Lucho Olivera. La imaginación al poder


de Felipe Ricardo Ávila
(Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 122 páginas)


Ávila se propone en este ensayo no sólo analizar la producción gráfica de Ricardo Luis “Lucho” Olivera (Corrientes, 1943–Buenos Aires, 2005), sino también sus méritos en su condición de guionista. Hace hincapié en la que considera su obra capital, Gilgamesh, el inmortal, que articula el primer poema de la humanidad con una visión del futuro a través de la ciencia ficción. Y señala las obras que influyeron en ella: la novela Los amos del tiempo (1956), de Wilson Tucker, y los filmes Espartaco (1960) y 2001: Una odisea del espacio (1968), ambos de Stanley Kubrick, del que tomó el diseño de los trajes y las naves espaciales que le fueron facilitados por la N.A.S.A.

En la sección de papel ilustración y a color se publica El delator, primer episodio de la serie Legión Extranjera, con guión y arte de Olivera, que según Felipe Ávila apareció en el Nº 826 del 19/9/1964 de la revista Misterix, que dirigía Hugo Pratt, y cuya influencia en la historieta es innegable. Allí también se pueden apreciar del dibujante algunas de sus portadas de las revista Hora Cero, El Eternauta y Ernie Pike, y un cuadro de 1974 titulado Soldados en guerra esperando para comer a la hora del Rancho.

Más adelante, en blanco y negro, aparece Madeleine (Bull Rocket Nº 1, alrededor de 1962, según Ávila), sin mención del guionista pero sí del dibujante, que testimonia su dominio del pincel.

Se enumera en el ensayo los guiones de las historietas Legión Extranjera, Los teutones, Ojo por Ojo, Doce Hombres, Esperanza en Sirio, Los Senderos del Tiempo, Superpoblación y algunos episodios de Gilgamesh, el inmortal.

En todo momento Felipe Ávila expresa su intenso cariño por “Lucho” como persona y su admiración incondicional hacia su creativa y dinámica composición de página, su peculiar narrativa y el ritmo visual de la combinación de viñetas. Elogia el alto nivel técnico de su estética. Explica su utilización de plumas, pinceles, collages (pegando ilustraciones extraídas de diccionarios), salpicados de témpera blanca y texturas. Se debe recordar cómo admira esta creativa ejecución un talento de la talla de Quique Alcatena.

Continuamente se resalta la pasión que sentía Olivera por la civilización Sumeria y la calidad de su figuración en la saga Nippur de Lagash (1967).

Hacia el final hay comentarios sobre otras historietas dibujadas por Olivera, como Dick, el artillero; Yo, Cyborg; Ronar; Galaxia Cero; Planeta Rojo y Las amazonas de Clitomarkan.

Lucho Olivera, La imaginación al poder es un investigación exhaustiva y sagaz sobre este maestro de la historieta argentina.

Germán Cáceres

Francés del viajero 2018

Retoma el seminario de Francés del viajero a la Biblioteca, Austria 2154, en esta ocasión con dos módulos, dictados por el Profesor Sebastián Barvié. Comienza el martes 6 de marzo en Austria 2154.


El Profesor Sebastián Barvié -Licenciado en Lenguas Extranjeras Aplicadas a la Empresa de la Universidad de Montpellier 3- dictará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154, el seminario "Francés del viajero", los martes, en dos módulos. El primero irá de 18.30 a 20 horas, mientras que el segundo será de 16:30 a 18 horas.

Este taller está destinado a toda persona de nivel principiante que desee adquirir los conocimientos lingüísticos esenciales para poder desenvolverse durante un viaje a un destino francófono. Desarrollaremos la comprensión y la expresión escrita y oral, estimulando al alumno a aplicar los conocimientos adquiridos simulando situaciones típicas a las que se enfrenta cualquier turista. El aprendizaje grupal lo ayudará a perder el miedo y la inhibición, presentes en todo viaje, ya sea turístico o corporativo. 

El taller es dictado por Sebastián Barvié Guaglianone, Licenciado en Lenguas Extranjeras Aplicadas a la empresa de la Universidad de Montpellier 3. Actualmente, dicta cursos de FLE (Francés Lengua Extranjera) en la Alianza Francesa de Buenos Aires, Francés de la empresa en Total Austral y Moët Hennessy, y participa del Programa de Lenguas de la Universidad de San Martin (UNSAM).

Anteriormente, trabajó sucesivamente en el rubro Traducción, como Project Manager de proyectos multilingües; en Turismo, como Tour Leader de senderismo en Patagonia argentina y chilena; y como docente en el Centro Universitario de Idiomas de la UBA, en Peugeot Citroën, y en Sudáfrica, en el marco de un programa de capacitación a personal de turismo, agentes de tráfico y bomberos para el Mundial de fútbol de 2010. Residió en Francia durante los años 2000 – 2007 y en Sudáfrica durante el año 2009.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. 

Biomecánica corporal y elongación

El 5 de marzo comienza el ciclo 2018 del Taller de Biomecánica Corporal y Elongación, a cargo de Cristina Bartolomé en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Las clases serán los lunes y miércoles de 18:30 a 19:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Clases de Biomecánica Corporal y Elongación, combinación de ejercicios de yoga, pilates, kinesiología, elongación y relajación es lo que propone el nuevo taller que se dará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

La propuesta de trabajo parte de una serie de ejercicios de piso y elevación que mejoran la circulación y tonifican el cuerpo. Desarrollan la fuerza flexibilidad y resistencia, alarga y fortalecen los músculos, mejoran la postura y respiración, logrando un alto grado de relajación y disminuyendo el estrés. Tu cuerpo es único, cuídalo y querelo, pues no tiene repuesto.

