"Gambito de dama" y el otro ajedrez

La producción de Netflix trajo a escena un juego milenario que desveló a filósofos y fue campo de batalla de la Guerra Fría. El juego se practicó en nuestra Biblioteca desde siempre, y hace unos años también ofrecemos talleres.

Niños jugando al ajedrez en nuestra Biblioteca

Los fenómenos de alta audiencia hacen visible lo que antes estaba en un margen. La serie Gambito de dama devuelve al ajedrez un poderoso atractivo que había perdido desde los años dominados por Bobby Fischer y los maestros rusos, la época retratada por la ficción de Netflix.

El personaje de Beth Harmon, protagonizada por la actriz de origen argentino Anya Taylor-Joy, abraza el ajedrez como escalera hacia la hazaña deportiva y la autosuperación. El ajedrez es un arte que combina posibilidades y hoy sus piezas remiten a tres procesos, más allá del encanto de Beth y el éxito de la serie. Sobre o debajo del tablero de las muchas piezas discurre la fascinante cuestión no resuelta acerca del origen del juego; también, los recuerdos de los duelos ajedrecísticos como campo de batalla cultural entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética en tiempos de la Guerra Fría; por último, el ajedrez como un enigma de significado profundo que algunos han intentado resolver.

El juego de los dos contrincantes y 16 piezas en un tablero tuvo un gran historiador: el inglés Harold Murray, cuya Historia del ajedrez (A History of Chess) fue publicada en 1913 por la Oxford University Press. Obra de 900 páginas, es la biblia de los historiadores del juego. El victoriano Murray, que estudió árabe para cristalizar su monumental investigación, sentó la teoría del origen del ajedrez en la India, durante el siglo VI. Una tesis que sigue vigente, aunque lidiando con otras que alegan un origen chino.

El juego se extendió por China, Rusia, Persia, hasta llegar a Europa alrededor del siglo X, luego de la conquista árabe de la península ibérica. Para finales del siglo XI, el juego se propagó como lo testimonia el Versus de Scachis (Versos de ajedrez), un poema medieval del 997, escrito en latín. En el siglo XIII, el dominico lombardo Jacobo de Cessolis publicó los sermones del "Libro de las costumbres de los hombres y deberes de los nobles o el Libro de Ajedrez". Y la aristocracia feudal practicó con fervor el ajedrez, acaso porque el juego mismo simula un combate.

De hecho, en El libro de los reyes, el poeta persa Ferdusí (935-1020) narra que el juego surgió por un conflicto entre dos hermanos como parte de una guerra de sucesión. Un grupo de sabios acordó resolver la confrontación mediante la simulación de una batalla a través de unas estatuillas que representaban dos grupos de infantes, dos elefantes, dos carruajes, dos jinetes y un rey y una reina. De ahí que el primer nombre para el ajedrez, chaturanga en sánscrito, signifique "cuatro miembros", las cuatro partes de un ejército de la antigua India: la infantería, caballería, elefantes y carruajes.

Pero lo más singular en la historia de las piezas y el tablero está en la posguerra y la Guerra Fría. La Segunda Guerra Mundial había terminado, y en el nuevo orden geopolítico emergente colisionaron el mundo occidental y el bloque soviético escudado en el Pacto de Varsovia. En ese tiempo cundía el temor a una guerra nuclear y, en una confrontación continua, cada bando quería demostrar su supremacía a través de las victorias en la lid deportiva o en la carrera espacial. El atletismo y el ajedrez actuaron como barómetro para medir la pretendida superioridad cultural entre los contendientes.

En 1972, la Guerra Fría se desplazó a Reikiavik. En la capital de Islandia se enfrentaron por el campeonato del mundo el norteamericano Bobby Fischer y el ruso Boris Spasski, los dos rodeados por un halo de invencibilidad. Fischer era extravagante, de espíritu independiente y de una genialidad precoz. A los 13 años derrotó, en la "partida del siglo", a Donald Byrne, en un torneo en Nueva York en 1956. Y al vencer en Buenos Aires al excampeón mundial, el soviético de origen armenio Tigran Petrosian, ganó el derecho de enfrentar al campeón Spasski.

