Rocío Danussi lee a Albert Camus

Rocío Danussi lee "El verano", de Albert Camus, escrito en 1953 y editado por la mítica Sur en Buenos Aires, 1954.

Abbas Kiarostami / Tres poemas breves


Odio el lenguaje
el lenguaje amargo
la lengua afilada
el habla gramaticalmente correcta
la insinuación.
Háblame
en lenguaje de signos.

*
Una nube oscura
llueve
sobre un ciprés
solitario en la ladera de una colina quemada.

*
En mi mente
hay un árbol
cuyo fruto
es saqueado
al amanecer.

Abbas Kiarostami (Teherán, 1940-París, 2016), A Wolf Lying in Wait: Selected Poems, Sokhan Publishers, Teherán, 2005

Reencuentro con Castelao

“Mucho se habla del Arte universal; mas todo Arte tiene su patria, todo Arte es fruto de alguna tierra”. 

(Castelao, Arte e galeguismo, 1919)


Alfonso Castelao nació en Rianxo, el 30 de enero de 1886, y tuvo su pasamento (tránsito a la otra orilla) el 7 de enero de 1950, en el exilio de Buenos Aires, como político de primera línea y diputado de las Cortes de la II República Española.

¿Cómo un reencuentro?, te preguntarás, amiga lectora, amigo lector. Es el milagro siempre latente en los libros. Estaba en mi biblioteca, aguardando el tiempo para una lectura más intensa, de Castelao na Luz e na Sombra, del escritor, investigador y ensayista Valentín Paz Andrade, nacido en 1898, en Pontevedra, doce años menor que Castelao, con quien compartió afanes y luchas en pro del Estatuto Autonómico de Galicia y de la dignificación de la lengua y la cultura gallegas, aprobado un mes antes del golpe de estado de Francisco Franco, cuerpo legal que no se hizo efectivo por la guerra incivil y la feroz dictadura que le siguió durante treinta y ocho años.

En 1934, cuando con ocasión del bienio negro fueron desterrados —el 23 de noviembre— Alfonso Castelao a Badajoz y Alexandre Bóveda a Cádiz, Paz Andrade asumió —con muchas reticencias— la Secretaría Política del Partido Galeguista. ​Eran tiempos difíciles por esa Causa que habían abrazado los más ilustres exponentes de la intelectualidad y de las artes en la patria (matria) de Rosalía.

Castelao pide a Paz Andrade que asuma la dirección ejecutiva del partido, y éste le responde, en carta a Castelao del 3 de diciembre de 1934:

“Ti sabes ben que eu non podo nin quixen endexamais furtarme a ningún esforzo pol-a Causa. Menos podería facel-o si ti es quen o recrama, en un intre como o de agora. Mais compre enfocar as cousas abxetivamente, pola cara da eficacia. E xusgo que nin ao Partido lle convén o que propós, nin eu me atopo en situación de encarar esa responsabilidade.”

“Tú sabes bien que yo no puedo ni quise jamás evadirme a ningún esfuerzo por la Causa. Menos podría hacerlo si eres tú quien lo reclama, y en un momento como el actual. Pero es conveniente enfocar las cosas objetivamente, en pro de la eficacia. Y juzgo que ni al Partido le conviene lo que propones, ni yo me encuentro en situación de encarar esa responsabilidad.”

Durante el período reaccionario llamado "Bienio Negro", todas las medidas que habían sido tomadas contra el poder de la Iglesia y los propietarios de bienes raíces, para liberar a los campesinos, pequeños agricultores, artesanos y comerciantes del yugo foral en manos de curas y caciques, fueron abolidas. La ley de reforma agraria fue desestimada en la mayor parte de las comarcas y regiones agrícolas. Las tierras ocupadas y en proceso de expropiación fueron evacuadas, de manera sangrienta, y restituidas a los antiguos propietarios. Como bien apunta un cronista de la época: “1934 fue el año de la gran ofensiva de los terratenientes, para bajar los salarios y despedir a los jornaleros sindicados. Su fórmula insolente fue: ¿Tenéis hambre? ¡Comeos la República!”.

