Sunset Park

de Paul Auster
(Anagrama, Buenos Aires, 2011, 288 páginas)



La novela está impregnada de cierta mirada melancólica y escéptica, como a la espera de un desenlace fatal: en ella se proyecta el clima trágico del Arthur Miller de Muerte de un viajante, Todos eran mis hijos y Panorama desde el puente.

Sunset Park se divide en capítulos que llevan alternadamente el nombre de los personajes. Sorprende al lector, que cree saber casi todo sobre sus vidas, que, de improviso e inesperadamente, afloran en ellos sensaciones y pensamientos desconocidos.

El sentimiento de culpa ha tallado fuerte en Miles Heller, el principal personaje, que tiene veintiocho años y carece de rumbo. Así se describe su estado de ánimo: “No tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada día; para vivir así hay que querer muy poca cosa, tan poco como resulte humanamente posible.” Al charlar Miles con un conocido sobre las estrellas del béisbol, sus comentarios se centran en el final aciago de sus existencias y, al parecer, constituye una señal de lo que le ocurrirá a él. En un comienzo, mientras permanece en Florida, trabaja para una empresa inmobiliaria encargada de limpiar las viviendas que han abandonado sus ocupantes por no pagar las hipotecas (la historia comienza en 2008) y fotografía esos desechos porque entiende que los antiguos dueños han dejado sus huellas y habitan en ellos como si fueran fantasmas.

Bing Nathan es un tipo singular, con una intensa vida interior y la convicción de que el mundo que habitamos y su idea de progreso son totalmente falsos.

Tanto Morris Heller, el padre de Miles, como los amigos y familiares que lo acompañan, no pueden ser felices, están aprisionados por sus conflictos. “No nos hacemos más fuertes con el paso de los años. La acumulación de penas y sufrimientos va mermando nuestra capacidad de soportar el dolor…”, piensa.

Alice Bergstrom está escribiendo una tesis sobre los años que siguieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tema que trata el famoso filme Los mejores años de nuestra vida (1946, de William Wyler). También a Morris le ha impactado fuertemente esta película, en la que los soldados que regresan se encuentran con un fuerte desempleo y, además, toman conciencia de que no están preparados para la paz. Entre la crisis económica de la cual aún no han logrado salir y la guerra en Medio Oriente, los Estados Unidos no transitan por mejores momentos.

La escritura de Paul Auster –que no utiliza guiones de diálogo– es propia de un maestro literario, encuentra los sustantivos y adjetivos exactos para describir una escena o un estado de ánimo. Desarrolla los párrafos largos –a veces caudalosos– con soltura y ritmo, introduciendo un vocabulario rico e ilustrativo mediante imágenes originales. La traducción de Benito Gómez Ibañez logra plasmar con sumo éxito esa prosa.

Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) es uno de los más prestigiosos escritores contemporáneos y autor de números libros, de algunos guiones cinematográficos y de una novela gráfica. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.  

La ley del menor

de Ian McEwan
(Anagrama, Buenos Aires, 2015, 216 páginas)



Ian McEwan va relatando las vivencias de Fiona Maye, una magistrada del Tribunal de Justicia británico. Así como en Amor perdurable un tema central fue el síndrome de De Clérambault que sufre uno de los personajes y en Sábado los problemas propios de un neurocirujano, en La ley del menor es el derecho de familia. Sorprende la complejidad de los casos que se presentan y las argumentaciones que esgrimen las partes. Revelan que la conflictividad de las relaciones humanas está inmersa en un crescendo exponencial imparable. El nivel de las agresiones y barbaridades que se cometen alcanza límites irracionales. El lector puede llegar a interpretar que los seres humanos no saben gozar de la vida (“….las rupturas y los sinsabores de matrimonios y parejas crecieron en Gran Bretaña como una monstruosa marea de primavera que barrió hogares enteros, dispersó posesiones y sueños optimistas y ahogó a los que no tenían un poderoso instinto de supervivencia”). Además, el sistema judicial británico no funciona satisfactoriamente: se dictan muchas sentencias injustas y los letrados y los jueces no pocas veces incurren en actitudes nada idóneas.

