"Vivamos", por Rocío Danussi

Presentamos un relato escrito y leído por Rocío Danussi.

Diario de un hijo

de Tute
(Sudamericana, Buenos Aires, 2019, 168 páginas)


Se sabe que Juan Matías Loiseau (1974), conocido artísticamente como Tute, no necesita ser citado como hijo del gran Caloi (Carlos Loiseau, 1948-2012), creador de Clemente, sino que hace años que ha adquirido vuelo propio. Desde 1999 colabora los domingos en el diario La Nación y ha publicado numerosos libros en el país y en el exterior. También es músico y dirigió cortometrajes de animación. En 2012 recibió el Premio Konex y en 2018 presentó el proyecto audiovisual de videoclips Canciones dibujadas, con títulos de su autoría, intérpretes prestigiosos e ilustradores reconocidos. En 2014 Quino opinó sobre él en el prólogo de su primera novela gráfica Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más: “Lo digo así, de sopetón: Tute es para mí, sin duda alguna, el mejor dibujante de humor gráfico argentino surgido en los últimos años.”

La que se comenta aquí es una catarsis de Tute para superar el duelo por la muerte de su padre, a quien reconoce que idealizó: en una página lo representa como un gigantesco Superman. En un reportaje que le realizó el 23/7/2019 Sergio Sánchez para Página/12 sostuvo: “Pero creo que el duelo es el aprendizaje de una cosa muy importante: convivir con esa ausencia”.

Tute presenta un estilo de dibujo que impera en el humor gráfico de esta época: sintético al máximo, apenas unas líneas que sugieren personajes y ambientes. Es como si la imagen fuera tributaria de los diálogos ocurrentes y agudos del libro. El blanco de la página opera como un signo opresivo que anuncia que algo malo pasará, en este caso la muerte de Caloi.

En resumen, el Diario de un hijo es una suerte de autobiografía del autor, desde su nacimiento hasta el fallecimiento de su padre. Esta narración es nostálgica y desborda poesía: su emotiva impronta impacta en la sensibilidad del lector.

Así se narra el diálogo que sostiene él con su inconsciente, que por momentos vuelan juntos como si fueran pájaros y observaran la ciudad desde el aire.

Tute diseña una suerte de filigrana con ambas aves sobrevolando con un fondo blanco que opera como un foco cegador. Con frecuencia no usa viñetas, las que debe imaginar el lector porque los personajes se desplazan por la ciudad.

Un aura onírica sobrevuela en las consultas con la analista y sus conversaciones con el inconsciente. Es evidente que en la vida personal de Tute tienen mucha importancia sus sesiones de terapia y no deja de protestar por esa dependencia en el libro (hasta le da una patada a un psicólogo).

Por tramos los textos son los verdaderos protagonistas y parecería que la simplificación tiene por finalidad que se luzcan las frases y los diálogos inteligentes. Como si Tute hubiese seguido el consejo que le dio Sendra: “Dale a los juegos de palabras”.

Surgen afirmaciones contundentes: “(…) uno siempre llora por las mismas dos o tres cosas”. / “¡La verdad no existe! (…) ¡Indagar es el único sentido de la vida!”. O diálogos memorables como el siguiente:

Tute: Llega un momento en el que pasa todo.

Inconsciente: ¿Para qué tan rápido?

Tute: El tiempo no sabe de burocracia…Los días se agolpan…El tiempo es como el amor…

Inconsciente: ¿Profundo?

Tute: Pasajero.

Hay numerosos cuadritos en silencio que otorgan un clima a esta novela gráfica. No pocas veces se engarzan entre ellos y en ocasiones dan lugar a una admirable figuración abstracta. También hay viñetas de página entera repletas de múltiples líneas y colores propios de cuadros de pintura experimental cercana al absurdo; un desarrollo delirante que parece pertenecer al universo de las pesadillas. Así, después de la muerte de su padre (8/5/2012), el personaje que representa a Tute desciende a las tinieblas del Leteo, en un alarde gráfico de gran virtuosismo y extrema belleza. Un gran final, como merecía este libro maravilloso.

Gerrmán Cáceres

Lugares favoritos de la literatura: las bibliotecas del mundo

Un recorrido por las bibliotecas más espectaculares del mundo, pasando por China, Irlanda, Estados Unidos y Portugal.