A comienzos de octubre de 1934, los mineros asturianos iniciaron en Oviedo una huelga general y se atrincheraron en las minas. La reacción del gobierno de Lerroux no se hizo esperar; los corajudos trabajadores se defendieron con un arma letal, la dinamita. Francisco Franco, entonces un oficial casi anónimo, armó un poderoso contingente, encabezado por la Legión, cuerpo regular y sanguinario que combatía a los árabes insurrectos de las últimas posesiones imperiales españolas del África sahariana. Los mineros fueron atacados con artillería. Más de tres mil muertos, en su inmensa mayoría mineros, fue el resultado de la implacable represión. El “ensayo” de Franco iba a servirle, dos años más tarde, para iniciar la cruenta guerra represiva que dejó en España un millón de muertos. Quizá esa vil tradición de las fuerzas armadas hispanas en contra de su propio pueblo la heredaríamos nosotros los chilenos.

Desde muy temprano, a partir de los veinte años, Alfonso Castelao puso el talento magistral de su lápiz de dibujante al servicio de las inquietudes sociales, como arma diestra y oportuna contra el caciquismo, la curia opresora y los poderes económicos y financieros que esclavizaban al campesino, al pescador, al marinero y al obrero de Galicia; Galiza, como escribía él, recogiendo el más antiguo nombre da Terra Nai que consigna la tradición histórica en los documentos fundacionales de la patria gallega. Se sucederían sus trazos, grabados y cuadros, que iban a integrar los famosos álbumes; entre ellos, “Atila en Galiza”, cuyas desgarradoras imágenes se centran en los crímenes perpetrados por los mal llamados “nacionales” en contra del pueblo desarmado, en aldeas y ciudades.

Dentro de las seiscientas quince páginas de Castelao na Luz e na Sombra, se recoge una acertada selección de caricaturas insertas a lo largo de la narración de este notable ensayo biobibliográfico, publicado por Ediciós do Castro, en 1986, con motivo del centenario del nacimiento de Alfonso Castelao. Es un humor desnudo, a ratos lacerante, sin piedad ni tregua ante los sufrimientos de una “Patria asoballada”. Más elocuente que cualquier literatura, aunque Castelao también se convertirá en un fino y hondo narrador realista.

En Galiza no se pide nada. Se emigra. A nosa Terra non é nosa, rapaces.

Hablo aquí de reencuentro, porque en nuestra casa materna conocimos parte de la obra de este” grande entre los grandes” de Galicia, por boca de nuestro padre gallego, admirador encendido del hijo de Rianxo. Uno de sus libros de cabecera, que trajo desde Buenos Aires, era Sempre en Galiza, editado en la capital del Plata en 1944, bajo el sello de Edición As Burgas, durante el exilio del artista.

Un diario ideológico y testimonial que padre Cándido nos daba a conocer, a través de la impecable lectura de mamá Fresia, en las sobremesas de fin de semana. Castelao hace gala de un fino humor, a veces impregnado de befa y sarcasmo, como látigo que zahiere, al igual que la espada de su lápiz en los retratos y estampas populares.

Recuerdo hoy, en este reencuentro que me regala la cuarentena abominable, dando razón al dicho: “No hay mal que por bien no venga”, el párrafo de inicio del capítulo VI, página 168, que está marcado por un lápiz de grafito algo desvaído (lo traduzco desde el gallego original):

“En las Cortes Constituyentes dijo don Miguel de Unamuno que estábamos haciendo una Constitución de papel. Yo era uno de los diputados que más disfrutaban de oírlo hablar en los ‘pasillos’; pero aquel día dialogamos. Le conté una anécdota que voy a repetir ahora, pidiéndoos licencia para presentarla desnuda: -Estábamos en un mitin de propaganda, en las últimas elecciones, y un viejo patriarca se empeñó en hablar, y habló así: -‘Ahora vamos a hacer una Constitución que no va a ser como las otras, porque esta la vamos a escribir en papel de lija, para que nadie se pueda limpiar el culo con ella’… Don Miguel lanzó una estruendosa carcajada y después de meditar la idea del viejo petrucio, me hizo una proposición: -Esa es la voz auténtica del pueblo y usted debe repetirla ahí dentro...”.

Qué bien nos viene el consejo de la lija ahora que esperamos en Chile articular una nueva Constitución, después de estas dos pandemias: la del Covid19, made in China, y la peste politiquera, de cuño nacional, que venimos padeciendo hace treinta años.

