Sábado función

Este sábado los esperamos nuevamente a las 21 horas para una nueva función de la primera obra del Teatro de Cámara de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte: "El próximo domingo", protagonizada por su autora Mónica Ogando y Jorge Incorvaia.



"El próximo domingo" 
Dramaturgia: Mónica Ogando
Actuación y co-dirección Mónica Ogando - Jorge Incorvaia

Mención V Concurso Nacional de Teatro de Humor Biblioteca Hueney 2008.

Premio Poder Popular Ministerio de Cultura - Mención teatro 2009 - por obra integrante del proyecto Padre-Obras José / Teatro San Martín de Caracas.

Padre e hija intentan reinventar un vínculo quebradizo.

Entre ellos las palabras se suceden inconexas y todo intento de acercamiento se torna inalcanzable.
¿Es posible un reencuentro más allá del lenguaje?
Entre el humor despiadado y un clima intimista, esta pieza invita a reflexionar  acerca de la compleja trama de los vínculos filiales.

Funciones: sábados - hora 21, en Austria 2154.

Bono contribución $300. Promoción 2x1.

Infografía: Leonardo Favio

Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Coro 2019

En junio retomará el taller de Coro con preparación vocal, a cargo de las profesoras Inés Maurel y Alejandra Varela. Será todos los viernes a las 18:30 horas, en Austria 2154. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Las profesoras Inés Maurel y Alejandra Varela brindan nociones de técnica vocal, respiración, vocalización y repertorio adaptado en el taller de Coro que comenzará el viernes 3 de mayo, todos los viernes a las 18:30 horas.

Inés Maurel estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música CARLOS LOPEZ BUCHARDO, el Conservatorio Municipal MANUEL DE FALLA y el Instituto Superior de Arte del TEATRO COLÓN.

Técnica Vocal con las profesoras Marta Benegas, Carmela Giuliano, Isabel Rodríguez, Nilda Hoffman y el Maestro Armando Miotto.

Repertorio con los Maestros Dante Ranieri, Gianni Rinaldi, Hugo Charpentier, Jorge Ugartamendía, Rubén Castagnetto, Armando Marrazzo, Marina Ruiz y las profesoras Lidia De La Merced, Madalit Lamazares y Sofía de Rey.

Realizó estudios en música Argentina y Latinoamericana, piano y técnicas teatrales. Canta en castellano, italiano, francés, portugués y alemán.

Ha realizado conciertos de Música de Cámara, Opera y Zarzuela. Recibió el premio “Joyas de España”, Medalla de Oro del Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

La pianista Alejandra Varela participó del acto de Homenaje a los Desaparecidos Españoles en la Argentina que se realizó en nuestra Biblioteca en 2017.



Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

La confusa semántica del miedo

Alfonso Castelao decía que los ricos duermen mal, en continuo sobresalto por el miedo a ser desposeídos de sus bienes. Los pobres, al parecer, reposan mejor, tal vez ayudados por el cansancio físico y la ausencia de otros desasosiegos que no sean los de la cotidiana subsistencia. Asimismo, los poderosos le tienen más miedo a la muerte que el vulgo; y, aunque la religión les promete también la vida eterna, puesto que la misericordia de Dios es infinita, siguen prefiriendo –por ahora- las bondades del reino de este mundo y se resisten a morir. Un ejemplo, patético y desesperado, es el de Walt Disney, que hizo congelar su cuerpo ante la posibilidad de que la ciencia llegara a descubrir las claves para vencer a la terrífica Parca. Previó, a un altísimo costo, su posible resurrección, en cuerpo y alma, aun cuando nadie sabe si ésta resiste el hielo del frigorífico o si vuela presurosa hacia otras dimensiones.


Las continuas amenazas que ven cernirse sobre ellos quienes disfrutan privilegios de poder, rango, clase o fortuna, en la forma de atentados, reales o imaginarios, sobre sus propiedades y bienes, que constituyen su valor supremo, por encima del derecho a la vida proclamado más como paliativo casuístico que ético, les llevan a construir, además de sus propias fortificaciones, alarmas, seguros y defensas de toda especie, una particular semántica, la del miedo, pródiga de contradicciones y adjetivos hiperbólicos.