El maestro ruso era la punta de lanza del ajedrez como una estructura institucional gestionada por el Comité de Educación Física y Deportes de la ex Unión Soviética, que había forjado a todos los campeones y subcampeones mundiales desde 1948 que, a su vez, habían arrasado con sus oponentes en todas las Olimpíadas de la época. Con alrededor de 50 millones de personas que lo practicaban, el ajedrez era el deporte nacional de la URSS.

El encuentro de Fischer, de 28 años, y Spasski, de 35, frente a 2500 espectadores, era el primer campeonato del mundo celebrado fuera de Moscú desde 1951. Fischer finalmente ganó el Match del Siglo. Fue el primer, y único, campeón del mundo norteamericano. Quebró el monopolio soviético de los campeonatos mundiales durante 24 años.

Por unos meses, en Islandia, las estrategias para jaquear al rey rival compusieron el máximo lenguaje político a nivel global. El ajedrez como un tema de Estado entre las superpotencias representadas en 64 casillas. El posterior enfrentamiento de Fischer con su propio país y su muerte en el exilio, justamente en Islandia, es "compensado" en la ficción por una Beth sin mayores preocupaciones contraculturales y que, al jugar con unos ancianos rusos luego de ganar el campeonato en Moscú, propone al ajedrez como encuentro cordial entre culturas, lo opuesto a la áspera realidad histórica.

Jorge Da Fonseca en el Taller de Ajedrez en nuestra Biblioteca

A lo largo de la historia, los caballos, alfiles, torres y demás piezas embrujaron también a mentes filosóficas y a escritores.

Diderot, el creador, junto con D'Alembert de la famosa Enciclopedia, la gran obra de la Ilustración en el siglo XVIII, escribió El sobrino de Rameau, un diálogo de ingenio satírico que expresa ideas sobre estética, ética y la naturaleza del genio, entre otras cuestiones. El ajedrez es parte de los razonamientos del autor, ya que la obra transcurre en el Café de la Regencia, el templo ajedrecístico de Francia. Lugar de encuentro de grandes personalidades, entre las que descollaba el músico y ajedrecista Philidor, a quien se le atribuye la célebre afirmación de que "los peones son el alma del ajedrez".

Jorge Luis Borges, en El Hacedor, dedicó un poema al ajedrez. El jugador que mueve la pieza es a su vez movido por Dios. "¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza / De polvo y tiempo y sueño y agonías?". Es decir, desde las movidas del ajedrecista se inicia una cadena de dependencias por las que el Dios que mueve al jugador es, a su vez, movido por otro Dios, y por otro, y otro... El tablero y las piezas son un puente hacia una realidad ad infinitum, interminable e incompresible, ya que "este juego es infinito". Un juego que, como una guerra sublimada, empezó en Oriente, y "cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra". El ajedrez como salto desde lo particular de los ajedrecistas y sus movidas hacia la vida que nos mueve, pero sin que podamos entender su lógica más íntima.

El gran ensayista y poeta argentino Ezequiel Martínez Estrada, autor de Radiografía de la Pampa (1933), publicó en La Nacion varios artículos dedicados al ajedrez. Recopilados como libro, nunca fue publicado en vida del autor, y el manuscrito fue salvado de las llamas por el propio Borges. La Biblioteca Nacional finalmente lo publicó bajo el nombre de Filosofía del ajedrez, dentro de la colección Los Raros. Martínez Estrada, que jugó intensamente al ajedrez, observaba que en este juego "se ponen en actividad fuerzas mentales que abarcan todo el campo de pensamiento, sin relación con el mundo material, a la manera de las fuerzas platónicas".

Alexander Alekhine, Paul Morphy y José Raúl Capablanca estaban entre los genios clásicos del ajedrez en tiempos en los que todavía la supercomputadora de IBM Deep Blue no había derrotado a Garry Kaspárov, uno de los grandes maestros de ajedrez. Un juego que, al ser pensado, nos demuestra que cada movida tiene consecuencias cuyos efectos no son visibles de forma inmediata sino a través del tiempo; un juego en el que la ubicación de todas las piezas en el tablero lleva a comprender la importancia de percibir todo el espacio y de no solo concentrarse en una parte del todo; un juego en el que cada acción deber ser pensada para no dejar nada librado al puro impulso; un juego en el que el jaque mate no es el final, sino siempre la promesa de una nueva partida, otra oportunidad, otro comienzo.