Volvamos al extraordinario libro de Paz Andrade, a cuyos méritos de ensayista hay que agregar su sapiencia de lingüista y filólogo. Provisto de sólidos conocimientos y de un oído privilegiado para captar voces, matices y significados –en este caso, de la lengua gallega en la que está escrito este libro y la mayoría de los suyos-, nos regala algunas expresiones recogidas del ámbito popular, entendiendo que el idioma gallego posee su mayor fuerza significante en la oralidad, pues solo a partir de Cantares Gallegos (1863), de Rosalía de Castro, la lengua recupera la categoría literaria, perdida durante cuatro siglos de oscurantismo, gracias a los Reyes Católicos y luego al centralismo mesetario de la Corte madrileña.

Entre las que aquí espigo, está la palabra plebicidio, esto es “el asesinato del pueblo, de la plebe”, que Paz Andrade emplea para referirse a los luctuosos sucesos del 22 de abril de 1909 (año augural del Castelao artista y de la primera Exposición Regional Gallega, donde el rianxeiro obtuvo medalla de oro con un tríptico de certeros trazos), cuando la guardia civil reprimió violentamente una manifestación de labriegos “agraristas”[i] en el atrio de la iglesia monacal de Oseira, que protestaban por los continuos abusos de los clérigos en el manejo del sistema foral, institución de expolio económico heredada por la Iglesia Católica y algunos caciques aldeanos, desde la caída del feudalismo, que permitía rentar la tierra agrícola en condiciones de odiosa servidumbre para los campesinos. El resultado de este plebicidio fue de siete hombres asesinados y una veintena de heridos graves. Este hecho iba a repetirse, poco tiempo después, en las parroquias de Nebra, Sofrán y Sobredo… Las tragedias sociales y colectivas darían pábulo a la creatividad fogosa e incesante de Alfonso Castelao.

El habla popular de Galicia, con su inigualable prosodia, tan fructífera para la poesía y la canción popular nos ofrece hallazgos que solo el poeta –“el que ve donde otros no ven”- rescata para que despertemos ante su valor estético y patrimonial. Así, el autor nos narra el regreso del joven Castelao a su Rianxo natal: “Tampouco cambiara demais o vivir do povo. Seguía manténdose aínda das antergas fontes: a leira, a feira e a mareira…” (Tampoco había cambiado el modo de vida del pueblo. Seguían manteniéndose aún las antiguas fuentes de trabajo: la tierra de labranza, la feria y la faena del mar). La traducción al castellano es difícil, porque el gallego conserva esos conceptos sintetizados en una sola palabra, para los cuales la lengua de Cervantes no posee análogos, salvo ‘feria’, aunque en el sistema de relaciones parroquiales de Galicia la feria tiene un sentido de rito social y de encuentro de la paisanía que va mucho más allá de simples eventos económicos. Como sabemos, el padre de Alfonso R. Castelao, don Mariano Rodríguez, emigrante a la Argentina, con intermitencias temporales -como nos cuenta Paz Andrade-, se empeñó en que su hijo primogénito -que le acompañó durante su adolescencia en la inmensa pampa, colaborando en las faenas de aquella pulpería donde el hijo de Rianxo hizo sus primeras armas estéticas-, estudiase medicina en la Universidad de Santiago de Compostela. Daniel Alfonso aceptó la proposición y el reto, pero nunca ejercería la medicina, salvo en una de las tantas pestes que asolaron a Galicia en el primer tercio del siglo XX.

Su sentencia al respecto es otra muestra de humor gallego: “Me hice médico por amor a mi padre; nunca ejercí, por amor a la humanidad”.

Valentín Paz Andrade nos devela en este libro monumental, “entre luces y sombras”, la pertinacia del artista por entregar su vida y sus esfuerzos al arte que amaba por sobre todas las cosas. Asimismo, su vocación paralela: la actividad política, entendida como permanente servicio a los demás, desde un prisma de justicia social que jamás abandonaría. Junto a ello, su amor por Galiza, por su gente campesina y marinera, por su historia y su cultura, poniendo el acento en la recuperación de su lengua madre, vía irremplazable de afianzamiento de su identidad como nación.

Alfonso Castelao es uno de los iconos fundamentales de Galicia. Por desgracia, su legado no vive ni palpita hoy en la sociedad gallega ni en sus organizaciones políticas y sociales. Es el drama de muchas figuras esenciales consagradas por la Historia: permanecer como un patrimonio clasificado en la vitrina de los museos.

Valentín Paz Andrade, no obstante, lo rescata en este libro que disfruto en los albores del otoño austral, como un sueño que compensa la pesadilla de la pandemia.