La acción transcurre principalmente en Londres y el autor registra con sagacidad la personalidad de la jueza Fiona Maye, una típica persona que ha sido devorado por su trabajo: no se trata de una vocación por el Derecho, sino de una neurosis que ha trastornado su vida y dañado su vínculo con su esposo Jack.

Otro personaje importante es Adam Henry, que padece leucemia, aún no ha llegado a la mayoría de edad (le faltan tres meses), profesa junto a sus padres el credo de los testigos de Jehová y los tres se niegan –invocando sus sentimientos religiosos– a que aquél reciba una transfusión de sangre que puede salvarle la vida. Fiona debe resolver, en un juicio que un hospital le formuló a la familia, si obliga a aplicar el tratamiento contra la voluntad de todos sus miembros. Los diálogos que se desarrollan son magistrales y demuestran la capacidad literaria de McEwan, un escritor culto e ilustrado en relación a la música académica y el jazz. Asimismo, tiene el arte de demorar la resolución de una escena para despertar interés y ansiedad por conocer el desenlace.

La traducción de Jaime Zulaika es impecable y transmite la tersa y bella prosa del narrador, que se destaca en sus descripciones sin fisuras: “Le gustaba aquella especie de maraña exuberante de musculoso hierro colado, de acero y de cristal posindustriales, de viejos almacenes rescatados de la decrepitud para insuflarles una juventud de fantasía consistente en bares y cafeterías.”

Ian McEwan (Aldershot, Reino Unido, 1948) es autor de numerosos libros, entre ellos Primer amor, últimos ritos, Entre las sábanas, El placer del viajero, Niños en el tiempo, El inocente, Los perros negros, Amor perdurable, Amsterdam, Expiación, Sábado, En las nubes, Chesil Beach, Solar, Operación Dulce. Ganó muchos premios, como el Somerset Maugham, el Whitbread, el Femina, el James Tait Black, el Booker, el WH Smith Literary Award, el People´s Booker, el Commonwealth Eurasia, el Nacional Book Award, el Wodehouse y el Shakespeare.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.  

Catalogación e inventario

La Biblioteca volverá a atender al público el lunes 5 de febrero. Mientras, llevamos adelante tareas de catalogación e inventario.

Una lectura masiva de la Divina Comedia a través de las redes sociales

La maratón de lectura simultánea de la pieza maestra de Dante Alighieri se inició con el cambio de año. Podría convertirse en uno de los acontecimientos literarios del 2018.



La obra cumbre de Dante Alighieri, un poema alegórico estructurado en un total de 100 cantos, se actualiza a casi siete siglos de su publicación, a través de una lectura pública, masiva y espontánea, que se lanzó a través de las redes sociales y para la que ya confirmaron su participación miles de lectores entusiastas.

La iniciativa fue impulsada a través de Twitter por el ensayista Pablo Maurette (@maurette79) y arrancó hoy: la idea es leer un canto por día (de los 100 cánticos, 33 corresponden al Cielo, 33 al Purgatorio y 33 al Infierno) durante cien jornadas, en una suerte de homenaje virtual al célebre autor italiano, y que seguramente sumará a numerosos lectores de la nueva generación que no han tenido contacto con esta pieza literaria. Bajo el Hashtag #Dante2018, se busca a su vez que la propuesta se convierta en trending toppic.

La lectura comenzó con el cambio de año y se extenderá hasta el 10 de abril. Posteriormente, se concretarán nuevas lecturas, reuniones grupales y debates entre quienes quieran seguir vinculados al proyecto, que podría convertirse en uno de los eventos literarios del año, en función del alcance de la convocatoria.

Los interesados en sumarse, pueden leer solos, de a dos, en tríos, de a decenas, por teleconferencia, por Skype o FaceTime. Se pueden juntar en casas, bares y plazas. “Libertad completa y absoluta. La consigna es: un canto por día y comentar citando el canto el hashtag propuesto” en Twitter y en Facebook, especificando el canto del que se está hablando (por ejemplo “Inf. 13”), propuso Maurette, quien aspira a convocar al “grupo de lectura más grande de la historia”.