Cristina Bartolomé estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales.

En su trayectoria artística y coreográfica se incluyen actuaciones en el Teatro Colón, Nacional Cervantes, San Martín, Avenida, Auditorium de Mar del Plata, Broadway y Margarita Xirgu, entre otros, además de participaciones televisivas.

Como docente trabajó en el Conservatorio "Beethoven", "Studio O. Kirowa", Estudio "Gurkel - Lederer" y la Escuela de Arte “Cecilia Maresca”.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. 

Enamorados de los libros

En este Día de los enamorados, los esperamos a todos los que sientan la misma pasión que nosotros por los libros en nuestra Biblioteca, Austria 2154, de 16 a 20 horas.


Durante enero estuvimos trabajando en la recatalogación e inventario de nuestro material bibliográfico, que ahora se encuentra catalogado y ordenado por temática en un 80%. Puede consultarlo en este enlace.

A pesar de todo, Virginia Woolf

Una biografía, un tomo de sus diarios y un volumen de cartas permiten volver a una autora que no distinguía entre escritura e intimidad.


Olvidemos la cantidad de ediciones en castellano, fragmentarias o no, de los diarios y la correspondencia de Woolf. Olvidemos que Orlando, traducido por Jorge Luis Borges, fue una de las fuentes de varias líneas de la célebre enumeración del aleph visual de El aleph: como en la actualidad los lectores de Borges y los de Woolf pertenecen a galaxias distintas, pocas veces se advierte ese delicioso “préstamo”, como hubiesen dicho los filólogos. Olvidemos otras traductoras o editoras episódicas y egregias, que a Woolf le irritaban: detestó a Marguerite Yourcenar y fue insularmente imperial con Victoria Ocampo.

Olvidemos las oleadas de las diversas posturas críticas que acompañaron su fama: sucesivamente fue convencional; después, vanguardista; más tarde, lírica; casi siempre, estrecha de miras sociales o demasiado inglesa; a partir de los años ochenta del siglo XX se la confinó en un palacio enorme y casi siempre sentimental: el de los estudios culturales y el de la diferencia. Aunque en este último espacio se pierdan en parte sus dotes literarias y su deslumbrante captación de la historia, no podemos olvidar, sin embargo, que fue la autora indiscutible de uno de los tres panfletos supremos de la liberación de las mujeres: el primero, el de Mary Wollstonecraft (Vindicación de los derechos de la mujer; 1792); el segundo pertenece a Woolf (Un cuarto propio; 1929); el tercero fue El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (1949). El primero se escribió durante una revolución; los otros dos son textos de las posguerras del siglo XX.

Los tres panfletos, además, fueron posibles por el advenimiento del cristianismo, la única de las tres religiones monoteístas que creó (alumbraron, permitieron, forjaron) un pliegue por el que se deslizó el cuerpo de la mujer primero y después, mucho después, también su entera condición humana. Hay otra -muy incómoda- condición que hizo posible la liberación de las mujeres; y Woolf la percibió: que aquella es impensable fuera del capitalismo. En ese sentido, Orlando podría interpretarse también como la inquietante advertencia de que la mujer, como sujeto social y político, surge atada a dos poderosos señores: cristianismo y reino de la mercancía. En efecto, en 1928 Orlando se transforma en reguladora máxima del mercado: va a grandes almacenes, conduce un coche, ­espera a su marido.

Porque alberga todas esas vertientes y no resuelve ninguna, hoy podemos leer a Woolf como una intelectual en el sentido más amplio del término y en todos sus géneros: como alguien que no retrocede ante ningún peligro y no distingue entre escritura e intimidad. Al contrario, desafía la intimidad en la escritura, a la que concibe siempre, en sus cartas y diarios, como un arrojarse al espacio de los otros, tanto ante el de los lectores como al de la sociabilidad familiar, casi tan exigente y feroz, en su caso, como la del campo literario.

En una de las extraordinarias cartas a su tardía amiga Ethel Smyth (una de las pocas compositoras de la época, que le llevaba 20 años y que era una aristócrata omnipotentemente lesbiana) formuló la más perfecta y desafiante poética de ese arrojo suyo, clarividente y peculiarísimo. Lo vinculó con sus extensos brotes psicóticos, que se encuentran pautados en la clásica y sutil biografía de Lyndall Gordon y que ella enlaza con los mecanismos de su producción literaria. Dijo Woolf: “Puedo asegurarte que, como experiencia, la locura es aterradora y nada despreciable. En su lava sigo encontrando la mayoría de las cosas sobre las que escribo. Sale de una enteramente formada, terminada, no en gotitas, como sucede con la cordura” (1930, en la traducción de la argentina Susana Constante de Cartas a mujeres; 1993).