Edmundo Moure
Cuarentena Covid19; marzo 2020
Santiago de Chile

[i] Los objetivos del agrarismo consistían fundamentalmente en la lucha contra el sistema foral y contra el caciquismo, además de promover la renovación técnica del agro.

Entrevistas a escritores argentinos

Se encuentra disponible de forma gratuita para ser leídas, impresas o incorporadas a bibliotecas virtuales, las ediciones electrónicas en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) el segundo tomo de Documentales. Entrevistas a escritores argentinos, de Rolando Revagliatti, que incluye un capítulo dedicado a Carlos Penelas, responsable de nuestro Taller Literario.


El volumen está conformado por la entrevistas realizadas a los escritores Alicia Grinbank, Michou Pourtalé, Alfredo Palacio, Rodolfo Alonso, Claudio Simiz, Lilia Lardone, Daniel Calmels, Marcela Armengod, Marion Berguenfeld, Irma Verolín, Paulina Juszko, Patricia Severín, Graciela Maturo, Liliana Ponce, Sonia Rabinovich, Valeria Iglesias, Marta Miranda, Carlos Barbarito, Jorge Brega, Dolores Etchecopar, Susana Rozas, Héctor Freire, Susana Romano Sued, Jorge Ariel Madrazo y Carlos Penelas.

Puede descargarse en Rolando Revagliatti | Documentales II - Entrevistas a escritores argentinos

Mochila llena de asombros

de Beatriz Olga Allocati
(Enigma Editores, Buenos Aires, 2019, 72 páginas)


Como prólogo (que la poeta prefiere titular «A modo de bienvenida») se transcribe una emotiva carta de Antoni Planells –argentino, PhD de universidad norteamericana, residente en Iowa –, fechada en enero de 1993 y dirigida a Hugo, hermano de la autora fallecido en 1976.

El poemario cuenta con dos partes: la primera se denomina «Personas/personajes» y la segunda «Etcétera». La escritora Zulma Esther Prina en la contratapa sostiene que: “La autora llega a través de la palabra, con sencillez y claridad, sin vueltas, con un lenguaje directo y fluido, tomando los temas que preocupan al mundo, en especial a los jóvenes…”

En esa primera parte se alude con naturalidad a chicos y chicas que van a la escuela, a payamédicos, realiza un homenaje a Beethoven y Schubert, cuyas tumbas se ubican en el Cementerio Central de Viena junto a los restos de Mozart y Glück, y a Anna Frank, víctima de la barbarie nazi . Todo el material es tratado en un tono ameno, pero de extrema ternura. Muy lograda la poesía «Los surfistas», que “Son gaviotas que van/ por los caprichos del agua, / explosión de energía,… “ .«De casos y cosas del barrio» es una inspirada oda a la zona de Constitución y el actual sufrimiento de los vecinos por las carencias de todo tipo que están padeciendo: “Son las misma calles del mismo barrio del sur/el de los que inmigraron hace más de un siglo…/Pero hoy con los rincones del trueque/ y el hombre que vive en la calle...”

En la segunda parte, «Etcétera», abunda una respiración aforística, en cuyo primer poema debuta con la pregunta: “¿Qué se esconde/ tras un etcétera?”, y seguidamente en «Breve guión para Stand Up» enumera los errores y equivocaciones de una mujer “Hasta que llaman a la puerta: / es esa amiga de nombre Soledad.” «Paradojas» tiene un aire burlón sobre el absurdo, para lo cual emplea un vocabulario acorde, por ejemplo: patafísica, aporías, jitanjáforas, jerigonza, jonjoleos y Bazinga! (exclamación del personaje Sheldon Cooper en la serie The Big Bang Theory). El mismo humor se desprende en «Cuestión de números», en donde recurre a un simplísimo ejercicio matemático sobre nuestros múltiples antecesores para afirmar finalmente “que nos, los humanos,) (…) somos todos parientes”.

Tal vez este libro pueda resumirse como un canto vital (“Para celebrar la vida/ a pesar de todo. / Ni más ni menos.”, afirma en «Carpe Diem»). Otro punto alto es «Infinito», el cual habla de nuestra partida de este mundo y del arribo a destino “Para convertirnos, inefables, / en ese roce de la eternidad.”