Eñe, Clarín, 1 de enero de 2018

Frankenstein, 200 años moderno

El 1 de enero de 1818 se publicó una modesta edición de la mítica novela en la que una precoz Mary W. Shelley plasmó los dilemas y avances de su época.


Frankenstein nació de algo más que el desafío de Lord Byron junto a una chimenea con vistas al lago Lemán en el verano más frío del siglo XIX. Todo lo depositado por Mary Wollstonecraft Shelley en la narración que alumbraría un mito universal —inspirador de casi un millar de obras entre el cine, el teatro y el cómic— tiene relación con las circunstancias extraordinarias que la rodearon desde que nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. A su alrededor el viejo mundo se había disgregado tras un atracón de revoluciones. La industrial se hallaba en plena sobreexcitación gracias al perfeccionamiento de la máquina de vapor de James ­Watt. La política digería la sobredosis de guillotina de Robespierre y compañía abrazando la vuelta al orden. Las ideas y la ciencia (aún llamada filosofía natural) se removían igual de convulsas, con las teorías de Lavoisier que inauguran la química moderna o las expediciones a los polos para profundizar en el magnetismo. Y todas aquellas revoluciones tomaban el té en su casa atraídas por su padre, el novelista y filósofo radical William Godwin (1756-1836), partidario de abolir la propiedad y contrario a toda forma de gobierno. El primer anarquista.

El propio entorno doméstico se forja contra la convención. Godwin vivía con su segunda esposa, Mary Jane Clairmont, y cinco hijos de diferentes orígenes biológicos en lo que hoy sería una moderna familia reconstituida. Mary W. Shelley crece marcada por el pensamiento de su madre, la escritora y filósofa Mary Wollstonecraft (1759-1797), que la invita a formarse como una ciudadana concienciada antes que una esposa sumisa. Una madre ausente, cuya tumba era un frecuente rincón de lectura. La autora trasladará su experiencia de orfandad a la criatura literaria, que esparce dolor y muerte porque no tiene quien le quiera.

Boris Karloff en Frankenstein, de James Whale.

En 1792, tras el éxito de un ensayo en defensa de la Revolución Francesa, Mary Wollstonecraft publicó Vindicación de los derechos de las mujeres, donde exigía la educación para las niñas: “Para hacer el contrato social verdaderamente equitativo, y con el fin de extender aquellos principios esclarecedores que solo pueden mejorar el destino del hombre, debe permitirse a las mujeres encontrar su virtud en el conocimiento, lo que es apenas posible a menos que sean educadas mediante las mismas actividades que los hombres”. Se considera el primer tratado feminista, en paralelo a la Declaración Universal de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana redactada por la francesa Olympe de Gouges, decapitada en París por querer llevar los derechos humanos demasiado lejos.

Si el pensamiento de Mary Woll­stonecraft resultaba transgresor en sí mismo, su vida encarnó varios mitos románticos por sus desamores y sus dos tentativas de suicidio. Entre el episodio del láudano y el del río Támesis viajó por Escandinavia con su primera hija, Fanny, y una niñera. De la experiencia saldría un libro de viajes que entusiasmó a William Godwin: “Si alguna vez se escribió una obra con la intención de que un hombre se enamorara del autor, me parece que es esta”. Los dos escritores se hacen amigos, amantes y, por último, cónyuges entre burlas de la prensa conservadora (Godwin se había manifestado contra al matrimonio en escritos públicos). El miércoles 30 de agosto de 1797 nace la única hija de ambos, Mary. La filósofa ha pasado las contracciones leyendo en voz alta El joven Werther, de Goethe, con su marido. El mismo libro que en el futuro disfrutará en la ficción un engendro de dos metros y medio de altura y labios negros.