En 1930, cuando anotó estas líneas, Woolf ya había pasado por al menos tres de los más prolongados episodios de demencia que jalonaron su vida: Gordon sigue esa serie, sin hacer clínica ni interpretación, y la usa para desarrollar su trabajo sobre tres pilares. El primero es la génesis de la figura de una escritora y la relación con el ritmo de sus lecturas, pautada por su padre, Leslie Stephen. El segundo es un hallazgo de Gordon: las variaciones genéricas que Woolf trabajó en sus ensayos y novelas surgen del género que con más éxito practicó su padre a partir de 1885: el Dictionary of National Biography, uno de los monumentos ideológicos de la época victoriana imperial. Observa Gordon: “La biografía fue el punto de partida” de la literatura de su hija porque había sido el punto de llegada de su padre, Leslie Stephen. El tercer pilar es la labor crítica: Gordon no es sólo una biógrafa, sino una guía utilísima para acceder incluso a algunas de las claves de la Woolf más oscura e inclasificable, la de Las olas (1931).

Junto con Gordon y con la correspondencia con Lytton Strachey ha aparecido otra traducción, sin duda excelente, porque es de Olivia de Miguel, de los diarios de 1915-1919, que corresponden a la misma época del intercambio con Strachey. El prólogo de Inés Martín Rodrigo es una enternecedora acumulación de ingenuidades o errores, como afirmar que “es la primera vez que se nos ofrece una versión fidedigna e inequívoca de Virginia Woolf”. Hay traducciones también muy estimables anteriores de Justo Navarro y de Laura Freixas en Grijalbo. Y lo fidedigno y lo inequívoco son, precisamente, lo que Woolf, en su genialidad, nunca entrega. Si se logra, como en el caso de Kafka, hacer la edición completa de los diarios (seis o siete volúmenes según las ediciones) y la de la correspondencia (que posee la extensión ­similar), se podrá acceder, junto con las obras, a uno de los monumentos de la literatura moderna, de su deslumbrante originalidad y de su inagotable y arriesgada inteligencia.

Nora Catelli
Diario El País, Madrid

Virginia Woolf. Vida de una escritora. Lyndall Gordon. Traducción de Jaime Zulaika. Gatopardo, 2017. 456 páginas.
El diario de Virginia Woolf (Vol. I / 1915-1919). Virginia Woolf. Traducción de Olivia de Miguel. Tres Hermanas, 2017. 613 páginas.
600 libros desde que te conocí (correspondencia). Virginia Woolf- Lytton Strachey. Traducción de Socorro Jiménez. Jus, 2017. 143 páginas.
Virginia Woolf, las olas. Jesús Marchamalo, con ilustraciones de Antonio Santos. Nórdica, 2017. 64 páginas.

Lo que cuentan las escritoras latinoamericanas

El Hay Festival de Cartagena se convierte en un espacio de reflexión sobre el olvido y la discriminación a los que son sometidas las autoras.

  La escritora boliviana Liliana Colanzi en el Hay Festival de Cartagena. Daniel Mordzinski

Hace ya un año que cuando un premio, un congreso o un debate literario solo ha dado voz a autores latinoamericanos, ha aparecido una escritora para recordarles a sus autoridades que ellas también cuentan. Las narradoras Gabriela Wiener en Perú y Gabriela Alemán en Ecuador fueron de las primeras en alzar la voz. Sus colegas colombianas, las últimas en ser obviadas por el Estado cuando se trataba de representar a su país, tampoco se han callado. Ellas y ellos se encuentran ahora en el Hay Festival de Cartagena de Indias para seguir repensando el sistema editorial y literario a través del que se narra un continente.

El 47% de los participantes en este encuentro de ideas son mujeres, según datos de la organización. Trece ediciones después, ellas tienen que superar la barrera del 50% citando a más referentes femeninos en charlas como Las escritoras que nos gustan. “Al principio de mi vida lectora, en la adolescencia, estuvo Clarice Lispector y Alejandra Pizarnik, a quienes descubrí en la biblioteca de mis padres”, cuenta Juan Cárdenas. El escritor colombiano es uno de los elegidos en Bogotá 39, la lista de los 39 mejores autores, menores de 39 años, de América Latina seleccionados por el Hay Festival.

A Cárdenas le acompañaron Margo Glantz, Liliana Colanzi, Victoria Ocampo, Ingeborg Bachmann, Josefina Vicens, Elizabeth Bishop o Ana Blandiana. “Son todas autoras a las que adoro por su relación de tensión con el lenguaje”, explica.

En la lista a la que pertenece el autor colombiano solo hay 13 mujeres, ninguna de su país. “Es grave”, opinó la escritora colombiana Carolina Sanín en su columna Pasar fijándose. “No está mal’, oí decir: ‘Es un tercio’. Y sí, está mal. Cualquier cantidad menor a la mitad en una lista de los mejores jóvenes es discriminatoria”.

Los responsables del jurado de Bogotá 39, como la periodista Leila Guerriero o el editor Darío Jaramillo, han explicado que se concentraron en elegir a los mejores autores. Una idea que la narradora argentina resumió en una de sus columnas en EL PAÍS. “Nunca pienso en ellas como ‘mujeres’ sino como ‘algunos-de-mis-autores-favoritos’. Me gustan por su calidad, no por su género. Pero no soy idiota: sé que en literatura, como en todo lo demás (política, empresa, sindicalismo), el acceso a ciertos espacios es, para las mujeres, mucho más arduo que para los hombres”.

