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Trafalgar

La primera novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós también puede hallarse en nuestro catálogo.



El reloj de sol

de Shirley Jackson
(Fiordo, Buenos Aires, 2017, 304 páginas)


La autora presenta a personajes fríos, arrogantes, que ostentan un comportamiento antipático y cuya sinceridad roza con el cinismo. Sobresale la maldad inescrupulosa de la señora Orianna Halloran –padece sueños que se manifiestan como cuentos de brujas–, quien no repara en el crimen para apoderarse de la magnífica y lujosa mansión donde ella vive junto a su inválido esposo, su cuñada Fanny, su nuera Maryjan, su nieta Fancy, la institutriz Ogilvie y el bibliotecario Essex, a los que luego se unen personajes también desagradables.

Evidentemente la intención de Jackson fue señalar el egoísmo sin límites de la clase alta y su desprecio por los humildes que viven en el pueblo y tienen prohibido entrar en la mansión. Así, Fanny sostiene que hay áreas de refinamiento inalcanzables para alguien de procedencia humilde (p.ej. la esfera supranormal).

Magnífica la descripción de esa casa dotada de animismo, como si la narradora fuese una artista plástica o una orfebre de las letras («Luego, después de los delfines paralizados, debajo de la amplia pila, caía el agua dentro de una enorme copa sostenida por dos doncellas, rebalsaba y salpicaba sus sonrientes rostros pétreos, sus rulos sólidos, y descendía y descendía sobre rocas y lirios de mármol,…). Sobresaliente el profesionalismo de la traductora Ariadna Molinari Tato.

Hay en El reloj de sol un clima de extrañamiento, pues Fanny dice que escuchó a su padre muerto anunciarle que sobrevendría un terrible apocalipsis del que solo se salvarían los que se hospedaran en esa mansión. Ellos serían los únicos que accederían a una vida más plena y feliz («Habrá una noche de asesinatos y una noche de sangre derramada, pero nosotros nos salvaremos»). Además, una de las invitadas, Gloria, es capaz de vislumbrar el futuro a través de un espejo situándose del otro lado de él. El lector no puede evitar la evocación de esa espera del fin del mundo de la película Melancolía (2011), de Lars Von Trier.

El libro exhibe diálogos de perfecta construcción, algunos de ellos muy irónicos. A la vez se presentan situaciones humorísticas dentro de esta atmósfera fantasmagórica.

Hay una historia que sucedió en el pueblo que atrapa al lector como un imán. Es el asesinato a martillazos de toda una familia (madre, padre y dos hermanos menores) por parte de la quinceañera Harriet Stuart. Además, un insólito grupo llamado la Sociedad de Auténticos Creyentes da crédito a las apariciones sobrenaturales y a la profecía del fin del mundo por la llegada de hombres del espacio, con más precisión de Saturno.

La novela, que bien puede clasificarse como del género fantástico, alcanza un climax de suspenso y de terror dentro del más crudo realismo cuando la joven Julia, que decide huir de la mansión, se pierde en una campiña cubierta por la neblina.

Hacia el final sobresale otra soberbia descripción en la cual se detalla en forma completa un gran ambiente del último piso de la casa. No solo se refiere a los muebles sino también a la utilería de la cocina y de los baños, como si fuera un comentario escrito por un arquitecto que tuviese dotes literarias.

Shiley Jackson (San Francisco, California, 1916–North Bennington, Vermont, 1965) empezó a consagrarse en 1948, cuando en The New Yorker apareció «The Lottery» (título de una colección de cuentos: La lotería, 2015), que fue saludada por la crítica como una renovación de la literatura gótica estadounidense. Escribió, además, las novelas The Road Through the Wall (1948), Hangsaman (1951), Life Among the Savages (1953), The Bird´s Nest (1954), Raising Demons (1957), The Haunting of Hill House (1959, edición en español La maldición de Hill House, 2008) y We Have Alway Lived en the Castle (1962, edición en español Siempre hemos vivido en el castillo, 2012). Recibió elogios de prestigiosos escritores como Stephen King, Donna Tartt, Nel Gaiman, A.M.Homes, Joyce Carol Oates, Dorothy Parker y Jonathan Lethem. Fue nominada en 1960 al National Book Award y en 1966 recibió los premios Mystery Writers of America y el Edgar. De La maldición de Hill House y Siempre hemos vivido en el castillo se realizaron versiones cinematográficas.