Por Esteban Ierardo
Diario La Nación, 2 de enero de 2021

Atilio Orsi en el Torneo "Norberto La Porta"

Son muchos los vínculos que unen al ajedrez con nuestra Biblioteca. Comenzando por el Taller que Jorge Da Fonseca dicta hace años o jornadas de simultáneas. Además, colaboramos en todas las ediciones del Torneo de Ajedrez "Norberto La Porta", realizado por la Legislatura Porteña, e incluso Atilio Orsi, Secretario General de nuestra casa, jugó en una de las edicionesfue premiado. Por último, también en nuestro catálogo encontrará bibliografía relacionada con el juego ciencia, incluyendo la Filosofía del ajedrez de Martínez Estrada.

La mujer de verde

por Arnaldur Indridason
(RBA Libros S.A., Barcelona, 2016)


La prosa de Indridason carece de adornos, solo busca narrar los hechos y crear una intriga abrumadora. El caso aquí planteado es muy original: una nena estaba jugando con un hueso que encontró enterrado en un pozo y que resultó pertenecer a un ser humano. Ese hallazgo remite a una historia horrenda que ocurrió hace unos setenta años pero que se proyecta hasta el presente. Tiene lugar en Reikiavik (capital de Islandia) y sus alrededores. 

Excepcional el análisis psicológico que hace la novela de una mujer golpeada, que termina por aceptar su castigo debido a su baja autoestima y a sus razonamientos autodestructivos. Pero no solo sufren las víctimas y los victimarios, sino también los policías en sus tortuosas vidas privadas, como si el ser humano habitara el planeta para sufrir. A través de estos conflictos queda exhibida la violencia que anida en las personas, ya sea contra los demás como contra sí mismas. Por momentos se tiene la sensación, como en su anterior Las Marismas, de que la noche nórdica ha caído sobre los personajes para originar desesperación, angustia y una pavorosa tragedia. 

El casual descubrimiento del hueso deriva en un intenso misterio y un alud de incógnitas, pero a medida que avanza la novela y paulatinamente el caso se va develando, aparecen nuevos interrogantes que hacen que se expanda la historia y el lector devore las páginas del libro. 

Indridason ha compuesto una narración con muchos detalles que se mueve entre la actualidad y varias décadas atrás, y cuya trama se ramifica sin caer en contradicciones. 

El autor emplea múltiples recursos como el uso de plot points cinematográficos (o sea cambios de sentido de la acción), de sorpresas y de golpes de efecto para mantener en vilo al lector. 

Arnaldur Indridason (Reikiavik, Islandia, 1961) recibió por sus novelas negras numerosos premios y elogios de autores prestigiosos como John Connolly y Harlan Coben. Así, con la novela que se comenta obtuvo el Gold Dagger. También le concedieron otros premios como La llave de Cristal en 2002 por Las Marismas, el Martin Beck Award por La voz, y el RBA de Novela Negra en 2013 por Pasaje de las Sombras. Es, además, licenciado en historia, periodista y crítico de cine. Opina que una “buena novela policial explica un país…” 

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo socio puede retirarlo para su lectura.

"Atrocity Exhibition” de Joy Division

"Atrocity Exhibition" abre el segundo y último álbum de Joy Division, Closer, de 1980. El título de la canción se inspiró en la colección de "novelas condensadas" de J. G. Ballard: La exhibición de atrocidades (1970).

 

"Es una de las canciones de apertura menos probables de cualquier álbum", señaló Ned Raggett en AllMusic. Grabada originalmente en los Pennine Studios para una sesión de radio en Piccadilly el 4 de junio de 1979, apareció en vivo antes de ser grabada oficialmente, y fue escrita improvisando en su sala de ensayo. 

El bajista Peter Hook y el guitarrista Bernard Sumner intercambiaron instrumentos al escribir y grabar la pista. Según Hook, "estaban aburridos de escribir en nuestros instrumentos, así que pensamos en intercambiarlos. Barney tocaba el bajo y yo la guitarra. No era un guitarrista tan competente como él, pero me gustó cómo suena. Gran riff , también un gran bajo". 