La Biblioteca Tianjin Binhai, cerca de Pekín, podría no necesitar libros para transportar a sus visitantes a otros mundos. Las formas inusuales y las estanterías en forma de terrazas solo ya son una obra de arte futurista: junto con los más de 1,2 millones de libros que podría albergar, esta biblioteca es absolutamente excepcional.


Dublín: el conocimiento recogido del reino
Con numerosas revistas y manuscritos históricos, así como más de 4,5 millones de libros, la Biblioteca del Trinity College es la más grande de Irlanda y crece cada día. Como biblioteca de derechos de autor, desde 1800 tiene el derecho a un depósito de copia de todos los libros impresos en el Reino Unido e Irlanda. Si estás de visita en Dublín, definitivamente debes ir a ver la Sala Larga, construida en 1732, y aprender más sobre la historia de Irlanda.


New Haven: donde el mármol previene el deterioro
En el campus de la Universidad de Yale, entre Boston y Nueva York, Beinecke Rare Book and Manuscript Library es el lugar para libros especiales. Para proteger las delicadas copias de libros antiguos y raros que dañan la luz solar directa, el exterior de la biblioteca está hecho de mármol Vermont Danby translúcido. El resultado: luz indirecta y las mejores condiciones para el guardado, por ejemplo, una Biblia de Gutenberg.


Oporto: inspiración art nouveau
Si J. K. Rowling realmente se inspiró en la Livraria Lello para sus novelas de Harry Potter sigue siendo su secreto. Una cosa es cierta, la autora era cliente habitual en el número 144 de la Rua das Carmelitas. Como tantos visitantes ahora desean ver esta hermosa librería en Oporto, hoy los propietarios cobran la entrada, pero esto se reembolsa si compra un libro.

Fuente: Lufthansa


Ensayo. El arte le responde a la pandemia

A través de los siglos, la creación humana permitió superar y dar sentido a crisis sanitarias similares a la que hoy genera el Covid-19.


La gran angustia derriba el puente de los sueños y amenaza con seguir destruyendo las sonrisas. La pobreza y el desamparo en aumento son una consecuencia desgraciada del monstruo pandémico. Como la aparición de nuevos brotes de racismo estructural o la infamia de quienes aprovechan la conmoción para satisfacer su ambición.

El desafío de la reconstrucción supondrá algo cercano a una respuesta creadora que apele a las fuerzas integradas de lo político y lo económico. En este páramo, la reacción artística ante la epidemia del pasado y del presente, puede animar a la mente a introducir lo nuevo ante la desolación, o a convertir el horror y el sufrimiento en alguna forma de sublimación por una respuesta artística creadora.

En la Edad Media la peste negra asoló Europa. La enfermedad estallaba en los cuerpos con fiebre alta, tos y esputos sanguinolentos, sangrado por la nariz y los orificios, manchas en la piel, y bubones negros en ingles, cuellos, axilas, brazos. Boccaccio, el gran escritor florentino, recuerda que en 1348, año de la peste, "no valía ninguna previsión ni providencia humana. limpiar la ciudad. prohibir que ningún enfermo entrara en la población. dar muchos consejos para conservar la salud. hacer actos píos invocando a Dios, procesiones ordenadas y otras maneras.". Pero ese mismo Boccaccio trasmutó el horror en respuesta creadora a través de su Decamerón (1353). Sublimación por lo literario mediante más de cien historias que oscilan entre lo erótico y lo trágico, entre humor y lecciones de vida que se integran en una narración principal. Dicha narración ordenadora es dada por la peste negra que al golpear a Florencia provoca que diez jóvenes (siete mujeres y tres hombres) huyan de la plaga, para buscar refugio en una villa en las afueras de la ciudad del río Arno y el ponte Vecchio, en las laderas de Fiesole.

En la primera jornada del Decamerón, entre la explicación de cómo se encontraron los personajes narradores de las historias, fluye una descripción de la peste que sustenta la ficción del humanista italiano.

La peste derriba a los individuos, antes sanos, para acomodarlos en piras calientes. Por las casas ensombrecidas por la epidemia, los llamados médicos de la peste atraviesan las sombras con sus sombreros y máscaras con narices ganchudas que llevaban sustancias aromáticas en su interior para compensar los olores pestíferos. Y mientras duraba esa rutina trágica, en la obra de Boccaccio los jóvenes cuentan historias, son vehículos de la inventiva del escritor para convertir el aliento de la muerte en acto creador.

