgo, fue quien impulsó en un Congreso Internacional la conmemoración del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La iniciativa comenzó a llevarse a cabo a partir de 1911 y fue expandiéndose por todo el mundo.

Por supuesto que eso estaba lejos del festejo que se le quiere imponer en nuestros días a la fecha, y en un mundo donde millones de mujeres siguen siendo marginadas de sus derechos por leyes y costumbres hechas a medida del hombre, de los mercados y de regímenes culturales o religiosos, debemos pensar en que se trata de fechas para reivindicar las luchas y sostener las banderas. 

La opresión, la violencia de género, en cualquiera de sus variantes (física, emocional, sexual o económica), los femicidios, murtes por abortos clandestinos, desigualdades laborales y oportunidad de educación son injusticias que deben ser señaladas y puestas sobre la mesa, porque el encubrimiento sólo permite que se legitimen. 

Taller Literario 2019

Carlos Penelas comenzará el Taller Literario 2019 en nuestra Biblioteca, Austria 2154, a partir del  4 de abril. Puede cursarse todos los jueves, de 20 a 21:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Carlos Penelas ha publicado más de treinta libros de poesía y veinte de prosa, en una extensa carrera que ya lleva más de cuarenta años desde la aparición de su primer poemario, y sigue vigente con un último libro, El mar en un espejo de otoño, y otro de próxima publicación este año. Aquí, algunos de los lineamientos que seguirá el Taller, y una breve síntesis biográfica de Penelas.

Propósito
Brindar una visión global de la poesía y la narrativa haciendo una referencia a géneros, autores (nacionales y extranjeros), las raíces, relaciones que se establecen en una literatura comparada y su vinculación con las demás artes.

El taller está pensado para que se obtenga una visión desde la breve historia de la Estética, el análisis de la lectura, el estudio de recursos expresivos, tanto en poesía como en narrativa e introducir al alumno en un ámbito de reflexión.

Objetivos
Conocer elementos prácticos en el análisis literario, claves en el hecho literario, el proceso de creación y de escritura. El participante podrá obtener una mayor formación en la redacción de textos poéticos, narrativos, etc.

El misterio de la creación -autor y lector- irá develando una forma de bucear el alma humana. El taller se enriquecerá a partir de propuestas y lecturas paralelas, no sólo en el campo literario, si no también en una visión social.

Se trata de indagar caminos hacia la convergencia de pensamiento y la literatura. Se recorrerán senderos con una idea de la crítica textual que comprenda una diversidad de actitudes dentro del corpus clásico y contemporáneo.

Ejes temáticos
La sensibilidad creadora - El acto literario, la educación de la sensibilidad - El poder de la escritura - Las raíces en la creación - El intelectual y su medio - La estética y la ética en el proceso creador. Ejemplos en cine, en música, en pintura.

Alumnos publicados
Los talleristas que cursaron en 20102011 y 2013 fueron convocados por la Editorial Dunken para publicar en las ediciones respectivas de El libro de los talleres. En 2018, otro tallerista publicó en Diario del Viajero y Todo es cuento.

Sobre Carlos Penelas
Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. En la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura. Como estudiante obtuvo en 1968 el Primer Premio de Poesía y Primer Premio de Ensayo en la Escuela Normal de Profesores. Su obra ha obtenido a lo largo de los años el reconocimiento de numerosos autores y prestigiosos críticos.

En 1977 obtuvo el premio "Arturo Marasso" otorgado por el Mariano Acosta; en 1981 logra la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); en 1986 el premio "Accésit" otorgado por la XII Exposición Feria Internacional de Buenos Aires "El libro (del autor al lector)" por la mejor cobertura como cronista de Radio Nacional; en 1988 el premio a la Mejor Cobertura como cronista de Radio Nacional otorgado por la XIV Feria Internacional del Libro; en 1988 el Primer Premio de Poesía "Alfonsina Storni" otorgado por Gente de Letras; en 1992 la Mención Especial de Poesía en el Concurso Latinoamericano "Carlos Sábat Ercasty", Montevideo, Uruguay.

Coordina talleres literarios desde 1984, cuando fue Director de los dictados en la SADE. Actualmente mantiene un taller particular en su domicilio.