La historia del diccionario más antiguo del castellano

Se trata de unas hojas de 1492-1493 encontradas en la biblioteca de la Universidad Princeton; dos investigadores del Conicet llevaron adelante el trabajo.


Días atrás se supo que dos investigadores del Conicet que trabajan en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y Crítica Textual, Cinthia María Hamlin y Juan Héctor Fuentes, habían hallado dos folios de lo que se pudo determinar como el primer diccionario castellano del que se tenga conocimiento hasta hoy. Estas hojas, encontradas por Hamlin en la biblioteca de la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, demuestran que se trata del diccionario más antiguo que tiene el castellano como lengua de partida, esto es, cuando las palabras que se definen son castellanas y no latinas. Hasta ahora, el más antiguo era el Vocabulario Español Latín de Antonio de Nebrija, datado entre 1494 y 1495, y del que solo se conservan cinco ejemplares completos.

La historia del hallazgo tiene su origen en la Divina Comedia. “En 2018, durante una estadía de investigación en la biblioteca de la Universidad de Princeton, cuyo objetivo era analizar el ejemplar de la traducción castellana de la Divina Comedia de 1515, el curador Eric White se acercó a preguntarme si me interesaba revisar un ejemplar de 1490 del Universal Vocabulario en latín y en romance de Alfonso Fernández de Palencia –dice Hamlin a La Nación–. Insertos al comienzo y al final del ejemplar, había dos folios impresos de un vocabulario castellano-latín que nadie había podido identificar: uno era un prólogo dedicado a Isabel la Católica, y el otro, 77 entradas de un vocabulario”.

El recorrido que llevó al posterior descubrimiento tuvo distintas postas. “En primer lugar, gracias al aporte de White, pude datar los folios: por un catálogo alemán de tipos móviles (las letras de molde que se usaban en la imprenta) sabíamos que esa letra era propia de una imprenta sevillana (Ungut y Polono) entre 1491 y 1493; luego, del análisis del prólogo dedicado a la reina pude acotar la fecha a 1492-1493, pues se la presenta como Reina de Granada y la conquista de Granada sucede en enero de 1492 –recapitula la investigadora, formada en la escuela de filología medieval de Germán Orduna–. A partir de esto, revisé los catálogos de los incunables salidos de la imprenta de Ungut y Polono, de los que se tiene conocimiento o registro indirecto, y concluí que estaba delante de un incunable desconocido”. Eso ya representaba un descubrimiento extraordinario.

De inmediato, el latinista Juan Fuentes se sumó a la investigación y, en unos días, llegó al dato que faltaba: la existencia de un códice manuscrito del siglo XV en la Biblioteca del Escorial, anónimo, que transmite un vocabulario castellano-latín de la A a la Z. “Las 77 entradas del fragmento del incunable hallado en Princeton coincidían exactamente con la correspondiente parte del manuscrito”, agrega Hamlin.


El descubrimiento tiene una importancia doble. “Más allá del hallazgo de un incunable desconocido, hecho raro de por sí, los folios permiten concluir que ese vocabulario castellano-latino que se conserva completo en el manuscrito del Escorial llegó a la imprenta y fue dedicado a la reina Isabel –dice la investigadora–. La fecha de impresión de los folios, además, permite concluir que ese diccionario se imprimió entre 1492 y 1493 y, por tanto, es anterior al que se consideraba hasta ahora el primer vocabulario castellano-latín: el Vocabulario Español Latín de Nebrija, datado entre 1494 y 1495. Es algo importantísimo para la historia del libro, pero sobre todo para la historia de la lengua castellana y la lexicografía. Es probable que se tengan que reescribir algunos manuales de estudio”. Ambos investigadores publicaron el hallazgo en la prestigiosa revista norteamericana Romance Philology. Hamlin es licenciada y doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, además de investigadora adjunta en el Conicet, es docente de Literatura Española Medieval en la UBA y de Literatura Italiana en la Universidad Nacional de La Plata. Fuentes es licenciado y doctor en Letras por la UBA y magíster en Filología Hispánica por el Instituto de la Lengua Española.