“El Hay Festival siempre se ha caracterizado por ser un espacio abierto, que busca la representatividad de distintos sectores de la sociedad, y en donde la mujer cumple un papel determinante”, dice Amalia de Pombo, directora de la edición colombiana. Los cabezas de cartel del festival vuelven a ser dos hombres: Salman Rushdie y J. M. Coetzee. Pero la organización no es ajena al movimiento feminista que se está generando en las letras latinoamericanas. A la representación de mujeres de Bogotá 39 se unen en esta edición Haydée Milanés, intérprete y compositora cubana; la cantante y actriz española Ana Belén; la filósofa también española Marina Garcés; Nadya Tolokno, de la banda Pussy Riot; y la escritora africana Yaa Gyasi, entre otras.

“Es inevitable que los nuevos movimientos feministas tengan un impacto en la literatura, tanto en lo que se escribe como en la propia institución”, relata Juan Cárdenas. “Lo que todavía no sabemos es qué forma tendrá ese impacto, esa transformación. Yo soy un optimista patológico y creo que, en definitiva, el resultado de esta oleada feminista va a ser una literatura mejor en todo sentido”.

Por el momento, el grupo de escritoras colombianas que plantó cara al Ministerio de Cultura cuando dejó fuera a las mujeres de un coloquio en París, el pasado noviembre, ha conseguido que en Colombia se hable de Pilar Quintana, reciente ganadora del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, de Amalia Andrade, Diana Ospina, Catalina Holguín y muchas otras. Las que se atrevieron a preguntar: ¿las mujeres no tienen la misma calidad literaria que los hombres en Colombia?

Antes, la autora peruana Gabriela Wiener tuvo la misma duda cuando después de verse en una foto rodeada por Mario Vargas Llosa, Jeremías Gamboa y Julio Villanueva Chang sintió el triunfo de estar rodeada de los autores que dibujaban “la literatura peruana”. Un tiempo después, tras un paseo por el estand de Perú en la Feria del Libro de Bogotá, volvió a reconocer a esos hombres, solo a esos hombres, y el orgullo se convirtió en una extraña sensación: faltaba algo. “Creo que ahí se me abrió un agujero en el cerebro y me revolqué en el fango y me dije que jamás, jamás estaría en un evento que fomentara de manera tan clamorosa la desigualdad y que contara una historia tan jodidamente falsa”, escribió en una publicación de Facebook que suscitó un profundo debate.

En un artículo publicado en la revista colombiana Arcadia, Gabriela Alemán contaba una historia similar. La autora, ante un gran auditorio donde se presentaba una colección de autores ecuatorianos, preguntó en alto: “¿Qué pasó con las otras?”.
Ana Marcos
Diario El País, Madrid

Su Majestad ha muerto

Claribel Alegría tomó desde la adolescencia el oficio de la poesía como el asunto de su vida

 Fotografía de Claribel Alegría sobre su ataúd, en Managua, el jueves 25 de enero

Claribel Alegría tomó desde la adolescencia el oficio de la poesía como el asunto de su vida, de manera que puedo decir de ella que vivió en estado poético hasta el último día, sin dudar un instante de que aquel había sido siempre su destino.

Un destino que la convirtió en hija de dos países a la vez, pues nació en Estelí, en el norte de Nicaragua. Hija de un médico, Daniel Alegría, a quien las circunstancias políticas siempre anormales en Nicaragua lo hicieron irse a vivir a Santa Ana, en El Salvador, donde ella creció como salvadoreña. Por eso hablaba siempre de que tenía una patria, y una matria.

Fue discípula de Juan Ramón Jiménez en Washington, cuando empezaba sus estudios universitarios, y él fue, sin decírselo, apartando los poemas que ella le enseñaba, para entregárselos de vuelta, debidamente mecanografiados por su esposa Zenobia, diciéndole que allí tenía su primer libro.

Su padre, enemigo de las intervenciones yanquis en Nicaragua, llevando sus ardores antiimperialistas al extremo, hizo prometer a sus dos hijas que jamás se casarían con un gringo. Fue lo primero que hicieron. El elegido por Claribel, Bud Flaknoll era todo lo contrario del americano feo. Diplomático que empezaba su carrera en el Departamento de Estado, renunció en protesta por las políticas de injerencia de Estados Unidos.

Conocemos a Claribel más por su poesía, cada libro es una señal en el tiempo de lo que fueron las distintas etapas de su vida. Pero junto con Bud escribió al alimón una novela que resultó finalista del Premio Seix Barral, Cenizas del Izalco, que gira alrededor de la masacre de miles de indígenas que el dictador esotérico Maximiliano Hernández Martínez perpetró a mansalva en El Salvador, un país de suerte tan desgraciada en su historia como Nicaragua.

Vivió en Washington, en Santiago de Chile, en París, y muchos de sus mejores años transcurrieron en Deyá, en la isla de Mallorca, donde Bud y ella compraron una vieja casa campesina que remozaron. Un día, mientras ambos clavaban duelas subidos al techo, pasó por la callejuela Robert Graves llevando su compra del mercado en una bolsa de mano. “¿Usted es Robert Graves?”, le gritó Claribel desde arriba, enarbolando el martillo. “Sí”, respondió él, haciendo visera con la mano. “¿Y ustedes quiénes son?".

Esa noche tomaron una botella de vino los tres juntos en la salita aún llena de ripios y ladrillos, y se hicieron amigos entrañables desde entonces. Y Deyá fue también el lugar de los veranos felices de Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, a quien Claribel saludaba cada mañana de ventana a ventana. Uno de sus mejores libros en prosa sigue siendo, para mí, Pueblo de Dios y de Mandinga, una crónica lúdica y llena de ardides y sorpresas sobre la vida pueblerina de Deyá.