Y la música y el canto también acuden como formas de respuestas sublimadoras de la desdicha. Luego de cada uno de los diez días de confinamiento, terminan con una canción en la que sobresale la voz de las tres mujeres, acompañada en general por una danza. La música en función de consuelo, pero también de curación, y casi de protección ante la marea negra de la peste que avanzaba. Protección por la respuesta musical ante el avance de las enfermedades poderosas, como la blusera Memphis Minnie que canta el "Meningitis Blues" (1930), en el que, pedagógicamente, difunde detalles sobre ese estrago; o "Influenza" (1939) de Ace Johnson, canción creada ante la pandemia de gripe que aceleró la muerte de cincuenta millones de personas entre 1918 y 1919.

De nuevo al apelar a la respuesta creadora literaria, el Diario del año de la peste de Daniel Defoe fue publicado por primera vez en marzo de 1722. El escritor inglés convierte en narración testimonial el sufrimiento de la gran plaga de Londres, de 1665. Y, en el siglo XX, Camus también convirtió lo trágico pestífero en narración artística. En su obra La peste (1947), se inspira en una epidemia de cólera en Orán, del año 1849.

El ritmo novelesco sigue a un doctor en la ciudad argelina flagelada por una epidemia. El signo anunciador del sol oscuro eran miles de ratas muertas en las calles. El descalabro epidémico hace emerger entre líneas la convicción de que el ser humano no controla nada, en contra de lo que cree, y que lo irracional barre con la arrogante razón, o con la creencia de un dios protector. La voluntad humana del control o la espera de una ayuda divina se desploman en el absurdo. Pero, en ese caso, la literatura, desde su evocación artística de la peste, señala una respuesta posible: la de los seres humanos unidos por la creación de la colaboración mutua, por el fervor compasivo, como el mejor camino para responder a la agresión de la enfermedad.

La ayuda mutua es justamente una forma de creación social de lo antes ausente, es posible potenciación del poder humano pero sin nunca olvidar, como el arte narrativo de Camus escribe al final de la novela, que la peste, y su amenaza, "no muere ni desaparece jamás".

El descubrimiento de los bacilos que provocaban la peste bubónica, como fue la antes referida peste negra medieval, dio lugar a Peste & Cólera, del escritor Patrick Deville, que usó el arte de la palabra escrita para animar la aventura del médico y científico Alexandre Yersin que, junto al bacteriólogo Kitasato Shibasaburo, encontraron y dominaron aquellos bacilos letales.

Los pintores también responden con pinceles creadores a la peste y su dardo mortífero. Tiziano murió en Venecia durante una peste que castigó a la ciudad de los canales. Mucho después, el pintor francés Alexandre Jean-Baptiste Hesse transformó la muerte del artista veneciano en el cuadro Homenaje fúnebre a Tiziano, muerto en Venecia durante la peste de 1576, hoy en el Museo del Louvre. Goya, por su parte, después de una enfermedad, en 1797, quedó sordo. Antes de esto, se había concentrado en retratos y cuadros decorativos destinados a la nobleza. Luego devino crítico, como en sus famosos Caprichos y su sátira de la sociedad española de entonces. Pero su talento también se manifestó en el Corral de apestados, que expresa con arte doloroso la soledad y agonía de los enfermos de los hospitales durante una epidemia.

Y hoy la creación artística debe adecuarse a los tiempos de la virtualidad obligada. Para el mes de junio, por ejemplo, se propone We are One, un festival de cine global transmitido por Youtube, en el que confluyen también 21 festivales del mundo como los de Cannes, Berlín, Venecia, Sundance, Toronto, San Sebastián, o el BFI Londres. Pero la respuesta creadora ante la peste global será más nítida en el futuro. ¿Qué nuevas obras de arte creará el cine para trasmutar algo de lo trágico vivido en nuevo lenguaje visual y testimonial?

Alex Schaefer un pintor antisistema hoy reconocido internacionalmente, empezó retratando edificios de todo tipo incendiados y luego, en medio de las crisis económicas y el enojo ante los financistas y las ilusiones económicas, terminó pintando bancos ardiendo. Una forma de respuesta creadora sublimadora de una angustia epocal determinada. ¿Cómo reaccionarán los pinceles creadores a la distopía pandémica? ¿Qué arte pictórico surgirá de la entraña de la muerte multiplicada?