El lenguaje nos otorga esa herramienta de exageración, como recurso de cautela ante el peligro. Así, la destrucción de una vidriera comercial en una marcha de protesta será calificada, no de simple delito, sino de acto “vandálico”, “anarquista” o aun “terrorista”. Pero las palabras poseen su propia sabiduría expresiva, su equilibrio de conjugaciones, una suerte de recelo o conciencia reprobadora ante los excesos; de ahí que ciertas afirmaciones o sentencias cargadas de matices alarmantes o terroríficos o pavorosos, caigan en el pleonasmo o en la hipérbole, produciendo, a la postre, el resultado opuesto a su intención originaria.

Una de esas palabras, repetidas y manoseadas en su constante aplicación a diversos hechos, situaciones y actos, es el concepto “terrorista”, para definir a cualquier individuo que ejecute acciones fuera del marco de la ley y del orden público, entendido este como la barrera protectora que aísla y guarda mi mundo íntimo de las agresiones de ese enemigo que siempre es el “otro”, según Borges.

Esta palabra, de suyo inquietante, posee connotaciones políticas y emocionales, por lo que su continuo uso y aplicación está casi siempre en entredicho. Por otra parte, los matices y singularidades en cada contexto de aplicación, exigen un riguroso tratamiento o uso adecuado del concepto, para no caer en inmediato descrédito.

Dostoyevski, en su célebre novela Los Endemoniados –(algunos traducen Los Demonios, aunque no es equivalente estar endemoniado que ser directamente vástago de Lucifer)-, el atormentado narrador ruso describe el comportamiento de un puñado de individuos que llevan a cabo actos de terror en contra del poder de la autocracia zarista, en nombre de valores como libertad, justicia e igualdad. No son revolucionarios, en el sentido épico o justiciero, sino desnudos nihilistas, descreídos de la divinidad, de la moral imperante y de todo lo que les rodea; una suerte de suicidas que no creen ni en ellos mismos, ni menos en una posible trascendencia; muy diferentes a esos que llamamos “terroristas islámicos”, que al parecer están muy convencidos de su carácter de “mártires de Alá”, seguros de que su proceder les llevará enseguida a disfrutar las delicias del paraíso musulmán, que a juzgar por los dichos de sus creyentes, es harto más placentero y atractivo que el etéreo edén de los cristianos.

Parientes consanguíneos de los terroristas a que aludimos, serían los propugnadores del anarquismo, o entes malignos de la anarquía. Los desmanes callejeros, las dudosas bombas de ruido, las leyendas en rojo o negro pintadas sobre las paredes de centros de estudio o de otras instituciones respetables, son señales de las peligrosas actividades de los anarquistas. Muy pocos saben, en realidad, qué es el anarquismo como ideología; tampoco interesa, la cuestión es aplicar el término y señalar a un nuevo tipo de enemigo de la paz social y, por supuesto, de la propiedad privada.

España, un viejo país de larga historia y de escasa vida democrática (en estimación cronológica) es quizá único en la extensión del anarquismo. En los albores de la guerra incivil (1936-1939), la fuerza política y social organizada más numerosa de la Península era la Federación Anarquista Ibérica (FAI), con sus dirigentes y líderes legendarios, como Durruti y Ascaso, con su Columna de Hierro, que luchara en el Frente de Aragón. Estos “cabecillas” o “bandidos” o “forajidos”, como los describía y motejaba la prensa de derecha (ABC allá, El Mercurio aquí), incursionaron en América del Sur, a comienzos de los años 30.

Se registran al menos dos asaltos perpetrados por ellos a bancos en Santiago de Chile. Luego pasaron a México, en parecidos andares. Reunían fondos para la causa y aspiraban a los implícitos cien años de perdón que el refrán promete... Como contracara de su leyenda negra, sabemos que muchos anarquistas eran artesanos y tipógrafos, apostaban a la instrucción permanente de la clase obrera, a la iluminación por el conocimiento, lo que se traduciría en la conquista de un mundo mejor. Eran renuentes a todo mando superior y enemigos del principio de autoridad institucional pequeñoburgués.