Claribel nunca dejó de ensayar novedades en su voz poética, que fue siempre una voz íntima, donde vida y muerte fueron hermanas gemelas. Y tras el deceso de Bud, años atrás en Nicaragua, la presencia del marido y camarada de aventuras y viajes ya nunca dejó de teñir su poesía, porque nunca se fue de su lado.

Dos poetas muy jóvenes que la admiraron mucho, Ulises Juárez Polanco y Francisco Ruiz Udiel, muertos tempranamente, dieron en llamarla "Su Majestad", y así acabamos llamándola todos. Su Majestad, nuestra reina de la poesía.

Fuimos vecinos desde muchos años atrás, y la mejor hora de vernos era a las cinco de la tarde, en su pequeño jardín donde la encontraba sentada esperando a sus visitas ya con su vaso de ron en la mano, siempre dispuesta a reír, ingeniosa en las bromas y cáustica frente a lo que no le gustaba. Y cuando no me llamaba por teléfono, siempre estaban allí sus mensajes electrónicos. La edad nunca le hizo mella. Claribel era el nombre para una mujer joven y nunca traicionó su apellido, Alegría.

Hasta Cartagena de Indias me llega el aviso de que Su Majestad, a quien creía y quería inmortal, ha muerto. Qué otro remedio que consolarme con su inmensa e indeleble poesía.

Sergio Ramírez
Diario El País, Madrid

El intenso calor de la luna

de Gioconda Belli
(Seix Barral, Buenos Aires, 2015, 320 páginas)



El personaje central es Emma y la novela adquiere una orientación totalmente femenina. Así, desde el comienzo se refiere a la menopausia y la autora introduce sus opiniones personales acerca del tema. Sucede que la ginecóloga de la protagonista ve en ese período un giro beneficioso, una liberación de la procreación y la posibilidad de que ella se recree a sí misma: “…lo más importante no es quitarte los calores, sino (….) que te des cuenta que éste es un tránsito hacia vos misma, hacia una persona que existe fuera de esos esquemas heredados (….) Esta es tu hora de ser más mujer…”

Las relaciones sexuales entre ella y su esposo son analizadas en profundidad y surge la cuestión de la insatisfacción femenina.

La autora no titubea en describir de qué manera valoran a los hombres ciertas mujeres de clase media alta: “Para que me cambie las bujías, me arregle las puertas que no abren (…) Son utilísimos los maridos, mujer.”

Belli prueba su oficio de narradora con una escritura precisa, clara y potente que abunda en imágenes y metáforas: “Llovería en cualquier momento un aguacero de castigo, de esos en que la lluvia cae a manotazos, los hilos gruesos de agua sacudidos como sogas azotando cuanto se halla al descampado”. Los diálogos son inteligentes porque van revelando la psicología de los personajes. Las escenas íntimas entre Emma y su amante están maravillosamente escritas: “…un beso que viaja a vela por su sangre, que le confunde el cerebro, que le zumba en los oídos y que convierte su lengua en un diccionario de palabras mudas…”

En el fondo, El intenso calor de la luna descree de la institución matrimonial y la ataca con ferocidad.

La novela informa que Nicaragua padece una cruel injusticia social y subraya la amargura del pueblo por el fracaso de la revolución sandinista y su consiguiente derrota en las elecciones.

Gioconda Belli nació en Managua en 1948 y recibió numerosos premios internacionales no solo por sus libros de ficción sino también por su prestigiosa obra poética de la que Escándalo de miel (2011) es una antología. Ha escrito las novelas La mujer habitada (1988), Sofía de los presagios (1990), Waslala (1996), El pergamino de la seducción (2005), El infinito en la palma de la mano (2008) y El país de las mujeres (2010). Escribió sus memorias sobre el período sandinista en El país bajo mi piel (2001).

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.  

Entre libros. La biblioteca como proyecto de vida

De la mano de Alberto Manguel, cuya obra La biblioteca de noche se reeditó recientemente, una inmersión en el universo de quienes, entre el profesionalismo y la pasión, creen que el único paraíso en la tierra es el que viene escrito, en papel y sobre estantes.


La de Babel, imaginada por Borges en un cuento; la de Alejandría, la de cada país, las quemadas, las olvidadas, las perdidas, las heredadas, las ordenadas hasta el TOC, las alborotadas, las públicas, las privadas? ¿Cuántas posibilidades habitan en la palabra biblioteca?

En 2007, cuando Alberto Manguel escribió La biblioteca de noche (reeditada el año pasado por Siglo XXI) no imaginaba que iba a ser director de la Biblioteca Nacional. Ni siquiera vislumbraba que volvería a vivir en la Argentina después de cincuenta años, luego de vivir en tantos países. Su constante era una: había pasado la vida entera entre bibliotecas. "Escribí hace unos veinticinco años Una historia de la lectura -dice en su despacho-. Parte de esa investigación se relacionaba con las bibliotecas porque lo que hace el lector es crear ese ambiente de libros donde trabaja. Cuando en el año 2000 pude por fin encontrar un lugar en Francia para albergar mis libros, decidí que iba a escribir sobre las bibliotecas y sobre las distintas percepciones simbólicas, como espacio, como orden, como identidad". Quince años después, cuando tuvo que desmontarla, Manguel empezó a escribir otro libro: Mientras embalo mi biblioteca (Alianza) como crónica de un duelo, como un réquiem. Dirá que esa que desarmó representa los años más felices de su vida.