Germán Cáceres

El libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.

Pecado en nuestro catálogo

El último libro de Benjamin Black, Pecado, también está en nuestro catálogo. Aquí, el comentario por Germán Cáceres.


Acá, la reseña de Germán Cáceres.

Por Callao al fondo

de Fernando Kofman
(Ediciones La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2018, 96 páginas)


Desde la ilustración de la tapa, un bello fotograma de Alemania, año cero (1948/Roberto Rossellini), el autor manifiesta su pasión cinéfila, que atestigua en el poemario con citas de películas y de grandes realizadores (por ejemplo: Welles, Fassbinder, Hitchcock, Ozu, Antonioni, Fellini, Resnais, Cameron y el argentino Pablo Giorgelli).

La poesía que da título al libro figura en la Primera Parte y menciona a los que “tienen mente de ejecutivos, disfrazados de directores de cine”.

En “Bergman” alude –mientras menciona zonas de nuestro país– a la filmografía del gran cineasta sueco.

Kofman no apela a ninguna vanguardia ni pretende forjar una poesía experimental, sino que se propone conversar profundamente con el lector sobre la vida cotidiana y expresar su íntimo sentido de justicia social (“…El vagón del subte está/ completo, sólo se/ ven cabezas. / Al fondo un muchacho/ canta baladas, y lo/ hace bien. Son seis/ o siete estaciones. / Este chaleco de fuerza/ invisible no es tan/ horrendo. ¿Y si la/ muerte fuera así?:/ hundirnos pero/con una bella música/ al oído.”) (“…El amor es errabundo. / Es un animal herido. /Pero más densa es la/ soledad. Un camino que/ nos deja entre la autopista/ y la fábrica.”)

En la Segunda Parte se encuentra “Cuando se apagan las luces”, un poema que impacta por su lirismo y humanidad: “Pero mi inquietud, / no es un problema estadístico. (…) Es más/ sencillo. Es acercarme/ a la intimidad de cada/ cuarto, cada noche, / y ver a cada uno/ con sus lágrimas/ rumiando un naufragio.”

Con tanto tributo al cine (“Las películas que te/ formaron, y las que/ rechazaste, son el/ resumen de lo que sos.”), no podían faltar ofrendas a la poesía y a la literatura. En “Trama” subraya: “Con la poesía siempre/ se bordea un bajo fondo, / un muelle con brumas, / vigilado por un inspector/ Maigret, que no soporta/ nuestro rumbo, /de deambular mirando/ y haciendo preguntas.” Y la Tercera Parte contiene “Tempestades”, en la que afirma: “Otras películas y/ otros libros, no/ tienen precio. Superan/ a la lluvia. /Le hacen un guiño/ al tiempo.” Ya en “Film psicodélico”, el homenaje se dispara en múltiples direcciones: “No, el amor no es/ un perro azul. El/ amor es un faro. / El del Cabo de Hornos. /Hay niebla, llueve/ y es difícil de encontrar. / Como la poesía. / Te vive prometiendo/ un bosque, / y el bosque no está.”

Fernando Kofman (Posadas, Misiones, 1947) es poeta y ensayista, y creó en los años ochenta la revista Sátura. Junto a Esteban Moore estuvo a cargo de la editorial de poesía Calle Abajo. Como ensayista abordó temas de poesía, de música y de sociología. Algunos de sus obras son: Caída de la catedral, La insolación, El dúo de música de cámara, De Bell a Campana, Tres óperas políticas, La idea de absoluto y sus fundamentalismos, Mi primer ratón, Los valores que nos dejaron las teologías políticas y En el anochecer de la tevé. Su libro Zarza remueve fue traducido al inglés. Desde 2005 el autor y Santiago Espel codirigen la revista de filosofía y poesía FranKBaires.