Fue crítico literario desde 1983 hasta 1989 de LS1 Radio Municipal y LRA Radio Nacional, donde condujo distintos programas culturales. Colaboró durante años con el suplemento literario del diario La Prensa, y fue columnista de medios gráficos del país y el exterior.

Dictó conferencias en la Universidad de La Coruña, Cátedra de Literatura Latinoamericana y la Universidad Autónoma de Madrid. La Fundación Internacional Jorge Luis Borges lo hizo participar entre los diez poetas vivientes más importantes. En los últimos años ha realizado extensas giras de conferencias por Europa, Sudamérica y el interior del país.

Más información en http://www.carlospenelas.com/

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. &nb

Taller de Teatro

En 2019 comenzaremos un nuevo Taller de Teatro en la Biblioteca, dictado por Jorge Incorvaia. Será los martes y jueves a las 18:30 horas, comenzando el 4 de abril. El jueves 28 de marzo habrá una clase abierta gratuita. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Actuación, expresión corporal, higiene de la voz, ética del actor e historia del teatro son algunas de las propuestas del profesor Jorge Incorvaia en el Taller de Teatro en la Biblioteca.

Jorge Incorvaia es maestro normal nacional, pianista, actor y dramaturgo. Actuó en teatro, cine, televisión y radio, dirigido por Osvaldo Bonet, Luis Agustoni, David Kohon y otros. También dirigió otras propias y ajenas.

Cursó en la Escuela Nacional de Arte Dramático y fue alumno de los Maestros Luis Agustoni, Rubens Correa y tomó seminarios de dramaturgia con Ricardo Halac y Roberto Perinelli, entre otros. Además, asistió a clases de perfeccionamiento y talleres dictados por Juan Carlos Gené, Verónica Oddó, Ricardo Monti, Francisco Javier, Augusto Fernándes, entre otros.

Ejercició la docencia en la Escuela Nacional de Arte Dramático, Instituto San José, La Salle y la Facultad de Filosofía de la UBA, entre otros espacios. 
 
En 2005 obtuvo el Premio Estímulo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por el concurso de dramaturgia "Mujeres con valor". En 2018 ganó el certamen de Microficciones radiales de Argentores.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Bomarzo, donde realidad y ficción se confunden

El Parque de los Monstruos guarda el misterio del hombre contradictorio que lo mandó construir en el siglo XVI, pero no pienso volver. Un lugar fantástico y también fantasmagórico.


Hace muchos años, un brillante escritor, Manuel Mugica Lainez, llegó a un extraño jardín en un pequeño pueblo italiano. El pueblo se llama Bomarzo, el jardín es el Sacro Bosco, o Parque de los Monstruos. Dos horas entre esculturas gigantescas, talladas en la piedra viva, en el siglo XVI, le suministraron la suficiente inspiración como para concebir su mejor novela, Bomarzo, obra cumbre de la literatura. Yo he estado 13 veces y voy a ver si consigo acabar este artículo.

Hace también algunos años, una entonces joven periodista, yo, apareció por Bomarzo. Era mi primer viaje al extranjero. Lo emprendí con un grupo de amigos, en coche y de camping, desde Madrid a Sorrento. Alguien de la expedición se empeñó; acababa de leer la novela y estaba fascinado. De modo que allí nos plantamos. El parque estaba cerrado al público, pero saltamos una valla y en aquella tarde brumosa sentí lo mismo que debió sentir Pier Francesco Orsini, el Duque que lo mandó construir, la primera vez que transitó entre las moles de piedra. Entonces mandó inscribir en una esfinge que custodia la entrada la siguiente leyenda: "Vosotros que entráis aquí, considerad lo que veis y luego decidme si tantas maravillas están hechas por el engaño o por el arte".


El Parque de los Monstruos, data de 1552. Fue un encargo que ejecutaron los arquitectos manieristas Pirro Ligorio y Jacopo Vignola, atendiendo a los extravagantes deseos del propietario. La historia cuenta que estos jardines “grotescos” (del italiano grottesco, por los adornos caprichosos que imitan la fisonomía de las grutas) eran muy del gusto renacentista y que su artífice lo erigió en honor de su esposa, Julia Farnese, muerta en plena juventud.

