Antón Avilés de Taramancos, el poeta que le cantó a la vida

Su amor a la tierra y la lengua gallega definen su estilo existencial, marcan su actitud vital y literaria.


El surrealista Tristán Tzara dijo alguna vez que la poesía es una actividad del espíritu. Esta afirmación se cumple cabalmente en la vida y la obra del juglar gallego Antón Avilés de Taramancos. Llegó a este mundo el 6 de abril de 1935 en Noia, con el nombre de Xosé Antón Avilés Vinagre. Fue el mayor de cuatro hermanos: Guillermo, Xosé Manuel y Alfonso.

Su padre Severiano Avilés Outes era marinero y navegó por los mares del mundo desde siempre. Su madre, doña Manuela Vinagre Fuentes, más conocida como Lela de Pastora, dedicaba su tiempo a los trabajos de labranza y al cuidado de sus hijos, y su abuela, Pepa de Pastora, fue el sostén de la trama familiar. Con ella, Antón recorrió los caminos de Galicia y aprendió a amar su tierra y a conocer las costumbres del pueblo.

Su amor a la tierra y la lengua gallega definen su estilo existencial, marcan su a actitud vital y literaria. El arraigo a la tierra gallega y a su gente surge en Antón de modo espontáneo y luego las lecturas y vivencias irán forjando al ilustre galleguista que fue. En 1980, en una entrevista realizada por Margarita Ledo, le dice Antón Avilés a Nosa Terra: “Yo nací galleguista quizás por mi origen de labradores y marineros. Para mí, mi postura de rebelde era algo natural, no me hizo falta una idea teórica o intelectual, la mía era y es una idea de hombre criado de pie sobre la tierra”.

En otra entrevista le cuenta a Xan Carballa: “Comencé escribiendo en gallego porque tenía un problema que no podía resolver en castellano, hablaba de mi contorno aldeano y los nombres de los pájaros, de los árboles y de las cosas no los sabía en castellano, sino en gallego. No era todavía yo consciente del significado de las ideas nacionalistas o de la defensa de nuestra lengua. El idioma era una herramienta de trabajo y yo no podía utilizar otra porque no sabía siquiera cómo se decía jilguero o fresno”.

Acudió a la escuela de Boa hasta los 12 años, durante la cruenta postguerra civil española, período de padecimientos para el pueblo ibérico, época de miserias materiales y morales, de persecución y censura al libre pensamiento.

Su vocación literaria se despertó tempranamente, a los quince años: en el número 1 de la revista Tapal, de Noia, su tierra natal, Antón Avilés da a conocer su primer poema en gallego.

Manuel Fabeiro Gómez, “Manolé”, poeta e investigador afincado en Noia y enamorado de Galicia, guió sus primeros pasos literarios y le hizo conocer los libros del gran Castelao. El joven Antón leyó con avidez ese material poético, sensitivo y audaz.

Antón continúo con su creación poética y el 14 de marzo de 1952, en el certamen literario convocado con motivo del centenario del Circo de Recreación de Noia, recibió una mención honorífica por dos poemas dedicados a figuras de la memoria histórica de la comarca.

Los personajes elegidos por nuestro poeta eran Luis Cadarso Rey, capitán de navío, muerto en la batalla de Cavite, en las islas Filipinas durante 1898, y Antón de Noia, grumete de la nao Trinidad que acompañó en 1521 a Hernando de Magallanes en su primera vuelta al mundo. A estas dos figuras dedica el poeta de Taramancos versos que ya insinúan su particular estilo. Antón Avilés frecuentaba junto a sus amigos las tascas donde tomó contacto con veteranos del arte y de la vida.

Antón poseía una amplia formación humanística, en literatura y en historia, esto queda patente al leer sus escritos. Tenía un profundo conocimiento de los autores gallegos como Castelao, Rosalía de Castro, Pondal, Manuel Antonio, Pimentel y otros, pero también la vivencia directa, el contacto con la tierra, con el mar lo que motiva y despierta al poeta.

A lo largo de su vida, conservará esta actitud abierta, receptiva para con los libros de toda especie, pero sobre todo valorando el intercambio de experiencias humanas, su etapa de bohemia coruñesa y su exilio en Colombia así lo muestran.

Como dice uno de sus biógrafos, Xosé Agrelo Hermo, esa parece ser la fórmula, la confraternidad con los viejos y nuevos amigos, las lecturas y el contacto con el mar, y la tierra.