Tal vez Mary no se educó como habría deseado su madre, fallecida a los 11 días del parto, pero su padre estimuló su intelecto desde primera hora. Los biógrafos sugieren que creció con más pensadores que afectos. “Se sentía sola a menudo y carente de un sentimiento de identidad familiar”, señala James Lynn, “las relaciones con la segunda esposa de su padre eran pobres, y aunque Godwin le dio una buena educación, desatendió sus necesidades emocionales”.

Mary podía escuchar en su casa al poeta Samuel Taylor Coleridge, al inventor William Nicholson o al químico Humphry Davy. Su padre la llevaba a conferencias sobre electricidad y a tomar el té con el divulgador del vegetarianismo John Frank Newton. Todo ese magma intelectual y creativo dejó huellas en Frankenstein: el capitán Walton alude a un poema de Coleridge (‘La balada del viejo marinero’) y el gigante mata, pero es vegano. En el mismo arranque de la novela se presenta un viejo amigo de Godwin: “En opinión del doctor Darwin, y de algunos fisiólogos de Alemania, los sucesos en los que se basa la presente ficción no son enteramente imposibles”.

 Retrato de Mary W. Shelley

El médico y naturalista Erasmus Darwin, defensor de una teoría sobre el origen único de la vida y abuelo del autor de El origen de las especies, también se evocará en Villa Diodati en el frío verano de 1816. Horas antes de que Mary tenga la visión que alimenta Frankenstein, los poetas Lord Byron y Shelley rememoran uno de sus supuestos ensayos, según relata la propia escritora: “Al parecer había conservado un hilo de masa en un bote de cristal, hasta que, por algún extraordinario proceso, aquello comenzó a agitarse con un movimiento autónomo. (…) Quizá un cadáver podría reanimarse, el galvanismo había dado pruebas de cosas semejantes: quizá se podrían manufacturar las partes componentes de una criatura, y después podrían reunirse y dotarlas del calor vital”. La gran pregunta que se hace Victor Frankenstein —“¿Dónde residirá el principio de la vida?”— era la gran pregunta de la época.

Ante la falta de respuestas precisas, triunfan los sucedáneos. La electricidad vive su minuto de gloria desde mediados del siglo XVIII. Los desvelos científicos de Benjamin Franklin, Luigi Galvani y Alessandro Volta coinciden con el trilerismo feriante. En su ensayo Mujeres y libros, el editor Stefan Bollmann recrea un popular espectáculo de “electrificadores”: “Ponían en marcha las ruedas de sus máquinas electrostáticas y enviaban descargas eléctricas a través de las manos de una cadena humana. Suspendían a una persona de tal forma que levitaba y hacían que la cabeza le brillara”.

Incluso Percy Bysshe Shelley había tonteado con la corriente en Oxford, como detalla Charles E. Robinson, máximo especialista en la obra de Mary W. Shelley, en su introducción para una edición anotada para científicos y creadores publicada con motivo del bicentenario de la aparición de la obra: “Había construido su propia cometa eléctrica, había hecho saltar chispas con un aparato eléctrico y hasta almacenado el fluido de la electricidad en botellas de Leyden: esas pruebas sirven de base a los experimentos eléctricos del padre de Victor, Alphonse, en Frankenstein”.

El poeta Shelley también acabaría frecuentando el ágora doméstica de William Godwin, atraído por el pensamiento de un filósofo casi más célebre por controversias públicas como la que mantuvo con Malthus que por sus espesos tratados políticos. Percy era igualmente especialista en controversias: se había casado con la oposición de su influyente familia y acababa de ser expulsado de Oxford por propagar el ateísmo. Mary tiene 16 años cuando se fuga con él, aunque en seguida regresan por la falta de dinero. A partir de ahí sus biografías alimentan el mito de la perfecta pareja del romanticismo, con una sucesión de cimas literarias y cadáveres jóvenes: solo sobrevive uno de sus cuatro hijos y, a los 29 años, Percy B. Shelley se ahoga en Italia. En el futuro la escritora se alejará del malditismo y se preocupará por obtener la aprobación social para ella, su único hijo y el poeta muerto.