El vocabulario manuscrito transmite aproximadamente siete mil entradas castellanas, de las que se ofrece su equivalencia latina; dado su método enciclopédico y derivativo, cada entrada tiene en su interior familias de palabras, sinónimos o derivaciones que también tendrán su equivalencia latina. Contando estos términos castellanos en el interior de las entradas, los lemas ascienden a casi diez mil. “Es de una riqueza lexicográfica muy importante para la época”, resume Hamlin, que desde el primer momento tuvo la intuición de que ese autor “anónimo” no podía ser otro que Alfonso de Palencia. “A través del estudio del método lexicográfico de ambos vocabularios, de su particular ortografía latina y de las fuentes latinas que se utilizan para la confección de las definiciones, encontré pruebas de peso (basadas en metodologías propias de la crítica textual o ecdótica) para sostener la hipótesis de que su autor fue Alfonso de Palencia, uno de los más grandes humanistas, cronistas y lexicógrafos del siglo XV”. El hecho de que en el prólogo hallado no figure nombre alguno y que el vocabulario, además, tenga algunos detalles inconclusos se explica porque Alfonso de Palencia murió en marzo de 1492, por lo cual el texto probablemente fue llevado a la imprenta de manera póstuma. Los resultados de esta segunda parte de la investigación se encuentran ahora en prensa en el Boletín de la Real Academia Española. 

Daniel Gigena
Diario La Nación, 24 de diciembre de 2020

Estalló la página

En 2020, "el año que no salimos de nuestras casas y todo se hizo a través de la web", trajo consigo un crecimiento exponencial de la página de la Biblioteca, con más de 800 mil visitantes en los últimos doce meses.

A partir de publicar artículos sobre literatura cada lunes (relatos, cuentos, poemas o algún artículo relacionado con libros y autores), una sección que combina música y literatura los jueves, y las habituales críticas literarias de Germán Cáceres cada sábado, intentamos que durante la cuarentena el movimiento de la Biblioteca pase por nuestra página. 

También subimos a la web colaboraciones especiales de alumnos del Taller Literario de Carlos Penelas como Pedro Acuña, Ernesto Cháneton o Julián Ferreira; y las habituales columnas de opinión que desde Chile nos envía Edmundo Moure y desde Rosario Carlos A. Solero.  

Además, continuamos publicando las efemérides, artículos y notas especiales publicadas en medios locales o extranjeros que vamos subiendo porque consideramos de interés para los lectores, y los invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales: TwitterFacebookInstagram y YouTube

Progresión anual de visitas a nuestra página: 

2011: 38.000 visitas
2012: 98.000 visitas
2013: 45.000 visitas
2014: 47.000 visitas
2015: 45.000 visitas
2016: 48.000 visitas 
2017: 61.000 visitas
2018: 49.000 visitas
2019: 106.000 visitas
2020: 826.000 visitas

Progresión del blog del Cineclub La Rosa
2011: 31.000 visitas
2012: 66.000 visitas
2013: 22.000 visitas
2014: 18.000 visitas
2015: 21.000 visitas
2016: 50.000 visitas
2017: 52.000 visitas
2018: 29.000 visitas
2019: 22.000 visitas
2020: 31.000 visitas

2020

Este es el resumen del año, con cosas cumplidas y otras no, donde lo más relevante fue la explosión de visitas a nuestra página.


Cursos y seminarios
Estos fueron lo talleres pautados para este año, algunos pudieron comenzar, otros no.

Presentaciones y actos
Por razones de público conocimiento no hubo presentaciones y actos en vivo en 2020. Se realizaron algunos videos para nuestras redes:
Obras
  • Renovación integral de los baños de la Biblioteca
  • Pintura en el hall de ingreso lateral
  • Remodelación del escenario 
  • Trabajos en puertas y ventanas de la casa
Actividades con otras organizaciones
Redes

Comentarios de libros por Germán Cáceres
Retrospectiva
Esto pasó en 2019

Proyectemos un mejor 2021

Se va el año que nadie quiso, que no olvidaremos, pero no querremos repetir. Le decimos chau, y con fuerza intentaremos dar vuelta la página de esta novela de pandemia para proyectar juntos, en esa película que imaginamos mejor, un 2021 diferente. 

Que el año próximo sea próspero, o al menos haga el esfuerzo por superar al que se va, que no será poco. 