Finalizados sus estudios de escuela secundaria, Antón parte hacia La Coruña, el deseo de su padre era que estudiara náutica, pero Antón se sentía más atraído por la poesía.

A poco de llegar, Avilés pasa a formar parte del mundo intelectual coruñés de los años 50. En la Tasca de Enrique se juntaban escritores como Mariano Tudela, González Garcés y Álvarez Tornero, pintores como Xosé Luís y Villar Chao.

Pero había algo que distinguía a Antón del resto de los contertulios, su monolingüismo y su granítico galleguismo, compartía esas inquietudes intelectuales e ideológicas con el escritor Cosan Casal y el pintor Raimundo Patiño. Junto a ellos y a Henrique Iglesias y Eduardo Martínez hicieron el llamado “El Juramento de Laracha”.

La Taberna de Paspán era el lugar de cita de los creadores. Algunos de sus contactos coruñeses le permitieron a Avilés Taramancos sortear la férrea censura del franquismo y tiempo más tarde, salvar su vida cuando debió partir al exilio hacia América, más precisamente hacia Colombia.

En 1961 llega Antón a Colombia, donde residirá por casi una veintena de años, realizando los más diversos oficios desde expedicionario casual del Amazonas con su amigo Miguel de la Quadra Salcedo, pasando por animador cultural y hasta mayordomo de la Embajada de Brasil en Bogotá.

Antón distribuía libros, trabajó para la editorial Cruz del Sur, más tarde se trasladó a la ciudad de Cali donde montó una librería que al poco tiempo de su apertura y por años se transformó en un centro cultural. Músicos, pintores, cantantes y bailarines famosos en todo el mundo transitaron por allí.

En 1963, Antón escribe la primera parte de los Poemas de ausencia, dedicados a su hermano Guillermo. Esos versos tienen un hondo sentimiento de morriña por su tierra, un profundo sentimiento telúrico. La segunda parte la dedica a Urbano Lugrís, y en estos versos se observa la influencia que sobre Avilés ejercieron Walt Whitman, Pablo Neruda y Saint- John Perse.

En 1978, poco antes del retorno a Galicia, Antón prepara el poemario Nova crónica de Ulises que terminaría en 1980, ya establecido en su Noia natal.

El reencuentro de Antón de Taramancos con su amada tierruca es un renacer, o como dice Felipe Aldana, un segundo nacimiento.

Antón no sólo se reencuentra con su gente y su paisaje, sino que la experiencia del exilio ha ampliado su mirada, ha expandido su sensibilidad y ha profundizado su conciencia de hombre de pie sobre la tierra.

El retorno significa volver a empezar pero siguiendo la huella, continuar escribiendo y abrir una tasca para que fuera un espacio de expresión poética, musical y de difusión de la cultura popular.

Los años de su nueva residencia gallega son pródigos en actividad creadora y hasta el final, aun cuando una cruel enfermedad hizo presa de su cuerpo, continuó escribiendo y difundiendo cultura.

El reencuentro de Antón Avilés de Taramancos con Galicia implicó su activa participación en la vida social, cultural y política, comprometiéndose con su tierra y su gente, pues el galleguismo era su segunda piel.

Una piel que portó con dignidad y que como el aire, el viento y el agua salada de los mares que impregnó su existencia desde niño lo acompañó hasta su última morada en La Coruña en 1992.

El hombre partió a confundirse con el cosmos a ser tierra en su tierra, pero sus versos quedaron, su estampa recia brota de sus libros. Su poesía nos hace vibrar hoy día, aquí a mucha distancia en kilómetros, pero muy cerca de Antón, junto a la Galicia libre que soñó y que todos anhelamos.

Carlos A. Solero

Amanda Gorman recuerda el poder de la palabra en la investidura de Biden

La poeta Amanda Gorman recuerda el poder de la palabra en la investidura de Joe Biden como nuevo presidente de los Estados Unidos, el miércoles 20 de enero. 

La autora, de 22 años, declama una obra suya cargada de esperanza por el país que encara la nueva administración.

Fuente: El País de Madrid.

Murió Cristina Guzzo

La autora de Las anarquistas rioplatenses 1890-1990 falleció en Buenos Aires el martes 19 del corriente victima del coronavirus Covid-19. Había concurrido al Taller Literario en nuestra Biblioteca.