Otro concepto que acompaña a los referidos, es el de “vándalo”, gentilicio de un pueblo germano procedente de Escandinavia, famosos por la ferocidad con que diezmaron a las legiones romanas, a comienzos del siglo V. Todo acto destructivo, especialmente en la vía pública, será calificado como “vandalismo”, aunque para los sectores derechistas la preferencia se incline por hablar, sin ambages, de “actos terroristas”: su propio miedo agigantado en el espejo cóncavo. Es el prisma que se aplica, hasta la saciedad, a las quemas de camiones de empresas forestales, a los incendios de casas, iglesias, escuelas y predios en la Araucanía, muchos de ellos de incierta procedencia. Es una forma de desvirtuar, por anticipado, la llamada “causa mapuche”, circunscribiéndola al ámbito de la propiedad privada y a los atentados y amenazas contra ella.

En Chile, los principales cruzados contra el “terrorismo” son los hermanos Kast. Ambos han sido testigos de feroces ataques a las fuerzas especiales policiaco-militares desplegadas en territorios Mapuche (Walmapu), por parte de bien armados indígenas, con armas de última generación, presumiblemente de procedencia rusa, nunca vistas por algún otro testigo... Ningún medio de prensa ni voceros responsable ha corroborado estas terroríficas revelaciones, pero constituyen una especie de verdad testimonial para muchos compatriotas, que las replican a través de vías vertiginosas, Internet mediante, para seguir alimentando la fatídica dupla del miedo-odio: lo que se teme, al extremo de provocar terror, debe ser destruido.

Los individuos pertenecientes a estos sectores, nada quieren saber del terrorismo de Estado que asoló a Chile durante diecisiete largos años, llevando a la muerte, a la tortura, a la represalia y al exilio a miles de compatriotas; ni siquiera se dan por enterados –o hacen lo del avestruz- del asesinato de un ex ministro (Orlando Letelier), de un presidente de la república (Eduardo Frei Montalva), de un comandante en jefe del ejército (Carlos Prats) y de su esposa.

La causa de esta voluntaria ceguera es bastante simple: esos hechos jamás afectaron su derecho de propiedad; por el contrario, en muchos sentidos lo fortalecieron, reasegurando prebendas y privilegios, como ha sido el caso de la familia Kast y de otros grupos o clanes a los que la dictadura militar-empresarial gratificó, adjudicándoles, a vil precio, empresas y bienes del Estado para su propio disfrute y beneficio de clase.

Entre ellos figuran algunos de los actuales ministros y funcionarios de alto rango en La Moneda. Y el propio Sebastián Piñera, que forjó su enorme fortuna personal al amparo de las irregularidades bancarias que propició la dictadura pinochetista, cuando desató otro tipo de terror bien dirigido, el financiero, echando mano a los recursos del Estado de Chile para evitar la quiebra de los principales bancos y despojando, de paso, a muchos infortunados emprendedores que no figuraban entre su cohorte de incondicionales.

Pero hay que tener cuidado, porque las palabras, mal empleadas, tarde o temprano nos harán pagar sus falaces equívocos, sobre todo las que se pronuncian y escriben con la gramática espuria de la mala leche.

Edmundo Moure

El rostro de Cristo en el cine

Una lectura cinematográfica del Evangelio 
Por Gustavo Bernstein
(Ítaca Ediciones, Buenos Aires, 2019, 146 páginas)


«Preliminar» es un prólogo erudito en el cual el autor hace una síntesis de los diversos rostros que Cristo encarnó en la pantalla. Allí plantea que “Curiosamente –salvo una breve mención de Isaías– no hay en toda la Biblia referencia concreta a la fisonomía de Jesús», y que “Han debido transcurrir varios siglos de disputas para que el rostro de Cristo finalmente cristalizara en un icono unánime”. Además, ofrece un pantallazo interesante sobre las obras pictóricas ligadas a la figura de Jesús.