Germán Cáceres

Un cuentista notable

El hábito de la desesperanza es más terrible que la propia desesperanza.
Camus


El desconocimiento, lo chabacano, la ignorancia, la fatuidad vienen exterminando sin piedad; de generación en generación. En todo. No menos de setenta años a esta parte, diría mi padre, rebuzna la brutalidad reinante. Y no sólo en jóvenes. En personas de cincuenta, sesenta o más. Profesionales y no profesionales se unen en esta suerte de ignominia, idiotez, necedad, cretinismo y disparate. Convivimos en una sociedad donde lo cultural, lo estético o la cortesía han caído en lo más abyecto, en un mercantilismo espurio, falaz. Quedan islas, islas donde el refugio es indispensable para respirar.

En la década de los 80 un entrañable y admirado amigo, José Martínez Suárez, me cuenta que le llegó a sus manos un libro, Todo es Dios, de un autor llamado Mundin Schaffter. Tiene el sello de Editorial Lumen, primera edición 1953, ejemplar 3677. En la primera hoja figura, manuscrita, la siguiente inscripción: “Librería Soler 3701. Acta 309.140. – 22/11/54”. Éste volumen le fue cedido al amigo de José por una persona que trabajaba en la Procuración de la Ciudad de Buenos Aires. Dicha inscripción manuscrita evidencia que se cumplió con un decreto del Intendente de la ciudad que ordenaba el secuestro del libro, acción que se cumplió en la librería citada. La razón por la que se ordenó el secuestro de la edición es porque uno de los quince cuentos, titulado “La pequeña carne blanca”, trata sobre la antropofagia. Y a continuación me entrega el cuento.

Durante años intenté conseguir ese libro sin posibilidad. Busqué en viejas librerías, consulté con amigos, pregunté a escritores, a intelectuales, en bibliotecas. Nadie sabía nada del autor ni del libro. Un cuento notable, de una intensidad pocas veces lograda en nuestro medio. Ya volveremos sobre su literatura.

La investigación me llevó a descubrir que en 1958 se realizó el Concurso Internacional de novelas Editorial Losada. El ganador fue el escritor español Manuel Mejía Vallejo con su obra Al pie de la ciudad. La Editorial recomendó, además de publicarlas, ocho novelas. Entre ellas las de dos escritores argentinos: Los dueños de la tierra de David Viñas y La otra mejilla de Mundin Schaffter.


Después de mucho tiempo pude conseguir el libro de cuentos gracias a mi hijo Emiliano. Primera edición, Editorial Lumen, Tucumán 2926, T.E. 62-6646, Buenos Aires. Ejemplar 0830. Precio m$n. 20.- La obra está dedicada: “A mis padres. Y a aquellos cuyo amor me ha educado. Mi gratitud”.

Su lenguaje, su clima, su ritmo inquietante, nos llama la atención. El dramatismo lleva a niveles en el cual la intensidad y la acción van de la mano. Observamos el conocimiento de la técnica narrativa en textos estremecedores como en otros plenos de ternura y simple belleza. A veces se desliza hacia lo patético y, en el caso de “La pequeña carne blanca”, hacia lo terrorífico. Este cuento justifica una vida literaria.

Por momentos sospechamos que cierto nihilismo y amargura lo conducen a una tesis onírica, una suerte de sueño y realidad que se manifiesta en sus páginas. Por momentos, observamos que el autor sentía lo vano de las cosas. Ese sentimiento creemos descubrirlo en Reuben Wiborg, Querido mío o incluso en Nalib Matrajt. El destino es uno: a veces, encubierto; otra, sorpresivo. Hay en sus cuentos una candorosa mirada, cierta presencia sobrenatural y una mágica fatalidad. Sabe fotografiar escenas; su escritura, a veces, nos deja una imagen pictórica. Palpitamos la presencia de la muerte, la fantasía femenina, una mezcla de lo ilusorio con lo real, lo fantástico es sutil, dulcemente ambiguo. La crudeza, pero sobre ella el ensueño. En un cuento breve, Hasta más ver, analizamos una conciencia literaria exigente y un equilibrio inmediato que roza el melodrama en una suerte de aventura metafísica. En cada página las categorías de la emoción: iluminadas, fuertes.