En el  ensayo mencionado ,señala que la aparición de las anarquistas en el Río de la Plata surge en 1880 con Virginia Bolten, Pepita Guerra, Ana María Mozzoni y Juana Rouco Buela, entre otras. También publicó Libertarias de América del Sur.

Guzzo mantuvo siempre un vínculo fuerte con San Pedro, aunque desarrolló su vida en Capital Federal. Fue reconocida por sus estudios sobre Literatura Latinoamericana y sus investigaciones en torno a las mujeres anarquistas. Fue profesora de español en diversas universidades de Estados Unidos y en la Universidad de Buenos Aires.

 En 2019 concurrió al Taller Literario que Carlos Penelas dicta en nuestra Biblioteca. 

Hacia la belleza

por David Foenkinos
(Alfaguara, Buenos Aires, 2019, 206 páginas) 


Es una novela que revela una exquisita sensibilidad artística por parte del autor. 

El protagonista, Antonio Duris, es un tipo solitario pero simpático, podríamos calificarlo de lobo estepario singular. 

Aunque en un primer momento la novela es amena y se lee con placer, se tiene la sensación de que está flotando un clima extraño que no augura nada bueno. 

Duris trabaja como vigilante de sala en el Museo de Orsay, en París, pese a ser un profesor universitario prestigioso, historiador y crítico de arte. La cita de cuadros y de pintores famosos es una constante en la novela. Y aunque se mencionan algunos plásticos modernos como Bacon, Antoine admira principalmente el arte clásico, más allá de que sea devoto de la obra de Modigliani. 

Pronto traba amistad con Mathilde Martel, responsable de Recursos Humanos de la institución, y entablan diálogos breves, casi inexistentes: “Entre ellos siempre había grandes silencios. Eso es quizá lo que define una auténtica afinidad: no sentirse obligado a obstaculizar el vacío. “ 

El texto va acompañado por ingeniosas notas al pie. 

Foenkinos domina la técnica narrativa a la perfección: en todo momento y a lo largo del libro logra mantener la atención del lector. Antoine, además, es muy intuitivo porque capta al inicio de un nuevo ciclo anual los cambios que se están produciendo en los jóvenes, “…percibía un descenso en la concentración, gesticulaban cada dos por tres, enseguida pensaban en otra cosa.” No puede menos que elogiarse la espléndida traducción del francés por parte de Regina López Muñoz. 

El autor recurre a menudo al racconto para crear suspenso y revelar hechos insospechados. 

Pero ya avanzada la historia, aparece el personaje de Camille que toma un protagonismo importante. Es una joven estudiante de pintura que, como consecuencia de una agresión que sufrió a los dieciséis años, su conducta va tomando un camino tortuoso y colmado de dolor. “A Camille, por lo demás, le había encantado esa película, la estética de la locura creadora, en la que uno se pierde en el laberinto de las iluminaciones.” 

Hacia la belleza muestra cómo se torturan ciertas almas, cuya excesiva sensibilidad puede llevarlas a la destrucción. Así, tanto Antoine como Camille se sienten culpables de todas sus experiencias frustradas (“…entró entonces en cuerpo y alma en la obsesión de su culpabilidad”). 

David Foenkinos (París, 1974), Licenciado en Letras, recibió también una sólida formación como músico de jazz. En su elogiada y variada obra se destaca principalmente su novela La delicadeza (2009), que mereció diez premios y fue llevada al cine por el propio autor y su hermano Stéphane. También La biblioteca de los libros rechazados se adaptó cinematográficamente. Foenkinos obtuvo los premios Renaudor y Goncourt des Lycéens por Charlotte, novela en la que hizo conocer la obra de la pintora Charlotte Salomon. 

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo socio puede retirarlo para su lectura.

Rodolfo Alonso. El último de la vanguardia

Se apagó la vida de Rodolfo Alonso, poeta, editor y traductor. Nació en Buenos Aires el 4 de octubre de 1934.


En efecto, ya no está entre nosotros este hombre que fue parte de la experiencia de la revista Poesía Buenos Aires.

El surrealista que sostenía en alta voz "la noche queda".

En medio de los avatares en tiempos tan convulsionados como el presente de contradicciones e imposturas se silencia por rigor de muerte esta voz singular.

Rodolfo Alonso con su intensa labor de traductor puso a nuestro alcance nada menos que a Fernando Pessoa y sus heterónimos, al gran Cesare Pavese, a Giusseppe Ungaretti, Jacques Prevert, Eugenio Montale, a la poetisa gallega Rosalía de Castro, a Paul Eluard.