Con los mejores deseos de parte de todos los que componemos el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Todas las críticas de Germán Cáceres

Aquí, todos reunidos, los accesos directos a las reseñas literarias de Germán Cáceres, publicadas a lo largo de 2020 en nuestra página.

Puede leer la entrevista de Gustavo Bernstein a Germán Cáceres, a raíz de la publicación de su libro Por amor al crimen.

Además, recordamos que este año Cáceres fue ganador de la convocatoria "Novela juvenil 2020" realizada por Editorial Qilqana de Lima con la novela Pesadilla galáctica.

Por último, a raíz del centenario de Ray Bradbury, la Feria del Libro publicó esta foto de su visita a nuestro país junto al escritor.

Los 80 de Atilio

Primer Presidente de nuestra Biblioteca Popular, hoy cumple 80 años Atilio Orsi y queríamos compartirlo con nuestros socios y amigos de la casa.

Presidente en dos períodos entre 2005 y 2009, y miembro de la Comisión Directiva desde la fundación del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, Atilio Orsi fue -con el impulso de Norberto La Porta- el alma máter de que la vieja casona socialista de la calle Austria abriera nuevamente las puertas y recobrara el lustre de antaño

Hoy, 26 de diciembre de un año particular, lo encuentra celebrando sus primeros 80 años en plena actividad, rodeado de sus seres queridos y siendo parte fundamental del engranaje de nuestra casa. ¡Felicidades, Atilio!

Vindicación de Galileo

En el siglo XVII Galileo Galilei fue obligado por la Inquisición del Santo Oficio a retractarse de sus teorías astronómicas bajo amenaza de ser ejecutado.


Los verdugos oscurantistas amparados en el uso discrecional de sus dogmas y del poder obligaron a este hombre a renegar de las conclusiones a las que había llegado mediante investigaciones basadas en la física y la matemática.

Galileo construyó el telescopio con el que observaba el cosmos, el universo estelar, planetas y estrellas.

La cuestión es que sostener el movimiento de los planetas era cuestionar el orden despótico y estático fundado en las jerarquías dinásticas monárquicas y hasta la infalibilidad de los jerarcas clericales.

Aún con sus métodos aberrantes los inquisidores no lograron impedir la evolución de los estudios sobre el cosmos y su continuidad en el devenir de los siglos.

En la obra de teatral de Bertolt Brecht dedicada a Galileo el dramaturgo pone en boca del científico una frase inolvidable: “dentro de algún tiempo se hablará de los astros hasta en los mercados”.

Durante estos días el eclipse solar y la conjunción de dos planetas han sido noticia expandida en la sociedad. 

Galileo merece ser reivindicado por lucidez, tenacidad y audacia sus verdugos solo una nota al pie lamentable en el registro de la historia.

Carlos A. Solero
Martes 22 de diciembre de 2020

Nunca quemes las cartas de amor

Larsen fue un voluntarioso editor de suplementos luego de haber sido un periodista de batalla, pero su vocación secreta e indisimulada era el montañismo. Tenía cuarenta años, un gran estado atlético y mucha atención femenina.



Fernández, sin embargo, no le conocía ningún affaire en la redacción, y aunque no eran grandes amigos, llevaban a cabo rituales amistosos de mutua intensidad. Les tocaba irse de vacaciones más o menos para las mismas fechas.

Larsen dedicaba siempre los primeros días a algún arriesgado escalamiento, y el resto, a su esposa y a sus tres hijas. Se había hecho rutina que tomaran, para despedirse, una cerveza en la barra del bar de la esquina.

A manera de cábala, Larsen decía al chocar las copas: “Si me pasa algo, si me quedo congelado allá arriba, si me caigo desde una roca y me quiebro el pescuezo, vos violentás el cajón de mi escritorio y quemás todo, Fernández. No dejás rastro de nada. Quemás todo”.

Fernández se lo prometió la última vez y se tomó un avión a Córdoba.

Cinco días después se enteró de que Larsen había muerto en Mendoza sin el menor esfuerzo: el día previo a la expedición, fumándose una pipa frente a una chimenea de leños, le dio un infarto masivo y murió al instante.