Luego pasa a la «Introducción», en donde el conocimiento que muestra sobre el nacimiento del llamado séptimo arte es apabullante. En ella indica que la filmografía de Cristo benefició tanto a la industria como a la Iglesia. Aquella pudo aumentar la cantidad de público e incorporar espectadores de mayor poder adquisitivo, porque las clases media y alta consideraban al cine poco edificante dado que abundaba en temas pornográficos y lo cultivaban inmigrantes iletrados. Por su parte, a la Iglesia le sirvió como instrumento de evangelización. Destaca también la importancia de la sensualidad que desplegaron las divas y divos del cine para generar ganancias.

A continuación El rostro de Cristo en el cine dedica capítulos íntegros a los siguientes filmes (son diecisiete: cinco mudos y doce sonoros):

Civilización (Thomas H. Ince, 1916), que cataloga como ingenuo.

Intolerancia (D.W. Griffith, 1916): opina que si bien la imagen que da de Cristo es insatisfactoria, son fundamentales sus contribuciones al enriquecimiento del lenguaje cinematográfico.

Páginas del libro de Satán (Carl Theodor Dreyer, 1920), brinda una imagen discutible de su personalidad, como si siempre viviera en trance.

I.N.R.I. (Robert Wiene, 1923), lo refleja abrumado por la melancolía.

Rey de reyes (Cecil B. De Mille, 1927), es ironizado al comentar entre otros sarcasmos que cuando Cristo produce milagros, se lo muestra como si fuera un prestidigitador.

Gólgota (Julian Duvivier, 1935), es señalado como el primer filme sonoro sobre el Mesías, en el cual se sostiene que no es el pueblo judío quien lo manda crucificar, sino una clase política corrupta que sobornó a agitadores para inclinar la voluntad de la multitud que finalmente lo condenó.

Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961), señala que desplazó sus actos milagrosos para dar la imagen de un Redentor que antes que nada enseñaba una doctrina, pero no lo logra debido a la representación insulsa de su figura. Erudito y minucioso el análisis histórico de la época.

El evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964): estima que este filme es el más auténtico y el que manifiesta una brillante unidad y equilibrio en su estética. Y declara que el gran realizador italiano “Comulga con un Cristo radicalizado, decidido a transfigurar el statu quo del mundo”.

La historia más grande jamás contada (George Stevens, 1965), recoge una severa condena por parte del autor ya que “propone un nazareno glacial, un témpano que no conmueve ni se deja conmover”.

Jesucristo Superstar (Norman Jewinson, 1973), en donde observa que Judas tiene mayor presencia protagónica que un descolorido Jesús.

El Mesías (Roberto Rossellini, 1975): a su entender propone a un Cristo débil.

Jesús de Nazaret (Franco Zeffirelli, 1977), pese a las críticas que formula a su esteticismo, reconoce que “…representa el triunfo del cine como dador de una imagen soberana (…) Posee todos los rasgos del mesías iconográfico aguardado por los espectadores del mundo –y por el clero– desde los inicios del cine”.

La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988): lo considera el mejor filme sobre el Redentor por su profundidad, y le da pie para desplegar en el libro un cúmulo de citas bibliográficas.

Jesús de Montreal (Denys Arcand, 1989), aunque estima que su historia es poco creíble –se trata de una representación de la Pasión-, pondera su crítica al consumismo y a la relevancia nociva de los medios de comunicación.

El señor de los milagros (Derek Hayes y Stanislav Sokolov, 1999): le cuestiona la elección del stop motion y de la animación para ilustrar raccontos o parábolas con una orientación infantil, como si este género estuviera dedicado exclusivamente a los chicos.

La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004): Bernstein se muestra implacable con su efectismo destinado a impactar al espectador mediante una visión truculenta y obscena del castigo y de las heridas recibidas por Jesús.

Hijo de Dios (Christopher Spencer, 2014), emite “una propuesta basada en un popurrí de elementos provistos por sus antecesores” cinematográficos.