Beatriz Olga Allocati, escritora y poeta, es miembro de la Asociación de Poetas Argentinos, socia vitalicia de SADE, colabora con la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil y Consejera del Museo Histórico de La Boca, ejerce la docencia privada de idiomas y es editorialista del Café Literario de APOA. Ha publicado numerosos poemarios y biografías de varios de sus familiares.

Germán Cáceres

Recordamos a Norberto La Porta

En un nuevo aniversario de su fallecimiento, recordamos a Norberto La Porta, político ejemplar, bregó hasta sus últimos días por una sociedad mejor, respondió siempre a la cultura porteña y fue eje y mentor de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.


Seguimos en casa

De acuerdo al anuncio del Gobierno nacional respecto a la extensión del período de aislamiento social obligatorio, nuestra Biblioteca permanecerá cerrada al menos hasta después de Semana Santa.


Anoche el Presidente de la Nación Alberto Fernández anunció la extensión de la cuarentena obligatoria hasta el 12 de abril, en el marco de las medidas preventivas respecto de la pandemia por el Coronavirus Covid-19.

De acuerdo a las medidas tomadas, la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte continuará cerrada al público hasta al menos esa fecha, siguiendo atentamente las resoluciones oficiales para evitar la propagación del virus.

Mientras, los invitamos a visitar nuestra página, donde continuaremos con las publicaciones de crítica literaria y artículos relacionados con el mundo de la cultura en general. Además, pueden seguirnos en nuestras redes sociales.

Rosalía de Castro, por Aitana Sánchez Gijón

«Dicen que no hablan las plantas...», de Rosalía de Castro por Aitana Sánchez-Gijón.




«Amamos la poesía», proyecto de la Real Academia Española y Condé Nast España y Latinoamérica destinado a difundir la poesía española e hispanoamericana a través de las redes sociales. Esta iniciativa pretende servir de estímulo para que otras muchas personas se animen a utilizar las redes sociales y colgar sus propios vídeos, con sus poemas o fragmentos de poemas preferidos. Para ello se ha creado la etiqueta #amamoslapoesía, bajo la cual todos están invitados a participar, con la convicción de que la poesía es una de las expresiones artísticas que mejor se puede adaptar a los nuevos formatos ofrecidos por las redes sociales, gracias a la fuerza de la palabra y a su capacidad para expresar emociones universales.

«Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros», de Rosalía de Castro por Aitana Sánchez-Gijón. Dirección: Montserrat Iglesias.

Iremos publicando estos videos el último lunes de cada mes.

Catedrales

de Claudia Piñeiro
(Alfaguara, Buenos Aires, 2020, 336 páginas)


Desde un principio se crea un clima poético y evocativo, consecuencia de una escritura brillante en la que se destacan los símiles extensos y colmados de imágenes. Se está ante una novela de personajes, cuya piscología y comportamiento se va revelando a medida que algunos de ellos comentan las vicisitudes de la familia Sardá: las hermanas Lía y Carmen, su padre Alfredo, el ex seminarista Julián –que se casó con Carmen–, Elmer (un criminalista), Mateo –hijo de Carmen y Julián–, Marcela, una amiga de Ana Sardá, la otra hermana que se encontró en un baldío muerta, descuartizada y calcinada, suceso que se constituye en el eje narrativo. Catedrales puede conectarse con la obra de Henry James, cuya técnica del punto de vista permitía captar la psicología de los protagonistas desde su interioridad.

También es una crítica de la institución familiar, a la que varios personajes consideran hipócrita por ocultar los odios, rivalidades e intrigas que sus integrantes entretejen. Mateo a su vez confiesa que el matrimonio de sus padres Carmen y Julián –fervientes católicos– es un fracaso absoluto. También es un cuestionamiento a las religiones (Lía afirma varias veces “No creo en Dios”). Del mismo modo se van deslizando las convicciones de Piñeiro relacionadas con su apoyo al feminismo y a la despenalización del aborto.

Un capítulo muy interesante es el de Marcela, que narra lo que retiene de su amistad con Ana, pese a que desde ese trágico episodio ocurrido hace treinta años padece de memoria anterógrada, como el protagonista de Memento (2000), el filme de Christopher Nolan que la misma novela cita: recuerda el pasado lejano pero no los hechos recientes que está viviendo.

