Taller de Inglés

En 2018 comienza un nuevo taller de idioma en la Biblioteca, con la incorporación de Inglés. Lo dictará el profesor Matias González Díaz los jueves a las 17:30 horas, en Austria 2154. Comienza en abril. Inscripciones abiertas.



El objetivo del taller será el desarrollo de las habilidades orales. Expresar deseos, entablar conversaciones para obtener y otorgar información, pedir servicios y realizar reclamos. Se apuntará a aumentar el vocabulario y la fluidez del participante, con un enfoque en la entonación y la fonética. También se trabajará la comprensión lectora.

Algunas de las temáticas a abordar son:
  • Turismo y el lenguaje del turista. Pedir direcciones, leer mapas y descripciones. Pedir comida, el nombre de los ingredientes y platos en inglés. Cocina del mundo.
  • Lenguaje de uso diario. Periódicos, televisión, series. Entrenar el oído. Comprensión de textos literarios.
Las clases tendrán un enfoque práctico, y se utilizará material audiovisual.

Thaiel Matías González Díaz es transcriptor freelance en inglés y profesor en el Instituto Gateway School of English. En 2013 participó en la conferencia internacional estudiantil de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Nueva York), y recibió el reconocimiento de la Asociación MiNU (2da mención en Categoría de Embajador).

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. 

Taller de Italiano

El 4 de abril retoma el Taller de Italiano en la Biblioteca, coordinado por la Profesora Stella Maris Scuderi , en este año con dos niveles y un cursos de conversación, todos los miércoles. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El Nivel 1, pensado para un nivel inicial, se dictará en clases de una hora por semana los miércoles a las 17 horas. El Nivel 2, más avanzado, los miércoles a las 18 horas, y el de Conversación, los miércoles a las 19 horas.

El programa incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.

La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Coro

Desde el 6 de abril, todos los viernes, comienzan las clases de coro con preparación vocal en la Biblioteca a cargo de Inés Maurel y Alejandra Varela, con nociones de técnica vocal, respiración, vocalización y repertorio adaptado. Será a las 18:30 horas, en Austria 2154.



Inés Maurel estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música CARLOS LOPEZ BUCHARDO, el Conservatorio Municipal MANUEL DE FALLA y el Instituto Superior de Arte del TEATRO COLÓN.

Técnica Vocal con las profesoras Marta Benegas, Carmela Giuliano, Isabel Rodríguez, Nilda Hoffman y el Maestro Armando Miotto.

Repertorio con los Maestros Dante Ranieri, Gianni Rinaldi, Hugo Charpentier, Jorge Ugartamendía, Rubén Castagnetto, Armando Marrazzo, Marina Ruiz y las profesoras Lidia De La Merced, Madalit Lamazares y Sofía de Rey.

Realizó estudios en música Argentina y Latinoamericana, piano y técnicas teatrales. Canta en castellano, italiano, francés, portugués y alemán.

Ha realizado conciertos de Música de Cámara, Opera y Zarzuela. Recibió el premio “Joyas de España”,  Medalla de Oro del Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

La pianista Alejandra Varela participó del acto de Homenaje a los Desaparecidos Españoles en la Argentina que se realizó en nuestra Biblioteca en 2017.


Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Danza clásica para niñas

Desde el 2 de abril, Cristina Bartolomé comenzará con el ciclo 2018 del taller de Danza Clásica para niñas de entre 6 y 9 años en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Las clases serán los lunes a las 17:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.



Cristina Bartolomé estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales.

En su trayectoria artística y coreográfica se incluyen actuaciones en el Teatro Colón, Nacional Cervantes, San Martín, Avenida, Auditorium de Mar del Plata, Broadway y Margarita Xirgu, entre otros, además de participaciones televisivas.

Como docente trabajó en el Conservatorio "Beethoven", "Studio O. Kirowa", Estudio "Gurkel - Lederer" y la Escuela de Arte “Cecilia Maresca”.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. 

Francés del viajero 2018

Retoma el seminario de Francés del viajero a la Biblioteca, Austria 2154, en esta ocasión con dos módulos, dictados por el Profesor Sebastián Barvié. Comienza el martes 6 de marzo en Austria 2154.