No me atrevo a recomendar si es mejor leer la novela y después ir al parque, o conocer el parque y luego enfrascarse en su lectura.

La novela es otro nivel. Narra, de manera sublime, algo mucho más interesante fantástico y enigmático. A saber: que el Duque planificó el bosque buscando la inmortalidad que su carta astral le profetizaba, que escenificó entre las piedras y la vegetación salvaje un recorrido brutal y desgarrado por su existencia, cuajada de dolor, desamores y crímenes, consecuencia de la incongruencia entre su exagerada pasión por la belleza y su extrema sensibilidad, encerrada en un cuerpo lisiado y deforme.

No me atrevo a recomendar si es mejor leer la novela, y después ir al parque, o conocer el parque y luego enfrascarse en la lectura. Pero sí aseguro que descubrirlo al atardecer y vagabundear sin rumbo ni prisas entre las cascadas y la espesura es un placer. Y si es en otoño, miel sobre hojuelas.

En el paseo nos flanquean, impávidos desde hace 500 años, Proteo, el pescador que se convirtió en dios marino, un Neptuno displicente y colosal, una mujer dormida, un elefante matando a un soldado, un dragón atacado por un perro, otras figuras mitad hembras, mitad serpientes, o Hércules descuartizando a Caco, hijo del dios Vulcano, todos gigantescos, unos amenazantes, otros ausentes.El parque estuvo abandonado muchos años, hasta que en 1956 la familia Bettini lo recuperó y lo abrió al público.

Y para rematar este recorrido alucinante, podemos tumbarnos en la fría mesa en la que el Duque resuelve de forma inesperada y cruel la incógnita de su inmortalidad (perdón, acabo de marcarme un spoiler).


Un ritual de 25 años
Mucho han cambiado las cosas desde que, aquella tarde, descubrí el Sacro Bosco. Ahora hay verjas protectoras, folletos para indicar el camino, una cafetería, una tienda y muchos turistas japoneses retratándose entre las estatuas.

Cada vez que voy, cumplo un ritual, me hago también una foto en el mismo lugar y en la misma postura que la primera vez, hace más de 25 años, debajo de una inscripción que, borrada por el tiempo y la naturaleza, deja solo entrever algunas palabras inconexas… “la cueva…la fuente…pensamientos… oscuros”…

Cada vez que voy, cumplo un ritual: me hago una foto en el mismo lugar y en la misma postura que la primera vez, hace más de 25 años.

Es un ninfeo en el que Laínez situaba la puerta de un pasadizo secreto que comunicaba el palacio con el parque. Un escondite en el que el Duque buscaba la esencia de esa inmortalidad prometida por los astros, un laboratorio. Oculto en las húmedas y oscuras entrañas de la tierra, un agujero de nigromante donde buscar por medio de la magia negra la esencia que impulsaba su amarga vida: no acabarla nunca.

La última vez que estuve, visité antes el palacio. Unos artistas se afanaban en colgar las obras de una exposición de arte contemporáneo. Me imaginaba a Pier Francesco Orsini riéndose de ellos, lo mismo que se reía, hace casi cinco siglos de otros artistas, su corte de nobles y advenedizos, para los que hizo construir una casa inclinada en la que es poner un pie y sentir un mareo digno de un viaje lisérgico.

Un gato rechoncho y legañoso, de los muchos que sestean al sol por las callejuelas del Bomarzo histórico, se encaprichó de mí y me persiguió como una sombra durante todo mi deambular.


A la salida, entre los recuerdos a la venta y una vitrina en la que se exponen algunas de las muchas ediciones que se han imprimido de la novela, hay una máquina que imita La Boca de la Verdad, de la iglesia de Santa María in Cosmedin de Roma. Es un juego, metes la mano y te lee el futuro. El gato se encaramó encima y maulló suavemente. Rebusqué en el bolsillo y deposité un euro en la ranura. El artefacto emitió un ruido que, he de confesar, me sobrecogió; enseguida escupió un papel que decía: "No elegimos nuestro destino, él nos elige. Puedes correr muy lejos y borrar las huellas, pero ¿has escapado realmente?"