También observamos que la banalidad linda con la tontería humana que ilumina la multitud de artimañas con las que esquivamos la verdad. No hay en sus cuentos un lugar o una fecha que identifique. Sólo por ciertos objetos o palabras podemos imaginar, a veces, un pueblo o una ciudad. Pero algo más. En las historias de Mundin Schaffter todo lo que aparece está puesto por algo, todos los elementos interactúan entre sí. Sus personajes son seres abrumados por la desesperanza, por ciertos secretos; son antihéroes dolientes. Sometidos a un destino adverso nos dejan ver sus debilidades en las que el lector agudo se reconoce.

El cuento "Todo es Dios" transitan las zonas más profundas del ser. El miedo, el amor maternal, la búsqueda de uno y la del otro, la confusión, el presagio, la enfermedad mental, los recuerdos de la infancia, el dolor del padre, la necesidad del hijo, la poesía de Rilke desde lo simbólico espiritual.

En "Sol en la arena" una familia acomodada, de la alta burguesía vive el verano y la angustia de un hijo que piensa suicidarse, irse definitivamente por tedio, por cansancio. Está la presencia de Dios pero también la desesperanza, el afecto, el amor mezclado con la angustia existencial. Lo febril de cada diálogo es ejemplo narrativo. Detrás, otra vez, el abandono paterno. Un relato estremecedor. Un análisis aparte merece el paisaje, el entorno de cada cuento, la naturaleza, el hábitat. Creo que es suficiente, amigo leedor, creo que es suficiente. El resto de los cuentos poseen el mismo nivel de celsitud. Veamos el comienzo de "Romance de tierras bravas": “Ocurrió hace mucho tiempo, cuando las caras de mis abuelos blanquearon su ansiedad entre aquellas tierras. Llegaron en carreta, él y ella, los primeros en cruzar la inmensa soledad hasta el borde virgen de los grandes lagos…”

¿Por qué - uno se cuestiona - el desconocimiento, la ingratitud, el olvido, el desinterés de ciertos autores, de ciertos libros? Cabe preguntarnos adónde va la literatura. ¿Hay una pérdida de sustancia, una falta de contenido? ¿Hay una desnaturalización estética? En las últimas tres décadas palpitamos una descarga de irracionalidad, de desfiguraciones sectarias y otros excesos que tienen relación con la sociedad líquida, la crisis del lenguaje, la industria cultural, la atomización espiritual, el reino de la cibernética, las desfiguraciones de una intelectualidad empobrecida. El extravío y la amenaza de servidumbre asedian en medios, en universidades, en ideologías. Un lenguaje lastimoso, empobrecido, cuando no ineducado o vulgar.


Juan Carlos Eduardo Mundin Schaffter, conocido como Carlos Thompson (7 de junio de 1923 – 10 de octubre de 1990). Sus padres eran de origen alemán y suizo. De él hablamos. Un actor que triunfa en Hollywood (como su contemporáneo Fernando Lamas), en los años 50. Trabajó junto a Robert Taylor, Eleanora Parker, Yvonne De Carlo, Pier Angeli. Entre nosotros, Laura Hidalgo, el radioteatro, el cine nacional. Vivió también en Europa, casado con Lilli Palmer, antes tuvo relaciones con María Félix y Lola Flores. Su verdadera vocación fue siempre la literatura. En su casa de Suiza escribe, en alemán, sus investigaciones sobre el supuesto asesinato del general Wladyslaw Sikorski, una acusación burda contra Churchill. Un verdadero suceso que le da prestigio y notoriedad: The Assasintion of Winston Chuchill (1969). Trabajó en el cine alemán y en la televisión británica.

El gran escritor siciliano, Leonardo Sciascia escribió: “El hombre puede cometer dos errores. Uno es irse de su patria. El otro es volver”. Desde mi óptica diría que el hombre sólo comete un error: volver. Regresa a Buenos Aires en 1990. Al poco tiempo se suicida de un tiro en la sien derecha; el 10 de octubre. Lo encuentra su chofer quien debía llevarlo al Teatro Regina para protagonizar Cartas de amor de A.R. Gurney, junto a Chunchuna Villafañe. Regresa al país abatido por la soledad, por la muerte de Lilli Palmer -cuatro años antes- a causa de un cáncer. Fue un abierto crítico de los roles de Hollywood y de la calidad de sus películas. Sus cuentos merecen ser reeditados. Resumiendo: una tensión lúcida para el lector que busca la excelencia.