También tradujo a Pier Paolo Pasolini, René Char, Guillaume Apollinaire, Antonin Artaud y Charles Baudelaire.

Como editor su sello conformó un catálogo con doscientos títulos.

Antologías y libros de Rodolfo Alonso fueron publicados en diversas latitudes tales como Bélgica, Colombia, España, México, Venezuela, Francia, Brasil, Italia, Cuba, Chile, Galicia e Inglaterra.

Guionista de cine como el célebre corto metraje Faena.

La actividad de R. Alonso comprendió también textos sobre artes visuales, varios de sus libros contienen ilustraciones de artistas notables: Juan Grela, Clorindo Testa, Rómulo Macció y Rogelio Polesello.

Según nuestra perspectiva a R. Alonso le cabe con certeza lo que escribió en el prólogo a Los cien Poemas escogidos de Ungaretti: "La gran poesía se sabía viva, no congelada, no concluida, tras una vida entera destinada a no caer en servidumbre de palabras".

Carlos A. Solero
Jueves 21 de enero de 2021

"Gambito de dama" y el otro ajedrez

La producción de Netflix trajo a escena un juego milenario que desveló a filósofos y fue campo de batalla de la Guerra Fría. El juego se practicó en nuestra Biblioteca desde siempre, y hace unos años también ofrecemos talleres.

Niños jugando al ajedrez en nuestra Biblioteca

Los fenómenos de alta audiencia hacen visible lo que antes estaba en un margen. La serie Gambito de dama devuelve al ajedrez un poderoso atractivo que había perdido desde los años dominados por Bobby Fischer y los maestros rusos, la época retratada por la ficción de Netflix.

El personaje de Beth Harmon, protagonizada por la actriz de origen argentino Anya Taylor-Joy, abraza el ajedrez como escalera hacia la hazaña deportiva y la autosuperación. El ajedrez es un arte que combina posibilidades y hoy sus piezas remiten a tres procesos, más allá del encanto de Beth y el éxito de la serie. Sobre o debajo del tablero de las muchas piezas discurre la fascinante cuestión no resuelta acerca del origen del juego; también, los recuerdos de los duelos ajedrecísticos como campo de batalla cultural entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética en tiempos de la Guerra Fría; por último, el ajedrez como un enigma de significado profundo que algunos han intentado resolver.

El juego de los dos contrincantes y 16 piezas en un tablero tuvo un gran historiador: el inglés Harold Murray, cuya Historia del ajedrez (A History of Chess) fue publicada en 1913 por la Oxford University Press. Obra de 900 páginas, es la biblia de los historiadores del juego. El victoriano Murray, que estudió árabe para cristalizar su monumental investigación, sentó la teoría del origen del ajedrez en la India, durante el siglo VI. Una tesis que sigue vigente, aunque lidiando con otras que alegan un origen chino.

El juego se extendió por China, Rusia, Persia, hasta llegar a Europa alrededor del siglo X, luego de la conquista árabe de la península ibérica. Para finales del siglo XI, el juego se propagó como lo testimonia el Versus de Scachis (Versos de ajedrez), un poema medieval del 997, escrito en latín. En el siglo XIII, el dominico lombardo Jacobo de Cessolis publicó los sermones del "Libro de las costumbres de los hombres y deberes de los nobles o el Libro de Ajedrez". Y la aristocracia feudal practicó con fervor el ajedrez, acaso porque el juego mismo simula un combate.

De hecho, en El libro de los reyes, el poeta persa Ferdusí (935-1020) narra que el juego surgió por un conflicto entre dos hermanos como parte de una guerra de sucesión. Un grupo de sabios acordó resolver la confrontación mediante la simulación de una batalla a través de unas estatuillas que representaban dos grupos de infantes, dos elefantes, dos carruajes, dos jinetes y un rey y una reina. De ahí que el primer nombre para el ajedrez, chaturanga en sánscrito, signifique "cuatro miembros", las cuatro partes de un ejército de la antigua India: la infantería, caballería, elefantes y carruajes.