En una conclusión final sobre Jesús (Bonus Track: «Crepúsculo en el Gólgota»), no le interesa si su figura proviene de una leyenda o si es el hijo de Dios, sino que se centra en el acto de extrema humanidad y amor que concede en la cruz a su compañero de martirio cuando le promete el preciado paraíso.

Gustavo Berstein nació en Buenos Aires y desarrolla su profesión de arquitecto junto con su actividad literaria, periodística y cinematográfica. Ha escrito varios libros y se ha desempeñado como director y guionista. En la actualidad dicta en la Universidad de Buenos Aires los cursos «Literatura y Cine: cruce de poéticas» e «Hitos de la historia del cine». Es perito de espacios escénicos en el Instituto Nacional de Teatro.

Germán Cáceres

Infografía: Albert Einstein


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Las bibliotecas populares de Argentina, semillas de un país lector

La crisis y las nuevas tecnologías obligan a reinventarse a estas instituciones socioculturales con más de 150 años de historia.


Cientos de personas con carritos y cajas asaltan cada año la Feria del Libro de Buenos Aires durante tres días. Dan vueltas, preguntan y comparan precios para intentar llevarse el mayor número de los libros que tienen anotados en su lista. Son los responsables de las bibliotecas populares, una de las instituciones socioculturales más antiguas de Argentina. Con una historia de más de 150 años, hoy hay más de un millar de bibliotecas populares distribuidas por todo el país que garantizan el acceso a los libros y a la cultura incluso en localidades remotas. Delegados de 890 bibliotecas viajaron entre el 3 y el 5 de mayo hasta la capital para aprovechar el subsidio estatal que les permite comprar libros al 50%. En promedio, adquirieron entre 50 y 70 ejemplares que en breve estarán disponibles en los estantes de Mocoretá, en la norteña Corrientes, en Cosquín (Córdoba) o en Ushuaia, en el extremo sur.

La primera biblioteca popular nació en 1866 y sigue abierta: la Franklin de San Juan, en el noroeste de Argentina. "No es casual porque [el expresidente] Domingo Faustino Sarmiento era de allá", señala el titular de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), Leandro de Sagastizábal, que aglutina a 1.270. Destaca que nacieron "inspiradas por las ideas de Sarmiento", uno de los grandes impulsores de la educación pública en Argentina, pero fueron acompañadas después por una sociedad con una gran tradición cooperativa. "Las bibliotecas son asociaciones civiles creadas por los vecinos, no por el Estado, no son estadodependientes. Eso es lo identitario que las hace distintas a las de otros países, el 95% es voluntariado", describe De Sagastizábal.

En Argentina las bibliotecas públicas son mínimas y su lugar lo ocupan las populares, caracterizadas por la diversidad. La Franklin ocupa un edificio entero, la Borges de Bariloche nació en un contenedor, la infantil Del otro lado del árbol está abierta a un parque en la ciudad bonaerense de La Plata. "La biblioteca tiene que ver con la pluralidad. Es un espacio muy democrático, de resistencia. Hay un concepto que me gusta mucho que es el de 'la patria de las bibliotecas'. Y en nuestra biblioteca hay un pedacito de esa patria. Es cine, promoción de lectura, cooperación internacional, es todo eso y mucho más", describe Brian Urban, presidente de la biblioteca popular Sarmiento de Tandil, 350 kilómetros al sur de Buenos Aires.

Entre las más antiguas hay muchas con raíces socialistas y anarquistas. "En la Asamblea fundacional se debatió si se iba a dejar entrar a todo el mundo o si se excluía a la oligarquía. Se votó que a todos", cuenta Ana María Servidio sobre los inicios en 1923 de la Nicolás Avellaneda de Cosquín, en la céntrica provincia de Córdoba. Servidio creció entre los más de 60.000 volúmenes de este lugar: su tía fue bibliotecaria y ella integra ahora la junta directiva. "Los comienzos fueron momentos de gloria. La biblioteca se crea en 1934 porque el partido socialista obligaba para poder funcionar políticamente que enseñen a leer y escribir a la gente del barrio. Si estaban de acuerdo con el trabajo que habían hecho lo aceptaban en el partido", rememora Atilio Orsi, de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, de Buenos Aires.