Por lo pronto, algunos escritores ya responden al descalabro sanitario con nuevas versiones de diarios como el Diario de Mardoqueo Navarro de la fiebre amarilla en el Buenos Aires de 1871 . Hoy, un nuevo Diario de la peste es escrito por el portugués Gonçalo M. Tavares, en tiempo real, en el periódico Expresso de Lisboa y en una página web.

Frente al confinamiento, la semi-inmovilidad, y su angustia y sufrimiento, la oportunidad u obligación de las respuestas creativas no son solo artísticas, sino también personales y colectivas. En lo personal, los que puedan deberán reinventarse, en una forzada nueva autocreación. Desde lo colectivo, los Estados deberán encabezar desafíos de políticas públicas compelidas también a dar respuestas creativas ante lo inédito del drama.

Pero hay un límite para la respuesta creadora y las reinvenciones de personas y tramas colectivas. El filo del virus cercena vidas. Muertes aceleradas, y el escenario del teatro de la vida que se destruye para muchos, sin poder representar sus sueños, proyectos, derechos y deseo de más justicia. Como las aves que caen y mueren entre vientos de tornado, las vidas concluidas antes de tiempo no podrán crear o recrearse. Esa posibilidad está entre los vivos obligados a sobrevivir y continuar.

Por Esteban Ierardo
Filósofo, docente, escritor, recientemente ha publicado La sociedad de la excitación. Del hiperconsumo al arte y la serenidad (Continente)
Diario La Nación, 27 de junio de 2020

Malvados

de John Connolly
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2015, 392 páginas)


El prólogo comienza con una ambientación extraña, onírica, poblada por muertos y fantasmas que habitan principalmente en el bosque de Santuario, un isla ficticia: es la marca literaria de John Connolly (Dublin, 1968). Aunque se desarrolla en la época actual, sobre Santuario se afirma que: “Dormía como puede dormir alguien que ha padecido mucho, con un sueño que es a la vez huida y reparación”. La lectura de su prosa precisa y trabajada hace pensar que algo siniestro mezclado con hechos sobrenaturales va a ocurrir. Por ejemplo, aparecen con frecuencia misteriosas mariposas nocturnas que van creando un clima alucinatorio, que replica, en cierto modo, los sueños y recuerdos perdidos en la memoria de los torturados personajes, incluso en la del querible y melancólico jefe de policía Joe Dupree. O sea que se van a repetir crímenes y barbaries como las ocurridas hace cincuenta años, aunque las evocaciones de sucesos truculentos llegan hasta el siglo XVII. Curiosamente aquí no aparece su héroe favorito, el detective Charlie Parker (sí, se llama igual que el gran músico de jazz), protagonista de unas veinte de sus novelas.

Connolly acostumbra residir gran parte del año en Estados Unidos, en donde transcurren la mayoría de sus historias. Estudió filología inglesa en el Trinity College de Dublin y se licenció en periodismo en la Dublin City University. Trabajó como freelance varios años en The Irish Times. Es un escritor muy reconocido por los críticos y cuenta con numerosos y devotos lectores. En el año 2000 obtuvo el premio Shamus a la mejor primera novela detectivesca por Todo lo que muere.

El autor demuestra estar muy informado sobre las costumbres actuales así como de los términos y el vocabulario utilizados. Inunda la narración con múltiples datos en sus notables descripciones. Además, prueba tener una vasta cultura y desarrolla bellas imágenes: “…se quedó dormida oyendo el ruido de un barco en la bahía, un barco cuya sirena resonaba como el grito de una criatura marina perdida en la oscuridad, y que solo quisiera volver a la seguridad de los de su especie.” La traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona es impecable.

Malvados es un título adecuado porque a los delincuentes de la novela no les basta con matar sino que lo realizan con crueldad: sus crímenes son horripilantes y macabros. La enorme cantidad de personajes (a los que indaga en su psicología) y de puntos de vista logran que al lector se pregunte cómo se pueden vincular sucesos aparentemente tan alejados entre sí. Un recurso muy empleado en las series televisivas de detectives.

Si bien se está ante una novela policial, el género de terror termina por invadirla sin que el texto pierda unidad. Es un libro excelente y original; además resulta apasionante su incursión de acontecimientos sobrehumanos en la vida cotidiana.