Pero lo más singular en la historia de las piezas y el tablero está en la posguerra y la Guerra Fría. La Segunda Guerra Mundial había terminado, y en el nuevo orden geopolítico emergente colisionaron el mundo occidental y el bloque soviético escudado en el Pacto de Varsovia. En ese tiempo cundía el temor a una guerra nuclear y, en una confrontación continua, cada bando quería demostrar su supremacía a través de las victorias en la lid deportiva o en la carrera espacial. El atletismo y el ajedrez actuaron como barómetro para medir la pretendida superioridad cultural entre los contendientes.

En 1972, la Guerra Fría se desplazó a Reikiavik. En la capital de Islandia se enfrentaron por el campeonato del mundo el norteamericano Bobby Fischer y el ruso Boris Spasski, los dos rodeados por un halo de invencibilidad. Fischer era extravagante, de espíritu independiente y de una genialidad precoz. A los 13 años derrotó, en la "partida del siglo", a Donald Byrne, en un torneo en Nueva York en 1956. Y al vencer en Buenos Aires al excampeón mundial, el soviético de origen armenio Tigran Petrosian, ganó el derecho de enfrentar al campeón Spasski.

El maestro ruso era la punta de lanza del ajedrez como una estructura institucional gestionada por el Comité de Educación Física y Deportes de la ex Unión Soviética, que había forjado a todos los campeones y subcampeones mundiales desde 1948 que, a su vez, habían arrasado con sus oponentes en todas las Olimpíadas de la época. Con alrededor de 50 millones de personas que lo practicaban, el ajedrez era el deporte nacional de la URSS.

El encuentro de Fischer, de 28 años, y Spasski, de 35, frente a 2500 espectadores, era el primer campeonato del mundo celebrado fuera de Moscú desde 1951. Fischer finalmente ganó el Match del Siglo. Fue el primer, y único, campeón del mundo norteamericano. Quebró el monopolio soviético de los campeonatos mundiales durante 24 años.

Por unos meses, en Islandia, las estrategias para jaquear al rey rival compusieron el máximo lenguaje político a nivel global. El ajedrez como un tema de Estado entre las superpotencias representadas en 64 casillas. El posterior enfrentamiento de Fischer con su propio país y su muerte en el exilio, justamente en Islandia, es "compensado" en la ficción por una Beth sin mayores preocupaciones contraculturales y que, al jugar con unos ancianos rusos luego de ganar el campeonato en Moscú, propone al ajedrez como encuentro cordial entre culturas, lo opuesto a la áspera realidad histórica.

Jorge Da Fonseca en el Taller de Ajedrez en nuestra Biblioteca

A lo largo de la historia, los caballos, alfiles, torres y demás piezas embrujaron también a mentes filosóficas y a escritores.

Diderot, el creador, junto con D'Alembert de la famosa Enciclopedia, la gran obra de la Ilustración en el siglo XVIII, escribió El sobrino de Rameau, un diálogo de ingenio satírico que expresa ideas sobre estética, ética y la naturaleza del genio, entre otras cuestiones. El ajedrez es parte de los razonamientos del autor, ya que la obra transcurre en el Café de la Regencia, el templo ajedrecístico de Francia. Lugar de encuentro de grandes personalidades, entre las que descollaba el músico y ajedrecista Philidor, a quien se le atribuye la célebre afirmación de que "los peones son el alma del ajedrez".

Jorge Luis Borges, en El Hacedor, dedicó un poema al ajedrez. El jugador que mueve la pieza es a su vez movido por Dios. "¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza / De polvo y tiempo y sueño y agonías?". Es decir, desde las movidas del ajedrecista se inicia una cadena de dependencias por las que el Dios que mueve al jugador es, a su vez, movido por otro Dios, y por otro, y otro... El tablero y las piezas son un puente hacia una realidad ad infinitum, interminable e incompresible, ya que "este juego es infinito". Un juego que, como una guerra sublimada, empezó en Oriente, y "cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra". El ajedrez como salto desde lo particular de los ajedrecistas y sus movidas hacia la vida que nos mueve, pero sin que podamos entender su lógica más íntima.

El gran ensayista y poeta argentino Ezequiel Martínez Estrada, autor de Radiografía de la Pampa (1933), publicó en La Nacion varios artículos dedicados al ajedrez. Recopilados como libro, nunca fue publicado en vida del autor, y el manuscrito fue salvado de las llamas por el propio Borges. La Biblioteca Nacional finalmente lo publicó bajo el nombre de Filosofía del ajedrez, dentro de la colección Los Raros. Martínez Estrada, que jugó intensamente al ajedrez, observaba que en este juego "se ponen en actividad fuerzas mentales que abarcan todo el campo de pensamiento, sin relación con el mundo material, a la manera de las fuerzas platónicas".