Consternado por la noticia y apremiado por la situación, Fernández llamó desde La Cumbrecita a sus compañeros para que abrieran el cajón del escritorio y despedazaran su contenido.

Pero ya era tarde: después del sepelio le habían enviado a la viuda una encomienda con todas las pertenencias del finado.

Lleno de remordimientos, Fernández dejó un mensaje de condolencias en el teléfono de la mujer y regresó en silencio a Buenos Aires.

No supo nada de ella hasta once meses más tarde, cuando la viuda lo llamó para pedirle un favor y quedaron en tomar un café.

Se citaron un martes lluvioso, y ella se sentó en el mismo taburete en el que se sentaba Larsen a ver llover desde la barra. Era una cuarentona fibrosa y rubia, que fumaba cigarrillos negros y que tenía una mirada verde y lúcida.

Se llamaba Mónica. En diez minutos se sacó de encima el trámite y las palabras de circunstancia, y fue directo al grano.

-¿Larsen te habló de Silvia? -le preguntó clavándole los ojos. Ante terceros, Mónica no nombraba a su esposo por su nombre, sino por su apellido, y eso a Fernández siempre le había causado gracia. Pero esa tarde no se la causaba.

-¿Quién es Silvia? -repreguntó sin sentirse culpable ni mentiroso. Nunca Larsen le había hablado de Silvia ni de ninguna mujer en especial. Habían elogiado, como hacen todos, los accidentes geográficos de algunas compañeras de trabajo, pero la cosa nunca había pasado de ese deporte masculino que las mujeres también frecuentan aunque con mayor malicia.
-Silvia era la amante de Larsen -dijo la viuda sin pestañear-. En ese cajón tenía trescientas cartas de amor y un pañuelo perfumado.

-No te puedo creer -dijo Fernández, y ahora sí se sintió un miserable. Trató de arreglarla y la empeoró. -¿Un pañuelo perfumado? Qué cursi.

-No lo puedo ver de la misma manera -dijo Mónica lenta y gravemente, y tomó un sorbo de su capuchino-. Me parece algo muy romántico.

-¡Y trescientas cartas! -replicó Fernández sin escucharla, a ciento veinte pulsaciones por minuto-. Cuánta paciencia y cuánta literatura desperdiciada.

-¿Podemos hablar en serio? -lo cortó. Fernández cerró la boca. Mónica apagó el cigarrillo mirando la calle y habló con otro tono, habló en serio. -Esos trescientos e-mails me aliviaron el dolor.

El odio lo tapa todo. No sabés cómo lo odié durante esos días. Le deseaba la muerte. Pero ya estaba muerto, y lamentaba que hubiera sido tan fácil, que no hubiera sufrido nada.

Me sentí mal por esos pensamientos, y lo extrañaba, y no le perdonaba que se hubiera muerto y que me hubiera traicionado con otra, y andaba llorando por los rincones de rabia y de pena. Todo como en una licuadora.

Hizo otra pausa tabacal y tomó de un trago el vaso de agua helada. Luego exhaló una larga bocanada de humo que se pareció mucho a un suspiro, y siguió adelante:

-Pero esas cartas me tenían agarrada del cuello. Volvía a ellas una y otra vez. Las leía de adelante para atrás y de atrás para adelante. Estuve varias veces a punto de tirarlas a la basura.

Una noche, cuando oí desde la cama que venía el camión recolector, salí en corpiño y bombacha a la calle para rescatarlas de la bolsa de residuos.

¡Estaba loca con esas cartas! Hasta que después de leerlas diez veces, las leí por primera vez.

Me acuerdo de que fue una mañana de sábado, las nenas estaban en el club y el jardinero hacía un poco de ruido afuera. Me senté en la cocina con una taza de té y empecé a leerlas sin dolor.

Fernández pidió un jugo de naranja para salir del paso. La esposa de Larsen tenía la vista perdida. Fernández, en ese momento de miedo glacial, la valoró mejor: era una mujer sensual y valiente.

-Trescientos e-mails de ida y de vuelta -dijo ella sin tragar saliva-. Una especie de diario erótico. Comenzó hace tres años y con el correr del tiempo se fue haciendo más espeso. Al principio, hablaban de desesperación por verse y tocarse, después empezaron a hablar de amor y de irse a vivir juntos.