Germán Cáceres

Llegó Planeta

Grandes títulos y autores se suman a nuestro catálogo tras la llegada de los libros de Editorial Planeta y sus sellos: Padura, Mankell, Márkaris, Murakami, Sciascia, Guillermo Martínez, Wilbur Smith, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas y otros, próximamente en nuestro catálogo.





Lope de Vega por Marta Poveda

«Desmayarse, atreverse, estar furioso», de Lope de Vega por Marta Poveda

 

Donación de Carlos Pensa

Agradecemos a Carlos Pensa, que nos ha donado su Enciclopedia radial. Pronto estará disponible en nuestro catálogo.


Más libros

Seguimos en cuarentena extendida, y la Biblioteca continúa cerrada. No obstante, llegan los libros comprados en el programa "Libro%" de la Conabip. Esta semana la cerramos con los libros de Penguin Random House Mondadori, incluyendo las clases de literatura inglesa de Jorge Luis Borges y best sellers como Florencia Bonelli y Eduardo Sacheri, entre otros. Pronto en nuestro catálogo.







Leopoldo Marechal y el destino de la Argentina

En homenaje al poeta y maestro Leopoldo Marechal (11 de junio de 1900 - 26 de junio de 1970), a 120 años de su nacimiento y 50 años de su muerte, compartimos un artículo que nos ha hecho llegar la Dra. Graciela Maturo.



Marechal debe ser incluido entre los pensadores nacionales que con mayor profundidad se preocuparon por el destino de su patria. La preocupación por la Argentina recorre todos sus libros, y se hace más explícita en la década del 30, mientras surgían entre nosotros varias obras dedicadas al tema de la identidad nacional: Historia de una pasión argentina de Eduardo Mallea, El hombre que está solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz, Radiografía de la Pampa de Ezequiel Martínez Estrada.

El clima mundial de la primera posguerra había sido propicio para incentivar en Europa la preocupación filosófica y política por las identidades de los pueblos. Justo es reconocer que esa atmósfera, precursora del fascismo y el nacional-socialismo, se diferencia profundamente de lo que podríamos llamar el nacionalismo americano del mexicano Samuel Ramos, el peruano José Carlos Mariátegui o el venezolano Rómulo Gallegos. Marechal no profesa ni el nacionalismo agresivo de los movimientos europeos ni totalmente el americanismo telúrico de los ensayistas y novelistas americanos que acabo de nombrar. El suyo es, como intento exponerlo, el sentir de un poeta y filósofo cristiano que habla de su patria como “pueblo de Dios”.

El clima argentino de los años 20 y 30 era fecundado por las conferencias de Ortega y Gasset, la visita del Conde de Keyserling, el influjo creciente de la fenomenología cultural, que se proyecta en las obras de Carlos Astrada, Saúl Taborda y Alberto Rougés. La preocupación nacional de Marechal tiene fuentes espirituales y religiosas. Se inspira en la noción bíblica de pueblo de Dios, concibe al hombre como un ser comunitario, integrante de un pueblo histórico con un destino común. Deberemos aceptar que, como hombre de su tiempo, adhirió al movimiento político que dividió desde 1944 a los argentinos y que se llamó justicialismo, por parecerle el más próximo a su ideario popular, y no populista. (Su Apólogo chino como alguna otra página suelta hace críticas a funcionarios peronistas, que lo enfrentaron en la práctica, e incluso lo degradaron de su cargo de Director de Cultura a director de la Escuela de Danzas. No es éste un punto que vayamos a discutir ahora, ni sería oportuno hacerlo; solo diré que nunca fue un fanático, y que su adhesión es fundamentalmente doctrinaria.)

Podemos repasar la preocupación por la Argentina a lo largo de sus obras. En la poesía, la vemos asomar en los primeros libros, pero más claramente en el tercero, por ejemplo en el Poema de la Patria Niña, de Odas para el hombre y la mujer (1929). Imagina a la patria como una adolescente, frágil, expuesta a todos los peligros, y manifiesta una permanente preocupación por el porvenir. Avizora que llegará el momento de “calzarla de metales”, y de afrontar lo abismal de los tiempos.