La estrecha relación con los vecinos es otra de las claves de estos espacios populares. Del otro lado del árbol arrancó en 2011 en un parque público frente al mayor hospital de niños de la ciudad bonaerense de La Plata. La idea nació de Paula Kriscautzky como homenaje a su hija Pilar, fallecida de cáncer a los cinco años. "Convocamos a la comunidad a través de las redes, se fue sumando gente trayendo libros, almohadones, mesas, sillas. Hicimos una lista en una librería con sugerencias de lo que queríamos tener y la gente fue y compró. El día que inauguramos fueron 2.000 personas con un libro de regalo", cuenta Kriscautzky sobre la biblioteca, que hoy tiene más de 5.000 socios y es una referencia a nivel provincial.

"Hay localidades como Virasoro, en Corrientes [norte], que tiene 48.000 habitantes y no hay librerías. Ahí, la biblioteca Popular Víctor Navajas es prácticamente el lugar de los libros y de la cultura en esa sociedad", afirma De Sagastizábal. La situación se repite en otras zonas aisladas, donde funcionan también como teatro, cineclub y lugar de encuentro y aprendizaje. "Y ahora es también muy importante la inclusión digital porque ofrecen wifi", continúa.

La realidad de los habitantes de Buenos Aires es muy distinta: con más de 450 librerías, es la ciudad con mayor número per cápita del mundo. Sin embargo, el elevado precio de los libros nuevos - su valor en pesos es equivalente a unos diez dólares en un país con sueldos promedio inferiores a los 450 dólares- lleva a muchos a recurrir al préstamo. Las bibliotecas también sufren la crisis: con el subsidio de la Conabip cinco años atrás podían adquirir más de cien libros. Con el monto actual -15.000 pesos, 325 dólares- pocas llegaron a las 60 novedades para ofrecer a sus lectores.

"En los barrios hay personas que no tienen biblioteca en su casa, que no tienen libros, y es fundamental que pueda haber estos espacios. Con la lectura se amplía la capacidad de reflexión y de expresión, el lenguaje y tiene un impacto directo en la calidad de vida de las personas", opina Gabriela Groba, una de las fundadoras de la biblioteca popular Manuel Ugarte, en el barrio de Parque Chacabuco, en la zona suroeste de Buenos Aires. En este espacio tienen una vitrina entera dedicada a literatura peronista, eje de uno de los talleres más populares, y una sección especializada en feminismo y obras de ficción de autoras contemporáneas, dada la creciente demanda.

El público de cada biblioteca es muy heterogéneo. En la Saavedra, del barrio homónimo, llegan cada vez más jóvenes a estudiar. "Antes se juntaban en bares, pero ahora con la crisis no pueden pagarlos", comenta Jorge Marchini, al frente del espacio. La Mariano Moreno de la localidad correntina de Mocoretá se especializó en historietas por sus lectores adolescentes, mientras que la Sánchez Viamonte, abierta hace más de 80 años en el barrio porteño de Recoleta, no ha logrado adaptarse a la transformación del entorno. "La relación con este barrio es rara, conflictiva. Lo que en una época fue un barrio obrero pasó a ser una zona de gente rica. Nos ven como si fuésemos extrema izquierda", cuenta Orsi.

Pocas instituciones han resistido a las múltiples crisis económicas y sociales de Argentina como lo han hecho las bibliotecas populares y son testigos privilegiados de esos vaivenes históricos. "Tuvimos muchos momentos en los que el sistema estuvo por sucumbir. Las bibliotecas siempre acompañaron a la historia argentina y verás un pedazo de la historia argentina en cada una de ellas", cuenta Urban, de Tandil.

La crisis actual ha vuelto a ponerlas contra las cuerdas en un momento en el que el libro pierde cada vez más protagonismo frente a la tecnología. "Hoy las bibliotecas tienen que generar muchas actividades para atraer gente. No dejan, además, de ser una propuesta asociativa y las nuevas tecnologías tienen mucho peso en conductas más individuales y aisladas", analiza el titular de la Conabip. "Por eso", concluye, "tienen que reinsertarse en sus comunidades. Es un desafío muy fuerte, más social que tecnológico".