Pero cuando Mary W. Shelley escribe su relato en 1816 para la competición sobre historias de fantasmas, que ha convocado Lord Byron en el verano más frío del siglo, tiene solo 18 años, un bebé vivo y otro muerto, y una relación escandalosa que finalizará con el suicidio de la primera esposa de Shelley. Ignora que está forjando un mito universal y que, en aquella familia donde solo contaban los que tenían méritos literarios, rebasará la popularidad de todos ellos.

Robert de Niro en Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh.

El 1 de enero de 1818, casi dos años después de la estancia en el lago Lemán, se publica Frankenstein o el moderno Prometeo con una tirada de 500 ejemplares. No lleva firma. Se especula con la mano de Percy B. Shelley (que aporta correcciones al manuscrito). Pero si algún incrédulo ha sobrevivido en estos 200 años, en 2013 perdió la última esperanza. Ese año salió a subasta por 477.422 euros un ejemplar de la primera edición dedicado a Lord Byron “por el autor”. La letra fue autentificada como la de Mary W. Shelley.

En la segunda edición de 1823 (de tirada similar a la anterior), la escritora se identifica. En apenas tres años se realizan 10 adaptaciones teatrales diferentes, incluyendo paródicos finales sobre la muerte de la criatura, que irá alejándose de su cultivado espíritu original —leía a Plutarco, Milton y Goethe— para convertirse en el imaginario colectivo en un monstruo atornillado y algo bobalicón. La obra se emancipa de la autora. Sus lectores encuentran en Frankenstein lo que necesitan: terror gótico, anticipo de ciencia-ficción o un dilema ético sobre los límites de la ciencia.

El día de Halloween de 1831 se lanza una tercera edición de 4.020 ejemplares. La escritora introduce cambios y acalla a los escépticos: “Ciertamente, no le debo a mi marido la sugerencia de ningún episodio, ni siquiera de una guía en las emociones, y sin embargo, si no hubiera sido por su estímulo, esta historia nunca habría adquirido la forma con la cual se presentó al mundo”. Firma su introducción como M. W. S., aunque la historia de la literatura prescindirá del apellido materno.

Pero solo rastreando sus orígenes familiares y las circunstancias de los primeros años de su vida puede responderse a la pregunta que tantas veces le formularon a Mary W. Shelley: “¿Cómo es posible que yo, entonces una jovencita, pudiera concebir y desarrollar una idea tan horrorosa?”.

Tereixa Constenla
Diario El País, España, 29 de diciembre de 2017

Actividades 2018

Enero
La Biblioteca permanecerá cerrada al público.
Se realizarán tareas de catalogación e inventario.


Felices fiestas


2017

Un repaso a todo lo que ocurrió en el año en la Biblioteca.


Cursos y seminarios
Taller literario, por Carlos Penelas.
Clases de canto / Grupales e individuales, por Inés Maurel
Taller de Danza Clásica para niñas, por Cristina Bartolomé.
Biomecánica Corporal y Elongación, por Cristina Bartolomé.
Historia de la Ciudad de Buenos Aires, por el Lic. Leonel Contreras.
Francés del viajero, por el Prof. Sebastián Barvié
Taller de Italiano, por la Prof. Stella Maris Scuderi.
Taller de Danza Clásica para niñas, por Cristina Bartolomé.
Biomecánica Corporal y Elongación, por Cristina Bartolomé.
Seminario Clínico, dictado por Enrique Acuña: "Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y Literatura-".
Teatro para adultos, por Lucía Gómez
Teatro para adolescentes, por Lucía Gómez
Tango, por Víctor Chamorro
Taller de Portugués, por la Prof. Gabriela Hidalgo
Taller de Ajedrez, por Martín Litvak