Hace unos años, el director canadiense Robert Lepage trabajó con él en la realización de un proyecto que se llamó como el libro: "La biblioteca de noche" y recreó diez bibliotecas fascinantes. Desde la virtualidad, se podían mirar la del Parlamento de Canadá, la del Congreso en Washington, la del Nautilus (ideada por Julio Verne) y, entre ellas, estaba la del propio Manguel en Francia ¿Qué tenía esa biblioteca que la volvía tan espectacular? Eran treinta mil libros -hoy suman cuarenta mil- reunidos en un mismo lugar, en un antiguo establo de piedra que él hizo reconstruir en un pueblo de diez casas en Francia, en el Valle del Loira. Una biblioteca de madera oscura, con lámparas verdes, que imitaba la del Colegio Nacional de Buenos Aires, en el que Manguel había estudiado. Ordenó todos los libros él mismo. "Recuerdo la inmensa emoción de la primera noche en la que estaban en sus estantes -dice-. Esa primera noche, para sentir que la poseía, hice como un perro que mea en los rincones y dormí ahí. Esos quince años que me pasé allí fueron los más felices de mi vida: tenía mi biblioteca, mi jardín, mi perra, mi cocina, tenía el silencio de ese lugar? Eso es algo que no he recuperado nunca. Buenos Aires es una de las ciudades más ruidosas del mundo". Por razones burocráticas, según señala, él y su compañero tuvieron que vender la casa y empaquetar los libros, que hoy están en cajas, en el depósito de su editora canadiense. De ahí, se mudaron a Nueva York.

Así lucía la biblioteca que armó Manguel cuando vivía en Francia


Su biografía y su producción literaria van enlazadas a los vaivenes de ese espacio. Mientras vaciaba los estantes, Manguel escribió su despedida. "Embalarlos era como enterrar un ejército de amigos queridos -dice-. Ahora están en sus tumbas esperando la resurrección. Siguen en cajas porque no tengo lugar donde ponerlos. En Buenos Aires tengo un departamento del tamaño de esta mesa. Espero la ocasión de volver a colocarlos en sus estantes". Reitera que cuando armó aquella biblioteca no fantaseaba con ser director de la Biblioteca Nacional: "Uno puede soñar con ir a la luna o ganar la lotería, pero este fue un sueño que nunca tuve. Nunca pensé que iba a volver a la Argentina después de cincuenta años. Nunca pensé que iba a trabajar en una biblioteca. De adolescente pensé que podía estudiar bibliotecología pero no tenía ni la paciencia, ni la disciplina."

La Argentina era, para él, pasado. Un territorio construido con la nostalgia de esa épica del Colegio Nacional. Cuando nació, su familia se mudó a Tel Aviv (su padre fue el primer embajador argentino en Israel). Los primeros libros de su biblioteca tuvieron la voz de la nodriza checa con la que pasaba las 24 horas del día: "Ella me enseñó el inglés y el alemán, que fueron mis primeras lenguas. Yo no hablé con mis padres hasta mis ocho años, porque ellos hablaban castellano. Cuando en el 55 cayó Perón, mi padre quiso ser fiel al gobierno que lo había nombrado, volvió y lo pusieron en prisión. Aprendí castellano en el 55 y ahí pude entablar una conversación con ellos", cuenta. De aquella época, Manguel recuerda cierta indignación por la división de la literatura para niños o para niñas. En Historia natural de la curiosidad escribe: "Las identidades impuestas alientan la desigualdad". Su nodriza, dice, tenía una idea muy de principios de siglo XX de la cultura. A través de ella, conoció los clásicos alemanes e ingleses. Luego, en la Argentina, se sumaron los libros de Constancio C. Vigil, la colección Robin Hood, Mujercitas. Los estantes no pararon de nutrirse.

Vivió en Inglaterra, Italia, Francia, Tahití, Canadá. En cada coordenada hubo una biblioteca que nunca dejó de crecer. En Tahití, donde trabajó para una editorial, la armó pese a los hongos que se formaban en los interiores: "Me mudé con mis libros. Teníamos una choza con tejado de hojas de palmera y ahí monté mi biblioteca. Eran tres paredes y el mar. Tahití es un lugar maravilloso para las vacaciones pero no es maravilloso para trabajar. Yo iba a la oficina temprano y volvía a la noche, los libros se cubrían de moho, me molestaba el calor húmedo? Recibía el suplemento literario del Times y pedía libros a Londres. Algo muy del siglo XIX".

"Siempre he vivido entre libros. Para mí, el mundo se presenta entre libros y después en la realidad", dice. En Francia logró la reunión, al menos por quince años. Cuando dejó esa casa y se fue a vivir a Nueva York, ya había reflexionado y escrito sobre lo que se aloja en una misma idea: la biblioteca como isla, como mito, como patria, como identidad. También como espacio público, claro. Sobre esto, asegura: "No puedo trabajar en una biblioteca pública. Me resulta difícil leer libros que no son míos, que no puedo anotar, que no puedo llevarme a la cama. Para mí, la biblioteca tiene que ser personal".


-¿Cuánto demoró en aceptar el cargo en la Biblioteca Nacional?
-Lo pensé mucho. Fíjese: cuando nos instalamos en Nueva York, pensé que había llegado al último capítulo de mi vida. Voy a cumplir setenta años en unos meses. No estaba para cambios. Había sufrido mucho con el abandono de esa biblioteca. Nunca imaginé que iba a volver a cambiar, volver a hacer una mudanza, y una tan grande como lo que significa volver al país natal. La Argentina que yo recordaba era una que había inventado a través de una nostalgia, la del Colegio Nacional de Buenos Aires.