Mar Centenera / Federico Rivas Molina
Diario El País de Madrid, 13 de mayo de 2019

Nueva novela juvenil de Germán Cáceres

Habitual colaborador de nuestra Biblioteca y la página en la sección "Crítica literaria", German Cáceres acaba de editar una nueva novela juvenil.


Mi vecina es un fantasma (y su hija también) acaba de ser publicada por Del Naranjo, y lleva ilustraciones de Nicolás Mezquita.

Un aprendiz de detective investiga una extraña historia acerca de una vecina muerta, pero cuyos gritos aún resuenan en su departamento vacío.

Teatro: clase abierta

El próximo martes 14 de mayo a las 18.30 horas habrá una nueva clase abierta gratuita del Taller de Teatro, por Jorge Incorvaia, para formar un nuevo grupo. Los esperamos en Austria 2154.


El Taller de Teatro se dicta actualmente los jueves a las 18:30, y a partir de ahora también los martes a la misma hora. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Les recordamos que el profesor Incorvaia dicta además un Taller de Dramaturgia los lunes a las 19 horas. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.

Además, continúan las funciones de "El próximo domingo", los sábados a las 21 horas. 

De qué diablos habla Queen en su canción ‘Bohemian Rhapsody’

Uno de los temas más exitosos de la historia de la música encierra enigmas en su lírica y su estructura.


La admiración de la banda Queen por los hermanos Marx quedó patente en dos títulos de sus discos: A Nigth at the Opera (1975) y A Day at the Races (1976), ambas películas de los célebres cómicos. El primero de esos trabajos supuso la explosión total de la banda. Salió a finales de 1975 y vendió más de un millón y cuarto de copias solo en Reino Unido. En gran medida, gracias a que se arriesgaron a presentarlo con Bohemian Rhapsody, seis minutos de canción, que mezcla rock y ópera. Fue una apuesta que bien pudo haber acabado con el grupo. Las radios, la discográfica e incluso sus productores pensaron que aquello sería un estrepitoso fracaso. Roy Thomas Baker, coproductor junto a Mike Stone del álbum, reconoció que cuando escuchó la canción pensó que se trataba de una broma, pero acabó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del grupo. Su intrincada estructura musical y lírica ha sido alabada por los críticos, pero ¿de qué habla Bohemian Rhapsody?

Desde el título, el oyente queda advertido de lo que se va a encontrar: una rapsodia, un conjunto de diferentes piezas sin relación entre ellas. El tema une voces a capella, balada y un aria operística. Esta rapsodia está calificada de bohemia, lo que bien puede referirse a su carácter alternativo o a la ciudad checa donde el Fausto de Goethe hace un pacto con el diablo, como el que ocurre en el texto que Freddie Mercury interpreta.

El cantante se sumerge desde el arranque en una especie de ensoñación con la pregunta “¿Es esta la vida real?”. A partir de ahí, se presenta el protagonista, un hombre que ha sido un niño pobre, y arranca el argumento, con una confesión: “Mamá, he matado a un hombre”. Como en tantas obras clásicas, en el momento del juicio final el protagonista se despide, sabiendo que el diablo viene a cobrarse su alma. El asesino sufre la bajada a los infiernos en la parte operística, que se incrusta en el minuto tres. Las voces se multiplican en un coro compuesto en realidad por solo cuatro hombres, las de los componentes de la banda. Con la tecnología de la época, esto supuso decenas de grabaciones.

Varios actores van apareciendo: Scaramouche, un personaje menor de la Comedia del arte; Galileo, astrónomo condenado por herejía; Fígaro, protagonista de El barbero de Sevilla. En este delirio de personajes, Belcebú quiere arrastrar el alma del asesino, que pide ayuda a Bismillah (en el nombre de Dios, es decir, Allah). El solo de guitarra ilustra el caos de la lucha en la que los ángeles acaban por salvar su alma. Con el delirio ya resuelto, vuelve la balada y Mercury resta importancia a lo sucedido con la frase “Nada importa para mí”, quizá porque el tiempo sigue transcurriendo, pase lo que pase. “El viento soplará igualmente", una posible referencia al insuflo de vida.