El Profesor Sebastián Barvié -Licenciado en Lenguas Extranjeras Aplicadas a la Empresa de la Universidad de Montpellier 3- dictará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154, el seminario "Francés del viajero", los martes, en dos módulos. El primero irá de 18.30 a 20 horas, mientras que el segundo será de 16:30 a 18 horas.

Este taller está destinado a toda persona de nivel principiante que desee adquirir los conocimientos lingüísticos esenciales para poder desenvolverse durante un viaje a un destino francófono. Desarrollaremos la comprensión y la expresión escrita y oral, estimulando al alumno a aplicar los conocimientos adquiridos simulando situaciones típicas a las que se enfrenta cualquier turista. El aprendizaje grupal lo ayudará a perder el miedo y la inhibición, presentes en todo viaje, ya sea turístico o corporativo. 

El taller es dictado por Sebastián Barvié Guaglianone, Licenciado en Lenguas Extranjeras Aplicadas a la empresa de la Universidad de Montpellier 3. Actualmente, dicta cursos de FLE (Francés Lengua Extranjera) en la Alianza Francesa de Buenos Aires, Francés de la empresa en Total Austral y Moët Hennessy, y participa del Programa de Lenguas de la Universidad de San Martin (UNSAM).

Anteriormente, trabajó sucesivamente en el rubro Traducción, como Project Manager de proyectos multilingües; en Turismo, como Tour Leader de senderismo en Patagonia argentina y chilena; y como docente en el Centro Universitario de Idiomas de la UBA, en Peugeot Citroën, y en Sudáfrica, en el marco de un programa de capacitación a personal de turismo, agentes de tráfico y bomberos para el Mundial de fútbol de 2010. Residió en Francia durante los años 2000 – 2007 y en Sudáfrica durante el año 2009.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. 

Biomecánica corporal y elongación

El 5 de marzo comienza el ciclo 2018 del Taller de Biomecánica Corporal y Elongación, a cargo de Cristina Bartolomé en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Las clases serán los lunes y miércoles de 18:30 a 19:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Clases de Biomecánica Corporal y Elongación, combinación de ejercicios de yoga, pilates, kinesiología, elongación y relajación es lo que propone el nuevo taller que se dará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

La propuesta de trabajo parte de una serie de ejercicios de piso y elevación que mejoran la circulación y tonifican el cuerpo. Desarrollan la fuerza flexibilidad y resistencia, alarga y fortalecen los músculos, mejoran la postura y respiración, logrando un alto grado de relajación y disminuyendo el estrés. Tu cuerpo es único, cuídalo y querelo, pues no tiene repuesto.

Cristina Bartolomé estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales.

En su trayectoria artística y coreográfica se incluyen actuaciones en el Teatro Colón, Nacional Cervantes, San Martín, Avenida, Auditorium de Mar del Plata, Broadway y Margarita Xirgu, entre otros, además de participaciones televisivas.

Como docente trabajó en el Conservatorio "Beethoven", "Studio O. Kirowa", Estudio "Gurkel - Lederer" y la Escuela de Arte “Cecilia Maresca”.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. 

Poema de Luis Franco


EL MAR SE EMBARCA
a Carlos Penelas 

Cabalgan las montañas sobre la tierra toda.
Sobre el abismo cabalgando el mar.

Como potro espantado y espantoso
emboscado detrás
de sus olas
el mar.
Nublado de olas, pero
constelado de furia y espumas en verdad
(el pez-espada ha atravesado el pecho
de la tromba al pasar);
levantando en sus puños orografías líquidas,
la saña cóncava del mar:
blanqueando en la noche
como un cometa apeado, ¡ay!
hambriento siempre de naufragios,
dejando su fugaz
lápida de ímpetu y espumas,
el mar,
rugiendo y sollozando
ebrio de la amargura de su sal…
Todo para embarcarse al fin en el navío
de la noche que lleva en su bogar
todas las luces encendidas:
¡el mar
singlado en órbitas celestes
ya!

Luis Franco

Otras bibliotecas

Continuando el artículo sobre las bibliotecas y el reportaje a Alberto Manguel, un actor, una cineasta, un politólogo y una escritora cuéntan cómo atesoran sus libros.