Presentaciones y actos 
Jorge Rivas presentó su libro El rumbo junto a Laureano Bielsa y Julieta Costa Díaz. Andrea Recúpero fue moderadora.
Simultáneas de ajedrez, coordinadas por el Prof. Martín Litvak.
Seminario: 1º Jornada de la Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas -AAPP- "Inconsciente - Vidas pulsionales". Aquí, el programa del evento, que se realizó a sala llena.
"Identidad y Memoria": Acto de la Comisión de Desaparecidos españoles, a sala llena. Participaron María Consuelo Castaño Blanco y Rosa A.L. Puente, presidente y vice, respectivamente, de la Comisión, D. Javier Sandomingo Núñez, Embajador de España en la Argentina, Carlos Penelas, Rocío Danussi, Laureano López Lois, Alejandra Riva y María Alejandra Varela. Coordinó Guillermo Fuentes Rey. Acá el video del acto.
Presentación del libro El proyecto, de Alejandro Rofman. Acompañaron al autor Fernanda Vallejos y Delfina Rossi. Presentó Atilio Orsi, moderó Oscar Rodríguez.
Visita de Almudena Grandes, declarada Socia Honoraria de la Biblioteca.
Presentación del libro Papeles con mi padre, de Carlos María Romero Sosa. Hablaron el autor, el Diputado Nacional (M.C.) doctor Héctor Polino y el escritor y poeta profesor Carlos Penelas.

Exposición
Dibujos y pinturas de Roberto Pisani.

Socios Honorarios
Almudena Grandes (2/11/17)

Encuentros del Centro de Estudios Poéticos "Aletheia"
Introducción a las enseñanzas de Gurdjeff. Gurdjieff en Rayuela”, por Diego Zeziola.
"El Sufismo: Espiritualidad Islámica", conferencia por Abdur Rahman Colombo.

Actividades con otras organizaciones
Encuentro en EPA CineEmiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa, participó de la charla sobre "Pantallas Emergentes" organizada por el Festival EPA Cine, en La Paternal.
EPA Cine: El Cineclub La Rosa, representado por su programador, Emiliano Penelas, en el 2° Festival de Cine Independiente de El Palomar - EPA Cine, con una proyección de cortos en fílmico con música en vivo. Auditorio UNTREF, Caseros.
Comisión de Desaparecidos españoles: "Identidad y Memoria": Acto a sala llena. Participaron María Consuelo Castaño Blanco y Rosa A.L. Puente, presidente y vice, respectivamente, de la Comisión, D. Javier Sandomingo Núñez, Embajador de España en la Argentina, Carlos Penelas, Rocío Danussi, Laureano López Lois, Alejandra Riva y María Alejandra Varela. Coordinó Guillermo Fuentes Rey. Acá el video del acto.
CONABIP: Visita de Almudena Grandes, declarada Socia Honoraria de la Biblioteca.
Seminario Brasil: "El Español en el Marco de las Relaciones Internacionales".
Goethe-Institut: colaboró en los ciclos del Cineclub La Rosa.
Festival de Mar del Plata: el Cineclub La Rosa colaboró con su proyector 16mm.

Prensa
Almudena Grandes y su visita a la Biblioteca, en La Nación y CONABIP
Diario del viajero: presentación de Carlos M. Romero Sosa.

Diario Crítico: acto por los desaparecidos españoles
Banco de experiencias CONABIP
Talleres en el Diario del Viajero
Cineclub La Rosa: Nota en Radio Untref
Cineclub La RosaKluge en el Diario del Viajero.

Comentarios de libros por Germán Cáceres
Luminoso Boedo, de Mario Bellochio
Iréne, de Pierre Lemaitre *

La literatura de Emil García Cabot, de Bertha Bilbao Richter
Entre mareas, de Emil García Cabot

Domingos de agosto, de Patrick Modiano *

Carta breve para un largo adiós, de Peter Handke *

El vórtice naranja, de Ernestina Mo

Tres cuentos, de Liliana Allami

Amuleto, de Kazu Kibuishi
La vanguardia perdida, de Osvaldo Aguirre

Black-out, de María Moreno

Cuentos elegidos, de Ana María Torres

Malvinas. El sur, el mar, el frío, AA.VV.