Alexander Alekhine, Paul Morphy y José Raúl Capablanca estaban entre los genios clásicos del ajedrez en tiempos en los que todavía la supercomputadora de IBM Deep Blue no había derrotado a Garry Kaspárov, uno de los grandes maestros de ajedrez. Un juego que, al ser pensado, nos demuestra que cada movida tiene consecuencias cuyos efectos no son visibles de forma inmediata sino a través del tiempo; un juego en el que la ubicación de todas las piezas en el tablero lleva a comprender la importancia de percibir todo el espacio y de no solo concentrarse en una parte del todo; un juego en el que cada acción deber ser pensada para no dejar nada librado al puro impulso; un juego en el que el jaque mate no es el final, sino siempre la promesa de una nueva partida, otra oportunidad, otro comienzo.

Por Esteban Ierardo
Diario La Nación, 2 de enero de 2021

Atilio Orsi en el Torneo "Norberto La Porta"

Son muchos los vínculos que unen al ajedrez con nuestra Biblioteca. Comenzando por el Taller que Jorge Da Fonseca dicta hace años o jornadas de simultáneas. Además, colaboramos en todas las ediciones del Torneo de Ajedrez "Norberto La Porta", realizado por la Legislatura Porteña, e incluso Atilio Orsi, Secretario General de nuestra casa, jugó en una de las edicionesfue premiado. Por último, también en nuestro catálogo encontrará bibliografía relacionada con el juego ciencia, incluyendo la Filosofía del ajedrez de Martínez Estrada.

La mujer de verde

por Arnaldur Indridason
(RBA Libros S.A., Barcelona, 2016)


La prosa de Indridason carece de adornos, solo busca narrar los hechos y crear una intriga abrumadora. El caso aquí planteado es muy original: una nena estaba jugando con un hueso que encontró enterrado en un pozo y que resultó pertenecer a un ser humano. Ese hallazgo remite a una historia horrenda que ocurrió hace unos setenta años pero que se proyecta hasta el presente. Tiene lugar en Reikiavik (capital de Islandia) y sus alrededores. 

Excepcional el análisis psicológico que hace la novela de una mujer golpeada, que termina por aceptar su castigo debido a su baja autoestima y a sus razonamientos autodestructivos. Pero no solo sufren las víctimas y los victimarios, sino también los policías en sus tortuosas vidas privadas, como si el ser humano habitara el planeta para sufrir. A través de estos conflictos queda exhibida la violencia que anida en las personas, ya sea contra los demás como contra sí mismas. Por momentos se tiene la sensación, como en su anterior Las Marismas, de que la noche nórdica ha caído sobre los personajes para originar desesperación, angustia y una pavorosa tragedia. 

El casual descubrimiento del hueso deriva en un intenso misterio y un alud de incógnitas, pero a medida que avanza la novela y paulatinamente el caso se va develando, aparecen nuevos interrogantes que hacen que se expanda la historia y el lector devore las páginas del libro. 

Indridason ha compuesto una narración con muchos detalles que se mueve entre la actualidad y varias décadas atrás, y cuya trama se ramifica sin caer en contradicciones. 

El autor emplea múltiples recursos como el uso de plot points cinematográficos (o sea cambios de sentido de la acción), de sorpresas y de golpes de efecto para mantener en vilo al lector. 

Arnaldur Indridason (Reikiavik, Islandia, 1961) recibió por sus novelas negras numerosos premios y elogios de autores prestigiosos como John Connolly y Harlan Coben. Así, con la novela que se comenta obtuvo el Gold Dagger. También le concedieron otros premios como La llave de Cristal en 2002 por Las Marismas, el Martin Beck Award por La voz, y el RBA de Novela Negra en 2013 por Pasaje de las Sombras. Es, además, licenciado en historia, periodista y crítico de cine. Opina que una “buena novela policial explica un país…” 

Germán Cáceres

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"Atrocity Exhibition” de Joy Division

"Atrocity Exhibition" abre el segundo y último álbum de Joy Division, Closer, de 1980. El título de la canción se inspiró en la colección de "novelas condensadas" de J. G. Ballard: La exhibición de atrocidades (1970).