Gonzalo Heredia. Un elemento central de la vida de todos los días

Desde cero. El actor Gonzalo Heredia fundó su propia biblioteca así como quien construye una casa, desde el primer ladrillo. "En mi adolescencia la idea de biblioteca estuvo relacionada a un estante para poner adornos y cosas lindas -dice-. En todo sentido yo tuve que construir una biblioteca. Primero, dentro de mi cabeza, con ese traslado de biblioteca de cosas lindas y adornos, a una biblioteca activa. Fue explorando, revolviendo en las librerías de descuentos y libros usados de la avenida Corrientes. Y también mucho por intuición, en especial con el encuentro de escritores argentinos para tener un acopio de libros". ¿Qué nombres eligió para empezar? Roberto Arlt, Rodolfo Fogwill fueron los primeros. También algún Cortázar. Y los clásicos de la literatura universal. "Uno me fue llevando a otro. Empecé a ramificarme, hasta que me familiaricé con los norteamericanos, los rusos, los europeos", cuenta. Y la biblioteca creció y creció. Heredia, activo colaborador en @lagenteandaleyendo, la cuenta que recomienda libros en Instagram, Twitter y YouTube, se considera un fetichista del libro. Como tal, tiene sus trofeos. ¿Cuáles son esas joyas de sus estantes? Una primera edición de la uruguaya Cristina Peri Rossi, firmado por ella; una primera edición de uno de Fray Mocho, comprada en una librería de viejo en Mar del Plata.

Cuenta que en su living no hay televisión, que ese lugar lo ocupa la biblioteca, a la que señala como un integrante más de la familia: "Está dentro de la estructura, dentro de la cotidianidad. Al estar en un lugar transitable, la uso, la consulto. Hago una especie de zapping de libros. Me gusta que sea parte de mi familia", explica. Fiel a la lógica de "dime qué biblioteca tienes y te diré quién eres", cuando va a una casa, lo primero que mira es eso: qué libros hay, cuántos, y agrega: "Me ha pasado de no conocer a una persona e ir a la casa y pedir permiso para ver los libros que tiene".

¿Ordenada? ¿Con libros revueltos? "Mi biblioteca está bastante desordenada porque se usa. He conocido bibliotecas estéticas, ordenadas por editoriales y colores, pero me da mucha más empatía una biblioteca desordenada porque es una biblioteca que está activa, en circulación constante", dice. Cuando intenta darle un orden, sin embargo, elige el geográfico, "como si armara un mapamundi". Luego hay otro espacio para los clásicos que trascienden geografías, como el Quijote, Ulises, Moby Dick; y una sección especial para el policial negro argentino, norteamericano y escandinavo, del que se reconoce admirador.


Lucrecia Martel. Tratar a los libros como amigos en un campamento
"Cuando iba a cumplir 9 años, mi abuela Antonia me llevó a una tienda de Salta que era juguetería, librería, de ropa, no me acuerdo cuál era. Mi abuela iba a todo tipo de tiendas, las tradicionales y las más despreciadas. Me dijo que eligiera dos cosas, como regalo de cumpleaños", recuerda la directora Lucrecia Martel. La niña eligió un revólver y una versión del Quijote para niños. Su abuela no se sorprendió por el revólver, sabía que solía jugar a los vaqueros. Sí se sorprendió por el libro, porque no tenía dibujos. "Me ofendían los libros con dibujos para niños", dice Martel. Tiempo después, su abuela Nicolasa le regaló tres tomos de la Enciclopedia de mitología griega. Entre los 9 y los 15 años, Martel se apasionó: "Era esa época en que las editoriales mandaban a unos vendedores casa por casa, tan fervientes como testigos de Jehová, ofreciendo diccionarios, enciclopedias, colecciones de literatura. Las familias se endeudaban en planes de pago para colaborar con las actividades de la escuela de los hijos". La biblioteca mental de la directora de Zama se alimenta de esas cosas.