Por el camino del cóndor, de Eduardo González

Tres días y una vida, de Pierre Lemaitre

Alex, de Pierre Lemaitre

Evocando viñetas 3, de Germán Cáceres (comentario por Enrique Sureda)

Las sombras de Quirke, de Benjamin Black

Crónica animal, de Fernando Veglia

Robinson, de Muriel Spark *

La humillación, de Philip Roth *

Mi perdición, de Alfred Hayes *
Suites imperiales, de Bret Easton Ellis *

Sumisión, de Michel Houllebecq
Jorge Acha: una eztetyka sudaka, AA.VV. *

Escritos entre mate y mate, AA.VV.

Las cosas de fondo, de Liliana Allami

Hombres buenos, de Arturo Pérez-Reverte *

Wonderland, de Liliana Díaz Mindurry

La puerta clandestina, de Cristina Villanueva

Los besos en el pan, de Almudena Grandes *

* Libros que forman parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlos para su lectura  

Cineclub La Rosa
Ciclos
- Ciclo "Berlín, ayer y hoy"

- Ciclo "Junio: Herzog"

- Ciclo "Alexander Kluge, arqueólogo y visionario"
- Ciclo "Caligari y Mabuse, doctores
 

Funciones especiales
- Estrellas, de Konrad Wolf.
- "Chaplin en fílmico"
- Céleste, de Percy Adlon. A 95 años de la muerte de Proust

Invitados

Geraldine Salles Kobilanski, presentó Aguirre, la ira de Dios, de Werner Herzog

Más de

Más de 61.000 visitas en www.carlossviamonte.com.ar
Más de 52.000 visitas en www.cineclublarosa.blogspot.com

Retrospectiva
Esto pasó en 2016
Esto pasó en 2015
Esto pasó en 2014

Todas las críticas de Germán Cáceres

A continuación, el acceso directo a todas las críticas literarias escritas por Germán Cáceres especialmente para nuestra página web.



* Libros que forman parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlos para su lectura  

Los besos en el pan

de Almudena Grandes
(Tusquets, Buenos Aires, 2017, 336 páginas)


La novela se divide en tres partes: la primera es un pequeño prólogo, la segunda –«Ahora»– es en sí la novela, y la última un breve epílogo.

En esa mínima introducción –«Antes»– comenta: “Después, alguien nos dijo que había que olvidar (…) Que para construir la democracia era imprescindible mirar hacia delante, hacer como que aquí nunca había pasado nada”. Señala así el rumbo que tomará la narración.

Como es habitual en Almudena Grandes, su escritura es contundente y vigorosa, pero a la vez poética y nada solemne. Manipula las palabras con soltura, como si fuera una malabarista del lenguaje. Utiliza constantemente pequeñas elipsis y sobreentendidos.

Los besos en el pan sigue la pauta de su narrativa: está compuesta de familias (con numerosos miembros) que se entrecruzan entre ellas, como si armara un rompecabezas. Es su estética, así como Vargas Llosa emplea “los vasos comunicantes” a los que alude Luis Harss en Los nuestros. Además, sus personajes resultan cercanos, concretos, llenos de humanidad y de virtudes, pero también de defectos, y a la autora se le perdona que a veces se le escape un toque sensiblero o un enfoque explicativo. Almudena Grandes no cesa de imaginar historias, es una narradora nata. Y aunque presenta hechos cotidianos, despliega una cuota de legítimo suspenso.

La falta de trabajo y la crisis económica golpean a España, pero parece encontrar a su población debilitada, sin defensas apropiadas. Un personaje afirma: “Pero nosotros podíamos, nosotros éramos fuertes, estábamos acostumbrados a sufrir, a emigrar, a pelear, y sin embargo, ahora…No te ofendas, pero ahora sois de una pasta más blanda.” No pierde ocasión de señalar la mercantilización de la vida cotidiana de las sociedades contemporáneas. Y despliega un mosaico social completo de Madrid, ciudad que sale bastante malparada: desempleo, bajos sueldos, despidos, femicidios.

En el final –«Después»– la escritora describe la situación a que arribaron todos los personajes, una manera inteligente de concluir el libro y de ayudar al lector a integrar las numerosas historias de vida que se narran.