Lo rocambolesco de la frase me hizo sospechar que sería de algún pensador absurdo y famoso, Paulo Coelho, por ejemplo. Pero inmediatamente busqué en Google -esa piedra filosofal del conocimiento- y comprobé que era de una serie de televisión, “Héroes”, de la que no tenía noticias ni remotamente.

El gato parecía burlarse de mí, y yo no me di por vencida. Saqué otro euro y volví a introducir la mano en la boca, enarbolé el nuevo papel ante el minino, retándole, y él me correspondió con un relampagueo fugaz de sus ojos brillantes, antes de escurrirse hacia el sombrío jardín. Ya ha comido, pensé, le había dado parte de mi bocadillo, buscaría ahora otro turista que le proporcionara la cena, o quizás estuviera en el Orco de Bomarzo, la tremenda cara, el emblema del parque, esculpida para que, según incida la luz sobre ella, cambie de expresión. Quizá, me repetí, se haya dormido dentro de sus fauces, sobre la mesa de piedra, donde el infeliz y jorobado Duque Orsini encontró una nueva e infinita vida gracias a la pluma de un gran escritor.El parque de Bomarzo crea atmósferas inquietantes.

En el nuevo papel leí: "Mira al cielo en una noche clara, y contempla las estrellas. Para cuando su resplandor llegue a ti, muchas estarán muertas y sólo verás su luz".

Murieron hace años, siglos o incluso eones. Sus cuerpos ya no existen, pero su fantasma sigue vivo.

En ese momento tuve la certeza de que el espíritu del Duque de Bomarzo continúa paseando cada noche por entre sus monstruos de piedra.

Y por eso no voy a volver nunca más.

No quiero perturbar la paz de sus eternos dominios.

Elisa Blázquez Zarcero
PropoNews

La autora es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma

Francamente, Frank

de Richard Ford
(Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 232 páginas)


Consta de cuatro narraciones, enlazadas por el mismo personaje, Frank Bascombe, que protagonizó tres de sus novelas anteriores: El periodista deportivo (ganadora de los Premios Pulitzer y PEN/Faulkner), El día de la Independencia y Acción de Gracias.

Su escritura en la primera persona de Frank es dinámica, ágil, espontánea y visual. Además, resulta muy específica en sus descripciones, que refieren muebles, interiores, marcas, materiales de edificios y estilos de decoración, para lo cual desarrolla un amplio vocabulario. Y respecto al retrato de ciertos personajes, incluso de él, resulta despiadado: “…siento la necesidad de levantar bien los pies al andar: el paso de «el abuelo que arrastra los pies» constituye la señal inequívoca de que se acerca al viaje final. También evita que caiga y me rompa la crisma.” Continuamente hace mención a su avanzada edad:”Yo ya no me miro en el espejo. Es más barato que la cirugía.”

La traducción de Benito Gómez Ibáñez es funcional pese a estar dirigida al público español.

Todos estos relatos dan la sensación de que empezaran en medio de la acción y una frase de uno es utilizada como título del siguiente. En algunos casos funcionan como apuntes biográficos y reflexiones del protagonista que parece dialogar con el lector (“-Pero está viva para contarlo –repuse-. Lo que no te mata te hace más fuerte, ¿verdad?” Y dice para sí mismo: “Yo no creo en eso, desde luego. La mayor parte de las cosas que no nos matan en el acto nos matan después.”). Trabajó como agente inmobiliario, pero ahora, a los sesenta y ocho años, es jubilado y reside en Haddam, Nueva Jersey, a suficiente distancia de la costa, lo que le ha permitido evitar la pavorosa destrucción que ha provocado el huracán Sandy. El tema del temporal, junto con la crisis inmobiliaria y los temores propios de la vejez constituyen los ejes con los cuales se desarrollan las cuatro historias: «Aquí estoy yo», «Todo podría ser peor», «La nueva normalidad» y «Muertes de otros», que bien podrían considerarse capítulos de una novela.

Frank posee un gran sentido del humor no exento de cierto pesimismo (“Somos, la mayoría de nosotros, las últimas personas con quienes nadie en su sano juicio querría hablar en un día cualquiera, incluido el de Navidad.”)