¿Marca los libros de su biblioteca? "Los escribo, subrayo, anoto en las contratapas. Tengo algunos arrugados por el vapor de baños de inmersión. Trato a los libros como si fueran amigos en un campamento", dice. Su biblioteca tiene dos variantes: la "estabilizada", en un entrepiso, donde todo ya ocupó un lugar constante, y la cambiante, donde se agregan los nuevos. "De chica me pareció que los libros eran gente que sólo podía conocer de esa manera -cuenta-. Personas cuya compañía hubiera sido mal vista en mi colegio o en mi familia. Y pienso en mi biblioteca como un salón donde he podido juntar gente que quizás no hubieran aceptado mi invitación, y menos si sabía que estaban fulano o mengano en el otro estante. Un salón donde sería muy divertido estar". ¿Cuáles son los tesoros de Martel? Un manual en latín que servía a los sacerdotes para la evaluación de las faltas teológicas o morales, Tribunal Confessariorum, de Martín Wigandt, de 1713. Dos volúmenes que recopilan los grabados sobre la industria en el siglo XVIII, publicados en la Enciclopedia de Diderot que, dice, fueron muy útiles para pensar cosas para Zama. ¿Y a qué páginas vuelve cada tanto? A Las metamorfosis, de Ovidio, al libro Historia de los animales, de Claudio Eliano, y, "como si fuera un libro de revelaciones", lee al azar un fragmento de la enciclopedia Historia natural, de Plinio el Viejo. Cuenta que cuando está inquieta, lee sobre matemática; que eso la calma. "Tengo un libro sobre el teorema de Pitágoras, es muy tranquilizador", apunta y habla sobre su biblioteca ideal: "Vi un barco, creo que en el Museo Marítimo de Rotterdam. En el camarote del capitán había una biblioteca. Es mi sueño".


Eduardo Fidanza. La biblioteca puede ser un bosque imaginario
El analista político Eduardo Fidanza cuenta que su biblioteca comenzó a formarse cuando ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras, a principio de la década del 70. Creció rápido: a los dos años ya sumaba unos doscientos volúmenes. "La primera compra importante fue a un vendedor de Eudeba -recuerda-: algunos manuales básicos de sociología y psicología social norteamericana". Todavía los conserva y los consulta; son clásicos. Dice que en su biblioteca prefiere los libros nuevos, no los de segunda mano, excepto en el caso de algún título que sea inhallable. ¿Fetichista? "Creo que todo bibliófilo tiene cierta relación fetichista con los libros -responde-. Ellos no son solo para leer sino también para contemplar, hojear, apreciar la edición, hasta olerlos, como me enseñaron a hacer unos tíos, a los que les debo, junto con mis padres, el amor por los libros".

Fidanza dice que desde muy chico vivió rodeado de bibliotecas. Suele ponerlos de canto en los estantes, "para contemplarlos y disfrutar sus colores". En general los marca, siempre con rotulador amarillo, aunque solo palabras o párrafos cortos. Y confiesa que van ubicados en un orden genérico "para disimular un desorden de fondo": ciencias sociales en general, capitalismo, teoría weberiana, marxismo, economía, historia y mucha literatura y filosofía. ¿Cuáles son los favoritos en esos estantes? "Hay una serie de autores centroeuropeos que han capturado mi atención en los últimos años: Joseph Roth, Stefan Zweig, Arthur Schnitzler, Sándor Márai. Suelo volver a ellos como quien se zambulle en una experiencia estética y ética, la de un mundo que ya no existe: la Europa humanista y pacifista que destruyeron el nazismo y el estalinismo", explica, y aclara: "No lo hago con actitud reaccionaria, sino como un paseo por un bosque imaginario que me produce placer y serenidad". Cuenta que también vuelve a Borges cuando siente que su escritura se anquilosa: "Hago el ejercicio de reparar una vez más en su escritura, en la extensión de las oraciones, la puntuación, el ritmo. Practico un periodismo intelectual en apenas 5000 caracteres. De vez en cuando necesito el auxilio de un maestro de la concisión".

Su mujer es historiadora del arte, así que en los estantes privilegiados van sus preferidos y los de ella: "En un momento se borran los límites y se constituye un nuevo espacio". En su escritorio, en su casa, se acumulan los volúmenes de ciencias sociales. Y en su oficina, los libros que hacen eco a sus columnas semanales en La Nación. Fidanza agrega la idea de la biblioteca móvil. No, no habla de la biblioteca virtual, aunque también la tiene y ahí acumula papers; habla de su mochila, siempre cargada de libros que vienen y van.