Almudena Grandes (Madrid, 1960) ha escrito varias novelas: Las edades de Lulú (XI Premio La Sonrisa Vertical), Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de Geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón y El corazón helado. También es autora de los libros de cuentos Modelos de mujer y Estaciones de paso y del de crónicas y relatos Mercado de Barceló. Mereció numerosos premios, entre ellos el de la Fundación Lara, el de Los Libreros de Madrid y el de los de Sevilla, el Rapallo Carige y el Prix Méditerranée. Está escribiendo la serie «Episodios de una Guerra Interminable», a la que pertenecen Inés y la alegría (multipremiada), El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita.


Germán Cáceres

En una reciente visita a Buenos Aires, Almudena Grandes fue nombrada Socia Honoraria de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura. 

La puerta clandestina

de Cristina Villanueva
(Instituto Lucchelli Bonadeo, Buenos Aires, 2017, 84 páginas)



Al principio del libro hay una frase de Edgar Bayley: “La poesía existe para que la muerte no tenga la última palabra”. Citas de otros escritores recorren sus páginas con reflexiones sobre el hecho poético. Asimismo, la autora, en una suerte de introducción titulada «Viaje textual», afirma que “En ese sentido la literatura toda es erótica. Aunque se escriba desde el dolor, desde el horror, sobre la muerte”.

En su poemario (que en ciertos casos asume la prosa poética) Cristina Villanueva defiende los valores humanos frente a las sociedades mercantilizadas que caracterizan nuestro tiempo.

Si bien en La puerta clandestina están presentes el deseo y el ansia de vivir, el tema del final de nuestro paso por el mundo se nombra constantemente, como si el propósito de la poesía fuera anular ese desenlace inevitable.

La poeta busca la epifanía, el hallazgo de un suceso mínimo, cotidiano, que ella siente pletórico a través de metáforas, símiles e imágenes: “Una casa/ donde rozarse desnuda con la vida”; “Buscar sabores, algún roce sedoso, poco, de a poco, sentir la tarde dejándose crear”; “Me abrigo en el arte efímero de los pequeños momentos. Entre el infinito y el instante fluye la vida”.

Como ella advierte en la nombrada introducción, su mirada hacia los objetos es sensual, hasta erótica: “Se sumerge en los ruidos del follaje, le da miedo perderse y no poder salir del mar impenetrable y lujurioso”. Menciona continuamente los perfumes, las flores, el viento, las estrellas.

Muy conmovedora y lograda «Una mañana con Cristina», dedicada a Ingmar Bergman, que puede interpretarse como una evocación de las tantas colas que hizo en el cine Lorraine para asistir a un ciclo del director sueco.

La «Receta para disfrutar de la llovizna» y «Tapiz de otoño», tal vez puedan entenderse como reflexiones sobre su poesía: “Para sentir el placer de la llovizna se necesitan una ventana, un libro, el silencio y la memoria bien vivida de muchos días de sol”; “Guarda en su mirada el tapiz enhebrado de flores caídas, una fiesta de palabras y el dorado ruido del último sol alborotando el pecho”.

Como afirma Héctor Freire en sus excelentes «Palabras preliminares»: “…La puerta clandestina de Cristina Villanueva es el lugar de tránsito, paso o unión de mundos diferentes, estados o estaciones ante la vida que celebra”.

La autora nació en Buenos Aires y se graduó de Licenciada en Psicología. Es cuentista, poeta y narradora oral, y por esta última actividad participó en festivales internacionales en Montevideo, Elche, Barcelona, Santiago de Cuba, La Habana, Medellín, Santa Marta, Barranquilla y Valledupar. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Lengua suelta (2007, traducido al catalán), Relaciones Textuales (2009), Festín efímero (2014) y Por aquel pedacito de cielo (2015).

Germán Cáceres

Finalizó el taller de francés

El seminario "Francés del viajero", dictoado por Sebastián Barvié en nuestra Biblioteca, finalizó esta semana.