Algunos han interpretado esta canción como el asesinato del antiguo Mercury, el que no reconocía su sexualidad. Lo cierto es que el compositor no reveló nunca qué quería decir exactamente, al igual que el resto de los miembros de la banda. Todos han preferido dejar que cada oyente genere su propia historia.

Diario El País de Madrid

Canadá

de Richard Ford
(Editorial Anagrama, Buenos Aires, 2014. 512 páginas)


Canadá no es una primicia bibliográfica, pero el hecho de estar considerada como “…una de las primeras grandes novelas del siglo XXI” (John Banville), justifica una nota.

La deslumbrante prosa se luce en los párrafos extensos que enumeran múltiples detalles acerca del aspecto físico de los personajes. Sus descripciones de ambientes y ciudades son prodigiosas por su minuciosidad. Es profundo el análisis psicológico de los protagonistas: “…tomando decisiones equivocadas que le parecieron buenas de verdad en su momento, pero finalmente malentendiendo el mundo al que había regresado y convirtiendo tal malentendido en su vida misma.” En cierta forma, Ford considera que ellos no comprenden los que les pasa ni a la realidad que los rodea (“Es un misterio cómo somos. Un misterio.”)

Dell Parsons, un profesor sexagenario, narra la historia de su familia (de la cual él es uno de los mellizos –el otro es su hermana Berner-), a la cual le aguarda un final aciago y, desde el comienzo del libro, cuando él solo contaba quince años, crea un tenso suspenso sobre ese futuro tormentoso. Asombra la adaptación de la escritura al punto de vista adolescente del protagonista.

Está excelentemente abordada la evolución del carácter y de las acciones de sus padres (Bev y Neeva), ambos comunes y decentes, que se encaminan imperceptiblemente, sin advertirlo, hacia la delincuencia. La pareja se comporta como si los actos no tuvieran consecuencias. Estas traumáticas y trágicas circunstancias resultan opresivas y, a la vez, humanas, porque aunque su padre sea un torpe perdedor, Dell tiene una mirada cándida y benevolente hacia él.

En la segunda parte (hay tres) Dell ingresa a Canadá en su frontera con los Estados Unidos y debe adaptarse a la vida rural y a las múltiples tareas que la misma le requiere (se podría decir que Richard Ford presenta a tranche de vie). Allí intuye que una nueva amenaza encarnada en un extraño personajes (Arthur Remlinger) se cierne sobre su ya castigada existencia.

Pese a estar ante una novela patética y con desenlaces fatales, el autor opta por una visión optimista, pues en la tercera parte Dell ya es profesor y está casado: su firme voluntad le ha posibilitado seguir adelante, superar las desgracias y acceder a una vida madura.

Ya se ha señalado en oportunidad de comentar los relatos de Francamente, Frank, la extensa bibliografía de Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) y los valiosos premios que obtuvo. Solo resta agregar que él ha superado un grave problema de dislexia, que recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, que escribir la novela reseñada le llevó unos veinte años y que por ella mereció en 2013 la Medalla Andrew Carnegie y el Premio Femina Extranjero, y que fue considerado nada menos que por Raymond Carver como “El mejor escritor en activo de este país”.

Correcta la traducción de Jesús Zulaika.

Germán Cáceres

Revista BePe

Nuestra Biblioteca ocupa un espacio central en la última edición de la revista Bepe, la publicación de la CONABIP.


El extenso reportaje a Almudena Grandes refleja su visita a la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte


Las fotos, tomadas en nuestra casa, incluyen la participación de la Presidenta Carolina Orsi entregándole el diploma con que la declaramos Socia Honoraria.


Además, incluye un artículo sobre el "Banco de experiencias" de la CONABIP, con una ilustración del Cineclub La Rosa.