Claudia Piñeiro. Títulos y estantes que crecen sin parar
Como hongos, así dice que crecen los libros en su casa. Claudia Piñeiro cuenta que vive a 50 kilómetros de Buenos Aires, en un lugar donde las casas tienen muchas ventanas y pocas paredes. Un problema, en síntesis, para armar grandes bibliotecas en un solo lugar. Igual, se las arregla: "Tengo varias bibliotecas, incluso en el descanso de la escalera. A veces no hay más estantes y vuelve a aparecer otra biblioteca en otra pared que rescato. La primera biblioteca estaba en mi escritorio. Después hice estantes arriba de la ventana. Después empecé a avanzar sobre el living, sobre otro cuarto que hay afuera de la casa?". En su habitación hay dos bibliotecas más: una en la que acomoda los libros de teatro y de ensayo literario, otra donde guarda los que fueron firmados por personas que admira.

No siempre hubo bibliotecas enormes, con tentáculos. En su casa familiar, recuerda, había una biblioteca muy chica, importante para sus padres, pero no en tamaño. "Era una familia que le daba valor a la lectura pero no tenía tantos libros", dice. También tenía una propia en su cuarto, y, cuando se mudó, la llevó al departamento que alquiló cuando consiguió trabajo. Esa biblioteca mutó a lo largo de los años, con el correr de las mudanzas. Hoy es esta que cuenta, que ordena alfabéticamente y que se extiende hasta Buenos Aires, porque en la ciudad también tiene un departamento que guarda libros de teatro, de ensayo literario y de ficción.

Piñeiro dice que supo ser usuaria de bibliotecas públicas; en su infancia y su adolescencia solía ir a la de Burzaco, el pueblo donde creció, y en la juventud con frecuencia iba a la biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas, donde estudió. Se reconoce fetichista. Prefiere los libros nuevos, aunque si no se puede, consigue los usados, y los marca con un doblez en la página, más arriba o más abajo, según se ubique la parte que le interesa destacar. También dice que vuelve siempre a los ensayos: libros de Barthes, El arte de la ficción, de David Lodge, Suspense, de Patricia Highsmith.

De las bibliotecas ideales, nombra la de Guillermo Saccomanno: "Tiene todos los libros que quiero", dice y agrega: "Y la de un amigo y escritor italiano, Andrea Rosetti, porque además de completa y sofisticada es de una belleza única".

Por: Natalia Gelós
Diario La Nación

Lucho Olivera. La imaginación al poder


de Felipe Ricardo Ávila
(Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 122 páginas)


Ávila se propone en este ensayo no sólo analizar la producción gráfica de Ricardo Luis “Lucho” Olivera (Corrientes, 1943–Buenos Aires, 2005), sino también sus méritos en su condición de guionista. Hace hincapié en la que considera su obra capital, Gilgamesh, el inmortal, que articula el primer poema de la humanidad con una visión del futuro a través de la ciencia ficción. Y señala las obras que influyeron en ella: la novela Los amos del tiempo (1956), de Wilson Tucker, y los filmes Espartaco (1960) y 2001: Una odisea del espacio (1968), ambos de Stanley Kubrick, del que tomó el diseño de los trajes y las naves espaciales que le fueron facilitados por la N.A.S.A.

En la sección de papel ilustración y a color se publica El delator, primer episodio de la serie Legión Extranjera, con guión y arte de Olivera, que según Felipe Ávila apareció en el Nº 826 del 19/9/1964 de la revista Misterix, que dirigía Hugo Pratt, y cuya influencia en la historieta es innegable. Allí también se pueden apreciar del dibujante algunas de sus portadas de las revista Hora Cero, El Eternauta y Ernie Pike, y un cuadro de 1974 titulado Soldados en guerra esperando para comer a la hora del Rancho.

Más adelante, en blanco y negro, aparece Madeleine (Bull Rocket Nº 1, alrededor de 1962, según Ávila), sin mención del guionista pero sí del dibujante, que testimonia su dominio del pincel.

Se enumera en el ensayo los guiones de las historietas Legión Extranjera, Los teutones, Ojo por Ojo, Doce Hombres, Esperanza en Sirio, Los Senderos del Tiempo, Superpoblación y algunos episodios de Gilgamesh, el inmortal.

En todo momento Felipe Ávila expresa su intenso cariño por “Lucho” como persona y su admiración incondicional hacia su creativa y dinámica composición de página, su peculiar narrativa y el ritmo visual de la combinación de viñetas. Elogia el alto nivel técnico de su estética. Explica su utilización de plumas, pinceles, collages (pegando ilustraciones extraídas de diccionarios), salpicados de témpera blanca y texturas. Se debe recordar cómo admira esta creativa ejecución un talento de la talla de Quique Alcatena.