Entre las obras poéticas que le siguen, la más ligada a la identidad nacional es Cinco Poemas Australes. Es una obra cuyo fondo geográfico y humano lo conforma la provincia de Buenos Aires, donde el poeta pasó temporadas de su niñez y adolescencia, acompañando por los pueblos a su tío Francisco Mujica que vendía lo que se llamó “frutos del país”. Marechal visualiza a esos hombres de la pampa, arrieros, domadores, hombres de campo ligados al trabajo y la esperanza, como los arquetipos de una Argentina moral, que es la de Lugones en sus Romances de Río Seco, o la de Mallea en su Argentina Invisible. Son ejemplos morales y religiosos que Marechal contrapone a los hombres ciudadanos, preocupados por las cotizaciones de la Bolsa.

En su poema El Centauro, por el que obtuvo el Premio Nacional en 1940, Marechal termina de dar forma a esa imagen moral del hombre argentino al elevarla al carácter de mito. Renueva el tema del Centauro tratado por Darío en 1896, (centauro como ser bifronte, ligado al cielo y a la tierra, es decir a preocupaciones espirituales y terrenas) y le agrega una explícita connotación cristiana. Cristo es el nuevo Centauro, el arquero de los tiempos modernos que guía a la comunidad hacia su salvación. Es el modelo que Marechal ofrece, acompañado de la figura de la Virgen, -cantada en los Sonetos a Sophia- que trae al imaginario nacional la figura femenina, ausente en la obra de Sarmiento, y apenas mencionada en la de Hernández.

La novela es el campo más propicio para la exposición doctrinaria del tema, y también para su discusión dialéctica. En Adán Buenosayres (1948) el tema de la Patria es uno de los ejes innegables, desplegado conjuntamente con el biográfico y el estético-metafísico. El propio autor desliza la palabra argentinopeya, que hemos tomado en nuestros estudios. Su personaje Schultze, modulación del pintor y esoterista Xul Solar, es quien guía a Adán en el Infierno-Cacodelphia, que no es sino su propia patria sumida en la corrupción y el olvido del Ser. Él mismo se ve situado en el Infierno, y aludido a través de distintos personajes.

Schultze, el artista sabio, recuerda que la patria se halla situada bajo el signo de Libra, y abierta a todas las posibilidades. Reaparece aquí un tema ya tratado en la poesía de Marechal y luego retomado en el Poema de Robot: la contraposición del poeta con hombres endurecidos que sólo tienen preocupaciones materiales. Esta descarnada radiografía del país le valió a Marechal muchas enemistades.

Por esos años, después de estudiar y traducir del francés una obra de Sófocles, estrena su primera obra dramática, la tragedia Antígona Vélez que es una cristianización del tema trágico de la justicia. Antígona es el arquetipo femenino de la Argentina (no han faltado interpretaciones que la fusionaran simbólicamente con Eva Perón, por ser esta una figura de sacrificio crístico que va más allá de la política). Lo innegable es su continuidad con María-Sophia, la Virgen Madre, a la que luego dará el nombre de Lucía Febrero (la Venus Celeste, y también la Novia Olvidada).

En 1965 publicó su segunda novela, El banquete de Severo Arcángelo (1965) donde presenta al caudillo en un claroscuro, como convocante a una épica nacional: busca reunir en la Casa Grande a los hombres virtuosos que detengan el castigo divino, como en Sodoma y Gomorra. El Banquete de Severo Arcángelo es una obra originalísima que bajo la apariencia de una novela de aventuras encierra un llamado a la conversión nacional, por la mortificación y la iluminación que provienen de un camino interior bajo el signo del Evangelio.

Por esos mismos años (1966) continuando con su obra poética, da a conocer Heptamerón, siete cantos entre los cuales se encuentra La Patriótica, dedicado a su discípulo José María Castiñeira de Dios. Aquí continúa Marechal el motivo de la Patria niña que espera su bautismo, y el tema de la salvación comunitaria. Es sólo por la redención individual como la patria se hará digna de su destino salvífico, pero no existe, para el poeta, una auténtica redención individual sin un sentido de pertenencia a la comunidad histórica. Vuelve sobre el tema de la salvación nacional en su Poema de Robot, un alegato ante la incipiente modernización tecnológica de los años 60, y también en los últimos poemas De la Física y De Psiquis (que con Eduardo Azcuy resolvimos editar por el sello Castañeda bajo el título Poemas de la creación, extraído del texto, unos años después de su muerte). En el Poema de Robot, el tema de la redención nacional se alía indisolublemente a la misión del poeta. Es el poeta, inspirado por su musa, el que echa su puñado de sal en la boca de Robot, el nuevo monstruo creado por hombres mecanizados. El poeta asume la misión de despertar a sus compatriotas.