-En el prólogo de La biblioteca de noche escribe que al llegar a la Argentina descubrió que el puesto de director era político
-Y me parece algo nefasto. No puede ser político en el sentido sectario de la palabra. Es una institución política porque es el corazón de la polis, pero no puede ser el lugar emblemático de cualquier política sectaria, sea del partido que está en el poder o del partido vencido. Decidí que este no iba a ser un puesto político y que yo iba a ser el administrador de la biblioteca.

En su oficina, hay unos pocos libros de lomo duro en unos estantes; un escritorio, una mesa de vidrio, unos sillones. En la entrada del personal, asomaban afiches con reclamos de los trabajadores. Aquí no se ven. En julio se cumplió un año de su llegada al puesto. Fueron meses en los que hubo despidos, reincorporaciones, discusiones y cambios. El puesto de Borges fue algo más que una distinción.

El edificio, creado por Clorindo Testa, no es de su agrado: "Esta torre monstruosa en la que estamos -dice-, donde el objetivo es crear la fealdad deliberada, dificulta la tarea. Es como la nueva Biblioteca Nacional de Francia, que tiene cuatro torres totalmente inútiles de vidrios que quemaban los libros". ¿Qué Biblioteca pública destaca, entonces? La Vasconcelos en México, responde. Cuenta entonces que en La biblioteca de noche le interesaba estudiar la idea de lo arquitectónico y los modos en los que influye en el trabajo. También, "la idea de la biblioteca como autoridad, con columnas que se mostraban como majestuosas y excluyentes, que al mismo tiempo daban sentido de la importancia del acto intelectual en el seno de una sociedad".

"Ahora esto ha cambiado bastante -agrega-. El símbolo de la biblioteca ha sido reemplazado por el símbolo del banco, que da valores a la sociedad."

-¿Cómo es su biblioteca privada ahora?
-La biblioteca se construye alrededor de mí. Aquí, en Buenos Aires, he acumulado tantos libros que he tenido que enviar unas veinte cajas a mi depósito. Buenos Aires es una ciudad de libros. Me encantan las librerías anticuarias y descubrí una de viejos fantástica en el sótano de la galería Florida.

-¿Qué cosas descubre?
- No busco nada en especial, pero descubro la edición que hizo Sur de Orlando, de Virginia Woolf, con una firma de Victoria Ocampo... Libros que compro por nostalgia, porque los tenía cuando iba al colegio... También la librería Guadalquivir es extraordinaria. Ellos traen libros que generalmente no se ven. Y recorro las librerías de la calle Corrientes. Siempre encuentro algo allí.

La biblioteca de noche se acompaña con ilustraciones de algunas bibliotecas míticas o históricas: La de Pérgamo, el boceto de Miguel Ángel para la Laurenziana. También hay una foto de unas cajas apiladas, maltrechas, semicerradas. Se trata de la biblioteca del Líbano. Manguel cuenta que hay voluntarios que se acercan para tratar de quitar los bichos, el polvo, y para catalogar lo que sirve de esa biblioteca que reunió nacionalidades, rarezas, joyas manuscritas y sobrevivió, aunque desplumada, a bombardeos y otros estragos de sucesivas guerras. Las fotos recuerdan a esos rescates de animales empetrolados. Animales que guardan en sí un mundo que tiene que ver con nosotros. Esa biblioteca, como todas, guarda identidades, utopías, heridas. Son asilo y a la vez oráculo para transitar el mundo.

Natalia Gelós
Diario La Nación, domingo 28 de enero de 2018

Ilustran relatos infantiles de Lev Tolstói

El autor ruso, famoso por Guerra y paz, escribió textos para los niños campesinos que acudían a su escuela, los cuales son traducidos al español.



La filóloga mexicana Selma Ancira (Ciudad de México, 1956) tradujo una selección de cuentos de Lev Tolstói para niños, muy poco conocidos en español, que versan sobre la naturaleza y el respeto a la vida animal. Estos relatos fueron escritos por el autor de Ana Karénina para los niños campesinos que asistían a la escuela que Tolstói creó en Yásnaia Poliana, y ahora son compilados por primera vez en un libro ilustrado por Flavia Zorrilla, bajo el título Cuentos para niños.

Pero además de los cuentos escritos para los niños campesinos, Tolstói creó otros más para sus nietos, explicó la traductora. “Tolstói tiene una cantidad enorme de cuentos infantiles, sin embargo, como este libro iba a ser ilustrado, decidimos ceñirnos a cinco textos para que la ilustración desempeñara un lugar preponderante”, apuntó en entrevista con Excélsior, donde habló sobre sus dos próximas traducciones: el “Cristo de nuevo crucificado”, de Nikos Kazantzakis y “Agamenón” de Yannis Ritsos, programado para el 7 de febrero.

“Creo que ésta es una faceta de Tolstói que conocemos poco. Quizá los más famosos son los cuentos y las fábulas que tienen una moraleja muy clara. Los cuentos incluidos en este libro, sin embargo, están más cerca del relato que de la fábula”, añadió.