Continuamente se resalta la pasión que sentía Olivera por la civilización Sumeria y la calidad de su figuración en la saga Nippur de Lagash (1967).

Hacia el final hay comentarios sobre otras historietas dibujadas por Olivera, como Dick, el artillero; Yo, Cyborg; Ronar; Galaxia Cero; Planeta Rojo y Las amazonas de Clitomarkan.

Lucho Olivera, La imaginación al poder es un investigación exhaustiva y sagaz sobre este maestro de la historieta argentina.

Germán Cáceres

Enamorados de los libros

En este Día de los enamorados, los esperamos a todos los que sientan la misma pasión que nosotros por los libros en nuestra Biblioteca, Austria 2154, de 16 a 20 horas.


Durante enero estuvimos trabajando en la recatalogación e inventario de nuestro material bibliográfico, que ahora se encuentra catalogado y ordenado por temática en un 80%. Puede consultarlo en este enlace.

A pesar de todo, Virginia Woolf

Una biografía, un tomo de sus diarios y un volumen de cartas permiten volver a una autora que no distinguía entre escritura e intimidad.


Olvidemos la cantidad de ediciones en castellano, fragmentarias o no, de los diarios y la correspondencia de Woolf. Olvidemos que Orlando, traducido por Jorge Luis Borges, fue una de las fuentes de varias líneas de la célebre enumeración del aleph visual de El aleph: como en la actualidad los lectores de Borges y los de Woolf pertenecen a galaxias distintas, pocas veces se advierte ese delicioso “préstamo”, como hubiesen dicho los filólogos. Olvidemos otras traductoras o editoras episódicas y egregias, que a Woolf le irritaban: detestó a Marguerite Yourcenar y fue insularmente imperial con Victoria Ocampo.

Olvidemos las oleadas de las diversas posturas críticas que acompañaron su fama: sucesivamente fue convencional; después, vanguardista; más tarde, lírica; casi siempre, estrecha de miras sociales o demasiado inglesa; a partir de los años ochenta del siglo XX se la confinó en un palacio enorme y casi siempre sentimental: el de los estudios culturales y el de la diferencia. Aunque en este último espacio se pierdan en parte sus dotes literarias y su deslumbrante captación de la historia, no podemos olvidar, sin embargo, que fue la autora indiscutible de uno de los tres panfletos supremos de la liberación de las mujeres: el primero, el de Mary Wollstonecraft (Vindicación de los derechos de la mujer; 1792); el segundo pertenece a Woolf (Un cuarto propio; 1929); el tercero fue El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (1949). El primero se escribió durante una revolución; los otros dos son textos de las posguerras del siglo XX.

Los tres panfletos, además, fueron posibles por el advenimiento del cristianismo, la única de las tres religiones monoteístas que creó (alumbraron, permitieron, forjaron) un pliegue por el que se deslizó el cuerpo de la mujer primero y después, mucho después, también su entera condición humana. Hay otra -muy incómoda- condición que hizo posible la liberación de las mujeres; y Woolf la percibió: que aquella es impensable fuera del capitalismo. En ese sentido, Orlando podría interpretarse también como la inquietante advertencia de que la mujer, como sujeto social y político, surge atada a dos poderosos señores: cristianismo y reino de la mercancía. En efecto, en 1928 Orlando se transforma en reguladora máxima del mercado: va a grandes almacenes, conduce un coche, ­espera a su marido.

Porque alberga todas esas vertientes y no resuelve ninguna, hoy podemos leer a Woolf como una intelectual en el sentido más amplio del término y en todos sus géneros: como alguien que no retrocede ante ningún peligro y no distingue entre escritura e intimidad. Al contrario, desafía la intimidad en la escritura, a la que concibe siempre, en sus cartas y diarios, como un arrojarse al espacio de los otros, tanto ante el de los lectores como al de la sociabilidad familiar, casi tan exigente y feroz, en su caso, como la del campo literario.