 

"Es una de las canciones de apertura menos probables de cualquier álbum", señaló Ned Raggett en AllMusic. Grabada originalmente en los Pennine Studios para una sesión de radio en Piccadilly el 4 de junio de 1979, apareció en vivo antes de ser grabada oficialmente, y fue escrita improvisando en su sala de ensayo. 

El bajista Peter Hook y el guitarrista Bernard Sumner intercambiaron instrumentos al escribir y grabar la pista. Según Hook, "estaban aburridos de escribir en nuestros instrumentos, así que pensamos en intercambiarlos. Barney tocaba el bajo y yo la guitarra. No era un guitarrista tan competente como él, pero me gustó cómo suena. Gran riff , también un gran bajo". 

La historia del diccionario más antiguo del castellano

Se trata de unas hojas de 1492-1493 encontradas en la biblioteca de la Universidad Princeton; dos investigadores del Conicet llevaron adelante el trabajo.


Días atrás se supo que dos investigadores del Conicet que trabajan en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y Crítica Textual, Cinthia María Hamlin y Juan Héctor Fuentes, habían hallado dos folios de lo que se pudo determinar como el primer diccionario castellano del que se tenga conocimiento hasta hoy. Estas hojas, encontradas por Hamlin en la biblioteca de la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, demuestran que se trata del diccionario más antiguo que tiene el castellano como lengua de partida, esto es, cuando las palabras que se definen son castellanas y no latinas. Hasta ahora, el más antiguo era el Vocabulario Español Latín de Antonio de Nebrija, datado entre 1494 y 1495, y del que solo se conservan cinco ejemplares completos.

La historia del hallazgo tiene su origen en la Divina Comedia. “En 2018, durante una estadía de investigación en la biblioteca de la Universidad de Princeton, cuyo objetivo era analizar el ejemplar de la traducción castellana de la Divina Comedia de 1515, el curador Eric White se acercó a preguntarme si me interesaba revisar un ejemplar de 1490 del Universal Vocabulario en latín y en romance de Alfonso Fernández de Palencia –dice Hamlin a La Nación–. Insertos al comienzo y al final del ejemplar, había dos folios impresos de un vocabulario castellano-latín que nadie había podido identificar: uno era un prólogo dedicado a Isabel la Católica, y el otro, 77 entradas de un vocabulario”.

El recorrido que llevó al posterior descubrimiento tuvo distintas postas. “En primer lugar, gracias al aporte de White, pude datar los folios: por un catálogo alemán de tipos móviles (las letras de molde que se usaban en la imprenta) sabíamos que esa letra era propia de una imprenta sevillana (Ungut y Polono) entre 1491 y 1493; luego, del análisis del prólogo dedicado a la reina pude acotar la fecha a 1492-1493, pues se la presenta como Reina de Granada y la conquista de Granada sucede en enero de 1492 –recapitula la investigadora, formada en la escuela de filología medieval de Germán Orduna–. A partir de esto, revisé los catálogos de los incunables salidos de la imprenta de Ungut y Polono, de los que se tiene conocimiento o registro indirecto, y concluí que estaba delante de un incunable desconocido”. Eso ya representaba un descubrimiento extraordinario.

De inmediato, el latinista Juan Fuentes se sumó a la investigación y, en unos días, llegó al dato que faltaba: la existencia de un códice manuscrito del siglo XV en la Biblioteca del Escorial, anónimo, que transmite un vocabulario castellano-latín de la A a la Z. “Las 77 entradas del fragmento del incunable hallado en Princeton coincidían exactamente con la correspondiente parte del manuscrito”, agrega Hamlin.


El descubrimiento tiene una importancia doble. “Más allá del hallazgo de un incunable desconocido, hecho raro de por sí, los folios permiten concluir que ese vocabulario castellano-latino que se conserva completo en el manuscrito del Escorial llegó a la imprenta y fue dedicado a la reina Isabel –dice la investigadora–. La fecha de impresión de los folios, además, permite concluir que ese diccionario se imprimió entre 1492 y 1493 y, por tanto, es anterior al que se consideraba hasta ahora el primer vocabulario castellano-latín: el Vocabulario Español Latín de Nebrija, datado entre 1494 y 1495. Es algo importantísimo para la historia del libro, pero sobre todo para la historia de la lengua castellana y la lexicografía. Es probable que se tengan que reescribir algunos manuales de estudio”. Ambos investigadores publicaron el hallazgo en la prestigiosa revista norteamericana Romance Philology. Hamlin es licenciada y doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, además de investigadora adjunta en el Conicet, es docente de Literatura Española Medieval en la UBA y de Literatura Italiana en la Universidad Nacional de La Plata. Fuentes es licenciado y doctor en Letras por la UBA y magíster en Filología Hispánica por el Instituto de la Lengua Española.