De esos años es también su drama Don Juan, donde elabora el tema de la redención del caudillo, -con una innegable referencia política que algunos percibimos en su momento; pocos críticos aceptan que el Caudillo, en la obra de Marechal, por el solo hecho de serlo se halla ligado al Mal, y debe alcanzar su propia purificación y redención para redimir a su pueblo. También abordó el autor los mismos temas en otra escala, satírica y humorística, como puede verse en el sainete metafísico La batalla de José Luna, donde expone su concepción de la historia como combate de opuestos librado, al modo homérico, en la tierra y el cielo.

Los hombres han de librar en la Tierra, una doble batalla, histórica y espiritual. En Megafón o la guerra (1970) reaparece la imagen del conductor redimido, encarnado en un personaje, Megafón, que lo fusiona con el poeta. Vemos también a Samuel Tesler, reelaboración del poeta Fijman, e imagen del Poeta-filósofo -retomado de Adán Buenosayres- como coprotagonista de la doble batalla, terrestre y celeste, que ha de liberar de sus dolores y cautiverios al pueblo argentino. Ambos lo conducen hacia la última batalla, celestial: el rescate de la Venus Celeste, que será hallada en el Laberinto mundano barrocamente aludido como Infierno. Megafón o la guerra, novela que editó Sudamericana un mes después de su muerte, es una obra barroca, de una complejidad formal inusitada, es un nuevo llamado a la épica nacional. Ambos personajes son a la vez hipóstasis del autor. En suma, es la figura del poeta, como redentor de su comunidad, la que es llevada a su plenitud espiritual e intelectual en esta novela.

En los ensayos y conferencias de Marechal, esta visión de la Argentina se completa y expande reflexivamente. Su conferencia sobre La Fundación de Buenos Aires, - del año 35, cuando Buenos Aires conmemoraba el Cuarto Centenario de la fundación del Fuerte por Pedro de Mendoza - recuerda el sentido espiritual de las dos fundaciones. La raíz simbólica de ese pensamiento se apoya en elementos como el nombre “Argentina”, dado por el arcediano Martín del Barco Centenera a la provincia rioplatense que-de-un-puro-metal-toma-su-nombre. El argentum, designa al río Paraná o Río de la Plata, que los españoles exploraron hasta fundar la Asunción, y que luego de la destrucción de la primera Buenos Aires volvieron a recorrer desde Asunción, con los “mancebos de la tierra”, para refundarla. El nombre dado a la ciudad - recuerda Marechal - es “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Aire”. La Ciudad del Águila, con el águila del Espíritu Santo estampada en su escudo, se ha convertido según el poeta en la Ciudad de la Gallina.

En síntesis: toda la obra de Marechal está atravesada por la preocupación nacional. Piensa en el destino de la Argentina como bíblico pueblo de Dios, como comunidad evangélica destinada a hallar su rumbo a través de la conversión moral y religiosa. Su pensamiento no es una especulación filosófica distante sino un pensamiento didáctico, actuante y encarnado. Es la visión de un poeta-filósofo, un doctrinario que se convierte en incansable predicador de la salvación nacional, y la asienta en la salvación individual.

Solo hombres nuevos podrán crear una sociedad nueva.

En suma, Marechal es uno de esos maestros permanentes a los que podemos acudir los argentinos. Tanto como un José Hernández en el siglo XIX, Marechal ocupa buena parte del siglo XX y desde allí irradia sus enseñanzas hacia el tiempo actual. Cada día que pasa hace más vigente su mensaje, como podrán comprobarlo aquellos que se aproximen sin prejuicios a su obra.

Dra. Graciela Maturo


A continuación incluimos, a modo de Homenaje, dos composiciones poéticas de Leopoldo Marechal: La letra de una chacarera, que dimos a conocer en nuestro libro Marechal: El camino de la Belleza, y la letra de un tango, compuesto a pedido de Ben Molar.

Los géneros populares no son los más frecuentados por Marechal, aunque toda su obra se halla próxima al lenguaje y el sentir del pueblo.

"Chacarera de los árboles nuevos"

Chacarera, cuando plantes
un arbolito en el Norte,
regalarás a la Patria
cien manojitos de flores.


Cuando plantes, chacarera,
un arbolito en el Este,
la Patria y tu corazón
serán dos frutas alegres.