Carlos Penelas
Buenos Aires, septiembre de 2018
www.carlospenelas.com

Alfredo Bravo contra la pena de muerte

El histórico referente del socialismo, y su visión sobre la pena de muerte, en un libro de nuestro catálogo.


Una bestia en la Biblioteca

La bestia equilátera, una de las editoriales independientes más interesantes de los últimos años, cumple una década. Acá, las novedades de su fondo editorial en nuestro catálogo.


El jardín desconocido

de Inés Legarreta
(Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2018, 70 páginas)


Su poemario está dividida en dos partes: I («Bajo otra luz») y II («Poemas de Yacanto»). Leerlo es un placer encantador por la belleza de sus imágenes y su logrado ritmo. Además, la autora en todo momento es reflexiva y profunda.

Hay hallazgos y perlas en su libro, sobre todo por sus versos finales:

–“como una persona que se alzase/delante de un árbol/y lo superara/en estrellas.”

–“a plena luz/con tanta fuerza como para despertar la conciencia de estar/ vivo./¿Es esto posible?

–“Nunca sabremos si el arte es un don o una condena.”

Los poemas combinan un ámbito de ambigüedad y de extrañamiento que se transmite con una zozobra angustiante que preanuncia un final trágico, que no desemboca el pesimismo (“Hay en la lluvia/en el caer incesante desde anoche/la posibilidad de una desgracia”). Y si bien piensa en la muerte, es solo para recapacitar en que nos iremos de este mundo: “Cada vez me alejo más y más/de todo/lo que me parecía interesante/ excitante/ necesario/hasta imprescindible/para vivir. /Volver/es un trabajo que no sé si quiero hacer. /¿Así de simple será la muerte?/¿Será la muerte?”.

La naturaleza y sus misterios son una presencia constante en El jardín desconocido, en el cual desarrolla una poesía moderna, que no desdeña ningún recurso audaz, pero que jamás incursiona en lo hermético.

Inés Legarreta medita sobre las palabras (“¿harán daño/ provocarán/un cráter misterioso para ser estudiado por expertos/del paleolítico/o sólo/serán/eso que no alcanzó?”.), y acerca del acto poético (“Pero no. Los versos /la mayoría de las veces/son/el vacío/que se extiende.”).

Hay un sentido y conmovedor poema sobre la muerte de su padre: “Cuando papá murió quise”.

Inés Legarreta nació en Chivilcoy, Pcia. de Buenos Aires. Es narradora y poeta. Entre sus librosfiguran El abrazo que se va (2008), Tristeza de verse lejos (2010), La turbulencia del aire (2012), La imprecisa voz que me sueña (2014) y La puntada invisible (2016). Codirigió desde 2005 hasta 2012 la revista literaria Fledermaus. Ha sido traducida al inglés, al alemán y al italiano. En 1990 recibió el Premio Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y la Faja de Honor de la SADE por los cuentos En el bosque. En 1993 obtuvo la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes. En 1997 se adjudicó el Tercer Premio de Literatura y una Mención de Honor en el Premio Ricardo Rojas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por Su segundo deseo (cuentos). De esta misma entidad recibió el Premió Único en 2004 por La Dama habló. En 2000 le otorgaron la Medalla de Plata como Mujer Destacada Bonaerense y en 2015 la de Oro. En 1989 y 1993 ganó el Primer Premio Nacional de Los Cuentos de la Granja, Segovia, España.

Germán Cáceres

Donación de Carlos A. Solero

Agradecemos a Carlos A. Solero la donación de sus libros dedicados Escritos y reflexiones contra teclado y Letras de coyuntura, ya en nuestro catálogo.



La CGT, también en el catálogo

En una jornada de paro general, y con la Biblioteca cerrada, destacamos de nuestro catálogo esta historia de la CGT y el sindicalismo latinoamericano.


El superclásico en el catálogo

Se jugó el Boca - River y también tenemos libros sobre el tema en nuestro catálogo.