El vocabulario manuscrito transmite aproximadamente siete mil entradas castellanas, de las que se ofrece su equivalencia latina; dado su método enciclopédico y derivativo, cada entrada tiene en su interior familias de palabras, sinónimos o derivaciones que también tendrán su equivalencia latina. Contando estos términos castellanos en el interior de las entradas, los lemas ascienden a casi diez mil. “Es de una riqueza lexicográfica muy importante para la época”, resume Hamlin, que desde el primer momento tuvo la intuición de que ese autor “anónimo” no podía ser otro que Alfonso de Palencia. “A través del estudio del método lexicográfico de ambos vocabularios, de su particular ortografía latina y de las fuentes latinas que se utilizan para la confección de las definiciones, encontré pruebas de peso (basadas en metodologías propias de la crítica textual o ecdótica) para sostener la hipótesis de que su autor fue Alfonso de Palencia, uno de los más grandes humanistas, cronistas y lexicógrafos del siglo XV”. El hecho de que en el prólogo hallado no figure nombre alguno y que el vocabulario, además, tenga algunos detalles inconclusos se explica porque Alfonso de Palencia murió en marzo de 1492, por lo cual el texto probablemente fue llevado a la imprenta de manera póstuma. Los resultados de esta segunda parte de la investigación se encuentran ahora en prensa en el Boletín de la Real Academia Española. 

Daniel Gigena
Diario La Nación, 24 de diciembre de 2020

Estalló la página

En 2020, "el año que no salimos de nuestras casas y todo se hizo a través de la web", trajo consigo un crecimiento exponencial de la página de la Biblioteca, con más de 800 mil visitantes en los últimos doce meses.

A partir de publicar artículos sobre literatura cada lunes (relatos, cuentos, poemas o algún artículo relacionado con libros y autores), una sección que combina música y literatura los jueves, y las habituales críticas literarias de Germán Cáceres cada sábado, intentamos que durante la cuarentena el movimiento de la Biblioteca pase por nuestra página. 

También subimos a la web colaboraciones especiales de alumnos del Taller Literario de Carlos Penelas como Pedro Acuña, Ernesto Cháneton o Julián Ferreira; y las habituales columnas de opinión que desde Chile nos envía Edmundo Moure y desde Rosario Carlos A. Solero.  

Además, continuamos publicando las efemérides, artículos y notas especiales publicadas en medios locales o extranjeros que vamos subiendo porque consideramos de interés para los lectores, y los invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales: TwitterFacebookInstagram y YouTube

Progresión anual de visitas a nuestra página: 

2011: 38.000 visitas
2012: 98.000 visitas
2013: 45.000 visitas
2014: 47.000 visitas
2015: 45.000 visitas
2016: 48.000 visitas 
2017: 61.000 visitas
2018: 49.000 visitas
2019: 106.000 visitas
2020: 826.000 visitas

Progresión del blog del Cineclub La Rosa
2011: 31.000 visitas
2012: 66.000 visitas
2013: 22.000 visitas
2014: 18.000 visitas
2015: 21.000 visitas
2016: 50.000 visitas
2017: 52.000 visitas
2018: 29.000 visitas
2019: 22.000 visitas
2020: 31.000 visitas

2020

Este es el resumen del año, con cosas cumplidas y otras no, donde lo más relevante fue la explosión de visitas a nuestra página.


Cursos y seminarios
Estos fueron lo talleres pautados para este año, algunos pudieron comenzar, otros no.

Presentaciones y actos
Por razones de público conocimiento no hubo presentaciones y actos en vivo en 2020. Se realizaron algunos videos para nuestras redes:
Obras
  • Renovación integral de los baños de la Biblioteca
  • Pintura en el hall de ingreso lateral
  • Remodelación del escenario 
  • Trabajos en puertas y ventanas de la casa
Actividades con otras organizaciones
Redes

Comentarios de libros por Germán Cáceres
Retrospectiva
Esto pasó en 2019

Actividades 2021

Enero
La Biblioteca permanecerá cerrada al público.