En una de las extraordinarias cartas a su tardía amiga Ethel Smyth (una de las pocas compositoras de la época, que le llevaba 20 años y que era una aristócrata omnipotentemente lesbiana) formuló la más perfecta y desafiante poética de ese arrojo suyo, clarividente y peculiarísimo. Lo vinculó con sus extensos brotes psicóticos, que se encuentran pautados en la clásica y sutil biografía de Lyndall Gordon y que ella enlaza con los mecanismos de su producción literaria. Dijo Woolf: “Puedo asegurarte que, como experiencia, la locura es aterradora y nada despreciable. En su lava sigo encontrando la mayoría de las cosas sobre las que escribo. Sale de una enteramente formada, terminada, no en gotitas, como sucede con la cordura” (1930, en la traducción de la argentina Susana Constante de Cartas a mujeres; 1993).

En 1930, cuando anotó estas líneas, Woolf ya había pasado por al menos tres de los más prolongados episodios de demencia que jalonaron su vida: Gordon sigue esa serie, sin hacer clínica ni interpretación, y la usa para desarrollar su trabajo sobre tres pilares. El primero es la génesis de la figura de una escritora y la relación con el ritmo de sus lecturas, pautada por su padre, Leslie Stephen. El segundo es un hallazgo de Gordon: las variaciones genéricas que Woolf trabajó en sus ensayos y novelas surgen del género que con más éxito practicó su padre a partir de 1885: el Dictionary of National Biography, uno de los monumentos ideológicos de la época victoriana imperial. Observa Gordon: “La biografía fue el punto de partida” de la literatura de su hija porque había sido el punto de llegada de su padre, Leslie Stephen. El tercer pilar es la labor crítica: Gordon no es sólo una biógrafa, sino una guía utilísima para acceder incluso a algunas de las claves de la Woolf más oscura e inclasificable, la de Las olas (1931).

Junto con Gordon y con la correspondencia con Lytton Strachey ha aparecido otra traducción, sin duda excelente, porque es de Olivia de Miguel, de los diarios de 1915-1919, que corresponden a la misma época del intercambio con Strachey. El prólogo de Inés Martín Rodrigo es una enternecedora acumulación de ingenuidades o errores, como afirmar que “es la primera vez que se nos ofrece una versión fidedigna e inequívoca de Virginia Woolf”. Hay traducciones también muy estimables anteriores de Justo Navarro y de Laura Freixas en Grijalbo. Y lo fidedigno y lo inequívoco son, precisamente, lo que Woolf, en su genialidad, nunca entrega. Si se logra, como en el caso de Kafka, hacer la edición completa de los diarios (seis o siete volúmenes según las ediciones) y la de la correspondencia (que posee la extensión ­similar), se podrá acceder, junto con las obras, a uno de los monumentos de la literatura moderna, de su deslumbrante originalidad y de su inagotable y arriesgada inteligencia.

Nora Catelli
Diario El País, Madrid

Virginia Woolf. Vida de una escritora. Lyndall Gordon. Traducción de Jaime Zulaika. Gatopardo, 2017. 456 páginas.
El diario de Virginia Woolf (Vol. I / 1915-1919). Virginia Woolf. Traducción de Olivia de Miguel. Tres Hermanas, 2017. 613 páginas.
600 libros desde que te conocí (correspondencia). Virginia Woolf- Lytton Strachey. Traducción de Socorro Jiménez. Jus, 2017. 143 páginas.
Virginia Woolf, las olas. Jesús Marchamalo, con ilustraciones de Antonio Santos. Nórdica, 2017. 64 páginas.

Lo que cuentan las escritoras latinoamericanas

El Hay Festival de Cartagena se convierte en un espacio de reflexión sobre el olvido y la discriminación a los que son sometidas las autoras.

  La escritora boliviana Liliana Colanzi en el Hay Festival de Cartagena. Daniel Mordzinski

Hace ya un año que cuando un premio, un congreso o un debate literario solo ha dado voz a autores latinoamericanos, ha aparecido una escritora para recordarles a sus autoridades que ellas también cuentan. Las narradoras Gabriela Wiener en Perú y Gabriela Alemán en Ecuador fueron de las primeras en alzar la voz. Sus colegas colombianas, las últimas en ser obviadas por el Estado cuando se trataba de representar a su país, tampoco se han callado. Ellas y ellos se encuentran ahora en el Hay Festival de Cartagena de Indias para seguir repensando el sistema editorial y literario a través del que se narra un continente.