Chacarera, cuando plantes
un arbolito en el Sur,
tendrá el aire más frescura
y los desiertos más luz.

(Aura)

Chacarera, chacarera
de los arbolitos nuevos,
que los pájaros se alegren
y que sonrían los viejos.


Cuando plantes, chacarera,
un arbolito en el centro,
le mostrarás a los niños
la escalerita del cielo.


Chacarera, cuando plantes
un árbol en el Oeste,
ya prometerás el fruto
entre las hojitas verdes.


Cuando plantes, chacarera,
en los caminos un árbol,
que lo anuncien las guitarras
y que bailen los muchachos.

[Aura]

Chacarera, chacarera
de los arbolitos nuevos,
que los pájaros se alegren
y que sonrían los viejos.

Texto inédito publicado por Graciela Maturo en su libro Marechal, el camino de la Belleza, Biblos, Buenos Aires, 1999

Letra de Marechal con música de Alida Otharan de Barceló.


Tango: “La mariposa y la muerte "

I

Una vez mi corazón
dijo en son de profecía
cuando yo empecé a quererte,
que sobre tu mediodía
puede girar la canción
la mariposa y la muerte.


II
Subía al cielo, subía
la rosa en su elevación,
y sobre aquel mediodía
pudo girar la canción.
Al mediodía, orgullosa,
no se negaba la rosa,
y en su ambición le ponía
su cerco la mariposa.
Ya en su ardiente mediodía,
la rosa tentó la suerte,
y llevársela quería,
en su caballo la muerte.


I Bis


Y no llora el corazón
lo que lloro en profecía
cuando ni soñé perderte,
que sobre tu mediodía
pudo girar la canción,
la mariposa y la muerte.

Letra de Leopoldo Marechal con música de Armando Pontier.

Biblioteca de la mirada

Llegó el maestro Orson Welles, de la mano de La Marca Editora, pero no vino solo. Está muy bien acompañado por clásicos que se suman a nuestro catálogo de cine.


Los libros de la colección "Biblioteca de la mirada" abarcan teoría y estética del arte en todas sus dimensiones: imagen, guión, fotografía, sonido, curaduría y comunicación. Todo de la mano de autores referentes en la academia y en la práctica de cada una de sus áreas.


Nuestra Biblioteca, también gracias al Cineclub La Rosa, posee en su catálogo un amplio sector dedicado a libros de cine. 

11 libros que son casi pornografía

El sexo ha estado siempre presente en la literatura, aunque no todas las novelas son igual de explícitas. Hay escritores que han ahondado en su sexualidad como si de un ejercicio de psicoanálisis se tratara, han utilizado ese terreno más íntimo para arrojar luz sobre su lado más oscuro. Recopilamos un puñado de libros en los que los escritores se desnudan, en los que no hay pudor para narrar escenas subidas de tono o describir cómo se hace un cunnilingus.


Christine Angot araña entre sus propios fantasmas en las páginas de Una semana de vacaciones. Una novela que arranca con una escena perturbadora: una felación en la ducha que culmina en una penetración anal antes de alcanzar la página cuarenta. Angot convirtió en materia literaria la relación incestuosa que mantuvo con su padre y algo similar hizo Anaïs Nin, que da cuenta de la perturbadora historia que vivió con su padre en sus diarios. Lo hace durante páginas en las que no escatima en detalles sobre los encuentros. Después de aquello Nïn no tuvo problema en escribir historias por encargo de un excéntrico millonario en las que vomitaba páginas de alto voltaje sexual y que están recogidas en Delta de Venus.

Cincuenta sombras de Grey, la trilogía de E.L. James, es un fenómeno internacional que descubrió a muchos prácticas como el BDSM. Mucho antes de que las sombras llenaran las estanterías el Marqués de Sade se había atrevido ya a traspasar todas las líneas en obras como La filosofía en el tocador.

Un clásico que no puede faltar en esta estantería es El amante, de Marguerite Duras. Otras novelas transgresoras, de alto voltaje, son Las partículas elementales, de Houellebecq, o la saga de El rapto de la bella durmiente. Anne Rice firmó la serie inicialmente con el seudónimo de A.N. Roquelaure, después se atrevió a estampar su verdadero nombre en la portada. Al tiempo que su imaginativo relato del mito de La bella durmiente alcanzaba una nueva dimensión.

Librotea