En «Todo podía ser peor» Ford se luce como dramaturgo porque un diálogo que sostiene Frank con una mujer negra narra con sumo vigor una terrible tragedia familiar.

La amargura y el escepticismo están siempre presentes: “-Todo podría ser peor, Frank –me dice Arnie a la oreja, haciendo que me vibre la cabeza. Seguramente tiene razón. Todo podría ser peor. Mucho, mucho peor de lo que es.”/”Porque no hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas”. /”La vida podría resultar menos insustancial, dar más sensación de que vale la pena preservarla.”

En todo el libro Frank Bascombe no deja de pensar melancólicamente en su inevitable desenlace: “En realidad he visto lo contrario: la vida como torrente y aturdimiento seguida del final.” Hasta enfoca su futura muerte con ironía: “En algún momento es necesario salir del cine para que el resto de la gente pueda ver la película.”

El último tramo del libro y del capítulo «Muertes de otros» se vuelve patético: las palabras que le dirige un amigo al que Frank acompaña en su lecho de muerte alcanzan una agresividad morbosa.

Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) ha publicado, además, otras cuatro novelas: Un trozo de mi corazón, La última oportunidad, Incendios y Canadá (Premio Femina étranger), tres libros de narraciones: Rock Springs, De mujeres con hombres y Pecados sin cuento, el memorialístico Mi madre y los textos de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura. Es miembro de la Academia de las Artes y las Letras de los Estados Unidos. Sobre su obra el gran escritor John Banville ha dicho: “Frank es el hombre de la calle de Ford, un testigo desencantado, triste e irónico de la vacilante actitud de América ante el final de un siglo y la llegada de un nuevo y amenazador milenio. Richard Ford es un escritor maravilloso.”

Germán Cáceres

Talleres de Italiano 2019

El miércoles 3 de abril comienza el Taller de Italiano 2019 en la Biblioteca, Austria 2154, coordinado por la Profesora Stella Maris Scuderi. La novedad para este año son los tres niveles los miércoles, más un curso de conversación, los jueves. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El Nivel 1, pensado para un nivel inicial, se dictará en clases de una hora por semana los miércoles a las 17 horas. El Nivel 2, más avanzado, los miércoles a las 18 horas, mientras que a las 19 comenzará el Nivel 3.

Este año además sumamos otro día, ya que los jueves a las 19 horas habrá encuentros de Conversación para alumnos avanzados.

El programa incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.

La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Ajedrez 2019

Desde abril, los martes de 17 a 18:30 horas, comienza el Taller de Ajedrez 2019 en la Biblioteca, Austria 2154, dictado por Jorge da Fonseca, para todas las edades. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El Taller de Ajedrez está pensado para que todos aprendan a jugar éste juego ciencia de forma dinámica y divertida, y puedan aprovechar todos los beneficios que les brindará su práctica.

Algunas de las capacidades que desarrolla el jugador de ajedrez a lo largo del tiempo como consecuencia de la práctica de este juego:
  • Razonamiento lógico 
  • Intuición 
  • Concentración 
  • Constancia ante las dificultades 
  • Imaginación 
  • Memoria 
  • Poder de decisión y de asunción de riesgos 
  • Humildad (aceptación de los propios errores) 
  • Capacidad de análisis objetivo 
  • Reconocimiento de las posibilidades del adversario 
  • Socialización, respeto por el adversario y corrección deportiva 
  • Confianza en sí mismo y autodominio 
  • Capacidad de previsión, planificación y de cambiar, de ser necesario, los planes establecidos 
  • Lectura de lo que subyace en una determinada posición, más allá de lo aparente 
  • Perspicacia para aprovechar la oportunidad 
  • Superación de fracasos y derrotas 
  • Sentido del ritmo de la acción en la partida 
Los participantes podrán traer sus propios juegos o utilizar los que pondrá a su disposición la Biblioteca.

Jorge da Fonseca poeta, narrador, crítico literario y periodista. Amante del Ajedrez, lo practica desde niño, enseña y participa en torneos de manera regular.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y a quienes se inscriban a más de un taller.