La intriga atrapa al lector que anhela saber cómo murió Ana, ya que aparentemente fue antes de ser descuartizada y calcinada. Y si alguien la mató, ¿quién fue? De esta forma la narración también desarrolla una trama al estilo whodunit. Pero este giro no oculta las debilidades humanas y la novela describe los tormentos interiores y sentimientos de culpa de la familia Sardá y de Julián por esta desgracia que asoló sus vidas, dado que miembros de este grupo familiar cometieron actos aberrantes e inescrupulosos.

Se debe valorar la investigación que realizó la autora para hacer convincente el comportamiento de Elmer, el criminalista, cuya disciplina estudia “un caso concreto: debe analizar las escena del crimen, recolectar las pruebas (…) que ayuden a determinar (…) quién mató y por qué”. En cambio “el criminólogo estudia por qué se comenten determinados crímenes en una sociedad…” Asimismo, Piñeiro demuestra versación sobre el cristianismo y la historia de la Iglesia Católica.

Claudia Piñeiro (Burzaco, 1960) es escritora, dramaturga, guionista de televisión y ha recibido prestigiosos premios: Clarín de Novela 2005 por Las viudas de los jueves; LiBeraturpreis 2010 por Elena sabe; Sor Juana Inés de la Cruz 2010 por Las grietas de Jara; Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra y Rosalía de Castro del PEN (Club de Poetas, Ensayistas y Narradores de Galicia). Es muy traducida a otros idiomas y varios de sus títulos fueron llevados al cine: Las viudas de los jueves, Tuya, Betibú y Las grietas de Jara.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo socio puede retirarlo para su lectura.

Nunca Más

Hoy, desde casa, reafirmamos el pedido de memoria, verdad y justicia de cada 24 de marzo.


Diseño: Maxi Bearzi

Hallado el misterioso poblado musulmán que sólo se conocía por el Cantar de Mío Cid

Las excavaciones en el yacimiento de La Mora Encantada afloran los restos de un poblado musulmán donde pudo tener lugar la batalla de Alcocer


Las excavaciones realizadas por la Diputación de Zaragoza en el yacimiento de La Mora Encantada, en la localidad de Ateca, han permitido descubrir nuevos restos del poblado islámico del siglo XI en el que el Cantar de Mío Cid situó la conquista y la posterior batalla de Alcocer.

Los últimos hallazgos siguen consolidando la tesis de que ese enclave del que sólo se tenía constancia en el famoso poema épico medieval existió en realidad y estaba junto a la vega del río Jalón, dentro de lo que hoy es el término municipal de esta localidad zaragozana.

El historiador Francisco Martínez ha señalado que "las excavaciones han permitido resolver una incógnita que ha durado varias décadas: Alcocer existió y está en Ateca".

Añade que "otra cosa es que la batalla y el resto de acontecimientos narrados en el Cantar de Mío Cid sean ciertos o no, pero la confirmación de que Alcocer está en el paraje de La Mora Encantada abre la puerta a la posibilidad de que El Campeador, una vez desterrado en el año 1081, siguiese la ruta del Jalón para llegar a Barcelona y buscar cobijo en la corte de los condes Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II".

Una vez descubierto el Alcocer cidiano, ahora se intenta averiguar qué sucedió realmente allí. "La importancia y el sentido de las excavaciones reside en saber si Alcocer fue un lugar conquistado por Rodrigo Díaz de Vivar, lo que aportaría veracidad a la batalla narrada en el cantar que loa sus hazañas", explica Martínez.

Detalla que los últimos trabajos realizados en el yacimiento "vuelven a reforzar la idea del abandono definitivo del asentamiento tras su destrucción y quema a finales del siglo XI".

Esta última conclusión se extrae del registro arqueológico obtenido a lo largo de las cuatro campañas desarrolladas en los últimos años y refuerza la hipótesis de que El Cid pudo estar realmente en Alcocer. Además, los restos cerámicos que han ido apareciendo son taifales del siglo XI, lo que coincidiría con el posible paso del guerrero castellano por estas tierras en el año 1081.

Últimos hallazgos
Los nuevos hallazgos están relacionados con la cerámica para uso en cocina y mesa (ollas, cazuelas...), mientras que estructuralmente sólo se han podido documentar dos muros muy deteriorados.

"Una vez analizados los restos aparecidos, se nos vuelve a presentar un registro muy compacto centrado hacia finales del siglo XI", detalla Martínez, quien además subraya "el gran paralelismo" de esos nuevos hallazgos con la cerámica andalusí encontrada en anteriores intervenciones dentro del casco antiguo de Calatayud.