El primer paso para este libro fue hacer la selección , detalló Ancira. “Yo quería que hubiera un hilo conductor, y el hilo conductor de este libro es el respeto por la vida animal, el respeto por el otro y por la naturaleza. En estas páginas Tolstói les cuenta a los niños qué es la amistad, qué es la fidelidad y el amor, qué es la confianza y la solidaridad, entre otras cosas”.

¿Qué opina sobre el trabajo de ilustración encargado para este libro? “Me parece un trabajo extraordinario el que realizó Flavia Zorrilla. Cuando vi sus dibujos por primera, vez me pareció que el libro era como una sonrisa. Las ilustraciones te alegran la vista; son, además, una invitación a la lectura”.

¿Por qué era necesaria esta compilación? “Yo creo que era importante dar a conocer una faceta de Tolstói poco conocida: la del autor de cuentos para niños. A Tolstói se le conoce, sobre todo, por Guerra y paz, por Ana Karénina o por Resurrección, pero resulta sorprendente descubrirlo como autor de cuentos para niños”.

¿El libro está concebido para primeros lectores? “Sí, la idea es que los padres les lean los cuentos a los niños o que, si ellos pueden, lo hagan solos para que se vayan familiarizando con la literatura”.

¿Le parece que las primeras lecturas son más importantes de lo que algunos creen? “Sí, me parece que son importantísimas. Yo todavía me acuerdo de algunos cuentos que me leían mis papás. Mi mamá, sobre todo. Después, todos los nombres de los autores que me habían leído, ya me iban sonando y fueron parte de mi desarrollo espiritual. Las semillas sembradas en ese momento han dado indiscutiblemente sus frutos; y eso es lo que yo quería con este libro: que se quede en la mente de los niños el nombre y la literatura de Tolstói, aun si ahora no se dan plenamente cuenta que están leyendo a uno de los más grandes autores de la literatura universal, después formará parte de su bagaje intelectual”.

¿Cómo fue la experiencia de traducir a Tolstói para niños? “Aunque no lo creas, por momentos me costó más trabajo que traducir al Tolstói para adultos. Escribir con sencillez y, al mismo tiempo, la profundidad que exige la literatura infantil no es fácil. Es un reto. Fue difícil, además, elegir de entre todas las historias aquellas que pudieran ser más afines a los niños mexicanos”.

¿Al autor ruso le importaban los animales? “El mundo animal y el respeto por los animales era muy importante para él; lo es también para mí. Y quisiéramos que lo fuese también para los niños, para que este libro despertara en ellos el amor por todo lo vivo”.

Pero la idea de este libro nació en 2016, cuando Selma Ancira asistió a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) a presentar su libro La mañana de un terrateniente/ Historia de un caballo, del propio Tolstói, “cuando Marina Bespalova me invitó a presentarlo, le comenté que no era un libro para niños, pero se esperaba que el público asistente fuera de muchachos que cursaban los últimos años de preparatoria”.

Sin embargo, aquel día asistieron niños pequeños. “Entonces tuvimos que improvisar una presentación que resultó increíblemente hermosa. Tuvimos oportunidad de platicar con esos niños de seis y siete años. Les preguntamos qué les gustaba, qué les interesaba, qué habían leído. Y sus respuestas fueron sorprendentes: La peor señora del mundo de Francisco Hinojosa y Los Miserables de Victor Hugo. A ese pequeño gran público es al que está dirigido este libro”, concluyó.

¿Quién es?
Selma Ancira es traductora de literatura rusa y de literatura griega moderna. Ha traducido, entre otros autores, a Pushkin, Dostoievski, Bunin, Bulgákov y a Pasternak, así como a Seferis, a Ritsos y a María Iordanidu. Fue ella quien descubrió al público hispanoparlante la obra de Marina Tsvietáieva, de quien ha traducido casi la totalidad de su prosa. Fue premiada con la Medalla Pushkin (2008), el XII Premio de Traducción Ángel Crespo (2009) y el Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia, entre otros.

Juan Carlos Talavera
Diario Excélsior, México

Muere el poeta chileno Nicanor Parra a los 103 años

El premio Cervantes pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces.



A los 103 años ha fallecido, hoy martes, el poeta, matemático, físico y académico chileno Nicanor Parra. Lo ha confirmado el ministro de Cultura del Gobierno de Chile, Ernesto Ottone. El deceso del premio Cervantes 2011, una de los mayores leyendas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, se produjo en la madrugada de este martes. Hermano mayor de una familia de genios, como la cantautora y artista Violeta Parra, el autor de Poemas y antipoemas pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces, a unos 120 kilómetros de la capital chilena.

"Nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire", señaló en una entrevista con El País en 2011. Creador de la corriente llamada antipoesía, Parra era el superviviente del grupo más señero de poetas chilenos contemporáneos, junto a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Gonzalo Rojas. Después de publicar en 1937 Cancionero sin nombre, influido por Federico García Lorca, llegó en 1954 el libro que marca en mayor medida su obra y la poesía hispanoamericana del siglo pasado, Poemas y antipoemas.

Bachelet ha lamentado la muerte de Parra: "Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y una voz singular en la cultura occidental. ¡Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra! Mi más profundo pésame a su familia", escribió la mandataria a través de Twitter.

"Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices", escribió en Versos de salón de 1962.

Diario El País, Madrid
Martes 23 de enero de 2018

Súper 8

El Cineclub La Rosa también proyecta en Súper 8. Por eso es tiempo de revisar y preparar las películas.