El 47% de los participantes en este encuentro de ideas son mujeres, según datos de la organización. Trece ediciones después, ellas tienen que superar la barrera del 50% citando a más referentes femeninos en charlas como Las escritoras que nos gustan. “Al principio de mi vida lectora, en la adolescencia, estuvo Clarice Lispector y Alejandra Pizarnik, a quienes descubrí en la biblioteca de mis padres”, cuenta Juan Cárdenas. El escritor colombiano es uno de los elegidos en Bogotá 39, la lista de los 39 mejores autores, menores de 39 años, de América Latina seleccionados por el Hay Festival.

A Cárdenas le acompañaron Margo Glantz, Liliana Colanzi, Victoria Ocampo, Ingeborg Bachmann, Josefina Vicens, Elizabeth Bishop o Ana Blandiana. “Son todas autoras a las que adoro por su relación de tensión con el lenguaje”, explica.

En la lista a la que pertenece el autor colombiano solo hay 13 mujeres, ninguna de su país. “Es grave”, opinó la escritora colombiana Carolina Sanín en su columna Pasar fijándose. “No está mal’, oí decir: ‘Es un tercio’. Y sí, está mal. Cualquier cantidad menor a la mitad en una lista de los mejores jóvenes es discriminatoria”.

Los responsables del jurado de Bogotá 39, como la periodista Leila Guerriero o el editor Darío Jaramillo, han explicado que se concentraron en elegir a los mejores autores. Una idea que la narradora argentina resumió en una de sus columnas en EL PAÍS. “Nunca pienso en ellas como ‘mujeres’ sino como ‘algunos-de-mis-autores-favoritos’. Me gustan por su calidad, no por su género. Pero no soy idiota: sé que en literatura, como en todo lo demás (política, empresa, sindicalismo), el acceso a ciertos espacios es, para las mujeres, mucho más arduo que para los hombres”.

“El Hay Festival siempre se ha caracterizado por ser un espacio abierto, que busca la representatividad de distintos sectores de la sociedad, y en donde la mujer cumple un papel determinante”, dice Amalia de Pombo, directora de la edición colombiana. Los cabezas de cartel del festival vuelven a ser dos hombres: Salman Rushdie y J. M. Coetzee. Pero la organización no es ajena al movimiento feminista que se está generando en las letras latinoamericanas. A la representación de mujeres de Bogotá 39 se unen en esta edición Haydée Milanés, intérprete y compositora cubana; la cantante y actriz española Ana Belén; la filósofa también española Marina Garcés; Nadya Tolokno, de la banda Pussy Riot; y la escritora africana Yaa Gyasi, entre otras.

“Es inevitable que los nuevos movimientos feministas tengan un impacto en la literatura, tanto en lo que se escribe como en la propia institución”, relata Juan Cárdenas. “Lo que todavía no sabemos es qué forma tendrá ese impacto, esa transformación. Yo soy un optimista patológico y creo que, en definitiva, el resultado de esta oleada feminista va a ser una literatura mejor en todo sentido”.

Por el momento, el grupo de escritoras colombianas que plantó cara al Ministerio de Cultura cuando dejó fuera a las mujeres de un coloquio en París, el pasado noviembre, ha conseguido que en Colombia se hable de Pilar Quintana, reciente ganadora del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, de Amalia Andrade, Diana Ospina, Catalina Holguín y muchas otras. Las que se atrevieron a preguntar: ¿las mujeres no tienen la misma calidad literaria que los hombres en Colombia?

Antes, la autora peruana Gabriela Wiener tuvo la misma duda cuando después de verse en una foto rodeada por Mario Vargas Llosa, Jeremías Gamboa y Julio Villanueva Chang sintió el triunfo de estar rodeada de los autores que dibujaban “la literatura peruana”. Un tiempo después, tras un paseo por el estand de Perú en la Feria del Libro de Bogotá, volvió a reconocer a esos hombres, solo a esos hombres, y el orgullo se convirtió en una extraña sensación: faltaba algo. “Creo que ahí se me abrió un agujero en el cerebro y me revolqué en el fango y me dije que jamás, jamás estaría en un evento que fomentara de manera tan clamorosa la desigualdad y que contara una historia tan jodidamente falsa”, escribió en una publicación de Facebook que suscitó un profundo debate.

En un artículo publicado en la revista colombiana Arcadia, Gabriela Alemán contaba una historia similar. La autora, ante un gran auditorio donde se presentaba una colección de autores ecuatorianos, preguntó en alto: “¿Qué pasó con las otras?”.
Ana Marcos
Diario El País, Madrid