El conjunto de los restos aparecidos a lo largo de las cuatro campañas de excavaciones realizadas hasta ahora por la Diputación de Zaragoza refuerza la idea de que Alcocer ocupaba toda la parte oeste del enclave.

Según Martínez, "formaría el típico asentamiento musulmán en lo alto de un cerro dominante, soleado, de fácil defensa, quizá con alguna dependencia tipo posada desde donde se estaría en contacto con otros enclaves mediante señales luminosas o de humo para advertir de posibles contratiempos en el camino".

Diario El Mundo de España

Tokio año cero

de David Peace
(Mondadori-Roja y Negra, Buenos Aires, 2013, 480 páginas)


David Peace (1967, Yorkshire, Inglaterra, Reino Unido) es un escritor considerado por la revista Granta como uno de “los veinte mejores autores británicos” de la actualidad. Su novela GB84 (2004) obtuvo el prestigioso James Tait Black Memorial Prize. En 2006 se publicó The Damned United, que The Times calificó como “probablemente el mejor libro escrito sobre el deporte”. También abordó los crímenes del Destripador de Yorkshire en la tetralogía Red Riding (2000).

Sin embargo, fue poco editado en la Argentina. Por ello es necesario volver sobre Tokio año cero, que es la primera parte de una trilogía de tres (la segunda llamada Ciudad ocupada apareció en España en 2014), y está narrada en la primera persona del detective japonés Minami, cuyos pensamientos aparecen en letra cursiva. Tiene lugar en Tokio, un año después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y cuenta con un prólogo fechado el mismo día en que el emperador Hirohito anunció a su pueblo la rendición de Japón (15/8/1945). Estos monólogos del protagonista –colmados de onomatopeyas y monosílabos reiterativos–, unidos a nerviosas frases cortas funcionales al ritmo agitado de la trama, dan cuenta del hambre y la suciedad que asolaron a la ciudad (“Pero los ríos y las calles de Tokio siguen apestando a meados y a mierda, a cólera y a tifus, a enfermedad y muerte, a muerte y pérdida.”)

Un verdadero acierto es la traducción de Javier Calvo Perales, que tuvo que lidiar con un extenso y variado vocabulario –incluso con palabras japonesas–, y que inserta un extenso glosario al final del libro, de gran ayuda para su lectura.

Se nota que David Peace posee un gran conocimiento de la cultura y de las costumbres japonesas. El autor en los «Agradecimientos» manifiesta que “En los trece afortunados años que he vivido en Tokio muchísima gente me ha ayudado y ha contribuido a este libro de muchísimas maneras, en especial mi familia: Izumi, George, Emi, Shigeko y Daisuke”.

El núcleo narrativo trata sobre el caso real de Yoshio Kodaira –un violador y asesino serial de mujeres (fue ejecutado el 5 de octubre de 1949) –, y a la vez denuncia la pavorosa corrupción policial. El espanto de postguerra se acrecienta cuando las pandillas japoneses deben enfrentarse con las chinas, formosanas y coreanas para controlar el mercado negro. Además, abundan los maníacos sexuales y los violadores necrófilos. La novela entreteje una trama compleja, que se acentúa por los numerosos personajes secundarios y el carácter experimental de la escritura.

Paulatinamente se gesta un intenso suspenso ante la esperada revelación del pasado tortuoso del detective Minami.

Sin duda es una novela policial, pero con características sociológicos e históricas. Y tiene por su forma y estructura el propósito de renovar el género noir. Hay definiciones de la detección alejadas de la clásica de Sherlock Holmes; por ejemplo: “La investigación es trabajo de campo”, “El buen detective visita cien veces la escena del crimen…”,”El detective sabe que en el caos hay un orden…” y que “en el caos hay respuestas…”, “el buen detective sabe que nada es casual”.

Un párrafo demoledor muestra la miseria aterradora del Tokio de esos años: “Hay piernas cortadas y cabezas cortadas, el tronco de una mujer con los intestinos fuera, las gafas de un niño soldadas a su cara…”

Ariadna Castellarnau en Radar del 3.11.13 declara que “Peace comparte con Kurosawa la visión del mundo como un espació inhóspito y violento, en el que todos los hombres son culpables y en que la mentira se hace un hueco como método de supervivencia.”

Germán Cáceres