De repente Mónica movió la cabeza y sonrió con amargura. -Se lo notaba tan feliz a Larsen, vos vieras. Era de nuevo aquel adolescente que noviaba conmigo. Te juro que esa mañana, mientras leía y se me helaba el té, además de bronca le tuve una especie… No sé, una especie de envidia. Esa pasión del comienzo no se vuelve a tener nunca más.

Una moza le trajo a Fernández el jugo. Mónica tenía los ojos brillantes.

-Pero lo más importante no estaba en esas primeras cartas, sino más adelante, cuando la cosa se alargaba y Larsen no podía tomar una decisión. Silvia es fonoaudióloga, ¿te conté? Sí, una chica separada que se había enamorado de mi marido. Pero el tipo, créeme, el tipo no hacía más que escribirle sobre mí. Largos textos contando lo grandiosa que yo era, lo que había hecho por él y lo que hicimos aquel fin de semana y el anterior. Y Silvia, que es inteligente, le llevaba la corriente. Y hubo un momento en el que sólo se escribían para elogiarme, como si fueran mis dos jefes de prensa.

Mónica se empezó a reír y Fernández temió que se pusiera a llorar, pero en el último escalón de la carcajada ella se enderezó y le dijo:

-Conseguí su dirección y estuve varias semanas pensando en ir a verla, en pasarle por encima con la camioneta. Pero lo único que hice fue mandarle un correo electrónico: “Sé quién sos. Quiero que nos veamos cara a cara”.

-Te lo respondió al toque.

-Tardó diez días en atreverse a responderme. Nos citamos en El Querandí. Ella podía reconocerme fácilmente: Larsen le daba fotos mías para que viera lo bien que me conservaba.

-¿Cómo era Silvia? -se atrevió Fernández, protegido por el jugo.

-¿Cómo era Silvia? -repitió y se encogió de hombros-. Una cuarentona bien conservada. Otra viuda.

-¿Y qué pasó?

-Hablamos horas y horas. Nos levantábamos de vez en cuando para ir a llorar al baño y volvíamos a trenzarnos. Nunca pudimos levantar la voz. En realidad, no discutíamos. Sólo hablábamos de Larsen. Lo insultábamos y lo adorábamos. Así, sin solución de continuidad. Al final, cuando ya estábamos pagando la cuenta y nos habíamos pasado todas las facturas, le devolví su pañuelo. Ella se lo quedó mirando y después me dijo: “A vos, Larsen te rompió el corazón una vez; a mí, me lo rompió diez veces. Vos eras la montaña más alta, y allá arriba vivían solamente ustedes dos. Y yo, por más que escalaba y escalaba, nunca pude llegar. Nunca”. Cuando salí del café no sentía tristeza, ni bronca, ni frío, ni calor. Estaba limpia. Por primera vez en tanto tiempo estaba limpia, Fernández.

-¿Por qué me contás todo esto?

-Silvia me dijo que Larsen te consideraba su único amigo verdadero y que tenías la misión de quemar todo si a él le pasaba algo. -Afuera había dejado de llover. Mónica recogió su cartera para irse. -Te agradezco mucho que hayas llegado tarde.

Jorge Fernández Díaz

Beethoven 250

Un día como hoy de 1770 nacía en Bonn Ludwig van Beethoven, por lo que el mundo celebra hoy los 250 años del genio musical. 


Alemán de nacimiento pero vienés por elección, se cree que Beethoven nació un 16 de diciembre de 1770 porque fue bautizado en la catedral de Bonn el 17 de diciembre. Más allá del detalle, el compositor de Para Elisa vivió en la capital austríaca desde los 22 años, tras conocer a Mozart a los 16, y vivió allí hasta su muerte, 34 años después.

En Viena compuso sus obras más famosas, entre ellas la Novena sinfonía, que finalizó y dirigió completamente sordo, que convirtió a la Oda a la Alegría en un himno europeo. Tal fue la magnitud de su fama que se estima que a su funeral acudieron 20.000 personas.

Para recordarlo, y pese a la pandemia, en todo el mundo se realizan homenajes y distintas actividades, presenciales y en línea. Acá publicamos una curiosa versión que ilustra la Quinta sinfonía.